Aceptación de los juicios: si no queremos escuchar los juicios que nos hacen los demás… no queremos escucharnos a nosotros mismos   Leave a comment

imagen corazón en círculo

Si no queremos escuchar los juicios que nos hacen los demás… no queremos escucharnos a nosotros mismos (aunque hay que tener cuidado aquí con lo que significa “escuchar”).

La verdadera espiritualidad es impopular, porque nos vamos a dar cuenta de que siempre nos hemos juzgado a nosotros mismos…, ya que no había nadie más en el mundo, pues somos una unidad, una sola cosa, una sola mente (aparentemente separada de su verdadero ser: Luz, repleta de individualidades originales… más allá de la individualidad tal y como aquí la entendemos).

Así, en este mundo somos lo que vemos y oímos. No hay distancia, separación. Y juzgar “lo de fuera”… pensando que debería ser diferente… es prolongar ese mismo ataque que hizo que las cosas fueran así.

Y vemos o sentimos lo que queremos ver y sentir, por mucha rabia que nos dé. Somos no solo creadores, sino que somos directamente el mundo.

Tan grandes… pero a la vez tan empequeñecidos… pues lo de “fuera”, que está dentro nuestro… es solo un efecto digamos “indirecto” de la Creación (es decir, del “Amor” o de esa “Luz” perfecta que es nuestro ser. Solo esa Luz es real, y nunca habría existido realmente otra cosa, algo diferente… de ese Amor. Y esa Creación es más que infinita, es más que dichosa).

Esto nos puede aterrorizar bastante, ya solo con creernos cualquier tipo de juicio… aunque solo sea un poquito, y uno solo de ellos.

Entonces, cuando cortamos comunicación con “los demás”, es a menudo para proteger nuestra identidad basada en lo perecedero.

Así, protegemos el sufrimiento, que creemos necesario.

Al defendernos por nuestra cuenta del sufrimiento, lo conservamos (por hacerlo “por nuestra cuenta”)… conservando así intacta la idea de que el ataque y la defensa son reales y necesarios… protegiendo el miedo para seguir “creando” desde ahí.

Como dice aquel: amamos al miedo, y al sufrimiento que le sigue… porque el miedo es nuestra creación… defendemos “nuestro tesoro”… porque somos los dioses de nuestras vidas.

Y Jesús y demás “gente” en el Concilio… nos cuenta desde siempre que nuestras creaciones falsas no son necesarias para seguir siendo nosotros.

Claro…, hemos venido a aprender que los juicios no son lo real. Al ser todos una sola mente, los juicios que nos hacen “los demás” SON LOS QUE nos hacemos a nosotros mismos. Si a alguien no le gusta algo nuestro… ese mismo disgusto lo tengo yo, y ahí estoy viendo cómo me juzgo a mí mismo.

Ningún juicio es real, pues expresa voluntad separada; lo que llamamos “juicio” parte del presupuesto de que somos seres separados (falso).

Vivimos en interpretaciones del pasado, que encima ni siquiera son privadas… y que en el fondo son una sola interpretación: “estamos separados”.

Y el cuerpo lo usamos día a día para eso, para reafirmarnos en lo falso.

No solemos querer escuchar esos juicios “que nos hacen los demás”…, y defendemos así nuestro sentirnos especiales en función del mundo, en vez de nuestro “sentirnos especiales” en función de la verdadera unidad de amor, más allá del mundo y sus juicios.

De esa unidad… es decir, del reino de los originales… estamos huyendo todo el rato, cada uno con sus mecanismos. A veces me temo que estos mecanismos incluyen “lo espiritual”… o sobre todo, lo espiritual… para colmo de los colmos.

Usamos cualquier cosa que pueda servir en un momento dado para NO sentir, en experiencias profundas, que somos una unidad invulnerable.

Para huir se puede usar la filosofía, formas de espiritualidad… etc. Pero siempre estamos usando nuestro pensamiento, es decir, el pasado (como podemos comprobar en cada momento); y esto lo hacemos prácticamente todos, por igual (si estamos en este mundo).

Entonces, si hay algo que “reflexionar”, solo es para convencerse uno mismo de estar dispuesto a “creer en la unidad”, de que es posible sentir esa nueva creencia… y crecer cada vez más en ella… dentro.

Dispuesto a creer en que los juicios de los demás son los que nosotros nos hacemos…, y no los que “otros nos hacen”.

Dispuestos a creer que no hay nada “fuera” que nos pueda afectar realmente.

Si alguna vez me ha molestado algo… me molestó mi propia interpretación, siempre.

La percepción más elemental es ya interpretación…, es traducción… y traduzco con mis “filtros”… y normalmente lo hago para reafirmarme en ellos, en mis filtros… que son mi “identidad falsa”…, esa que quiere confirmar que realmente hay separación.

Aunque esa percepción sea de lo que partimos (para “disolverla” en el mar infinito del amor… hacia una Identidad más allá de este proceso mundano de identificación separada)… tal percepción es nula, porque está basada en percepciones propias del pasado… está basada en cómo interpretaba yo experiencias del pasado.

Así vamos construyendo nuestro castillo de juicios, en el que invariablemente terminamos “viviendo” todos, aquí… viviendo del todo ilusoriamente (muertos entre muertos)… para entonces, ya siempre, a partir de ahí… ser “adultos, demasiado adultos”…: juzgando incansablemente… “inconscientemente”… todos los sucesivos “ahora” que se nos presentan; es decir, juzgando sistemáticamente todas las Experiencias, en cada momento; huyendo de ese célebre “único Instante Santo” que realmente somos.

Así que lo que me molesta son esas interpretaciones; lo único que me molesta en el mundo es “yo mismo”, es decir, el mecanismo con el que me construí ese castillo; ese castillo es mi auto-concepto, que me molesta enormemente por haberlo fabricado por mi cuenta. Es el mecanismo que poseo y con el cual me identifiqué: el de usar ese pasado que no existe para “machacar” el presente… ese presente que sí que podría darme “conciencia” de una existencia cada vez “más verdad”, más allá de las aparentes verdades de este mundo, es decir, de las uniones o relaciones momentáneas que parecen existir aquí.

Así que nos molesta ver que, si alguien nos juzga… está expresando nuestros propios juicios sobre nosotros mismos… y nada más… pues somos una sola mente.

Así que cuando nos sale un sentir en nuestra conciencia…, en seguida este sentir es juzgado…, y es proyectado sobre “los demás”… o sobre “lo demás”.

A uno no le gusta verse ahí “fuera”… sentir que realmente está tan fuera como adentro… en una unidad con “la locura” de afuera… del mundo… constatar qué es lo que realmente UNO MISMO piensa de sí mismo (en el mundo de lo falso).

Uno cree inconscientemente que no va a poder “trascender” eso… ese proceso que conforma la ilusión del “afuera”. Uno cree que no va a poder “ver solo amor” en todo, pues estamos aterrorizados de nuestro verdadero ser, tenemos un miedo enorme a la liberación, a la Luz que somos… más allá de lo físico.

Entonces…, claro…, ya sabemos por qué es a veces tan duro creer realmente “en dios”… en la práctica: ello supone “amar” por ejemplo como Jesús; amar a quienes te estén “clavando la lanza”, en el aquí y el ahora (pues ellos no son ni sus cuerpos ni su odio).

Es muy duro estar dispuestos a permitirse cambiar tanto la percepción como para dejar completamente de creer que somos nuestro cuerpo o nuestra personalidad “terrícola” 🙂 .

Ponemos distancia con el amor; fabricamos miles de mediaciones que quieren ser infinitas…, que queremos hacer eternas…, con más o menos rituales religiosos o no religiosos…, con más o menos miedo al cambio, confundiendo así el ser de la eternidad (pues solo el amor sería eterno…, cualquier institución no lo es).

Así que nos ponemos a seleccionar muy por nuestra cuenta, aceptando unas cosas sí…, otras no… etc.

Pero solo un gesto interior de aceptación plena es “la salvación” de cualquier cosa.

Qué simple es…, pero qué alejado a veces de nuestra percepción: poder aceptar interiormente, independientemente, antes incluso… de lo que suceda “fuera”… y en cualquier instante.

Eso es lo único que “se requiere” (“no hacer nada”).

Como sabíamos, solo nos hace sufrir el hecho de que nosotros nos lo hacemos todo a nosotros mismos.

Pero… como queremos proyectar esa responsabilidad para seguir sintiéndonos igual de “alejados del amor”… del ser real… entonces seguimos constantemente en lo mismo…, en el miedo.

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