Gratitud. Haskell en comunión con Jeshua: Viaje más allá de las palabras. (Un Curso de milagros RELOADED)   Leave a comment

Ir a descargar
imagen corazón en círculo

[- Podéis mirar en la página de índices, de Haskell, para encontrar los enlaces a estos textos traducidos, etc.
– Los PDF también están además en esta carpeta pública, que tengo en google.
– Sobre el uso del idioma en las traducciones y el modo de traducir o de revisar las traducciones, ver las notas en esta entrada que progresivamente iré completando.
– Esta transmisión aparenta haber sido dada claramente por la misma voz que dictó Un curso de milagros (UCDM), y que habló por la personalidad de Jesús.
– La siguiente parte de este texto sirve como acompañamiento —más o menos— para las lecciones 197 a 203 del libro de ejercicios de Un Curso de milagros (UCDM) (según las indicaciones del propio Haskell en su texto publicado).]

Gratitud [lecciones 197 a 203]

Saludos de nuevo. Soy Jeshua.
Vengo hoy a seguir mi comentario sobre
Un curso de milagros.

Hoy hablaré de la gratitud.
Tus lecciones recientes pueden haberte hablado de gratitud.
Es verdad que la gratitud, en tanto que tal, es difícil de entender.
Porque cuando en vuestro mundo pensáis en gratitud,
la tendencia es casi siempre a sentir que
es algo que extiendes en respuesta a
un regalo o una bendición que has recibido de alguien.
Igualmente, veis la gratitud como algo
que retorna a vosotros desde alguien
a quien le habéis dado una bendición o un regalo.

Hay una tendencia dentro del mundo
a sentir que la gratitud es, de alguna manera, una obligación.
Si alguien te da un regalo,
sea material o espiritual,
sientes que es inapropiado no decirle al menos “gracias”,
como honra para el dador del regalo.
La contrapartida de esto es que si extiendes
un regalo de amor a otro ser,
tienes la tendencia a sentir que el receptor
debe (escucha la palabra “debe”) reconocer de algún modo
el regalo que le has dado,
aun si solo lo hace con un simple
“gracias”.
Y entonces llamas gratitud
a esa devolución,
tras la recepción de un regalo.

Hoy he venido para decirte
que esto es una percepción errónea de lo que la gratitud realmente es.
La gratitud es una bendición tan grande, que difícilmente la puedes imaginarlo.
La gratitud es una bendición que viene a ti,
sin remedio, automáticamente,
cuando primero amas,
y a la vez que amas.

Escúchame bien.
Te he hablado todas estas semanas
del amor y del Amor de Dios.
El amor, que es tu realidad,
el amor, que es de Dios,
ese amor, que es la sustancia del universo,
no es posible hallarlo en tanto que sigas valorando algo en este mundo.
Y el amor y la gratitud, la verdadera gratitud,
van de la mano.
Del mismo modo, en la medida en que valores este mundo,
no puedes conocer la bendición de tu propia gratitud,
o de la gratitud que aparentemente viene de otros.

Cuando recibes un regalo de otro,
y sientes que, en cierto sentido,
debes o tienes que devolver un “gracias”
que sea una medida de gratitud,
entonces estás valorando.
Y lo que has hecho en ese momento de percepción,
cuando has sentido gratitud hacia otro,
es que has sentido, y has creado,
una SEPARACIÓN entre tú y el otro ser,
a quien percibiste como el donador del regalo
que sentiste haber recibido.

¿Pues no es cierto que,
para poder recibir un regalo DE OTRO,
aunque sea un regalo de amor,
debes haber definido primero, dentro de tu pensamiento,
a un ser SEPARADO de ti mismo,
que pudiera extenderte ese amor,
o ese algo, que tú no tenías?
Mas te aseguro que esto último es imposible.

Esa noción es la fuente de la gratitud terrenal.
Escúchame bien.
En este momento, en todo momento,
ya sea del pasado, o de lo que llamas futuro,
no existe nada, nunca, que no tengas ya.
Trata, si puedes, por un momento,
de permitirte —más allá de tu pensamiento,
más allá de lo académico, más allá de las fantasías—
SENTIR un poco lo que acabo de decir.
Siempre, en todo aspecto de tu existencia,
en este mundo o fuera de él,
no hay nada que tú, que tu Único Ser, tu Ser Uno,
no tenga ya.
Lo tienes todo.

Ahora, escúchame bien, una vez más.
Tú ERES todo.
Trata de sentir, dentro de lo más profundo de tu ser,
más allá de tu pensamiento,
la plenitud, la riqueza, la paz,
la vitalidad, la certeza,
que van a ser tuyas una vez que constates que no hay nada,
nada en el mundo del Espíritu,
y nada en el mundo de la ilusión,
que no sea ya tuyo.

No eres un cuerpo.
Tú eres libre.
Eres exactamente tal y como Dios te creó (L201).
Y Dios te creó de un modo tal
que cualquier cosa que decidas crear,
imaginar, sentir, dentro de tu existencia,
es tuya.
Escúchame bien, otra vez.
Te he dicho, de forma aparentemente repetitiva,
que has creado cada aspecto de tu propia existencia.
Ahora, te aseguro de nuevo
que no existe nada fuera de tu SER que te pueda dar nada.
No hay nada fuera de tu SER
que pueda recibir esos regalitos que puedes imaginar que has dado.

Recuerda que, en tus fantasías en este mundo,
estás en realidad deseando y creando la separación.
Y, al final, tu verdadera gratitud,
y por tanto tu amor,
descansarán sobre tu discernimiento, dentro de tu ser,
de que tú ERES el santo Hijo de Dios,
co-creador CON Todo Lo Que Es,
y co-creador DE todo lo que es.
Y en ese discernimiento,
sabrás que la separación no es posible.

Ahora, te he dicho
que no puedes amar, que no puedes conocer la gratitud,
si todavía te limitas a ti mismo con tus valores.
¿Cómo es esto?
Recuerda que tus valores son los constructos que has elaborado,
a partir de tu manera de pensar,
y que has llegado a creer
que verdaderamente tienen algo que ver con lo que tú eres.
En tu valorar, que empieza con tu pensamiento,
comienzas con la creencia en que
tú puedes tener pensamientos que son solo tuyos.
Comienzas por considerar
que puedes tener un sentimiento, un discernimiento,
que solo te pertenece a ti.
Pero eso no es así.
No hay pensamientos privados.
Pues tú eres Uno.

Sin embargo, en tu valorar, basado en tus pensamientos,
te llegas a considerar a TI MISMO como SEPARADO,
igual que ocurre en tus pensamientos.
En tu creencia en la separación,
percibes eso que otros tienen y que tú no,
o eso que tú tienes y que otros no.
Algunas veces ves esto como una miseria que es tuya sola,
mientras que los demás parecen estar extasiadamente felices.
Algunas veces lo ves como una bendición,
al considerar los sufrimientos que tú no tienes,
mientras que otros parecen sufrir por una razón u otra.
Tu valorar es lo que ha fabricado en ti
esta creencia en la separación.

Quizá ahora puedas recordar la vez pasada
en que te hablé de tu único problema, la separación,
y de la única solución, su eliminación (L79-80).
La salvación ES tu Único Ser, tu Yo Único.

Ahora, permítenos reflexionar un poco más
sobre la gratitud, el amor y tu valorar.
Tu eres el Ser Único,
Dios es el Ser Único.
Yo, quien te habla hoy, soy también ese Único Yo.
Cada hermano a quien percibes,
sea con amor, o sea con rabia, odio,
cada hermano es el Único Ser, el Único Yo.
Tú, yo, y él, y ella, y Dios, son Uno.
Y cada aspecto de cada ser a quien percibamos
es parte de lo que somos.
Cada aspecto de cada ser a quien tú ves, o percibes,
te ayuda a hacerte completo como Hijo de Dios.

Dándole un poco de vueltas al concepto, por un momento,
Yo no puedo existir como el Único Yo a menos que constate, y sienta,
que cada aspecto de todo en la Vida, como yo lo veo y lo conozco,
me completa a mí en lo que yo soy.
Esto no es en realidad diferente a decir que
soy Espíritu, co-creador con Dios;
y todo lo que soy, veo y percibo,
es una creación mía propia, de mi Único Ser, de mi Yo Único.

Así, como ves, por una parte te dices a ti mismo:
todo lo que yo percibo, todo lo que experimento,
es en realidad mi propia creación.
Y, por otra parte,
miras a tu mundo, tal y como todavía estás acostumbrado a hacer,
y dices que cada ser, cada hermano a quien yo veo,
me completa y me hace pleno en mi Ser Uno.
Sin él, o ella, o sin Dios,
no puedo estar completo.
Y si no estoy completo,
habrá dentro de mí un vacío,
una carencia, un miedo, una ausencia,
que solo puede reflejar, de algún modo,
una creencia en la muerte.

Así, cuando observe el mundo de OTROS,
lo cual es la perspectiva asociada con esta tierra,
y constate, primero, que he apreciado y elegido
cada aspecto de eso que veo;
y, segundo, que cada aspecto de lo que veo
está ofreciéndome la bendición de Dios,
y mi completitud como Hijo de Dios,
entonces, lo que sentiré será amor.

De nuevo, escúchame bien.
En la medida en que me asome al mundo de la ilusión,
al mundo de la separación,
y vea ahí aspectos de mi Único Ser,
que considere indeseables,
o que considere deseables,
lo único que estoy viendo es mis propios valores.
Y aquellos valores me harán desear
conseguir para mí mismo ciertos aspectos que veo;
igual que también me harán querer
separarme de ciertos aspectos
que considero indeseables.
Y siempre, con cualquier deseo de estar separado,
estaré repudiando el hecho de que lo que estoy viendo
es parte de mi Único Yo.

Ahora, te quiero hablar de nuevo del amor.
El amor no hace juicios.
El amor no compara.
El amor no está basado en valores.
El amor simplemente ES.
El amor no clasifica las experiencias en categorías
de buenas y malas, deseables o indeseables,
libres o no libres.
El amor simplemente ES.

A medida que te liberes a ti mismo de tus valores,
de tus clasificaciones,
serás libre para abrirte
a todos los aspectos de esta vida que has creado para ti mismo.
Y entonces, al final,
verás que todo ello es hermoso.
Pues todo ello es experiencia.
Y todo ello son lecciones que Dios me quiere dar a aprender (L193).
Y todo ello, si tú perdonas, si lo liberas de tus valores,
lo verás distinto.

Tu gratitud es entonces tu discernimiento, en tu propio ser,
de que TODO ES TU PROPIO REGALO HACIA TU SER.
Tu gratitud, entonces, es el discernimiento, dentro de tu ser,
de que ya lo tienes TODO.
Tu gratitud, entonces, es tu discernimiento,
dentro de este mundo de ilusión,
de que cada ser ES tu Único Ser.
Y, como cada ser, incluyendo tu Yo,
lo tiene todo, entonces,
no hay nada que puedas, pudieras o quisieras
apartar de tu hermano.

En este mundo de ilusión,
la gratitud va hacia tu hermano
debido a que él se ajusta lo bastante
—en las percepciones de tu mente—
a aquello que tú necesitas que él sea.
Pero nunca olvides que sois lo mismo.

En el amor no hay valores ni juicios.
El amor simplemente ES.
En tu amor,
sabes que todo lo que percibes
es de tu Ser,
sabes que no te pueden hacer nada,
no te pueden dar o quitar nada.
En tu gratitud,
sabes que cada regalo que pareces dar
es algo que al final se lo das a tu Ser, a tu Yo.

No importa, en este mundo de ilusión,
si alguien considera que tiene que decirte gracias.
Porque se trata solamente de una ilusión.
Y no hay nada en este mundo que tenga algún efecto
en la realidad de tu Único Ser.
Por tanto, no hay nada en este mundo que pudieras querer,
incluyendo un “gracias”.
Porque todo ello, en verdad,
ya lo has recibido dentro de Ti Mismo, de tu Ser.

Tu amor ofrecerá libertad a todos tus hermanos.
Entonces, encontrarás la liberación de ti mismo.
Tu gratitud se extenderá
a cada aspecto del mundo que ves.
Y tu gratitud te completa como Hijo de Dios.

Y cuando extiendas esa gratitud,
tu perdón sencillamente sucederá.
Verás todo en la vida de forma diferente.
Verás una luz y un amor brillando dentro de todo lo que ves.
Entonces te darás cuenta, inmediatamente,
de que esa misma luz está brillando de vuelta
e iluminando tu propia alma.

Entonces sonreirás y sabrás esto dentro de ti:
quiero dar todo a todos,
en gratitud,
pues todo ello es mío.

Bendiciones para todos. Eso es todo por hoy.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: