Nuestro ridículo tema extraterrestre   Leave a comment

imagen corazón en círculo

Pongamos que siempre hubiéramos sido extraterrestres.

Entonces, como ya veíamos de otra manera también en este texto, o en este otro… no hay mucho “misterio”. El misterio está dentro del alma, o mente, de cada cual —como ya “se sabe”.

Todo “misterio extraterrestre” más o menos finaliza cuando ves que existe la posibilidad de que nuestros cuerpos sean de “genética extraterrestre”…, de que nuestros vehículos corporales en sí ya podrían ser desde siempre “extraterrestres”.

Además de los mil y un retoques “fotográficos” en esta película “mundo” (genética)… que pudo haber habido… imaginemos lo dicho: que siempre hemos sido “extraterrestres” pero que se nos olvidó, como siempre se nos olvida todo.

Simplemente se nos olvidó que un día quizá tuvimos que cambiar de planeta… o que volvernos de nuevo “primitivos”, o “extraterrestres inferiores”… o cosas por el estilo —como lo de esos retoques “fotográficos”, etc.

Abierta esa posibilidad como hipótesis… ya no queda tanto humo para vender, y se hace un poco de paz quizá entre tanta interpretación.

Y también tenerla en cuenta quizá nos sirve para simplificar.

Entonces…, ¿qué pasa? Pues que simplemente, para bien y para mal, en general al “vivir” nos olvidamos de nosotros mismos, como ya sabemos… vida tras vida (y quizá sobre todo nos olvidamos de nosotros mismos dentro de la misma vida 🙂 ).

Por tanto, nos olvidamos de estos “vehículos”, de las civilizaciones… de los “avances tecnológicos”… de otros planetas donde “estuvimos”… de que todo sale de la mente… etc.

A nivel universal, el “alma” entonces sería como una gigantesca consumidora en el mercado de cuerpos del Universo-Megastore.

A estos cuerpos obviamente los desecha, los desechamos, repetidamente… con ese invento que hicimos, el de “la muerte”… para dejarlos en los brazos de los basureros-mataderos que llamamos “planetas”… —en este aprendizaje cósmico del alma… que de cierta forma regresa a la luz.

Así que cada vez que durante el día nos aparezca un “ovni”, con muñecos dentro 🙂 , tal y como suele pasar todos los días 🙂 … ya tenemos la solución a nuestro posible miedo, o nuestra simple sorpresa, pues no tenemos más que preguntarnos…:

¿Y si ya somos “extraterrestres” jugando al olvido… y, por tanto, de cierto modo esa “gente” —cuando sean realmente “de fuera”— simplemente soy yo mismo intentando acordarse de sí mismo?

El ego, desde dentro de nuestra mente, quiere limitarnos, pues es en sí limitación; y eso lo refleja por ejemplo esta creencia: «somos unos humanos DUEÑOS y señores de la Tierra… con una evolución lineal desde el “mundo primitivo”».

Nuestra auto-limitación obviamente también se ve reflejada por nuestras instituciones globales, a veces aparentemente secretas (el gobierno secreto, tristemente célebre por ejemplo por el montaje del 11-S)…, cuando éstas quieren tapar hechos…, o dosificarlos a su modo… o impedir que veamos el reflejo de nuestro ser más amplio en la forma de las ruinas de otras civilizaciones avanzadas aquí en la Tierra; o en la de los restos de civilizaciones que ya han sido hallados en Marte; o en la de lo visto en las naves y humanoides que ya han sido detectados en la Tierra por miles de personas, con mensajes incluidos…, etc.

Civilizaciones y más demencia humana

Como parecen existir “civilizaciones anteriores”, entendido esto a partir de ver algunas ruinas donde se intuye que lógicamente se habría usado “tecnología muy avanzada”… entonces se dice automáticamente que tuvo que haber extraterrestres influenciándoNOS en algunos casos.

¿Cómo que influenciándoNOS? Jaja. ¿Por qué justo ahí teníamos que estar “nosotros”, en tanto que esta especie humana?

Podría ser que esas ruinas pertenecieran a una zona aislada, por ejemplo, y no hubiera más que “extraterrestres”…, es decir, seres de otro tipo humanoide, diferente del nuestro —y quizá vemos, por eso, las figuras tan raras que se pintan.

Como nos creemos los dueños de la Tierra, nos proyectamos automáticamente a cualquier ruina que veamos. Proyectamos a nuestra especie, el ego especial de nuestra especie, con un……: “¡ajá!, esto es mío… mi tesoro……”… jajaja.

De pasada entonces, a veces supongo que al pensar así de tontamente se habrán cargado unas cuantas posibilidades abiertas como hipótesis:

— el posible carácter “puramente extraterrestre” de lo que había tras esas ruinas (¿por qué tenía forzosamente que estar ahí “el humano”, nuestro tipo humanoide, esto que llamamos (mmm…) homo sapiens?).
Es decir, ¿por qué siempre que hablemos de otros tipos de humanoide éstos tuvieron que convivir con esa entelequia que llamamos “nosotros”?
Amamos tanto nuestros cuerpos… la especie humana actual, que se nos va la cabeza a proyectarla a cualquier lugar o momento. No podemos ser más dementes con este apego.
¿Y si en la Tierra hubieran habitado muchos tipos de civilizaciones, con otros tipos de cuerpos, y a la vez o no que lo hicieron otros “humanos” —como sugería por ejemplo Seth?

— la posibilidad de que nuestra genética, con más o menos retoques… pueda proceder de fuera del planeta. Tal y como hoy ya se dice mucho, a estas alturas, y más viendo los restos civilizatorios que se encuentran en Marte… puede que en parte la genética humana proceda de allí, de antiguas civilizaciones de su superficie… —y la Tierra sería el siguiente planeta “a ser destruido” en el juego cíclico del ego, como vemos que en parte ocurre.

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