¿La defensa del ego llamada “sublimación”? (¿necesitamos hablar de “sublimación”?). Los observadores cambian el PROCESO de observación, antes de cambiar lo observado   2 comments

imagen corazón en círculo

Vamos a comentar un texto hallado en facebook, que trata sobre las defensas del ego.

De ellas ya hemos hablado algo por aquí.

¿Por qué lo comentaremos? Porque habla de “sublimación”, y aquí o en otros textos vamos a ver si necesitamos definir por separado esa otra “posible defensa”, aparte de la negación y la proyección… o bien vamos a ver si simplemente necesitamos hablar solamente en el caso en que el ego la use para atacar nuestro “camino” de despertar hacia la realidad.

Quizá podemos decir que con eso que a veces llamaríamos “sublimación” pretendemos “quitarnos realidad”…, así como queriendo evitar el sentir… es decir, el aceptar y dejar pasar nuestros sentimientos… cuando estos hayan de pasar por nosotros sin bloqueos… y si es que no los queremos (como pasa con el miedo).

De todas maneras, para mucha gente —y para mí también— quizá sea muy importante poder hablar claramente de “sublimación” en tanto que posible “gran defensa del ego” —como otro cierto “auto-engaño” más.

¿Qué sería lo esencial de esta “defensa”, si la separamos?

Pues parece que es muy elemental, quizá, y que nos lleva a dirigirnos a la cuestión de…: ¿quién dejamos que use nuestras “capacidades”, nuestros trabajos o tareas que dirían algunos más “sublimes”? ¿Las dejamos siempre “en manos del ego”… o en las del Origen?

¿Con quién juzgamos algo como “mejor”, “peor”?

Así que tenemos detrás la cuestión de siempre: ¿para qué?

¿Para qué hacemos esto que por ejemplo parece “artístico”?

¿Esto que hacemos que tipo de apegos refuerza?

¿Refuerza nuestro sentido de ser especiales?

¿O simplemente nos estamos mostrando a nosotros mismos un mínimo amor o cuidado… que sí que nos sienta bien en este camino del despertar?

Y entonces… ¿esto potencia nuestra “elevación”, en el sentido de facilitarnos “estar mejor”… más lúcidos en este “camino” de “aprender a elegir”… aprender a elegir “nuestros” sentimientos… una vez que vamos discerniendo entre el miedo y “lo otro” —que es aquello que en el fondo aquí no podemos realmente conocer del todo —el amor?

[Abajo del todo va una nota larga* para hablar de las defensas, a modo de introducción.]

Así que ahora intento decir algo sobre “sublimación”… citando el breve texto del que hablábamos, paso a paso:

La tercera defensa es la sublimación. El ego te dice “no sientas”, porque si sientes sufrirás.

Y bien cierto es que no queremos sentir, realmente. No queremos sentir todo lo que de verdad queremos, es decir, nuestros “deseos más profundos”… aquellos que nos hagan o permitan ser más coherentes… más integrados.

Es entonces cuando quizá lo que sí intentamos hacer es “sublimar”… en el mal sentido de sublimación.

Incluso podemos estar haciéndolo con los “caminos espirituales”… y con el curso de milagros mismo… con el cual podemos estar usando las palabras para no ir más allá de estas… para sublimar en el mal sentido de sublimar: para no sentirnos con más y más poder de “gestionar mejor nuestras emociones“, permitiéndonos así cuidar mejor nuestro acceso a la Unidad, de nuestro acceso a ese sentimiento real desde el cual nos damos cuenta de que nosotros “creamos” la experiencia de nuestras vidas.

Entonces, muy a menudo mucha gente no queremos sentir deseo.

Pero, el único problema con el deseo sería igual que el problema con el resto de cosas: que no es un problema en sí, sino que el problema es lo que hacemos con lo que sentimos y pensamos…: ¿a quién le entregamos el deseo? ¿Al ego, a la Fuente?

¿Qué es lo que realmente queremos?

Así, sin hacernos caso a nosotros mismos, muchos parece que hacemos una negación directa del “mundo” y/o de los cuerpos… una negación directa que no es lo que el curso indica que hagamos, pues no se trata de negar los cuerpos directamente… de negar la vida o el mundo directamente, es decir, por nuestra cuenta…; no, sino que se trataba de permitir que todo eso sea negado de forma natural a través nuestro, conectando nosotros, antes, con quien de verdad puede negarlos —en el buen sentido de “negarlos”, en el buen uso de la negación.

Así, se trataba de cierto modo de tomárselo todo más como un “juego”… con respeto pero como un juego o teatro para disfrutar, y no para hacerse daño innecesario, si es que nos sucede tal y como normalmente ocurre: que aún creemos en la realidad de las formas… en el daño que estas nos pueden causar.

Entonces, el sentido “malo” de este concepto de “sublimar”, digamos… tendría que ver con nuestro “no querer realidad” o no querer sentir… o un simple “no querer ser”.

Puede que a menudo nos “irrealicemos” sin más… nos “extraigamos” por nuestra cuenta de “la realidad”… y con excusas más o menos “mental-intelectuales”… con excusas sobre qué es lo que debemos hacer —frente a lo que realmente queremos hacer.

Así, no nos dejamos “sentir”, no dejamos que nos toquen sentimientos que quizá nos pueden dar “más realidad”…, más “verdadera realidad”.

Quizá no nos atrevemos a transmutar esas cosas, a dejar que se transmuten a través nuestro.

No nos permitimos sentir aquello que, de forma más coherente o congruente, parecen ser “nuestros propósitos” más “profundos” que quizá están dentro de unos “planes” que, por conllevar más coherencia, pueden entonces ser mejor ayudados o “tocados” por la “gracia” —por esa “gracia” que tenemos en nuestra mente, la que proporciona ese constante estar en contacto con nuestro verdadero creador…, que, como sabemos, siempre está poniendo su “voz”, suavemente… su voz que conduce más allá de ese fondo de miedo y culpa inventado por nosotros mismos.

Sigue el texto:

Sin embargo el sentir es noble; nunca te engaña, y te comunica cuál es el estado actual de tu conciencia; te dice cómo está tu fondo.

Entonces, desde ese “fondo”, teñimos el mundo.

Como de cierta manera nos indican las primeras lecciones del curso de milagros, somos de cierto modo los dueños de nuestra experiencia (y el cariz de “falsedad” en dicha experiencia depende en gran medida precisamente de ese nuestro “hacernos dueños” de ella, así como artificialmente…, en vez de “entregarla a la luz”).

“Nuestros pensamientos no significan nada” sencillamente porque los pensamos “solos”…, es decir, “con el ego”… con el sistema de la separación… con ideas falsas en mente.

Es decir, que el “problema” es que pensamos por nuestra cuenta… que proyectamos el sentido de miedo, que es nuestra propia invención, y que por eso nos cuesta tanto soltar… porque la inventamos nosotros (¡mi tesoro!).

Así, “nuestros pensamientos no tienen significado” porque no los pensamos tomando la mano del “Significado”…, del verdadero significado para todo… y que sería eso que llamamos Dios… nuestro verdadero creador: ese fondo de Amor… que no permitimos que tiña coherentemente y para siempre de nuevo nuestro pincel.

Así, siempre estamos tiñendo todo de miedo, y meramente al “pensar por nuestra cuenta”…, con ese “principio ego” que inventamos nosotros. Y da igual si lo hacemos más, o menos; sutilmente, o no; da igual; se trataría del mismo miedo, que está, o no está, en nuestro pincel.

Nosotros “creamos”, primero de todo, la experiencia de las circunstancias —el cómo experimentamos lo que sea… nuestros pensamientos… las formas “afuera”.

Como hemos visto en anteriores textos —al comentar la transmisión de Yeshua a Carpenter— tales circunstancias nos reflejan físicamente nuestro “estado mental”, que en realidad está más allá del tiempo y el espacio.

Nos hablan pues de lo que hemos ido proyectando sobre las cosas y sobre “nuestros” pensamientos —en esos pensamientos inerciales que vienen del pasado, así como para tentarnos a que sigamos proyectando el falso significado sobre todo.

Entonces, albergando en la mente confusión y miedo… entonces… esos “arreglos físicos”, esas circunstancias que vamos a ver en nuestra experiencia, tarde o temprano nos facilitarán experimentar y reforzar otra vez el mismo miedo en nuestra mente —a no ser que vayamos aprendiendo a cambiar el foco de nuestra consciencia, el enfoque… y aprendamos a elegir nuestros sentimientos… de cierta manera “más allá de las meras emociones”.

El sentido, por tanto, lo hemos dado nosotros desde un fondo de miedo, desde un fondo que diríamos “vivifica” un pasado que, inercialmente, es por defecto “mortal”.

Pero insistamos: el problema clave aquí es aquello de POR NUESTRA CUENTA.

Como sabemos, al final solo hay dos sentidos, propósitos o significados: miedo o amor.

Sigue el texto:

Es una vía de comunicación entre el subconsciente y el consciente. Observar lo que sientes es observar los pensamientos del subconsciente.

Eso: no tenerle miedo al pensamiento (así reforzamos el sistema de creencias de la separación, manteniendo tapadas las cosas, proyectando de nuevo el sentido de miedo sobre los pensamientos que aparecen en el foco de nuestra consciencia).

Y, si seguimos contextualizando con la anterior manera de hablar… entonces el “verdadero problema” sería…:

— el del sentido (que para nosotros es igual a “significado” e igual a “propósito”),

— pero, sobre todo, “el problema” sería el hecho de que, por defecto, siempre asignamos el sentido POR NUESTRA CUENTA.

Y sería esa maniobra “separatista” lo que automáticamente llama o invoca al miedo… a un miedo que seguirá y seguirá fabricando “mal”… es decir, “erróneamente”, en nuestras vidas.

Y también podemos recordar que solo decimos eso de “erróneamente” porque simplemente estamos aprendiendo a “volver a elegir”… a elegir… digamos… “inocentemente”, en nuestra mente… para poder volver a elegir a nuestro verdadero ser.

Necesitamos, entonces, observarnos en tanto que observadores…, vernos como observadores… es decir, como creadores que “pintan” con pinceles de miedo o de amor, sin más.

Pues, como sabemos, los observadores transforman lo que observan, y lo que nos interesa es colocarnos en la posición de maestros, es decir, dueños del proceso de tal transformación no tanto por los resultados, no tanto por los efectos en lo observado… como por el hecho de montarnos en el proceso de “realizarnos”, de “hacernos reales”… hacia el mundo real —al montarnos en la única relación que es real.

De cierto modo nuestra tarea es “observar la observación”.

Sigue el texto:

Esa vía tiene que estar abierta para que lo que hay en el subconsciente aflore a la superficie.

Claro, si cerramos la vía al sentir… parece que nos estamos guardando… que estamos reteniendo esas emociones no integradas que terminarán fabricando cosas… desde ahí dentro.

Así que podríamos decir que lo que describe esta frase es la negación, ya que estaríamos en ese primer tipo de defensa cuando hablamos de esta retención.

Y así, tras negar, y como ya sabemos que sucede… necesitaremos tarde o temprano “proyectar”: una o varias enfermedades sobre nuestro cuerpo, o bien juicios y ataques sobre los demás o lo demás.

Normalmente no somos “transparentes”… es decir, no dejamos “fluir” el “mundo a través nuestro”… para que este (como decía el curso de amor, también de Yeshua), para que el mundo sea el que de cierto modo “se otorgue a sí mismo” su significado/propósito/sentido —digamos que apoyado ahora en el principio del Amor, ese “más allá” de los cuerpos… al que ahora sí que le dejamos algo así como “actuar”.

Y sigue el texto:

El ego no quiere que sientas, y cuando te sientes por ejemplo “triste” te desvía hacia una actividad alegre, sin dejarte sentir; utiliza la sublimación como técnica de desvío.

Ahí ya está quizá tocada de lleno “la sublimación”.

Pero quizá la tenemos que poner en contacto con el tema de la expresión, con las llamadas necesidades de expresión… de una expresión a través de la cual de cierto modo ese “amor invisible”, el que está más allá de este mundo, dejaba sus huellas aquí, en el actuar de “artistas”, etc.

Esto lo vemos en el modo tradicional de “mundo”…, donde digamos que primaba el asunto de “dejar huellas”… de crear “movimientos”, así como desde el exterior… mientras que, ahora, de cierto modo, estaríamos aprendiendo de una manera muy “esencial” ese “hecho” esencial: el de que somos creadores… aquí… digamos que elevando directamente “las formas”… las aquí presentes… incluso los propios cuerpos, etc… —y digamos que creando un mundo “desde cero”… desde el “punto cero”… “un mundo nuevo”.

Muchas actividades del mundo nos sirven pues para huir… pero a la vez vemos que servían para lo que se llamaba “expresar”… ¿cuál gana de las dos en cada uno y en cada momento?

La mayoría de la gente no podría vivir sin comer. Pero otra mucha gente tampoco podría hacerlo sin una especie de “forma de vida”…, es decir, sin actividades o trabajos que conformaban lo esencial de su vida… lo que valoraron mucho… o lo que simplemente es indisociable de “su vida”… de su auto-concepto.

¿Hasta qué punto esto es una inercia o hasta qué punto con ello “nos salvamos”? Dependerá de cada trayectoria, vida…

Nuestras actividades, como toda relación, partirían casi siempre de ser “relaciones especiales”, con las cosas, con los trabajos y actividades. En esas relaciones donde “elegimos una vocación” parece que primero venimos a quizá reforzar nuestro sentido de ser realmente diferentes…, es decir… “especiales”.

De primeras parece que reforzamos la escala de los valores de este mundo… en un mundo cuyas ilusiones están tan jerarquizadas (ver la valoración diferente que se hace de los “trabajos” en los que se trabaja).

Y ahí estaría el otro problema: el de los grados o jerarquía entre las ilusiones.

Y, de nuevo, el problema con los grados sería que no los entregamos, o, digamos, que graduamos y fijamos los grados por nuestra cuenta; es decir, todo esto forma parte de la cuestión de siempre… la de… ¿de qué modo hacemos algo? ¿Lo entregamos a la luz… o no lo entregamos? ¿Lo hacemos en el fondo con propósitos que refuerzan “el sistema del ego”?

Si nosotros hacemos algo, lo que sea, pero “fluyendo”… desde un corazón y mente “integrados”, y con el corazón comandando… entonces… no se trataría de “sublimación” en el mal sentido de esta.

Así que lo que importaría es, en primer lugar, lo de siempre: la manera en que lo hacemos; el propósito… claro; el propósito asumido dentro… y que nos hace actuar de la manera en que lo hacemos… y que provocará que tengamos formas de vida donde luego constataremos, como resultado, que por ejemplo nuestra actitud con la comida y el acto de comer se “compone” o no se compone “bien” con el modo en que nos aferramos a “necesitar sublimar” —por ejemplo “siendo artistas”.

Pero, como sabemos, siempre tenemos que prevernos de enfocarnos en el comportamiento, en el nivel corporal, ya que como sabemos ahí no estaría la causa de nada.

Entonces, quizá podríamos hablar de una “mala sublimación” y de una “buena sublimación”; del mismo modo en que quizá podemos hablar de una negación bien “usada”… cuando conseguimos negar aquello que realmente puede ser negado a través nuestro… con milagros. Se puede y debemos negar nuestra creencia de que este mundo es “realmente real”.

Sigue el texto:

El ego considera peligrosa esta comunicación consciente-subconsciente; por tanto te hace creer que sentir y sufrir son sinónimos, y no es así porque cuando tu observas lo que sientes, no te duele, porque estás desidentificado de la emoción.

La verdadera observación sería esa, de acuerdo.

Y una “mala sublimación” sería la que no permite que seamos “auténticos”.

Aquí podríamos usar, o necesitar usar, la distinción entre emoción y sentimiento que hace mucha gente, y también el curso de amor. Pero no seguiremos por ahí.

Sigue el texto, así como confirmando que vendría bien distinguir emoción de sentimiento:

La emoción está ahí, pero tú no eres la emoción. Por tanto, una parte de tu subconsciente se libera. No se trata de encubrir las emociones con actividades placenteras socialmente aceptadas como: ir de compras, al cine, etc.… cuando te encuentras mal, sino de permitir el sentir.

Así que todo era bien simple, quizá, ya que el “problema” con esto de la “sublimación” podría ser “el de siempre”: el del uso de esas “actividades”, ahora estas “privilegiadas” (artísticas, etc.):

¿Usa el ego nuestras cosas para reforzar en nuestra mente la creencia en que somos especiales?

¿O bien dejamos que las use el Espíritu Santo…, es decir…, nuestra conexión con nuestro Espíritu Original…, ese que realmente sabe de qué va todo esto al estar en perfecto conocimiento del Conocimiento, de Dios, del verdadero creador?

_____
*

Se suele poner a la negación como ejemplo primero de “defensa del ego”. Esto, aparte de la voz del curso de milagros, lo ha explicado también muy bien por ejemplo Kenneth Wapnick.

Y hay muchas negaciones… o fases de la misma negación.

El “mito” ilustrativo y didáctico del curso de milagros nos previene sobre qué es lo que realmente este mundo de formas separadas es, sobre cuál es su propósito:

este mundo resulta de una especie de colosal acto de negación doble.

Y el propósito del mundo es pues, en gran medida, el de escondernos de nosotros mismos (de nuestro verdadero ser).

El de escondernos del hecho de que somos nosotros quienes nos hemos negado “todo”: ese amor eterno e invulnerable que somos.

De cierto modo nos hemos negado nuestro verdadero ser… y necesitamos echar las culpas de ello fuera —cosa esta que es la “segunda” defensa: la proyección… proyección de esa inmensa culpabilidad que sentimos cuando creímos que realmente podíamos separarnos de nuestro verdadero creador.

Entonces, volviendo atrás, “primero” es como si nos hubiéramos preguntado —en nuestro estado de “perfección”— sobre la posibilidad de negar dicho estado de perfección:

mmmm ¿qué supondría estar fuera de tal estado de Unión, fuera de la Creación? ¿Qué supone estar realmente separados de Dios… fuera de “Dios”?

[Eso que tan a menudo hemos llamado Dios, sería nuestro verdadero creador —del cual todo este sueño de formas dependería digamos que “muy indirectamente”.]

Entonces, ese mero preguntarnos… ese dudar… ya supondría la posibilidad de una cierta negación, pues la idea de estar separados del Amor ha nacido.

Ahora, dentro de este repaso lineal de este mito que nos sirve aquí para “entendernos”… ahora… todo dependerá de cómo interpretemos esa idea de la separación.

Entonces… tenemos esta “primera” negación potencial, de esa “luz creadora” que somos…, de esa luz que es una con todos y con todo… “personalmente” unida con todos y con el todo —con el sentimiento ya eterno de ser infinitos y sin límites.

El “problema” que dio pie a la ilusión de este mundo en el que parecemos estar… se encuentra en que creímos que la separación era real.

Eso es lo que decimos que nos provocó un sentimiento enorme de “culpa” —es decir, un auto-ataque constante e instantáneamente albergado en nuestra mente creadora.

¿Por qué? Simplemente por el mero contraste o conflicto que empezamos a alojar en la mente; un conflicto entre…:

— lo que realmente somos (“Amor perfecto”, pues Dios nos creó a su imagen y semejanza, ya que no somos hijos del universo, que sería “solo” nuestro sueño… un sueño que tuvo el propósito de hacernos creer que nos podemos crear nosotros a nosotros mismos… para así, con ello, intentar de paso sortear la autoridad inevitable de Dios, ya que hemos de sortearla debido al cuento que tenemos en la cabeza y que nos dice que Dios nos podría castigar por habernos separado realmente)…

— y aquello que venimos aquí a creer que somos… y de forma tan macabra… y que nunca jamás podremos ser realmente: seres separados del Amor perfecto que nos creó… seres separados de Dios… o separados de ese “Original” creado por Dios… es decir, de nuestro espíritu.

Venimos a ser miedo, de una forma u otra; o, dicho de otra forma: venimos a ser o a reforzar el “ser” más o menos “densos”… en la mente.

Y así, según vamos “elevando nuestra vibración” 🙂 (es decir, “quitando densidad” en nuestra mente al estar disolviendo o deshaciendo “el miedo” (con el perdón verdadero)… de forma natural… y cuando elegimos aquello que está más allá de toda forma, materia o energía)… según nos vamos pues “elevando”… como decíamos… elevando así a su vez estas “formas perecederas”… entonces… así… podremos ir dándole más “espacio” al amor, a esa Unidad que realmente somos, a ese Amor y Unidad “más allá” de este mundo.

Entonces, como sabemos, esto que hemos dicho sería el único “problema” del mundo. Sería el origen de todos nuestros problemas, de todos los niveles de necesidades… y del problema que tenemos aquí con estas.

Entonces hay otra “gran negación”: desde siempre habríamos “necesitado” negar de algún modo que tenemos ese conflicto…, esa culpa, pues de alguna manera tenemos alojado en la mente el cuento que nos dice que, lo que “hicimos” al separarnos fue algo no solo real, sino malo malísimo… y por tanto el personaje Dios que nos inventamos en ese momento (a nuestra imagen) va de alguna manera a necesitar castigarnos por el “pecado” (si es que no hemos “matado” ya a Dios [sic], con nuestro acto de separación).

Así que, una vez que en la mente hemos dado crédito a ese cuento tan desesperante (una vez que le hemos “robado a Dios” esa vida, la que supuestamente venimos a tener y ser aquí, por nuestra cuenta… pues él supuestamente no nos daba permiso para pensarnos separados…)… tenemos entonces que negar, y por todos los medios a nuestro alcance, el hecho de que tenemos este “problema”, inventado por nosotros mismos (negando así de paso a nuestro creador).

Necesitamos pues culpar…, culpar y culpar… culpar a alguien…, a algo…, y para ello necesitamos “un mundo” donde haya “interior” y “exterior” bien fijos… muy claros… historias lineales en un tiempo lineal… para así poder echarle las culpas a lo que sea: a las circunstancias, las familias, amigos, políticos, sociedades, nuestros cuerpos que enferman, etc. Y así, indirectamente, seguimos alimentando o reforzando esa culpa que por cierto parece que conseguimos proyectar, a la vez, en la misma maniobra, sobre nuestro creador —ya que él supuestamente “no nos habría permitido” separarnos.

Esto es lo que venimos a hacer en este mundo, como mentes que somos, como mentes que proyectan cuerpos… en un “medio” que tiene todas las de ganar para ser culpado por todo… por todo lo que nos pase… y mediante mil tipos de círculos viciosos… mediante nuestros “ciclos de encarnación” con los que de cierta forma nos auto-castigamos una y otra vez con muerte y degeneración… (pues lo físico parece muy real, muy natural, muy lineal, muy de cajón, de sentido común, etc.).

Esencialmente, entonces, venimos aquí a ser víctimas…, en un grado u otro… víctimas, de infinitas maneras.

Pero, si aquí venimos a representar el papel de víctima, tan convencidamente y tan convicentemente, es precisamente para no creer que de nosotros depende todo este mundo… que de nosotros depende para empezar nuestra experiencia de sentirnos “víctimas de las circunstancias de la vida”.

Así que necesitamos proyectar el conflicto original, la creencia en el “pecado” original (un mero error o ni siquiera eso: una mera fantasía, al fantasear con la separación… y que convertimos en “pecado” en nuestra mente por pensar que esta era muy real… y que podríamos haber hecho daño a Dios, daño a nosotros mismos…, a los demás espíritus, etc., etc.).

Entonces, ¿qué nos pasa en la experiencia de este mundo?

En cada momento en que experimentamos este mundo, solemos estar reforzando el “error original”.

¿Cómo? Mediante no darnos cuenta de que nosotros le otorgamos POR NUESTRA CUENTA el sentido a todo lo que vemos —tanto fuera, en las formas separadas, como en los pensamientos que aparecen en nuestra mente.

Tenemos una pintura de fondo, o un bajo de fondo, que es de culpa y miedo.

Con ese “bajo” de fondo damos sentido a todo, por defecto, por sistema. Es lo que tiñe toda nuestra experiencia aquí, por defecto.

Inercialmente, por tanto, le damos sentido a todo por nuestra cuenta: a todo lo que vemos y pensamos… (y a no ser que permitamos que “actúe” ese otro “principio”, el que está aún más allá, y completamente más allá de todo falso sentimiento relacionado con el miedo —indignidad, duda, escasez, etc.)).

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2 Respuestas a “¿La defensa del ego llamada “sublimación”? (¿necesitamos hablar de “sublimación”?). Los observadores cambian el PROCESO de observación, antes de cambiar lo observado

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  1. Un comentario explayándonos más sobre esto que puse por ahí:

    …lo que me sale estos días sin querer… es ese gran hincapié en eso tan simple de que el problema está en el matiz del “por nuestra cuenta”… que sería lo que cuentan los primeros ejercicios del curso… que el miedo solo lo reforzaríamos por esa inercia…

    … o sea, esto de que interpretemos y que podamos y debamos “soltar interpretaciones”… es porque estamos en la actitud del “por nuestra cuenta”…

    …es decir, me encantó ver que el miedo es llamado por el mecanismo o “proceso” en sí…, por el acto en sí de inercialmente, de simplemente…:

    uno mismo ponerse en el modo del “por su cuenta”… lo cual conlleva miedo instantáneamente al ser imposible estar separados del “verdadero significado de todo”…

    …y entonces, como es “por mi cuenta”… me da o me recuerda el miedo, y el conflicto que tengo…,

    …porque mis pensamientos no significan nada… y solo por eso, por estar yo así como pensando por mi cuenta…, en ese proceso… entonces “automáticamente” estoy dando sentido a cosas y pensamientos… un sentido de miedo… viene ese “sentido de miedo” a ser proyectado por mí mismo…, así como sin darme cuenta.

    Qué cosas.

    Es pues algo que parece tan simple-profundo…, aparentemente “tonto”… de las primeras lecciones del curso…, donde el “problema” parece ser el de “de dónde” permitimos que venga el sentido-significado-propósito… —del mero proceso de estar ahí… de ser…

    Si estamos “por nuestra cuenta”, entonces parece como que “automáticamente” atraemos ese “miedo”… inscrito en ese conflicto que llevamos ahí por toda la no-eternidad… en la mente.

    Entonces, vale, el problema no es el miedo en sí, que no existe en sí…, sino el hecho de que lo atraigamos de nuevo… y lo proyectemos una y otra vez al “montarnos” inconscientemente en ese proceso de “pensar/ser por nuestra cuenta”.

  2. archivando otros comentarios sobre “comunidades”:

    «Hola, gracias, sí, yo tengo una especie de pregunta y/o “paja mental”…, que quizá es de recibo ponerla…, o quizá no (que se puede quedar solo en la primera parte):

    ¿Conociste alguna comunidad donde casi todos compartieran plenamente o casi plenamente el modo de sustentarse…, y que no tuvieran conflicto a la hora de pensar en tratar, y sin muchos problemas, el tema de “la evolución personal”…, es decir, esos “permisos” que supongo que habrá que aprender a darse… o habrá que tener bastante “pensados”, y “en evolución”… esos permisos… para no sé si incluso fomentar o favorecer cierta actitud de “libertad”?

    ¿Es decir, hay quizá “comunidades” que hablen muy claramente, y por decirlo rápido… sobre el que una cosa serían “las cosas ideológicas”… otra “las personales” (lo que se siente realmente, por así decirlo)… otra, quizá, “los intereses compartidos” que pueden fundar cosas… y entonces, delimitar esos intereses “bien” pero así como en evolución… y otra cosa sería no sé si todo el resto… todas “las demás”?

    ¿Has podido conocer, investigar, “comunidades”… donde se tenían claros ciertos “mecanismos”, por así decirlo… que permitan hablar de algo así como “la apertura como base”… por decirlo mal y pronto…… o de una “necesidad” de aprendizaje común para por ejemplo poder aprender a distinguir entre:
    — cuando sucede que alguien o algo está digamos que proyectando “sus propias molestias”… molestias que vendrían “de otros asuntos”… por así decirlo… y, por tanto, habría que tratarlo de una manera “X”…
    — frente a distinguir eso… de cuando sí que sucede que se plantea algo que “hay que” tratar más “en común”, de una manera “Y”?
    »

    ______

    …qué gozada lo que expresas;
    he visto más gente con esa práctica y pensamiento tan de sentido común … [el de decir que al final no hace alta poner tanto hincapié artificial o artificioso en “vivir en comunidad”… sino que “practicar” más la vida en red… tanto para lo emocional como lo material… en quizá pequeños o medianos pueblos…]…

    …y quizá eso se extienda al final a que “en cualquier sitio vale”… con cualquier cosa.

    Y por ejemplo… hasta habrá mucha gente que tenga eso que dices, es decir, un poco o mucho de “red”… en un pueblo así, algo grandecillo… y además una especie de “colectivo” o cooperativa… para compartir intensamente más cosas personales y de trabajo…

    Aparte…, supongo que una pareja se puede ver a veces casi como una “comunidad” 🙂 … depende de cómo se abra al mundo, de cómo mire o use o amplíe su “vida relacional”… quizá… yo qué sé 🙂

    Quizá se podría “definir” una “comunidad” como una actitud… la que puede haber en cualquier relación entre personas (sean dos, tres…)… pero a la hora de cómo ellas piensan y practican a la vez “el mundo” que les rodea respecto a su vida interior…

    Yo tuve algo de experiencia, pero ahora —estando en impasse de penitencia— mis cosas son más bien cosas de “pajas mentales”…, que de todas maneras también me encantan.

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