Espíritu. Haskell en comunión con Jeshua: Viaje más allá de las palabras. (Un Curso de milagros RELOADED)   Leave a comment

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imagen corazón en círculo[- Podéis mirar en la página de índices, de Haskell, para encontrar los enlaces a estos textos traducidos, etc.
– Los PDF también están además en esta carpeta pública, que tengo en google.
– Sobre el uso del idioma en las traducciones y el modo de traducir o de revisar las traducciones, ver las notas en esta entrada que progresivamente iré completando.
– Esta transmisión aparenta haber sido dada claramente por la misma voz que dictó Un curso de milagros (UCDM), y que habló por la personalidad de Jesús.
– La siguiente parte de este texto sirve como acompañamiento —más o menos— para las lecciones 190 a 196 del libro de ejercicios de Un Curso de milagros (UCDM) (según las indicaciones del propio Haskell en su texto publicado).]

Espíritu [lecciones 190-196]

Saludos de nuevo. Soy Jeshua.
Vengo hoy a seguir contigo mi conversación sobre
Un curso de milagros.

A lo largo del Curso, hasta aquí,
te he estado hablando mucho sobre los valores.
Como establecí al principio,
la primera sección del libro de ejercicios está diseñada
para ayudarte a dejar ir, a disolver,
las creencias falsas que causan tus ilusiones.
Y la segunda sección es para ayudarte a reemplazarlas
con la verdadera belleza de lo que eres,
que es el Hijo de Dios.

En la medida en que has elegido el tiempo,
y también creer que ese proceso te llevará un tiempo,
entonces, tienes mucho que aprender.
Haremos como si esa fuera tu elección,
pues para la mayoría de vosotros lo es.
Nunca te olvides, sin embargo, de que siempre eres libre
de completar este Curso en un instante,
y ser, en ese mismo instante, totalmente libre.
Y cuando estés totalmente liberado
caminarás por esta tierra con gozo,
con libertad y con una ausencia total de miedo,
y durante el tiempo que quieras.
Y entonces, puedes descartar todo en un instante,
en el momento en que así lo elijas.

Así es que te he hablado de tus valores
y del hecho de que tus valores sean solamente
esas creencias que mantenías acerca de lo que tú eres.
Tus valores crean, dentro de este mundo de pensamiento,
lo que tú eres.
Esos mismos valores son, por tanto, quienes te separan
de tu verdadera naturaleza como Hijo de Dios,
y como Espíritu.

De eso es de lo que hablaremos hoy.
Tú eres Espíritu.
No eres un cuerpo.
No estás confinado.
No estás limitado.

Todo eso que has elegido creer sobre ti mismo
y, por tanto, valorar, no es verdadero.
En la medida en que aún te ves a ti mismo como un cuerpo,
limitado a caminar por esta tierra
con pequeños pasos sobre su superficie,
en la medida en que te ves limitado
a comunicarte solo con palabras,
ya sean palabras habladas o escritas,
te limitas a ti mismo.
Y, en verdad, eso no es lo que tú eres.
No estás limitado.
Tú eres Espíritu.

Algunas personas dicen “libre como el viento”.
Pero te aseguro que, comparada con el viento,
tu libertad es infinitamente mayor.
Pues el viento es el movimiento de eso
que imaginas que es el aire, con sus moléculas.
Eso está confinado a un lugar, a esta tierra;
está confinado a la velocidad, porque solo puede moverse con cierta rapidez;
y está limitado en los lugares a los que puede ir,
pues hay obstáculos que cortan el viento.

Pero tú… eso que verdaderamente eres tú…
eres Espíritu.
Estás en todas partes.
Tú, el Hijo de Dios, Espíritu,
no eres del espacio ni del tiempo.
Eso que crees ser tú mismo (este cuerpo)
está limitado por tu espacio y tu tiempo,
confinado en pequeños puntos de ambos.
Al final, el espacio y el tiempo son lo mismo,
siendo solo percepciones ligeramente diferentes.
Y tú no eres del espacio ni del tiempo.

Cuando te digo,
“Aquiétate… olvida este mundo, olvida este Curso,
y ven con las manos totalmente vacías a tu Dios”,
te estoy diciendo
que hagas todo lo que puedas para liberarte de toda creencia
de que estás limitado por el espacio y el tiempo.

Decir “tú estás en todas partes” es una cosa, vale, de acuerdo.
Pero escúchame con atención: decir que tú te encuentras en todas partes
es algo que es afirmado sobre una creencia,
sobre la creencia en que existe un “donde”.
Pero, para ti, como Espíritu,
no hay un “donde”,
simplemente HAY…
solo hay un ES.
Como Espíritu, eres tan libre que,
al experimentar cualquier cosa,
cualquiera que sea el SENTIMIENTO que impregne todo tu ser
(de eso en verdad se trata en tu experiencia: de tus SENTIMIENTOS),
entonces, esa experiencia, ese sentimiento,
simplemente ES.
Y no hay ningún aspecto, en toda la Creación,
que no se haga partícipe de
exactamente los mismos sentimientos que has creado.

A la hora de compartir esa experiencia,
no hay limitación basada en el “dónde”, o incluso en el “cuándo”,
pues el Espíritu simplemente ES.

En cualquier momento en que eliges SENTIR algo,
estás usando el poder de tu capacidad creativa,
dado a ti por Dios.
Y Dios Mismo
y todos los demás aspectos del Único Ser, del Único Espíritu,
son co-creadores junto contigo.

Si lo deseas piensa en ello como sigue:
te he dicho que no hay pensamientos privados.
Eso es tan verdadero que, aquellos de entre vosotros
que aún creen en cuerpos y en el espacio y el tiempo,
deben encontrarlo amenazador.
Todo lo que experimentas
es reconocido, instantánea y completamente,
por toda la Creación.
Todo lo que CUALQUIER aspecto de la Creación experimenta
es conocido totalmente, en ese instante,
por todos los demás aspectos de la Creación,
incluyéndote a ti mismo.
Nota que aún estoy usando la palabra “tú”, “ti”.
Pero no te olvides de lo que te he dicho.
Ese “tú” es la colección de pensamientos, creencias y valores
por los cuales “tú” eres definido dentro de tu mente pensante.
Y “tú” no existe,
porque esos pensamientos no son de la realidad.

Como eres Espíritu,
en tanto que puedas SENTIR a ese nivel,
constatarás la verdad de lo que te acabo de decir.
Tu salto de fe consiste en llegar al punto
en que dices “no sé”,
y ese salto te llevará necesariamente hacia tu libertad.
Pues cuando dices “no sé”,
aun sin saber lo que “tú” eres,
automáticamente te abres a la experiencia del Único Ser,
que ES lo que tú eres.
En ese momento
gozosamente liberarás todos los pensamientos limitados
que te aprisionan y te confinan
a este mundo de ilusión.

¡Ah! sí, escúchame bien.
No eres un cuerpo.
Eres libre.
No hay, en realidad, un “donde” adonde no puedas ir,
o donde no estés ya.
Así, nada de este mundo de limitación
tiene nada que ver con lo que tú eres.
Es como si tomaras el viento, en su libertad,
lo solidificaras por condensación de todas sus moléculas
en un pequeño bloque, denso y pesado,
lo pusieras sobre la tierra,
y entonces, intentaras imaginar que él aún fuera libre.

La libertad a la que renuncias cuando te imaginas a ti mismo
siendo un cuerpo, en vez del Espíritu que eres,
te coloca, en contraste, muy lejos de tu naturaleza real,
mucho más lejos de lo que el viento está de ser un bloque congelado de moléculas
sobre la tierra.

Tú no eres un cuerpo.
Regocíjate con eso.
Regocíjate por el hecho de que cualquier cosa que experimentes
es una expresión del poder creativo de Dios,
que no puedes perder.
Tú ERES el Hijo de Dios,
y eso no puede cambiar.
En realidad, cuando pienses ahora acerca de esta tierra,
acerca de lo que percibes como tu cuerpo y su entorno,
tu aire y el viento,
cuando pienses acerca de todo esto
a la luz de la verdad de que tú eres Espíritu,
comprende que todo eso que experimentas
es un reflejo del poder creativo
dado a ti por Dios.

Regocíjate con el hecho de que tu dolor pueda parecerte tan real.
Regocíjate con el hecho de que tu miedo pueda aterrorizar
hasta la última fibra de tu ser.
Regocíjate con el hecho de que tus enfermedades imaginarias
puedan violar todo aspecto aparente
de eso que consideras que es tu cuerpo.

¿Por qué digo “regocíjate”?
Digo regocíjate porque cuando tú,
con una nueva visión, puedas decir, “Yo soy Espíritu”,
y puedas decir, “sí, todo eso que yo experimento ES
un reflejo de mi poder creativo como Hijo de Dios”,
entonces, te haces libre de regocijarte en ese poder.
Si vieras tu cuerpo,
y se te apareciera como algo etéreo y sin fuerza,
entonces, cuán débil sería tu poder como Hijo de Dios.
Pero, como todos vosotros sabéis,
el cuerpo puede parecerte tan real,
que es difícil para ti, inicialmente,
imaginar que es verdad lo que
te he estado diciendo todas estas muchas semanas.

El poder con el cual puedes crear y elegir esta ilusión,
es solo una fracción del poder que tienes como Hijo de Dios.
Así, mientras veas tus ilusiones, úsalas.
Usa tu dolor, usa tu miseria, usa tu miedo,
usa todas esas cosas en tanto que te demuestran a ti,
amorosamente,
cuán grande es el poder dentro de ti,
el poder que crea cualquier cosa que experimentes.

Ahora bien, escúchame bien.
Cuando te des cuenta de que
son solo tus valores y tu manera de pensar quienes crean esta ilusión,
y cuando te des cuenta de que
tú, el Hijo de Dios, ERES Espíritu,
entonces, verás el mundo renovado
con los ojos de la visión.
Verdaderamente verás el mundo
como un reflejo de tu poder para crear
y para experimentar lo que tú deseas.
Te aseguro
que cuando por primera vez esa verdad pase más allá de tu mente pensante,
hacia la experiencia,
te aseguro que cuando tengas ese primer atisbo de discernimiento acerca de que
ese poder ESTÁ dentro de ti,
y de que todo en tu existencia
es el resultado de ese poder en acción,
en ese mismo instante, te reconocerás a ti mismo como un ser libre.

Y en ese instante invariablemente decidirás
que tu miedo, tu miseria y tu enfermedad
son un motivo y una fuente de risa,
y no algo de gran importancia.
Con una sonrisa los dejarás ir.
Y te aseguro ahora que en realidad esto es fácil.
Una sonrisa, el pestañeo de un ojo,
y está hecho.

Y lo que ello requiere es que EXPERIMENTES,
más allá de tu pensamiento,
la realidad de lo que tú eres.
Así, te aseguro nuevamente, hoy,
que tú no eres un cuerpo.
Eres libre.
Tu eres tu Ser en Unidad, tu Único Ser.
Y todo lo que imaginas, ES,
sin ser perturbado por el espacio y el tiempo.
Regocíjate con ese discernimiento.

Este es un Curso de entrenamiento mental.
Lo que estamos haciendo es ayudándote a pensar de forma diferente,
diciéndote en todo momento que no pienses.
Pues tu pensamiento en realidad no importa.

Así, para ti, mientras elijas
creer en esta ilusión de espacio, tiempo y cuerpos,
tu meta será disciplinar tu pensamiento,
de manera tal que puedas dejarla ir,
trascendiéndola.

Así, mi consejo para ti hoy es este:
Nunca pierdas de vista lo que te he dicho acerca de tu libertad.
Cada vez que pienses sobre este Curso
piensa así de ti mismo,
“No soy un cuerpo, soy libre.
Pues soy exactamente tal y como Dios me creó” (L201).
Empieza y termina siempre tu pensamiento acerca del Curso
con esa idea.

Y, en tanto que disciplinar tu mente y tu pensamiento
pueda provocar un cambio en tu pensamiento,
ello supondrá un paso significativo hacia tu libertad.
Pues, a medida que te digas a ti mismo esas palabras, lentamente,
aunque ellas sean solo pensamientos y no signifiquen nada,
sí que ocurrirá que, a tu ritmo,
empezarás a SENTIR la verdad de esas palabras.
Y en cada momento en que así lo hagas,
te llevarás miles de pasos más cerca de tu libertad.

Y, entonces vendrá el día en que,
al trascender las palabras,
más allá del pensamiento, dentro de tu ser,
llegará el discernimiento, y el conocimiento:
“Es cierto, NO soy un cuerpo, SOY libre”.
Y en ese instante, eso es lo que serás, LIBRE.

Bendiciones para todos. Eso es todo por hoy.

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