«El único valor de las relaciones»; un comentario de Wapnick… y el hábito de la muerte (definir y definir…)   1 comment

imagen corazón en círculo

Normalmente está claro que cuando pensamos y sentimos estando “en relación”… en las “relaciones”… es como que estamos “más cerca” de la no-separación.

¿Y cómo así?

Quizá es “lógico”, porque inconsciente o conscientemente, gracias a ellas (viéndolas de cierta manera), dejamos de poner el énfasis primero en los “individuos separados” y en sus intereses o motivaciones separadas… es decir, en los “conflictos de intereses”, en las “necesidades” que convergen en “competencia”, etc.

Las relaciones nos ayudan pues a entregar nuestra percepción distorsionada, esa que nos dice que nuestros intereses realmente están en conflicto, que nuestras diferencias son reales, etc.

Pero el contenido de conflicto es, si lo reconocemos honestamente, el contenido habitual de la mente, y por tanto de nuestras relaciones, pues normalmente casi todo el mundo “vibramos en ego”.

Esto es lo que normalmente “hacemos”, rutinaria e inconscientemente: poner el énfasis en “intereses separados”.

Y es que la percepción parece necesitar esos “descansos de muerte”, los supuestos “descansos” de “ver individuos separados” (al nombrarlos, o al siquiera definirlos)… esos descansos tan habituales… donde creemos que podemos hacer descansar a nuestro “ser” en lo aparentemente separado de los individuos… en las diferencias entre nosotros… en las ilusiones que surgen de la ilusión de vernos como individuos separados con sus diferencias pensadas como reales, muy reales.

Este es el hábito de la muerte —estamos muy habituados a ella, a “la muerte” 🙂 .

Así que también “sabemos” que las relaciones en general, normalmente, no son garantía de “dejar de ver intereses separados”, ya que, como sabemos, las relaciones suelen ser ante todo y principalmente “especiales” —en el sentido del curso de milagros.

Es decir, que aunque por otra parte sean nuestra única “esperanza de salvación” de este infierno, nos sirven en gran medida para reforzar el sistema de creencias del ego:

— carencia, deterioro, necesidad, culpa, miedo, separación, muerte, etc.

Para atravesar la oscuridad, necesitamos ir admitiendo que todo lo que se da en nuestras relaciones es reflejo de lo que ocurre en el interior de nuestra mente creadora (esa que al final es “una sola”):
— es reflejo tanto de lo más “luminoso”,
— como de lo más “oscuro” (aunque esto lo hemos de “aceptar” para rápidamente intentar ir “más allá” de ello… y permitir así que la luz natural disuelva la oscuridad que artificialmente surge de nuestros hábitos mentales).

Tenemos pues esa tan célebre “noche oscura del alma”.

Sería esa “etapa” que nos espera a mucha gente… bien sea durante “muchas vidas”… o bien durante muchos meses, quizá, meses de ver… ahí “fuera” representado… todo lo que no quisimos admitir que tenemos “dentro”.

Entonces, el énfasis —al principio y quizá durante mucho tiempo— “debemos” ponerlo en “perdonar” nuestras propias proyecciones… es decir, en estar siquiera dispuestos a admitir que, lo que vemos “fuera”, no está realmente afuera, en ningún lugar fuera de nosotros… sino que es plenamente “nuestro” —aunque en su mayor parte sea ilusorio pues deriva del miedo.

Así:
— la confusión “vista” en los demás es nuestra propia confusión…
— o sus ganas de hacer daño psicológico, físico… e incluso de matar… son nuestras ganas de hacer exactamente lo mismo que ellos… (esas ganas que no queremos admitir como nuestras)…
— su miedo es el nuestro…
— o cosas como el “deterioro del medio ambiente”,
— o el uso caótico de diversos tipos de “radiaciones” y/o de diversos productos químicos al servicio de “la economía” y no de la salud y de la “cordura social”…
— o la “injusticia social”…
…reflejan lo que creemos sobre nuestra Mente-Una (la creemos enormemente “indigna”).

Así, como sabemos, aquí venimos a realizar este trabajo tan “abstracto”, tan de “alto nivel” (que para nada se ha de reflejar necesariamente en vidas socialmente “altas” 🙂 )… este “trabajo”… en la labor de desprogramación del mundo ilusorio:

— el de”perdonarnos” a nosotros mismos.

Simplemente.

Nos perdonamos a nosotros mismos por proyectar nuestro conflicto. Lo hemos proyectado sobre la pantalla del mundo y los cuerpos, pintando una “mala película”.

“Perdonamos” esas pantallas que son otros cuerpos, gentes, cosas, sociedades… sobre las cuales hemos proyectado nuestro enorme conflicto, creador de todo este inmenso “infierno” que llamamos tierra… en su correspondiente “universo de infiernos”.

Y como sabemos, ese conflicto es lo que hemos venido aquí a visualizar para así poderlo “disolver”.

En este contexto, pues, tenemos el siguiente comentario de Kenneth Wapnick (bajo el cual seguimos comentando por nuestra parte) —por cierto, Wapnick murió hace pocos días, es decir, “su espíritu/esencia” hizo hace poco la “transición” desde esta personalidad suya… hacia no sabemos dónde (por hablar de esto linealmente, aunque no se puede).

Se trata de un comentario sobre cómo es que todos somos “salvadores” unos de otros; y lo podríamos llamar «comentario sobre el “espejo”»… —”el espejo” según Un curso de milagros (adaptado de un vídeo de Wapnick):

El único valor de las relaciones en este mundo es el siguiente…

«De lo que tengo que ser salvado es de la creencia en la realidad de mi culpabilidad, es decir de mi “pecaminosidad”.

» No reconozco que creo tener un “pecado” [no quiero reconocer que realmente CREO SER la morada del mal, las tinieblas y el “pecado”… pues casi siempre estoy mirando para otro lado, silbando una “cancioncilla” de “falsa inocencia”]. No me reconozco como “pecaminoso”; ni tampoco reconozco que tengo una mente.

» Pero, cuando proyecto el “pecado” desde mi mente sobre ti, ahora tengo una oportunidad: una oportunidad de ser “salvado”.

» Pero nunca soy salvado [sanado, amado, etc.] por lo que tú haces o por lo que tú me das —pues ¡ni siquiera estás ahí!—… sino que, si soy “salvado”, es porque ahora veo en ti la proyección de lo que no quiero ver en mí mismo.

» Ahora lo veo… y ahora mi Guía me ayuda a darme cuenta de que lo que veo en ti, lo que ataco en ti… es una proyección de lo que primero he hecho real en mí mismo, de lo que otorgué realidad en mi mente… y que es algo que olvidé [olvidé este “acto” mental…, esta negación, el “acto” de hacer real —de otorgarle realidad a— la “culpa”…, al ataque…, al “pecado”…… en mi mente (en la mente como mecanismo de decisión)].

» Así pues, este es el único valor de las relaciones en este mundo. Si tienen valor no se debe a que esté sucediendo algo entre tu cuerpo y mi cuerpo, pues… ¡ni siquiera hay cuerpos! ¡Aquí no está pasando nada!

» Todo ocurre en una sola mente. […]

» Y me doy cuenta de esta unicidad en la medida en que “aprendo” y estoy dispuesto a “aprender” —con mi nuevo “Profesor”— a ver en ti el “espejo” que me refleja lo que no quiero ver en mí.»

____________________

Claro: en todas las situaciones aprendemos a ver “espejos”, aprendemos a sentir hasta los “males” del mundo como espejo de mi colosal auto-ataque, en el poderoso nivel de mi mente… que está proyectando este cuadro de formas delirantes, en descomposición cíclica:

— por ejemplo ver el ataque de la sociedad contra sí misma… cuando “va mal”… reflejando nuestro colosal auto-ataque mental…

— o el ataque en las relaciones más “minúsculas” igual que en las más globales…

… todas por igual son un mero espejo de mi “culpa”, de esa culpa que no quiero reconocer que tengo “dentro”.

Pero ya el propio hecho de venir aquí a creerse el universo… el mero hecho de haber “proyectado todo un universo”… sería reflejo del colosal auto-ataque que albergamos dentro…: es decir, que estrictamente hablando no hace ni siquiera falta que “el mundo vaya mal”…, que el “medio ambiente” o “la sociedad” vayan mal… para darse cuenta que, en general, y una vez “metidos” en un cuerpo, “las cosas no van Bien” 🙂 .

Se habrá hablado mucho también sobre las proyecciones de uno mismo sobre su propio cuerpo.

Lo ideal es terminar pudiendo ver los cuerpos como “neutrales”… neutrales para que así el trabajo del Espíritu Santo se pueda dar… pues normalmente estamos intentando estorbarle con nuestras precipitadas proyecciones.

Nuestras proyecciones pueden ser por ejemplo todas esas que por ejemplo consideran automática y rápidamente, o con cierta ansiedad, y desde pequeñitos, que los cuerpos en sí son malos, etc.

Esto lo aprendemos o parecemos aprenderlo, ilusoriamente, mucha gente en estado “infantil”, y parece que lo hacemos de formas muy poderosas, inconscientes. También parece que nos identificamos mucho con ello, con eso tan “bien” aprendido, y que como sabemos en un principio todo nos sirve para reciclar muy eficazmente la consabida “culpabilidad inconsciente” 🙂 .

Entonces, en nuestros “problemas” con los cuerpos y con las proyecciones sobre ellos —las de uno mismo en uno mismo— es como si nos volviéramos “locos” dentro de la mente, claro… disociados, como siempre.

Y, lógicamente también sería parecido el caso en que “enfermamos”… proyectándonos el conflicto nosotros en nosotros mismos.

Un poco más sobre “relaciones”

Las relaciones permiten también que podamos ver “el milagro” de lo que realmente somos.

Si nos damos cuenta… uno de los grandes “no-problemas” del mundo… lo tenemos en gran medida en esas relaciones que no parecemos haber elegido —aunque todo en el fondo lo hayamos elegido para representar nuestro propio cuadro especial, pintado de proyecciones de culpa… de mil diversas maneras… y que serían en principio solo eso: proyecciones de la culpabilidad inconsciente.

Con esas relaciones aparentemente nos “victimizamos” fácilmente, y así, simbolizamos o se simboliza muy bien nuestra huida de lo que realmente somos.

Y, por eso vimos entonces que es tan “importante” el concepto ampliado de “perdón”.

Por ejemplo es quizá fácil juntarnos en grupos, en relaciones (aunque es tan “necesario” por otra parte)… donde reforzamos la proyección… donde nos enrocamos en la consciencia de que “el mal”, los malos, están afuera de mí… de NOSOTROS —están ahí fuera en la sociedad, en los malos, los buenos, los consumistas… los banqueros… los políticos… “los demás” que no son como yo, como nosotros…

[por ejemplo, tópicos como este de abajo, que pongo ahora entre comillas, a veces también nos sirven para esta “infame” proyección de la culpa… de la culpa profunda que todo el mundo tiene cuando viene a encarnar aquí, a hacerse la víctima de circunstancias que no parecen estar bajo su control…:
«si no eres parte de la solución, eres parte del problema»]

Es decir, al principio a menudo nos juntamos con gente para reforzar el “acto” interior de proyectar… es decir, la idea de separación… —¡incluso esto habrá sucedido con gente que se haya juntado para compartir el curso de milagros! ¡Así de “inteligente” es el ego!

Entonces, así, reforzando la separación al proyectarla… no nos hacemos cargo interiormente de ella. Es decir no nos hacemos cargo de ese auto-ataque que conlleva (“culpa”)… de la profunda interpretación de “pecado” que conlleva esa mera idea de separarse…… el meramente ver, percibir, cosas separadas —el meramente haber venido a creerse aquí que el mundo era real.

Las relaciones nos facilitan, también y de forma obviamente muy importante, el poder “ver la luz”…, claro está. En el fondo “Dios” es lo único real (Amor)… y a su Amor es a quien permitimos que asome indirectamente tras las relaciones más o menos “normales”, pero cuando dejamos que fluya la Unicidad.

Por tanto, el Amor “creador”… el que de cierta forma dirían que “permite” este sueño loco de formas neutras y no directamente creadas por el Amor (sino soñadas por nosotros para regresar a Él)… ese Amor… está “tras” todo… así como “esperando” nuestra elección: la de ver a través de sus gafas (“Espíritu Santo”).

El Amor, como creador de nuestra esencia, no tiene que ver con modos de ver distorsionados… pero sí que nos dejó esas gafas para poder dejar de ver el “infierno” creado por nuestras “malas” interpretaciones.

Así que lo único que realmente “está” tras todo es Dios, claro.

Pero, cuando estamos en estado de “percibir” (el normal), es decir, en la mera percepción, todo lo vemos como “sombras”… creadas por nuestras propias interpretaciones, distorsiones.

Hay una sola mente real, un solo observador, un “Original”… aprendiendo a deshacer el miedo de su interpretación de la Realidad —ese observador que podemos llamar “mente de Buda”… “mente de Cristo”… como se le quiera llamar (“mente en la Unidad”, “mente en Dios”).

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Una respuesta a “«El único valor de las relaciones»; un comentario de Wapnick… y el hábito de la muerte (definir y definir…)

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  1. Kenneth Wapnick hablando sobre “relaciones especiales”, sobre “especialismo”:

    » Si puedo probar que tú eres culpable, entonces yo me libré.

    » Y por supuesto, el verdadero principio [germ] de todas las relaciones especiales de amor, es el deseo secreto (el complot secreto) de que ese objeto de amor especial —por ejemplo esa persona que veneras, que amas— atraviese el límite que le has marcado. […]

    » Todos marcamos estos límites, y no solo retando al otro a que los atraviese, sino suplicándolo que lo haga. Pues una vez que los atraviesa, el amor rápidamente se convierte en lo que siempre fue, odio.

    » Así, todo amor especial, es simplemente una trampa cuidadosamente tendida. Y el ego es muy paciente, no le importará si se tardan 10 minutos, 10 horas, 10 días o 10 años; esperará, porque sabe que “la traición” llegará en algún momento.» (Wapnick hablando de relaciones especiales).

    ___________

    …así que tenemos las relaciones para terminar viendo que el “amor especial” es odio camuflado…
    …todo un lío…

    …así, en las relaciones, vemos el contenido de nuestra mente, ese contenido que no queremos reconocer dentro (miedo)…

    … entonces, podemos elegir “cambiar” de contenido… pero solo si lo vemos… si vemos el inmenso miedo/odio que albergamos dentro… para poder siquiera empezar a atravesarlo………
    …lo cual suele necesitar siempre de más y más relaciones…

    …y luego, atravesándolo… podremos tener relaciones…, las mismas o no… pero que se convierten en una sola, en nuestra percepción (corregida)… y así nos damos cuenta de que solo había una relación real… la de todos con el Amor… todos en Dios……

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