Más sobre la comprensión global de la experiencia (para salir inocentemente de lo que no queremos experimentar… pero sin la cara de inocentes, es decir, sin proyectar)   Leave a comment

imagen corazón en círculo

Vamos a volver a lo simple hablando al hilo de lo que venimos diciendo y citando de Carpenter, en la transmisión que la voz le dio (Diálogo sobre el despertar), que complementa de manera maravillosa el curso de milagros (aunque la traducción oficial aquí conocida, de Carpenter, al castellano, es muy mala).

Las situaciones físicas, las cosas que nos están pasando ahora (en realidad: nuestra experiencia de las circunstancias), son el reflejo físico de los pensamientos que tenemos o que hemos tenido… y nos muestran el sentido que les hemos asociado a estos pensamientos. Podríamos decir entonces que nuestra experiencia actual nos mostrará el sentido que hemos asociado tanto a las “cosas” como a los pensamientos.

Así, ¿qué acaba de decir esa maravillosa frase sacada de las palabras transmitidas a Carpenter?:

— nuestra experiencia de las circunstancias, y de cierto modo las circunstancias en sí… son en realidad el reflejo físico de los pensamientos que tenemos, que tuvimos…

— y es como si esos pensamientos, viéndolos así, reflejados en lo físico… consiguieran mostrarnos a veces muy dramáticamente el sentido/sentimiento que hemos asociado a “las cosas”, y a los pensamientos.

Así, se nos muestra esa curiosa operación: la de otorgar nosotros el sentido, por nuestra cuenta.

Como sabemos, este sería pues el origen del “caos”, de la confusión, por definición:

el hecho de que otorguemos nosotros el sentido por nuestra cuenta.

Así, por tanto, en la experiencia de la vida luego se nos mostrará “fuera” todo ese “caos” interior, esa “confusión” elemental que conlleva aquello de “por nuestra cuenta”.

Experimentaremos pues la experiencia, valga la redundancia, de forma tal que podamos ver “dramatizado” lo que nos aporta esa cuestión tan elemental de nuestra consciencia “ego”: la de que nos creemos realmente separados… que realmente podemos pensar por nuestra cuenta (sin nuestra guía interior, sin ese “amor”, ese “yo superior”, ese ser que también tenemos dentro más allá de la mera consciencia). Creemos que merece la pena o que es necesario “pensar por nuestra cuenta”, otorgando así por nosotros mismos el sentido/sentimiento a aquello que parece sucedernos.

Pero imaginémonos pensando de forma “neutral”, así como en meditación, como si estuviéramos en meditación… tal y como se dice usualmente que es “la meditación”… imaginémonos viendo surgir cosas neutralmente… “intentando” observar cómo es que somos nosotros mismos quienes les asociamos el sentido a esos pensamientos —que pueden parecer por ejemplo “terribles”— y/o a las sensaciones que parecen venir “del cuerpo”.

Les asociamos el sentido, o profundos sentimientos, a esos pensamientos y a esas cosas que suceden “en el cuerpo”… les asociamos un sentido que normalmente tendría que ver con todo lo relacionado con “el sistema del ego”, es decir, con “la idea de separación interpretada con miedo”. Es un sentido de incomodidad más o menos fuerte (¡vete, pensamiento 🙂 !)…, o de duda… etc., etc.

Con esas proyecciones (“¡vete, pensamiento!” 🙂 ) conseguimos quedarnos como estamos, es decir, con la actitud de cultivar miedo, reforzando así más aún ese gesto tan elemental: el de “darnos el sentido por nuestra cuenta”.

Así, de cierto modo siempre estamos en cierto “estado reactivo”, reaccionando “contra nosotros mismos”… y entonces digamos que profundizando ciertos “abismos”.

Así, lo físico nos sirve para mostrarnos a nosotros mismos, en la experiencia, la usual “demencia” que conlleva nuestra manera de someternos a los pensamientos… con esa mente nuestra que en realidad crea a partir de esas inercias dementes en el proceso usual del…: “dejarnos llevar por el pensamiento”.

¿Es demencial tal proceso? Sí, porque en él asociamos “sentido miedoso” a las cosas… porque estamos “proyectando” —es decir, asociando el sentido por nuestra cuenta.

Así, con “lo físico” y con sus confusiones, con sus “caos”… como ya sabemos lo que hacemos es mostrarnos a nosotros mismos ese gran conflicto que existe en nuestra mente, en esa parte de la mente que, por ejemplo, puede llegar a decirnos que, si queremos ser felices (o incluso “salvarnos”), es necesario sufrir mucho… o sufrir aunque sea un poquito (¡mente loca!)…, es necesario sacrificarse, etc. (todas esas dementes interpretaciones basadas en miedo y que hacen real el miedo pero que, como sabemos, podríamos dejar que fueran sustituidas de forma natural en nuestro “ser espacioso”).

Y, como siempre, ¿cuál es el “problema”? Que somos y queremos ser “muy complejos”, y por tanto no sentimos claramente, o no comprendemos claramente en nuestro ser “con toda el alma”… que:
— todo lo que conlleve duda, molestia, cierto tipo de cansancio, etc., es reducible a miedo…
— y que el miedo lo hemos fabricado o inventado por nuestra cuenta…
— …y lo hemos fabricado de cierto modo en el pasado… facilitándonos así que le podamos “luego” otorgar por nuestra cuenta un sentido a cualquier experiencia en el “futuro”…
— … otorgándole pues un sentido que le vuelve a dar “sentido miedoso” a esta separación de cuerpos que aquí vemos… a este mundo de cuerpos separados o “marionetas” que en el fondo sería un mundo neutral (ya que, como sabéis: es algo así como si en el fondo estuviéramos todos más bien “muertos” que vivos, fuéramos más bien “zombis”).

Le damos pues sentido a la separación en tanto que “idea real”…, en tanto que idea-fuerza.

Como siempre, entonces, tenemos esa operación mental básica que estaríamos realizando todo el rato:
— o bien damos un sentido de “miedo”, que es siempre algo manufacturado por nosotros por nuestra cuenta… cosa esta que es justo lo que nos da miedo (lo de hacerlo “por nuestra cuenta”)… ya que pensamos así de manera automática sobre todo aquello que se nos presenta ante nuestro foco de consciencia… y lo pensamos así como viendo todo “desde el pasado”… y por tanto prolongando una “confusión elemental”, una confusión que es el elemento en que nos bañamos (aunque sería muy difícil estar siquiera dispuesto a constatar honestamente, dentro de uno mismo, que esto es realmente así, y que ocurre con casi todos los pensamientos y todo el tiempo)…
— o bien un “sentido de amor”… que en realidad no es comprensible aquí, pero que nos envuelve y potencialmente nos guía… y en eso es simple, es cierta tendencia hacia una simpleza profunda y que nos hace realmente más “sabios”.

Si lo vemos bien… ¡qué increíble cantidad de esfuerzo nos cuesta expulsar todo el rato el sentido o significado “de amor” en todo lo que experimentamos!

¡Qué increíble que todo este mundo solo descanse en realidad sobre ese sobresfuerzo, tan paradójicamente “invisible”!

🙂

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