Más bases para la Constitución de una civilización universal-cósmica: legitimidad   1 comment

imagen corazón en círculo

Paradójicamente el actual poder “económico” en cierto modo se alimenta de cierta “sacralidad” que el poder lleva asociada.

Los poderes reales parecen jugar, manipulando, entrelazando… las distintas esferas del poder (político, etc.).

Por otra parte, con “sagrado” parece que denotamos algo que está puesto lejos de las miradas usuales, lejos de la posibilidad de poder afrontarlo o tratarlo con tranquilidad y minuciosidad; algo así como un objeto de maravilla interior (de maravillarse interiormente).

De eso se aprovecharían “los poderes fácticos” 🙂 , de cierta “sacralidad” mal colocada.

Esta civilización digamos que se ha programado de forma sistemática como anti-espiritual, y utiliza la proyección del anhelo de Dios, que siempre existe en el ser humano.

Nosotros, de cierta forma estando “perdidos” en esta civilización que a marchas forzadas se hace más y más primitiva… proyectamos inconscientemente nuestro anhelo de “algo más grande” sobre este programado desorden que llamamos “sociedad”.

Así, se nos gobierna, es decir, nos gobernamos… mediante el caos, y, aparentemente, hacia una utopía cibernética suicida.

Los objetos exteriores, sujetos a ritual (en las iglesias por ejemplo) son aquellos a los que les asignamos la función —función realizada más o menos auténticamente, por los “fieles”— de recordarnos la mirada interior… esa mirada a nuestro “ser de luz”.

En general necesitamos maravillarnos interiormente de nuestro propio ser, en un sentido espiritual de “ser”. Y recordamos que esto puede suceder y sucede en contextos no religiosos (con la mera maravilla del surgimiento y el cuidado de la vida en un hogar amoroso, etc.).

Y ¿qué pasa con esa necesidad de “maravilla”?

En una civilización como esta —que es muy primitiva, espiritualmente hablando—, esa necesidad de mirada estaría siempre de cierto modo confundida o interpenetrada con la mirada hacia “fuera”. ¿Hacia quién o qué?

Otra cuestión a tener en cuenta: sabemos que el “problema espiritual global” es muy sencillo de expresar en lo que atañe a los “individuos”: miramos anhelantes hacia afuera, hacia otros, hacia por ejemplo la estética corporal nuestra o ajena, etc., buscando ahí las “soluciones” para nuestra felicidad…, cuando sin embargo las soluciones son ciertos “cambios de percepción”, “internos”.

Así que como decíamos, hay quizá, en el mundo humano, y no sé si desde siempre, una parte de “lo sagrado” que es mal colocada en “lo político”. Y no la podemos enfrentar tranquilamente, con paciencia, con razón y con corazón… precisamente por estar a la vista de todos, por ser el lugar que es quizá postulado como “el más a la vista”.

Ahora vemos curiosamente que en este mundo nos damos dos lugares o “caricaturas” de este tipo, que parecen venir de diferentes tradiciones:

— hay reyes que no gobiernan, que legendariamente de cierto modo representarían lo divino, es decir, una ley sobrenatural… con principios y modos de actuar inspirados divinamente y por ello incontestables…

— y hay gobiernos que supuestamente sí gobiernan, pero que, diciéndolo ya, rápidamente, estarían representando en realidad una especie de contraparte de lo divino. ¿Cuál es esta contraparte? Una que no quiere precisamente “el mayor bien” de la humanidad, una especie de gobierno en la sombra…, con ciertos poderes económicos, etc., donde al parecer, en sus cúspides, tienen sectas prácticamente satánicas (es decir, explícitamente adoradoras del miedo).

Tanto los reyes, como los políticos y otra gente “pública”, estaría bajo la mirada del mismo tipo de grupos secretos y sectas, de esa “gente en la sombra”… y actuarían más o menos de forma programada.

Cuanto más desalmados somos, más títeres somos, como lógicamente vemos que sucede.

Así que los gobiernos que supuestamente gobiernan, pero que están ahí básicamente para dar el espectáculo o simulacro de gobierno en este mundo gobernado por el caos y el miedo…, de cierto modo parecerían haber heredado la misma cualidad que tendrían los reyes: en realidad tampoco son ellos los que gobiernan ni los que representan a nadie ni a nada (a nada más que a un trono que desgraciadamente está “lleno”, y no vacío, como debiera).

El lugar de adoración social debe de cierta forma estar vacío para que lo Abierto fertilice el campo social, pues este “Abierto”, esta apertura, funcionaría para “el mayor bien” si se dejara hacer a la naturaleza de las cosas: por ejemplo en su tendencia a la transparencia.

Es lo mismo que con un cuerpo físico humano, que, si se le deja hacer, tiende a “recolocarse”. Pero… ¿cómo le dejamos hacer para que pueda volver a recolocarse por sí solo? Parece que hay que mirar con cuidado… parece que hay que tratar claramente sus “nudos”…, y no dejar nudos “en secreto”. Parece que debemos enfrentar sinceramente y con cuidado los “conflictos” que están representados en los nudos corporales… es decir, en la configuración y constricción relativa entre las partes… y en lo que esa configuración se aleja de un funcionamiento “sin esfuerzo”, del mínimo esfuerzo, armonioso y por ello natural.

Podemos recordar que, según creo, a un cuerpo físico le cuesta más esfuerzo o “energía” ser “malo” (es decir, poner una cara seria, que moviliza al parecer un mayor número de músculos), que “ser bueno” (sonreír). Y con un “cuerpo social” tendríamos la misma dinámica, que le costaría más esfuerzo ser “malo”.

Hay pues una especie de “guión”, de cierto modo conducido por poderes secretos que ahora hemos revelado, en parte, en esta humanidad… no se sabe con qué fines… y que adoran explícitamente el miedo (el “mal”).

Esta elección por el miedo sería, simplemente, algo que sale a la luz. Y esta elección expresa ahí fuera, aunque aparentemente de forma secreta… una elección que todos hemos realizado dentro de nosotros: una elección interior por el miedo, una elección que no queremos mirar de frente… un voto por el miedo (por creernos que somos la morada del “mal”, de la oscuridad).

Nuestro no querer mirar adentro ese miedo, se estaría reflejando, socialmente, en que tampoco queremos mirar de frente aquellos grupos que de cierta forma intentan dirigir esto a nivel colectivo para que funcione de acuerdo a sus criterios (adoración del miedo, del caos, y mantenimiento de las condiciones donde quepa una buena dosis de sufrimiento y miedo).

Según parece, una de las utopías “satánicas” para este mundo consistiría en la creación de algo así como un estado cibernético, con que se automatizara de cierto modo la crianza de humanos en megalópolis regentadas por singles al servicio de “la nada” (pues el miedo es “la nada”).

Por tanto, así se condenaría a esta especie humana (todos la estaríamos condenando), lógicamente, a una especie de “apocalipsis” que sucederá, al parecer, sí o sí, en una de las líneas de probabilidad de muchas “almas” humanas… que tienen lógicamente el derecho a elegir indirectamente esa experiencia, al ser esta un mero efecto posible de nuestro “seguir eligiendo miedo en la mente”… de forma prolongada.

Existe, entonces, algo así como una barrera invisible que no nos permitiría hablar claro de nuestro mundo político al no tener claras las cosas “espirituales”.

Hay pues algo de “sagrado” por ejemplo en la mera consideración de un político actual, de una persona, en su mero ser ahí. De esto se aprovechan los “vampiros” de nuestra civilización, de ello… y de nuestro “ser vampiros” cada uno —y por ejemplo también de nuestro actual modo de separarnos en naciones, etc.

De entrada qué curioso es eso de “ser un político”. Debe infundir bastante respeto ser el objeto de una mirada tan masiva.

¿Qué está “haciendo” un político? ¿A qué rituales sociales de glorificación, profundos, está sirviendo realmente? ¿De dónde vienen estos? ¿Cómo se inserta en cada época, en la política, ese cierto vampirismo que es tan natural en las civilizaciones no avanzadas espiritualmente?

Quienes realmente “gobiernan”, mediante un poder inercial tecno-económico y espectacular (relativo a “espectáculos” más o menos brutales pero que siempre son conformadores de consenso, de posible gloria —como la preparación de los auto-atentados del 11-S, las guerras, etc.), manipulan de cierto modo sistemático a una especie de ídolos para masas, que personifican la gloria o el consenso del momento.

Los ídolos representan el consenso, es decir, las condiciones para una gloria o glorificación elemental, en las coordenadas que sean útiles para ciertas élites, más o menos “secretas” (fuera de la mirada pública), en el campo tecno-económico actual.

Esta “economía” está basada, como se sabe, en una especie de concentración real del poder que se estaría dando en el nivel de las “grandes corporaciones” capitalistas… con una unión entre diversos ámbitos: farmacológico, energético, armamentístico, alimentario…

Entonces, los aspectos más “satánicos” de nuestro actual modo de “gobierno” se alimentarían, como vemos, lógicamente, de los “egos” de todos… y en particular de los de una cuanta gente más o menos “desalmada” (políticos) que, en realidad, como casi todo el mundo, ni siquiera sabría lo que realmente está haciendo (“suicidándose” espiritualmente hablando).

El lugar de todas las miradas parece que “debería ser” una especie de trono vacío (creo que algo así diría quizá Giorgio Agamben, pero iremos entrando quizá más en comentar sus opiniones y estudios sobre la relación entre lo sagrado y la política).

Un trono vacío abierto a lo Abierto del cosmos inteligente.

El lugar de todas las miradas está obviamente profanado, y hay toda una serie de rituales a des-sacralizar, en la política actual, que dan supuesta legitimación para el consenso (gloria)… y que deberíamos desarticular con una razón “espiritualmente fundamentada”.

Recordemos de nuevo que esta es una sociedad o una civilización “primitiva” a nivel cósmico, por no estar basada en el “elemento espiritual”.

¿Qué es tal elemento? El “elemento espiritual” en que nos bañamos tiene que ver, nada más y nada menos, con aquel “mi reino no es de este mundo”.

¿Qué quiere decir eso? Que aquí, en este tipo de mundo (de mundo de percepción) no nos jugamos realmente nuestra esencia, nuestro reino. Aquí no se nos puede dañar, pues nuestra esencia está a salvo en una especie de “otro reino”.

Entonces, aquí, lo único real que podemos hacer es ir reflejando más y mejor ese nuestro “otro reino”, que en realidad no podemos comprender aquí (pues es perfecto). Entonces, lo único que debemos hacer aquí, y que al final haremos (primero individualmente, luego colectivamente) es pasárnoslo bien, muy bien… para lo cual por ejemplo no tendremos miedo a hablar de forma “transparente” sobre todo lo que hay.

Y he aquí que entrará, en este “pensar sin miedo” y con transparencia… aquí entrará nuestro juego, en estos escritos, acerca de “una Constitución”…, y donde tampoco vamos a inventar nada nuevo, pues usaremos lo que ya hemos comentado en los textos sobre la Relación, o bien asuntos muy elementales sobre esa “nueva mirada” a la sustancia social que es actualizada por ejemplo por el sociólogo Bruno Latour, por el filósofo Simondon, etc.

Realmente no hay misterio en este mundo de percepción. El misterio está en nuestro interior, en el de cada uno; el misterio es siempre la “felicidad”, una felicidad siempre mayor, siempre posible, que está más allá de nuestras mentes perceptivas —esas mentes que están proyectando todo este universo.

No hay pues, tampoco, necesidad alguna de venerar a ninguno de nuestros “iguales”, aquí.

En esta civilización, como decíamos, el tratamiento colectivo de los asuntos públicos está teñido quizá de cierta “necesidad de adoración”, que por un lado echamos en falta y por otro lado tenemos mal colocada. Nuestro mundo estaría teñido de cierta suplencia de lo espiritual, es decir, de la necesidad de articular esa adoración de un cierto modo elementalmente razonable, quizá aún por descubrir.

Hay sitios, por tanto, donde la más mínima inteligencia amorosa no puede entrar por una especie de bloqueo masivo, elemental.

Y, por tanto, la tecno-economía puede vampirizar a placer las relaciones sociales… puede recrearlas a su imagen y semejanza… articulando así quizá unas bases para una especie de “gobierno mundial” que prolongaría en ciertas “tierras probables” el absurdo sufrimiento de nuestra especie ahora, sobre este planeta, en vez de permitir la creación de un verdadero gobierno mundial, que es posible hoy…, un gobierno digamos “más espiritual”… uno fundado de forma cada vez más “ética” y controlada…, y que, como dice la revelación llamada Conversaciones con Dios, estaría de entrada basado en el desarme de todas las naciones, pues, como bien se sabe, solo con emplear bien el dinero empleado en armamento hoy, el planeta podría plantar las bases, de la noche a la manaña, para crear en pocas decenas de años una especie de “paraíso en la tierra”, asentándose sobre una Constitución cósmica, “desbloqueante”.

Así que hablamos de la necesidad de desintrincar lo que fundamenta esa cierta “sustancia relacional” que sería quizá la legitimidad.

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Una respuesta a “Más bases para la Constitución de una civilización universal-cósmica: legitimidad

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  1. Recordando que siempre somos invulnerables:

    Igualmente la vida es un proceso suicida al creer que la muerte es necesaria;
    así parecen hacer las civilizaciones también.

    Quizá no estamos, aquí arriba, más que ampliando la descripción de “la vida usual” (completamente demente) hacia la vida del “cuerpo social”.

    Y podemos describir las cosas “invulnerablemente”.

    Por ejemplo, un “maestro iluminado”, como quizá ocurrió con Jesús, puede describir la tortura de su vehículo corporal:
    «ah, mira como ahora están introduciendo lanzas en mi cuerpo… en eso que no soy yo…; vale, lo veo mientras inmediatamente veo solo “la luz” en quienes me torturan… pues es lo único que puedo y debo hacer ahora…»

    Lo mismo pasará “en sociedad”:

    «ah, mira, ahora estamos introduciendo teléfonos móviles e inteligencia artificial sobre la red de internet… algo que no sabemos cómo va a ser usado»
    Ah, de entrada… qué curioso…
    Y todo parece marchar “solo”… y la gente hablamos de instancias impersonales para poder “entender algo” (es el “mercado” quien hace y decide… etc.).
    Oh, igualmente curioso.

    Y mientras…, siempre invulnerables.

    Así que nada, el “suicidio social” refleja casi perfectamente el suicidio interior de cada cual…, con nuestra profunda creencia y necesidad de muerte, de castigo…… y ese secretismo con el que parecemos mantener nuestra profunda creencia o voto por el miedo, por “el mal”, etc.

    🙂

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