Salto de fe (I). Haskell en comunión con Jeshua: Viaje más allá de las palabras. (Un Curso de milagros RELOADED)   Leave a comment

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Brent A. Haskell; "autor" de “Viaje más allá de las palabras”

Brent A. Haskell; autor de “Viaje más allá de las palabras”

[- Podéis mirar en la página de índices, de Haskell, para encontrar los enlaces a estos textos traducidos, etc.
– Los PDF también están además en esta carpeta pública, que tengo en google.
– Sobre el uso del idioma en las traducciones y el modo de traducir o de revisar las traducciones, ver las notas en esta entrada que progresivamente iré completando.
– Esta transmisión aparenta haber sido dada claramente por la misma voz que dictó Un curso de milagros (UCDM), y que habló por la personalidad de Jesús.
-La siguiente parte de este texto sirve como acompañamiento —más o menos— para las lecciones 176 a 182 del libro de ejercicios de Un Curso de milagros (UCDM) (según las indicaciones del propio Haskell en su texto publicado).]

Salto de fe (I) [lecciones 176-182]

Saludos de nuevo. Soy Jeshua.
Vengo a seguir contigo mi conversación sobre
Un curso de milagros.

Has llegado lejos en tu aprendizaje.
Pero, como he dicho, no es de aprender
de lo que se trata en Un curso de milagros.
Así que ahora es cuando debes empezar a darte cuenta
de que debes ir más allá del aprendizaje.

Te he hablado de las palabras.
No se trata de pensar.
No pienses. Solo experimenta.
Hay en verdad una forma en la cual
puedes vivir tu vida de este modo.
Y la respuesta está, como siempre, en tu valorar.
La importancia de esto nunca podrá ser demasiado enfatizada.

No es el propósito de este escrito, de aquí en adelante,
hablarte solo de valorar,
y seguir simplemente diciéndote
que no valores nada en este mundo.
Pero, escúchame bien,
si solo hiciera eso,
y ello ocasionara que finalmente
renunciaras a todos los valores que le das a este mundo,
sería suficiente.
Porque entonces serías libre.
Y si ese fuera el enfoque que, personalmente,
desearas tomar, realmente te reportaría
grandes recompensas.

Solo lee estas palabras:
“Renuncia a todos los valores que le hayas dado al mundo”.
Eso supone, para la mayoría de vosotros, renunciar a todo lo que implica la percepción.
Como realmente le das valor a este mundo,
sientes que en caso de dejar ir esos valores,
“abandonarías” algo.
Pero la verdad es justo lo opuesto.

Dejar de valorar no es en absoluto “abandonar”.
Dejar de valorar es una victoria, un regreso al hogar,
es llegar a la verdad de lo que tú eres.
Dejar de valorar no tiene nada que ver con desdeñar el mundo,
o con desarrollar una aversión hacia el mundo.
Dejar de valorar es más bien el proceso de abrir tus brazos
a la libertad que está dentro de ti.

Si pudieras imaginar esto, en su verdad,
por un instante, sería suficiente.
Pues en ese instante, al sentir la ausencia de todos tus valores,
podrías sentir la verdad de lo que tú eres
tan poderosamente y con tanta plenitud,
que te abrirías plenamente, sin esfuerzo,
al discernimiento de tu verdadera naturaleza.
Y nunca serías el mismo.

La mayoría de vosotros,
para verdaderamente aprender este curso,
para poder verdaderamente experimentar este curso,
debería experimentar un momento en el cual existe algo
que podrías llamar un ‘salto de fe’.
Este salto de fe es una elección para ir hacia, una elección para cambiar a,
una elección para convertirte en… algo que todavía
no conoces.
Lo curioso es que este salto de fe,
que es de lo que hablaremos hoy,
te llevará a casa.

De nuevo, el problema con este mundo,
el problema con ese valorar que crea todo este mundo,
es que te aparta de tu hogar.
Te aparta del discernimiento de lo que tú eres.

Cuando empiece ahora a guiarte, como estoy haciendo,
en tu viaje a casa,
trata de ahora en adelante, y como mejor puedas,
de no tener miedo.
Trata de imaginar, lo mejor que puedas, en tu pensamiento,
que las palabras que te he dicho son verdaderas.
Y no puedes ni siquiera concebir
el impacto que puede tener hacer solo eso.

Así pues, ¿qué es este salto de fe que no haría otra cosa sino
llevarte de regreso al lugar donde ya estás?
Este salto de fe es algo que haces con tu mente.
Ahora bien, la fe no existe en el Reino de Dios.
La fe no es algo a valorar.
La fe es una herramienta de tu pensamiento
que puedes usar para liberarte.

¿Qué es esta fe?
La fe es lo que haces, cualquier cosa que hagas,
que te permita, en tu pensamiento,
primero creer,
segundo imaginar,
tercero sentir,
y cuarto, saber,
que tú eres el Hijo de Dios.

El último paso, el conocimiento, no es algo que puedas realizar aquí.
Sin embargo, no temas.
Porque Dios Mismo vendrá a envolverte en Sus brazos
y llevarte, a salvo y seguro,
al conocimiento de lo que tú eres.

Te he hablado una y otra vez,
en las últimas semanas, de tu valorar.
He dicho
que no valores nada de este mundo.
Y todo lo que quería decir es que comprendieras que
nada, en este mundo,
nada de lo que ves con tus ojos,
nada de lo que oyes con tus oídos, o percibes con tus sentidos,
nada de eso tiene nada que ver
con lo que tú eres en realidad.
Así, cuando te aconsejo que renuncies a tus valores,
simplemente estoy diciendo esto:
en tu pensamiento, comprende que tus sentidos,
esos sentidos que has creado con el propósito de
funcionar dentro de esta ilusión…
comprende que tus sentidos
no te hablan de lo que tú eres.

Si solo comprendieras eso,
entonces, por supuesto,
dejarías de una vez de creer
en cualquier cosa que tus sentidos parecen decirte.
Y en eso va a consistir el salto de fe del que te hablo.

¿Cómo es que tal salto
te llevará finalmente a casa?
Imagina conmigo, cuando leas,
que verdaderamente reconocieras
que tus sentidos no te dicen lo que tú eres.
Imagínate que ya supieras, en tu pensamiento,
que los ojos físicos de cada persona ven una imagen diferente;
que un millón de vosotros pudiera contemplar
lo que llamaríais un mismo objeto,
y que lo que se percibiría
sería un millón de imágenes diferentes.

Ah sí, todos habláis de la imagen.
Y existe una suficiente similaridad entre ellas,
que surge de vuestra Unicidad,
como para permitiros hablar de la imagen,
y creer que estáis viendo con los ojos
la misma cosa.
Pero, en verdad, no es así.
Lo que cada uno de vosotros está haciendo
es percibir la expresión de lo que está adentro.
Esto es lo que siempre está sucediendo en vuestra percepción.

Igualmente, imagina, respecto al oír,
que miles vosotros escuchárais un sonido,
o, más claro, ciertas palabras dichas por otra persona.
En realidad, ahí, miles de vosotros estaríais escuchando una cosa diferente.
Estoy seguro de que esto es fácil de entender para ti.
Podéis asistir a una conferencia,
o ver algo en vuestras televisiones,
y estoy seguro de que, muchas veces,
habéis compartido ese escuchar algo junto a otro,
y que luego intentaste hablar de ello
para encontrarte con que lo que tú escuchaste
era dramáticamente diferente de lo que los otros escucharon.

Lo que sucede es simplemente que tus sentidos
no te comunican nada sobre la verdad.
Tus sentidos solo te hacen discernir,
en algún nivel, lo que está dentro de ti.

Imagina igualmente que miles de vosotros
tocárais la misma superficie para sentir cómo es su tacto.
El resultado sería miles de respuestas diferentes.
Si no encuentras esto fácil de creer,
pásate algún tiempo pensando sobre ello.
Busca evidencias de ello en tu propia experiencia.
Muy pronto comprenderás la disparidad que existe
al comparar lo que tú crees que has visto,
escuchado o sentido,
con lo que otro ha visto, escuchado o sentido.

No hay nada con lo que uno pueda contar.
No hay nada de verdad,
no hay nada de significado,
no hay nada del Reino de Dios
en lo que tus sentidos te reportan.
Pero, en realidad, tú has valorado tus sentidos,
pues son esos sentidos
los que han provocado que respondas con el pensamiento,
y que formes conceptos sobre quién eres.
Y ese concepto de lo que tú eres, como ya dije,
es solo un valor más.

Así, ese salto de fe del cual estoy hablando,
te conducirá a un punto
en que puedas decir “YO NO SÉ”.
Y de allí saltarás a salvo y seguro
hacia la eternidad, hacia tu libertad.

Hoy te he hablado de fe,
y del salto de fe que te llevará más allá de este mundo.
He sugerido que empieces a creer, en tu pensamiento,
que tus sentidos no te proporcionan la verdad;
imágenes, sí. Verdad, no.

Si tu pensamiento, si tus sentidos, no te dicen la verdad,
entonces, ¿dónde está la verdad?
La respuesta es simple,
y lo he estado diciendo siempre.
La verdad está más allá de tu pensamiento.
Y, de nuevo, ¿cómo llegas allí?
Diciendo, “NO SÉ”.

Finalmente, el propósito de Un curso de milagros es
llevarte hasta el punto en que puedas decir “NO SÉ”,
y mantenerte sin miedo.
Cuando llegues allí,
encontrarás la puerta a la eternidad.
La puerta está sin cerrojo, y se abre con tu toque.
No requiere esfuerzo abrir la puerta a tu verdadero Ser,
la puerta a la eternidad.

Recuerda, tu valorar no es otra cosa que
lo que te separa, lo que te ata a este mundo,
lo cual te hace creer que este mundo
tiene algo que ver con lo que tú eres.
Nada de eso es cierto.

En tu pensamiento, cuando trabajes dentro de él,
di, una y otra vez,
sintiendo la respuesta al decirlo:
“EL MUNDO NO ME OFRECE NADA QUE YO DESEE” (L128).
El mundo que ves no puede decirte nada acerca de lo que tú eres.
Si haces esto, una y otra vez,
llegarás al punto
en que las palabras cederán paso al sentimiento
que viene cuando dices “no sé”.
Y ese sentimiento constituirá un gigantesco paso hacia la comprensión
de que tú eres el Hijo de Dios.

Tú existes.
Eso no pareces dudarlo.
Y con eso basta.
Cuando llegues a creer que este mundo
NO te dice nada acerca de lo que tú eres,
y que, por tanto, NO sabes,
pero dándote cuenta todavía de que sí que existes,
entonces, ¿qué pasará?
Que te abrirás.
Y lo que se abrirá es tu Ser real.
Lo que se abrirá es la puerta a la eternidad.

Lo que entonces penetrará en tu mente
será un discernimiento distinto de todo aquello
que hayas sentido anteriormente en esta tierra.
Con eso vendrá un discernimiento
de lo que verdaderamente eres.
Este discernimiento borrará necesariamente todos tus miedos,
todas tus dudas,
todo tu dolor,
todos tus sufrimientos,
todas tus penas.
Ese discernimiento va a borrar tu pasado,
tu futuro, tus pensamientos de pecado.
Y todo lo que quedará es luz, gozo y libertad,
pues eso es lo que tú eres.

Bendiciones para todos. Por hoy esto es todo.

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