¿Qué quiere decir “consciencia” en la verdadera espiritualidad?   1 comment

imagen corazón en círculo“Consciencia” es un proceso. Este proceso “crece”. Y es el proceso de recordar que podemos elegir, es decir, que somos “mente” —si definimos la mente como capacidad de decisión, de elección.

Un cuerpo no parece poder elegir, sino que parece estar rendido ante las circunstancias.

Y cuando decimos “cuerpo” estamos hablando incluso del nivel del comportamiento en general, sometido a patrones más o menos férreamente anclados sobre elecciones “creadoras” profundas, que estarían en el nivel mental: creencias-sentimientos.

Lo podríamos expresar rápidamente así:
— una cosa es el nivel del comportamiento y el del cuerpo,
— y otra el nivel de la elección, de… ¿qué elegimos pensar y sentir acerca del comportamiento propio, ajeno… acerca de los cuerpos y las formas en general? (y esto teniendo en cuenta que nuestros sentimientos sobre algo van muy unidos a los pensamientos, a lo que pensamos sobre ello, aunque a menudo sean pensamientos que no queremos ver. Sin embargo, todo sentimiento estaría unido a pensamientos, aunque los reprimamos; todo siempre puede ser traído a la consciencia.)

Esencialmente no somos cuerpos. Creamos literalmente nuestra experiencia de las circunstancias desde las elecciones interiores, “mentales” (sentimientos/pensamientos/creencias) —en ese sentido profundo de “mente”, el que podríamos equiparar quizá en gran medida a lo colocado bajo el nombre de “alma” —y no en el sentido de “mente intelectual”.

Es importante tener en cuenta que, una vez aquí, en el lío, no creamos directamente las circunstancias, sino primero, ante todo, la experiencia que tenemos de éstas.

En el nivel más “profundo” de la mente (por así decirlo, aunque siempre puede ser hecho consciente) estamos todo el rato expresando una petición que luego no recordamos.

Es decir, oramos constantemente… y lo que solemos “pedir”… aquello por lo que solemos rezar… es por “miedo”.

Por tanto, de cierto modo atraemos nosotros mismos casi literalmente las circunstancias, las consecuencias de esa expresión “creadora” interior, pues, como sabemos, el universo está a nuestro servicio (al servicio de lo que queremos experimentar sobre las circunstancias).

El universo nos sirve pues los detalles que faciliten la experiencia que pedimos “desde dentro”, inconsciente o conscientemente… desde ese nivel mental que hemos querido olvidar viniendo a ser cuerpos de esta manera tan “olvidadiza” (para intentar convertirnos en seres esencialmente sin elección, sin mente).

Este sería, pues, el proceso de la “consciencia”, equivalente de cierto modo a la “verdadera espiritualidad”, pues se trata de aprender a volver a la mente —es decir, a tener el poder de elegir en ese nivel creador —de pensamientos, sentimientos, creencias.

Tal camino de regreso es el de lo que podríamos llamar ‘maestría’.

Como “maestros” vamos recordando nuestro verdadero ser (luz) también aquí, en la tierra, entre lo que a veces solo nos parecen “sombras”, en este mundo de cuerpos separados que, como decíamos, a menudo parece que lo habríamos fabricado solamente con un propósito: el de volvernos “sin mente”, de-mentes —es decir, sin capacidad de decisión.

Se trata pues de ser conscientes de nuestro enfoque constante… es decir, del lugar hacia donde tenemos enfocado el foco de nuestra consciencia: en el miedo, separación, tristeza, carencia, deterioro, muerte (todo ello archivado, en un sentido muy general, bajo la etiqueta de “ego” —pues se trata de todo un sistema de pensamiento, el de la separación, que es demente pero perfectamente coherente).

Así que nuestro camino espiritual se reduce a simplemente estar vigilantes todo el rato contra esas elecciones inerciales de nuestro foco de consciencia —que “elige ego”.

Esas elecciones obviamente resuenan “por todo el universo” y por todas las encarnaciones humanas y en alguna medida no-humanas: las “nuestras”… las de nuestros antepasados… familias… etc., etc.

Así “atraemos” cierta “fuerza” en nuestras vidas… unas veces quizá para nuestra desgracia aparente… y otras para nuestra dicha. Y es por ello que a veces parece tan difícil deshacerse de los “programas”, de lo automático, de esta atracción por el pasado… la muerte —pues estamos constelados, las mentes están unidas.

Si queremos empezar seriamente con una “espiritualidad verdadera”, entonces, cada vez que experimentamos algo, cuando ello no sea plena dicha… “debemos” —si queremos— aprender a plantarnos… a estar dispuestos a cambiar de opinión sobre eso que experimentamos… cambiando de percepción (y al principio meramente no culparse en la labor inicial de “observadores neutrales”… no culparse por estar eligiendo miedo, desgracia, tristeza; un primer paso quizá siempre es el verlo, primero ver nuestra demencia; si no la vemos neutralmente, no podemos volver a elegir, es decir, dejarnos elegir por la verdad: paz, dicha, amor).

Debemos estar dispuestos a pedir Visión para salir de la visión usual, de la percepción usual, lastrada por el pasado y por proyecciones de éste sobre el futuro (todo con tal de no vivir el verdadero Ahora, en un instante “sagrado”, o “santo”).

Sencillamente, en cada momento, hay que ir recordando que “existe otra manera de ver esto”.

Si no lo hacemos, inconscientemente estamos repitiendo y repitiendo… en los patrones, dejándonos mecer en la cuna mortal del tiempo que nosotros mismos hemos fabricado con los huesos de nuestros antepasados.

Pedimos pues Visión (sin actitud “exigente”…, sin sentir “carencia”)… para así salir de la percepción.

Con esta percepción (usual) nos damos, nosotros a nosotros mismos, inconscientemente… el sentido o significado de las formas que vemos delante. Este automatismo es del que debemos salir. ¿Cómo es este automatismo de la percepción? Es el proceso de darnos, por nuestra cuenta, el significado que tienen las cosas para nosotros, proyectando nosotros mismos sobre ellas, sobre las formas y las cosas, nuestros sentimientos y pensamientos “inerciales” —mediante el foco de nuestra consciencia puesto en el pasado, en el miedo, en la separación y su sistema.

Así que:
— una cosa es observar de verdad… para ampliar nuestra consciencia (en este sentido de “consciencia”)
— y otra “regodearse en la inconsciencia”… en “la elección de miedo”. Esto quizá lo hacemos a menudo, paradójicamente, cuando nos creemos “espirituales”.

Hay muchos grados de regodearse en la inconsciencia (podríamos hablar aquí de adoración del miedo…, de satanismo, etc.), aunque… como ya sabemos (tal y como expresa el curso de milagros) necesitamos ir sintiendo que aquí, entre las sombras, en las ilusiones… no hay grados, no hay jerarquía (todas son lo mismo: expresión del sistema del ego, que en el fondo es ilusorio).

El mero experimentar los sentimientos ya no nos sirve. Hemos de hacernos conscientes de lo que queremos… y elegirlo… para terminar dejándonos elegir por la verdad.

El proceso de despertar es el proceso de convertirse en maestro para ser maestros de nuestra experiencia, y solo para poder realizar una cierta entrega, lo más rápidamente posible… y a cada paso, en cada percepción: la entrega de toda experiencia a la Luz (es decir, el perdón o entrega de toda percepción).

Las emociones, los sentires… son poderosos; parece que ellos son los que “crean” en nuestra mente ampliada, alimentando creencias. Es desde ellos desde donde creamos, en el nivel creativo —ese en el que normalmente no nos queremos enfocar (mente).

Allá donde pongamos el foco de consciencia…, allá que habremos plantado una semilla que inevitablemente dará frutos… pues el universo está dentro de nuestra mente… no afuera de nosotros.

El universo, entonces, nos va a servir (tarde o temprano) los detalles particulares (las formas) para que podamos seguir experimentando “lo pedido”, en nuestro rezo cotidiano inconsciente.

No hay más que esto. Y tiene que ver con la única manera de “cambiar el mundo”.

Así que, a menudo, estamos enviando al universo el mensaje de «eh, nos gusta experimentar miedo», así que… «dame más circunstancias así, para poder seguir haciéndolo». Con ello, por tanto, nos lo ponemos difícil a nosotros mismos.

Así que ahí lo tenemos, este es “el problema”, esta es la cuestión: la del foco o enfoque de nuestra consciencia. Es con este foco con lo que creamos literalmente nuestro “futuro”, y a veces incluso para “otras vidas”… en esta ilusión de la encarnación humana.

Es decir, el enfoque (este proceso de identificación) sería lo que nos lleva a perdernos por un guión particular o por otro, en vez de irnos dirigiendo hacia lo que quizá podríamos decir que es el “guión más central”, dentro de este cúmulo o constelación de eventos probables… en todas las “líneas de probabilidad” (pasado, presente, futuro ilusorios)… en lo que sería nuestra “personalidad ampliada”… dentro de la cual “viajamos”… dentro de “sus” probabilidades o dimensiones.

Todas esas probabilidades o dimensiones ya han sido, de cierto modo, “escritas” —pese a que sí que podemos “elegir” entre ellas, una vez metidos en esta especie de sueño aparentemente fuera de Dios.

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Una respuesta a “¿Qué quiere decir “consciencia” en la verdadera espiritualidad?

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  1. Un comentario relacionado que hice por ahí:

    Pero…
    … supongo que una cosa sería “guiar” y otra “controlar”…

    …supongo que te refieres a ese “gran truco” que podemos “practicar”…, acerca del “sentir”… a cuento de todas esas cosas que, entre otros san Yisus, nos contaban de nuevo en el siglo XX …

    … esas cosas que tendrían que ver con “el truco del universo”, y de cualquier dimensión de experiencia:

    … que sería eso de que…, aunque no lo parezca…, lo más importante sería aprender que podemos siempre elegir qué PENSAR de nuestra experiencia… qué SENTIR de nuestras experiencias…
    (puesto que ya de hecho lo estaríamos eligiendo… aunque no nos demos cuenta de que somos libres de elegir qué pensar/sentir…
    …y entonces…… como elegimos “sin consciencia” (normalmente con miedo)… entonces las experiencias suelen favorecer eso mismo, más miedo… es decir, favorecer que podamos seguir en ese estado de cierta “confusión”… en cuanto a ser “seres que eligen”… ser “mentes” en ese sentido… que de cierto modo proyectan su experiencia debido al lugar profundo al que están enfocando con su foco de consciencia…, un lugar de sentir/pensar… que normalmente no nos damos cuenta que enfocamos……)

    Entonces… ¿todo esto para qué? Como sabemos… todo es para que vayamos comprobando (en esta “ciencia” interior que es la “espiritualidad verdadera” 🙂 )…… comprobando … si es o no “verdad” que nuestro “ser verdadero” es el que es…, es decir: si tiene que ver con paz, dicha, amor…

    … es decir…, todo esto es algo así como que…, entonces…, si vamos “aprendiendo a elegir”…, con cualquier excusa…, a elegir sentimientos y pensamientos de paz… que reflejan nuestro hipotético “ser real” (es decir, nuestro ser de paz, dicha y amor… y pase lo que pase)…,
    … entonces…,
    …”el universo”…

    y cada vez más…
    … nos va a ir presentando situaciones (esto es lo que comprobaremos o no) que…, aunque no sean “las previstas”…, tienden a favorecer esas experiencias…, en general:
    las experiencias que favorezcan el que nos percatemos (cada uno con su idiosincrasia) de cuál es nuestro “ser real”
    — y ello por mucho que estemos en una “dimensión” digamos “baja”… por mucho que estemos jugando aquí en dimensiones de “vibración” tan “baja”, como esta que ahora cruzamos…
    (eso sin descontar que, de vez en cuando, se nos pueda crucificar alguna vez 🙂 … como le debió pasar a aquel…, pues, como hemos dicho…, el truco de esta “ciencia crística” 🙂 que se nos habría dado por enésima vez y con tanto detalle… sería el aprender a identificarse con nuestro ser real Original :)… y, luego, en buena teoría… fabricar ese “mundo nuevo”… a modo de corolario de nuestro aprendizaje…, un mundo que en realidad, y como sabemos, ni siquiera nos preocupará… pues ya vamos “siendo nuestro ser real”… sin preocupaciones:
    paz, dicha, amor… y buenos alimentos…)…

    sorry 🙂

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