Parece útil decir algo sobre cómo las buenas intenciones llevan al “infierno” (sobre la política)   Leave a comment

imagen corazón en círculo

No me queda claro si sería bueno siquiera preguntarse, en un nivel más “sociológico”, por así decirlo… cómo es que los esfuerzos y “las buenas intenciones” consiguen casi siempre “empeorar las cosas” (como parece que sucede).

Entrando en materia quizá sería bueno plantear primero que parecemos estar algo así como sujetos a un guión… a una especie de “ingeniería social”… donde de cierta manera se juega con nuestras buenas intenciones, con nuestra humanidad en tanto que esta quiere “progresar”.

Eso sería una primera apariencia en un ámbito digamos muy “global”.

Y de cierto modo, “detrás” de ese manejo de nuestra necesidad de bien, de mejora, de verdad… (por ejemplo con lo que pasó con la aplicación del comunismo) veríamos que se esconden intereses de “los ricos de siempre”, en una especie de ingeniería social a escala terrestre.

Quizá sea bueno preguntarse por el “porqué” de que esto suceda, al menos una vez… excepcionalmente, también en el nivel “sociológico”.

Y de este “porqué” es quizá solo hasta hace poco tiempo que habríamos querido darnos cuenta… en este nivel tan amplio de la ingeniería social.

Entonces… sin ánimo de querer tener la razón 🙂 … o no mucho …:

Todo trata sobre “aceptación”.

Y sacamos esto de las “buenas intenciones” porque en ciertos discursos espirituales se impulsa a que aceptemos todo… y se dice que los reformadores sociales o los revolucionarios, es decir, los que de cierto modo reactivo no aceptan lo que hay… conseguirían empeorar las cosas (sucede a menudo que parece que los cambios bruscos llevan al final “a peor”).

Entonces, de cierto modo, este mismo discurso pro-aceptación, no estaría aceptando la mera existencia, ahora inevitable… de “gente que quiere simplemente cambiar las cosas” desde una actitud digamos que “muy reactiva”.

Entonces, el problema es que reaccionamos de forma muy inmediata, digamos que “demasiado pasional”… en el mal sentido de esta palabra, pues “reaccionar” conlleva caos y confusión interior, y eso “interior” casi necesariamente se ha de manifestar fuera, tarde o temprano, dándonos más y más excusas y ocasiones para tener esa experiencia de “reaccionar”, es decir, de “confusión”.

Esta confusión quizá podríamos decir que es en general entre razón y corazón, sabiendo que “lo que hay que hacer” (un “hacer” que es un no-hacer) es dejar que el corazón abarque todo (la “razón”, etc.)… pero no confundiendo corazón con “reacción apasionada”, y ese tipo de cosas.

Entonces, cuando reaccionamos de forma muy inmediata pero no realmente espontánea (muy mediatizados por nuestro pasado, como siempre), sería en general más fácil que nos manipularan. ¿Y quién, de cierto modo, “manipula”? Gente que tenga otra perspectiva y cierto nivel de actuación, digamos “más estructural”, más global… sobre el guión de este sistema que es este mundo.

Entonces, según mucha gente, simplemente habría en un primer momento que “aceptar todo”, todo “dentro” nuestro… en un gesto muy elemental y que parece que muy poca gente sabría tener realmente en su interior con respecto a todo… a todo aquello que se le plante por delante y por “dentro” —y, por tanto, hay que aceptar lógicamente también “las reformas que parecieron empeorar” el mundo 🙂 .

Quizá sucede en parte que lo que hace que las buenas intenciones conduzcan más o menos directamente al “infierno”, es el hecho de que tales “esfuerzos”, tales “buenas intenciones”, están aplicados inevitablemente dentro de esquemas que de cierto modo están “pervertidos”… siendo algo así como “estructuras perversas” (con las cuales hemos plasmado consciente e inconscientemente cierto “odio” contra nosotros mismos).

Por ejemplo, una contradicción así entre lo que la política dice de sí misma (por simplificar: “democracia”)… y lo que realmente parece ser la política, en su misma estructura que cualquiera que lo mire puede reconocer casi “objetivamente” (simplificando: una “oligarquía”)… una contradicción así… la vemos descrita muy neutralmente por gente como García-Trevijano, que fue un actor y un observador fundamental de la política en España, y del cual ya poníamos algún enlace en algunos comentarios (él creo que en realidad lo cuenta en el fondo muy pacíficamente, aunque parezca todo lo contrario en la forma).

Entre otras cosas, hoy parece que es admitido que la “política” es “una profesión más” —como la de abogado, etc.

Estas profesiones que por lógica deberían ser mucho más vocacionales y por tanto “democráticas”… serían de cierto modo “necesarias” en sociedades así… y más si son aparentemente sociedades tan primitivas como esta… donde hay tantos “derechos”, es decir, tanta realidad relacional profunda que pasa automáticamente al orden de códigos, aplicaciones, etc.… con tantas “órdenes” y tantos códigos aplicados y aplicadas muy “desde el exterior” de nosotros mismos… donde habría, pues, representada ahí “fuera”, tantísima separación aparente entre “corazones” —entre intuición y acción.

Así que, como decíamos, en muchas profesiones e instituciones, y más en la política… se estaría inmerso en “estructuras” de “contradicciones sistemáticas”… que contradirían mucho la propia definición del “oficio” en cuestión.

En este sentido, claro, no serían entonces los esfuerzos en sí, o las buenas intenciones en sí, quienes conseguirían que “todo fuera a peor”, sino, en parte, las estructuras con las que hemos plasmado nuestro “no querer entender”, nuestro “odio hacia nosotros mismos”.

Y el problema entonces sería en parte el de saber mirar cuáles son las actitudes que convocan o conllevan esas “estructuras” por su mera existencia… esas estructuras… donde aparentemente nos vemos metidos como por arte de magia (saber mirar y tratar con esas actitudes).

Por ejemplo, parece obvio que para ser un “político importante” hoy, lógicamente, en ciertos niveles de este “oficio” (otra cosa sería a veces en los pueblos más pequeños), es inevitable por ejemplo mentir y rebajarse mucho en “la estructura del partido” y en otras instituciones —en unas estructuras que serían “lo contrario” de lo que se supone que conllevan.

¿Qué conllevan? Digamos que “la política” sería una estructura mínima para un oficio (que se puede institucionalizar de infinitas maneras). Y en el oficio podríamos decir que la mera administración tendría un papel fundamental, pues primeramente se trataría de cuidar de esa estructura que permite expresar intereses comunes —los de múltiples personas y colectivos, en general.

Es decir, se trata de plantear, de mirar para preservar o quizá cambiar y re-crear a voluntad esos “mecanismos” que al final deberían ser casi meramente “administrativos”, y por los cuales permitimos mejor o peor que existan ciertos cauces donde expresar o incitar a la expresión del “estado de cosas”.

Esta expresión es realizada también libremente “desde abajo”, de abajo a arriba, desde el estado de esas “condiciones de vida” en las cuales nos individuamos, que muchas veces aún no tienen “voz”, pero en las que nos co-individuamos con gran cantidad de “otros actores”, en múltiples relaciones “ecológicas” que van surgiendo y creando “voces” que piden inscribirse, respetarse… y que nos obligan… y que debemos inscribir en el colectivo humano-terrestre —en estos términos hablaba la nueva sociología que trata de “actores”, de Bruno Latour, etc.

Así, al primeramente tematizar el cuidado de “estructuras mínimas para las relaciones” (para, si se quiere decir así, hacer “escalables” ciertos modos virtuosos de relación)… así… entonces… a veces estas condiciones podrían siquiera verse, ser “observadas”, y, entonces, pueden o no “cuidarse” y “cambiarse” las condiciones —con una actitud todo lo pacífica que se pueda (como quien mejora ese tipo de bizcocho que ya aprendió a hacer).

[ Y, por cierto, sobre esto que decíamos de “mentirnos”: casi en cualquier “cosa institucional” que hagamos (educación, etc.) parece que existe un “habernos tenido que mentir mucho”, a nosotros mismos. ]

Entonces, son las estructuras las que promueven también una mayor o menor facilidad de “no querer mejorar”… como la política de “altos vuelos”, que sería oligárquica, estando muy dentro de un Estado que lleva mucho tiempo en gran medida al servicio de cierto “guión económico” internacional (a veces llamado “capitalismo”)…, en una oligarquía de partidos, como decía Trevijano, donde parece que para llegar a actuar ahí tienes por ejemplo que como poco mentir sistemáticamente.

Sin embargo, ya decíamos que en sociedades así, tan primitivas como esta, sí que haría falta estructuralmente algo como “la política”, igual que parece que hacen falta ciertos códigos, y quien los aplique.

Pero vemos claramente cómo ahora los políticos en su faceta más global solo están ahí para de cierto modo “soplar el guión” a esas “ovejas” de abajo que somos… para pasar las órdenes de arriba hacia abajo… desde esos “guionistas” del “poder económico” —y seguramente de otros poderes y “sectas” más cohesionadas aún que este poder— hacia la masa de esos casi “insectos” que somos, o que parecemos ser, a menudo… esos “insectos” dependientes de un Estado que de cierto modo consigue “domar” siguiendo unas directrices transnacionales, mediante ciertas “libertades” gestionadas automáticamente en un marco en realidad bastante “a-político”, cibernético… que tendería a hacernos esas “hormigas con microchip” —que sería quizá una de las “líneas de probabilidad” hacia las que tiende la Tierra, y que mucha gente “vivirá” o “viviremos” (proyectaremos).

El problema, como sabemos, visto en modo “solución real”, en modo elemental (es decir, en modo “espiritual”)… el problema entonces no sería quizá el de que exista gente que “trata de mejorar” algo (esa “vocación” es inevitable quizá que exista)…, sino el de creérselo realmente… en un cierto sentido de “creérselo”…

El “problema” sería el de “la actitud”… como siempre… la actitud de quien “se cree del todo su papel” y no parece querer aprender a observarse y a observar a menudo “con paz”… así como desde fuera… para ver si está o no siguiendo “su intuición”, “su verdad”, su corazón… si está siguiendo lo que realmente le “llena de vida”… si está siendo coherente y dejando o no que le lleguen y le lleven sus propias intuiciones-guía —como quien “crea” algo y se deja “llevar por la inspiración”.

Parece que cualquier “oficio” o “vocación”, también “política”…, podría adquirir esa “inocencia” para conseguir poder actuar así… bajo inspiración constante… “inocentemente” —simplemente como decíamos: como quien trata que un bizcocho “le salga mejor” que ayer.

En sociedades como esta, lógicamente parece que “siempre” va a haber muchos “oficios de orden”, de “sistema”…, y, por tanto, que hablarán de “mejoras”, de “mejorar”… de aplicar mejor los códigos, etc.

Entonces, lo dicho…: quizá el problema sea como siempre el de “la actitud”… el del “cómo”… el de “cuánto nos creemos” o nos dejamos de creer “las cosas” “con toda el alma”… en el sentido de poder tener la suficiente paz como para ver dónde realmente tenemos puesto “el corazón”.

Es decir, el problema sería el de saber ver o no saber ver “a quién estamos dejando que nos aconseje” por dentro, interiormente…:
— si a la voz “del ego”… esa que nos hace creer que estamos realmente separados de, por ejemplo, “un enemigo”…,
— o si a “la otra voz” (y sea cual sea el papel o la profesión que nos llame dentro de una sociedad que de por sí ya es tan “demente”).

Se puede, entonces, tener “enemigos” en un nivel, donde parece que los intereses están contrapuestos (sería el problema de vivir en sociedades tan primitivas, donde parece muy real la contraposición de intereses, la competencia)… pero… en otro nivel… se puede simplemente actuar de corazón, con inocencia, con la certeza de que se está siguiendo espontáneamente “lo que hay que hacer”… en un actuar que no va contra las personas (que nunca es “ad hominem”)… en un hacer que es simplemente “tu oficio”… un hacer que no hace lo que hace para agudizar aún más la separación percibida entre los intereses de los diferentes “bandos” aparentes.

Y así, ese actuar “desde dentro”… puede que sirva realmente al final para “mejorar el bizcocho” —como un todo.

Amén 🙂

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