No hay que hacer nada   1 comment

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Vamos a terminar una etapa del blog con estos resúmenes sobre “verdadera espiritualidad”, al hilo de lo que ya vamos sintiendo con lo que Yeshua fue completando, en otros dictados que dio —como el de Tom Carpenter, etc.

El único problema del mundo es que damos el sentido de las cosas por nuestra cuenta. Es decir, que nos damos a nosotros mismos el sentido o significado de lo que vemos, por nuestra cuenta.

Esa es la esencia de por qué existe ese gesto de “tener la razón”, con el que nos auto-condenamos y condenamos todo el rato.

Dicho “querer tener la razón” está basado en algo muy profundo. Las motivaciones de nuestros pensamientos y sentimientos “creadores”, en su base tienen este gesto elemental, aquí, en este universo: el de siquiera querer percibir.

Y tenemos que liberarnos siquiera de esa “ansiedad”, tan aparentemente existencial (si es que queremos realmente propagar la felicidad que somos…, y no estados sucedáneos de relación donde parece que podremos “cambiar” algo afuera… etc.).

Este “gesto” tan básico de “querer percibir” digamos que condiciona, de forma elemental, por ejemplo el que luego sigamos queriendo “tener la razón” —en niveles más “superficiales”, por así decirlo.

El único problema es pues que queremos percibir. Queriendo eso, lo que hacemos es reforzar el miedo, que es el primer motivo, el motivo inercial de base, por el cual queremos percibir.

Así, como este motivo de miedo lo tenemos tan pegado a nosotros mismos…, a nuestro “sí mismo falso”… a nuestro ser falso (ya que es el propio elemento en el que nos bañamos… ya que este motivo es prácticamente dicho “ser”…  ya que este motivo es nuestro elemento de inercia… en esa inercia que llamamos “ego”…, es decir, en el mecanismo o manera usual de poblar un cuerpo aquí, en esta dimensión tan “baja”)… como el miedo está tan pegado a nuestro ser… no nos damos cuenta de que dicho “querer percibir” se basa en él —y no nos damos cuenta del enorme conflicto interior (“culpa”) en que se basa a su vez dicho miedo.

Esto de “darnos sentido por nuestra cuenta” lo hacemos pues con ese truco llamado percepción (es de hecho el propio proceso de la “percepción”). Con ella, pues, proyectamos sobre las cosas (también sobre las formas de nuestros pensamientos, etc.)… proyectamos… pensamientos y sentimientos (los nuestros, en una inmensa paja mental que no reconocemos como tal).

Entonces, la “hipótesis” que realmente nos ponemos a comprobar cuando hacemos de nuestro “vehículo físico” un vehículo para este “experimento” que llamaríamos Despertar… es esta y es bien simple…:

esta proyección o percepción —esta percepción fabricada por la proyección— viene de un malestar interior, de una especie de “angustia”, “ansiedad” o miedo constantes…, interiores… que están ahí como estados a menudo irreconocidos… y que es como si nos “obligaran” a necesitar “un mundo exterior” (podríamos decir que, aunque aquí estamos hablando del curso de milagros y los otros textos con que “La Voz” aportó complementos a dicho curso… podríamos decir por cierto y lógicamente que esta sería la simple “primera verdad” del llamado “budismo”… cuando dice que dicha verdad trata del “sufrimiento”).

[Y siempre recordando, por ejemplo, que ya nuestro cuerpo es algo exterior a nosotros mismos]

Pero… como decíamos… no hace falta “vivir”… ¡no hace falta vivir!… tal y como normalmente entendemos la palabra “vivir”.

Es decir, no hace falta percibir, proyectar, un mundo aparentemente “exterior” a nosotros… —no hace falta hacer nada, pues ni siquiera hace falta “hacer” eso tan elemental.

El mundo que vemos, entonces, solo lo vemos ahí porque necesitamos representarnos —en un afuera ilusorio— nuestro estado mental “interior”. Realmente no lo necesitamos, no realmente… y solo está ahí simbolizando o reflejando nuestro estado mental interno.

Tenemos en la vida experiencias que son pues reflejos aparentemente físicos (aunque en parte diríamos que son un bloque indisoluble mental-físico) de nuestros estados mentales en la mente egoica, que se cree separada de su Fuente, y que está más allá del espacio y el tiempo.

Y entonces, Despertar, es el progresivo darnos cuenta de que no necesitamos un mundo, y ni siquiera una mente que piense “por su cuenta”. Así, nos damos cuenta de que si hay tal “necesidad de mundo exterior” solamente se debe a que dentro, en la mente, “sufrimos” (albergamos ideas que nos provocan sufrimiento en la mente más allá del tiempo: ideas muy poderosas de indignidad, etc.)… y se debe, tal necesidad de mundo, se debe a la vez a que también estamos de hecho “purificando” dicho “estado interior” inercial de sufrimiento… pues lo podemos purificar gracias a que podemos “experimentar” nuestro “estado interior” en este mundo “exterior” para ello configurado.

Como sabemos, desde ese estado de conflicto interior —este estado no visto, que no queremos ver…, es decir, el de la “culpa”—… desde ahí… de cierto modo venimos al mundo para huir, pero con una estrategia mal adaptada a este propósito (pues huimos prolongando el sufrimiento, ya que pensamos que la solución está “afuera”).

La “hipótesis” seguiría pues diciendo que, una vez que aprendemos a enfocarnos dentro, en el estado mental deseado (paz, amor, dicha)… es decir, una vez que aprendemos el hecho de que ese estado o experiencia es el estado natural… y que además él sustituye —si le dejamos— de forma natural, al estado mental inercial llamado “ego”… entonces… ya no necesitamos “ver un mundo”, ya no necesitamos tener la experiencia de “hay algo afuera de mí” (ese “mundo” que, si parecía “existir”, solo lo parecía por el motivo de darnos más o menos fielmente una representación, un reflejo físico del estado interior de nuestra mente… de esa mente que es poderosa, “creadora”, que alberga estados de confusión… miedo… etc., basados en ideas de separación: indignidad, etc.)

Y por cierto, una vez que el mundo cumple con su propósito, ya no es de nuestra incumbencia si vamos o no vamos a seguir “proyectando más mundos”…  (mundos “más felices”…)… si vamos o no a “conseguir cambiar y lograr mundos más felices”… si vamos o no a “trascender” esta dimensión por entero, pudiendo ver, así como “desde fuera”, todo este “universo” “nuestro”, por ejemplo… etc.

Pues… recordando lo de siempre, tan importante…: se trata de alejarnos del patrón del “hay que”, del “deber”, del “conseguir”… ya que para empezar el mundo solo tenía como función reflejarnos ese estado interior demente… y, por tanto, ¡no hay que hacer nada!, ¡no hay que conseguir nada!, ¡no hay que ir a ningún lado!

Todo es posible en la ilusión. Nosotros nos enfocamos en la experiencia de nuestro “ser verdadero”, con cada vez mayor consistencia, coherencia, constancia —y entonces, ya luego… todo se dará por añadidura.

De ahí que sea tan importante la mera paz… el “aprender” a elegir paz dentro (el dejarse descubrir por ella en las situaciones más insospechadas)… pase lo que pase… aunque veamos que por ejemplo nos estamos haciendo la puñeta a nosotros mismos… aunque veamos que no elegimos cosas que nos den paz… da igual.

Pase lo que pase, ante toda experiencia que se nos ponga por delante… ante cualquier experiencia que se nos presente en nuestro ser… elegiremos y daremos paz —y sin juzgar dicha experiencia…, ayudándonos de esa “respiración” que normalmente hace falta atender… y, si es posible, antes de siquiera ponernos a “actuar”.

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Una respuesta a “No hay que hacer nada

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  1. Yeshua comentando a Carpenter sobre sus célebres apariciones:

    » — ¿Y cómo te manifestaste a Tomás?
    » — Su petición fue hecha desde el sentimiento de necesitar confirmación, y no tanto una confirmación relativa a la necesidad de comprender la continuidad de su Fuerza Vital o de mi Fuerza Vital, sino relativa al sentimiento de aceptación del amor del que le hablé. Tomás sentía que este amor se le había quitado, en tanto que yo ya no estaba en mi presencia física. Por tanto, si aparecí ante él, fue para responder a esta necesidad. Y solo por satisfacer tu curiosidad, la mía ante él fue una manifestación bastante densa —por hablar en los términos en que lo hacéis. Fue una que estuvo diseñada para permitir el mínimo espacio de duda posible, y en este sentido, tuvimos un contacto físico extra.»
    _______

    Otra bonita contestación de Yeshua a Carpenter:
    «No soy un Hijo de Dios más grande que tú. No ocupo ningún lugar especial en su Corazón que esté por encima y más allá del lugar que tú ocupas.»

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