El deseo. Algunas obviedades sobre la renuncia, el deseo, la entrega   Leave a comment

imagen corazón en círculo

«Y solo sintiendo DESEO, y no suprimiéndolo, puedes realmente empezar a moverte hacia el estado de maestría en el cual la energía del deseo siempre sirve esa Voluntad Superior, que es la Voluntad de Dios para ti.»
(la voz, transmisión a Jayem; Lección 5 de The Way of the Heart)

Es obvio que la vía de la “renuncia” puede ser enormemente egoica… enormemente temporal, reforzadora del tiempo, es decir, del ego, de la ilusión. ¿Cuántas escuelas por ejemplo budistas e hinduistas, por no hablar de las cristianas, serán sobre todo eso?

Los humanos, “renunciando”… le damos tanta importancia al cuerpo… le damos una enorme importancia a la separación.

El deseo parece siempre “movimiento hacia”… es decir, un devenir.

Si lo reprimimos, reprimimos el movimiento, el cambio, y claro, como dice todo el mundo: habrá estancamiento, auto-engaño de diversos tipos, falsa espiritualidad, gran tensión (“estrés”), etc.

¿Entonces de qué iba la historia?

Se trata como siempre de entregarlo todo, para dejar que se disuelva lo que realmente no queremos (que es el miedo).

Pero… ¿realmente no lo queremos? Ah, esa es la cuestión, la de la elección.

No queremos ver hasta qué punto somos nosotros los que elegimos el miedo, y por tanto sus consecuencias. No nos damos cuenta o no queremos ver lo profundamente que lo elegimos, lo profundamente “libres” (en cierto sentido) que somos en esto… pues podríamos elegir otra cosa —aunque solo otra cosa.

Será por eso que el ego espiritual parece a menudo la coraza más grande ante el amor universal, ante Dios, ante la Voluntad del Amor para nosotros; pues el ego espiritual le dice al Amor:

«esto no te lo entrego, no te merece… no dejo que hagas algo tú (no yo) con ello… pues no es merecedor de tu Bondad… es demasiado “sucio”, “feo”, etc.»

Nos establecemos pues a nosotros como jueces, como dioses de pacotilla. Nos encanta juzgarlo todo, analizar, tomar decisiones sobre un fondo de… miedo.

¿Vemos la perversión que hay en esto? Jajajaja 🙂

Así que, debido a nuestras proyecciones de la culpa mental interior, hay mil cosas en la vida que convertimos en “indignas de amor”, de “perdón”, de nuestro perdón.

Sin embargo, no entregarlas es otro insultillo contra Dios, pues hace que éste sea visto como alguien hecho a nuestra semejanza, a semejanza del ego: alguien que puede interpretar… e interpretar algo como sucio, feo, etc.

Como sabemos, Dios ni siquiera puede ver las formas (y tampoco ese insultillo que hacemos al “no querer entregar” algo); Dios no puede “ver” lo no-eterno; si las considerara, si lo viera… no sería Dios.

Todo es “transmutado”, abrazado, transfigurado por Dios-Amor… pues realmente nunca existió otra cosa que Él.

Pero, como sabemos, ahí viene un auténtico terror a la disolución, a nuestra propia desaparición: ya que el miedo va asociado —desde tiempos inmemoriales en la experiencia universal— a la experiencia de ser un “yo”, de ser un “ser separado”, un “yo separado”… de tener una “identidad” —basada en cuerpos separados.

Creemos profundamente que el Amor nos va a matar, que vamos a desaparecer, si nos desapegamos de nuestra elección por el miedo.

Entonces tenemos que ponernos a cargo del proceso de la vida. Siempre está ese gesto: «eh, yo, yo me encargo… yo por mi cuenta… por ejemplo “renunciando”… o por ejemplo haciéndome adicto al trabajo, al sexo, a la costumbre que sea».

Como sabemos, lo que no es Dios es sueño de formas… son películas a múltiples opciones que venimos a “poblar”, a ver, una y otra vez.

Y como también sabemos, es la película de la separación con respecto a Dios, y fue nuestra propia idea… junto con el miedo, que también nosotros mismos inventamos.

Por eso el miedo es algo que está bajo nuestra responsabilidad. Y nuestra responsabilidad, con dos aspectos, es la de darnos cuenta de que lo estamos eligiendo (no teniendo miedo de esa elección, es decir, no teniendo miedo de nosotros mismos, de nuestro ser “egoico”)… y… luego… ver si dejamos o no dejamos que el miedo se disuelva naturalmente en “la luz” (primero no culpándonos más por haberlo elegido).

Normalmente dejamos que el miedo siga creando por lo bajinis.

Habiéndolo negado, habiéndonos defendido de él reprimiendo cosas, lo conservamos en la mente… y así es como él sigue creando nuestra experiencia del mundo… así nos sigue dictando cómo experimentaremos las formas.

Cuando nos defendemos del miedo, de la culpa, la oscuridad, etc… cuando los negamos (reprimimos, resistimos)… simplemente siguen creando “enfermedades”, sucesos vitales y civilizaciones enteras… “para que” los veamos, los iluminemos (para que podamos entender cómo la oscuridad realmente no podía ocultar nada).

Entonces vemos cómo perduran, en el tiempo —en tanto otra institución más “del ego”—, tantas y tantas escuelas “espirituales” de “negación de lo obvio”… de simple represión.

Siempre está ahí ese gesto orgulloso que dice:

«eh Dios, yo mismo me voy a encargar de castigarme por mi “pecado”, ya sea con:
— enfermedades de muy diverso tipo, psicológicas y físicas (que es quizá el estilo de auto-castigo más de moda ahora en “el mundo occidental”, si aún se puede hablar del mundo así…),
— o bien sea con “escuelas de renuncia”, donde me juntaré con gente, hable o no con ellos, para negar lo obvio… y reforzar la separación,
— etc.»

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Publicado 10 enero, 2014 por qadistu en amor, discernimiento, ego, verdad

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