El Reino de Dios. Haskell en comunión con Jeshua: Viaje más allá de las palabras. (Un Curso de milagros RELOADED)   Leave a comment

Botón para la escucha de este texto:
Ir a descargar el audio

imagen corazón en círculo[Podéis mirar en la página de índices para encontrar los enlaces a estos textos traducidos, etc. —con por ejemplo la traducción completa de lo que estamos retocando aquí con ayuda del texto en inglés, etc.

Sobre el uso del castellano en las traducciones y el modo de traducir o de revisar las traducciones, ver las notas en esta entrada que progresivamente iré completando.

Esta transmisión, maravillosa (muy clarificadora y directa), aparenta haber sido dada claramente por la misma voz o espíritu (un Yo en la Unidad) que dictó Un curso de milagros (UCDM), y que habló desde la personalidad de Jesús.

La siguiente parte de este texto sirve como acompañamiento —más o menos— para las lecciones 232 a 238 del libro de ejercicios de Un Curso de milagros (UCDM) (según las indicaciones del propio Haskell en su texto publicado).]

El Reino de Dios [lecciones 232 a 238]

Saludos de nuevo. Soy Jeshua.
Vengo hoy a continuar, con vosotros, mi conversación sobre
Un curso de milagros.

Hoy te hablaré del Reino de Dios.
Al final, de todo lo que hablamos es de eso.
Pues el Reino de Dios es la meta, el resultado final,
el estado hacia el cual te diriges
cuando avanzas a través de tu estancia en esta tierra.

Pero, lo más importante, y que hemos dicho de diferentes maneras,
y que nunca será lo suficientemente enfatizado,
es que el Reino de Dios simplemente ES.
El Reino de Dios no es un estado
hacia el cual progresas.
El Reino de Dios no es algo
que algún día alcanzarás.
El Reino de Dios es, más bien, tu estado natural.
Pues fuiste creado como parte de ese Reino.
Y la voluntad de Dios implica que nunca lo abandones.
Y sobre eso no tienes elección.

El Reino de Dios ES lo que tú eres.
Y tu existencia, en realidad,
es una expresión de ese Reino.

Realmente, ¿qué es el Reino de Dios?
Al final, el Reino de Dios no puede ser definido,
no puede ser conocido por ti en esta tierra,
no puede ser totalmente experimentado,
mientras aún vivas en forma humana.
Sin embargo, no te desalientes por ese hecho.
Simplemente comprende que son solo las limitaciones
de esta humanidad que compartes,
lo que hace que sea imposible para ti
experimentar totalmente el Reino de Dios aquí.
Te hablaré ahora, en palabras,
de modo tal que a partir de ellas puedas experimentar
lo que está más cerca del Reino de Dios.

EN UNA SOLA PALABRA, EL REINO DE DIOS ES LIBERTAD.
El Reino de Dios es libertad en un sentido tan amplio,
tan sin ataduras y sin obstáculos,
que quienes caminan por esta tierra
no pueden comprenderla plenamente.
Y de nuevo, no te descorazones.
Pues en esta tierra la libertad
es un estado en el que te puedes encontrar,
al que puedes acercarte.
Y tu libertad será tu paz y tu alegría,
mientras elijas estar aquí.

El Reino de Dios es libertad.
El Reino de Dios es Amor.
Y, como he dicho muchas veces antes,
el Amor es, en verdad, libertad
—y realmente nada más.

Entonces, ¿cuál es la libertad de la cual hablo?
La libertad, que es la esencia, la marca de pureza del Reino de Dios,
es tu poder creativo, dado a ti por Dios.
Esa libertad es el poder creativo
que te permite ser y experimentar
todo lo que puedas imaginar.

En el Reino de Dios, por supuesto, no hay tiempo.
Pero tú en esta tierra, todavía piensas en términos de tiempo.
Así, esta libertad de la cual hablo es tu libertad de creación,
para hacer y experimentar cualquier cosa que desees,
siempre que desees experimentarlo,
mientras elijas hacer tal cosa, en este mundo de tiempo.

El Reino de Dios es libertad en el sentido en que es absoluta.
Si Dios te hubiera creado con restricciones,
y también te hubiera creado a semejanza de Sí Mismo,
entonces, Dios Mismo estaría restringido,
y no sería libre.
Te aseguro que este no es el caso, y que esto no ha pasado.
Dios te creó como Él Mismo, libre y sin ataduras.
Tal es tu libertad, y en el sentido de tu tiempo,
será así por siempre.
Sobre eso no tienes elección.

En realidad, te aseguro que en el Reino de Dios
todo lo que experimentes siempre es
la expresión de tu capacidad creativa,
manifestándose a sí misma
con cualquier cosa que desees imaginar.
Y eso es exactamente lo que encuentras representado
en tu vida aquí, en esta tierra,
o en tantas vidas como imagines
que has elegido vivir en esta tierra.
Cada una de ellas, cada momento que experimentas,
es, absoluta y completamente,
la expresión, bajo una forma elegida por ti,
del poder creativo dado a ti por Dios.
Es por eso que te he dicho muchas veces antes
que nada puede sucederte en tu vida
que no sea completa y totalmente
tu propia elección.

Debido a que tú ERES el Reino de Dios,
nada puede ser nunca parte de tu experiencia
a menos que tú, con tu poder creativo,
en primer lugar, lo imagines de esa manera,
y, en segundo lugar, elijas experimentarlo.
Verdaderamente, esta estancia en tu tierra,
con toda su lucha, dolor, sufrimiento y miseria,
todo ello es lo que tú has imaginado,
y has elegido experimentar.
Y, en parte, con un buen motivo.
Dios, en Su propia libertad, te creó libre.
Tu eres espíritu, sin ataduras, libre,
más libre que el viento,
capaz de ser y experimentar cualquier cosa que desees.
Y toda la Creación comparte contigo, con deleite,
cualquier cosa que desees imaginar,
y experimentar.

Entonces, ¿de qué trata todo en esta tierra?
Esta tierra, con todos sus afanes,
es el resultado de ti, de ti mismo en tu libertad,
imaginando como sería estar separado del resto del universo,
del resto de la Creación.
Así, todos los que habéis venido aquí
estáis jugando a eso en vuestra Unicidad.
Y vuestra creatividad es tan real y tan efectiva,
que quienes están aquí, en su mayoría,
verdaderamente creen que esta experiencia es real.

Ciertamente, te lo aseguro,
te reirás conmigo cuando veas
la verdad de toda esta ilusión.
Y con una risa sofocada, con una sonrisa,
serás libre.

¿Cómo es que algunos de vosotros eligen quedarse
en este mundo de miseria y afanes, de miedo y muerte?
Si en realidad eres libre,
¿por qué alguien querría hacer eso?
La respuesta la hallamos, una vez más, en tus valores.
Recuerda que, cuando valoras algo,
crees que su presencia en tu vida
es necesaria para poder ser feliz, para estar en paz,
o incluso para tu misma existencia.
Y una vez que crees eso dentro de tu ser,
le has dado una realidad imaginaria
a aquello que crees necesitar.
Pero también has creado miedo
y tu propia muerte.

¿Alguna vez has pensado
lo que realmente es este miedo?
Pues he dicho que hay solo dos emociones,
amor y miedo.
Y he dicho que el amor es libertad.
Entonces ¿qué es el miedo realmente?
MIEDO ES EL SENTIMIENTO QUE TIENES
CUANDO ANTICIPAS LA PÉRDIDA
DE ALGO QUE VALORAS.
¿Cómo entonces se libera uno del miedo?
Es simple, ¿no?:
liberándose de su valorar.
Eso es todo.
Dejando ir tus valores, todo lo que estimas
como necesario para tú poder SER.
Deja ir esos valores, y serás libre.
Y cuando lo hagas, extenderás tus alas
y volarás hacia un mundo de amor,
hacia el Reino de Dios.

Quizá sientas que es muy difícil
imaginarte amando sin valorar.
Ciertamente, quienes están en esta tierra
pueden encontrar muy difícil poder imaginarse amando sin valorar.
Pero te aseguro que en el Reino de Dios
no es posible amar y valorar al mismo tiempo.
Cuando valoras algo, cualquier cosa,
tienes una sensación de NECESITAR eso.
Tienes una sensación de necesitar que algo
SEA una cierta cosa, que algo SEA de una cierta manera,
para que así TÚ puedas ser
lo que deseas ser.
Por tanto, te limitas,
y te colocas en una prisión.

De tal modo, SIEMPRE que quieres que otro ser,
o que alguna circunstancia, SEAN de una cierta manera,
la cual TÚ defines,
entonces estás queriendo negarle la libertad a esa persona, o a esa circunstancia.
Y al negarle la libertad a otro,
realmente le estás diciendo esto dentro de tu alma:
“no deseo que TÚ seas libre,
ni yo deseo, para MÍ MISMO, ser libre.”
Pero imagina que Dios Mismo,
cuando Él te hizo Su Hijo, y co-creador de Todo Lo Que Es,
imagina que Él dijera,
“Yo te creé a ti el Hijo de Dios, EXCEPTO PARA…”.
Y entonces pusiera restricciones a lo que podrías hacer o ser.
Así, tú ya no serías libre.
Y TAMPOCO LO SERÍA DIOS MISMO.
Dios, en Su sabiduría, sabía esto,
y te hizo libre.

Incluso eres libre para imaginarte toda esta tierra por entero,
imaginándotela tan real, que pareces venir aquí
y luchar con todo lo que existe en ella.
Pero, en realidad, no puedes cambiar lo que ERES,
aunque sí eres libre de IMAGINARTE a ti mismo
siendo cualquier cosa que desees ser.
Tal es la libertad que Dios te ha dado.

Y ahora te pregunto,
¿tus hermanos merecen algo menos de lo que Dios te ha dado a ti?
Cuando valoras,
le estás diciendo, al final, a otro ser o a una circunstancia,
“yo quiero que seas libre, EXCEPTO PARA…”.
Entonces, pones las restricciones.
Y luego colocas los barrotes de la prisión.
Y mientras más larga es la lista de los “EXCEPTO PARA…”,
menor es el amor que puedes reconocer.

La única forma, la ÚNICA forma,
en que puedes reconocer y experimentar amor verdadero,
es conocer y experimentar la libertad real.
Y la única manera en que puedes experimentar la libertad real
es dando una absoluta libertad a todos los seres,
SIN EXCEPCIONES.
Y la única manera en que puedes amar así, es no valorando.

El Reino de Dios es, ciertamente,
parecido al tiempo de juego de los niños pequeños.
Porque estos niños crean con sus imaginaciones
cualquier cosa que deseen imaginar.
No se atan a esas cosas,
no lloran cuando las imágenes pasan.
Simplemente las dejan ir,
y se mueven hacia otro conjunto de fantasías.
Y esta es la meta de Dios para todos y cada uno de vosotros.

¿Cómo es que puedes llegar a sentirte cómodo y libre
amando sin valorar?
La respuesta es esta.
Escúchame bien,
pues esto es lo que necesitas saber, dentro de tu ser:
como Hijo de Dios, como co-creador con Dios,
SIEMPRE experimentas, en cada momento,
EXACTAMENTE lo que tú eliges experimentar.
Y cualquier cosa que imagines
SERÁ lo que tú experimentes.
Y toda la Creación lo celebrará contigo.

Intenta ahora, por un momento,
ir más allá de tus pensamientos hacia la experiencia.
Trata de sentir como sería ser tan libre que tú SUPIERAS
que, en CUALQUIER instante de tu tiempo,
podrías experimentar EXACTAMENTE lo que eligieras experimentar,
sin limitaciones ni restricciones.
¿Qué propósito tendría entonces valorar algo?
Ya que entonces valorar DEBE ser algo que sin duda está asociado al miedo,
a tu miedo a que algo deje de existir.

Entonces, trata de comprender, dentro de tu ser,
cómo sería saber que,
si tuviste una experiencia que en particular te deleitara,
eres libre de experimentarla, re-experimentarla,
y volverla a experimentar tanto como lo desees
—exactamente la misma experiencia.
Y que nada en toda la Creación podría impedirte hacer esto,
o te lo podría quitar.

Todo lo que experimentas viene de dentro de ti.
No hay circunstancia externa a ti mismo
que pueda controlar lo que haces o sientes.
Y ESO es lo que te hace libre.

Entonces, trata de imaginar dentro de tu ser la confianza,
la libertad que sentirías, al saber
que en cada instante eres libre
de experimentar exactamente lo que sea que elijas.
Si hubieras tenido alguna experiencia de amor,
como tú lo llamas,
y que quisieras volver a experimentar,
lo podrías hacer en cualquier momento,
y nada podría impedirte tenerla.
Nada, excepto tu valorar y tu miedo.
Y esto es lo que sucede incluso con las experiencias en este mundo, en este plano físico:
eres libre de experimentarlas y re-experimentarlas tanto como quieras.
Y nada te lo puede impedir, excepto tus valores,
y el miedo que les sigue.

Ahora viene un comentario importante:
en tu valorar, y con el temor subsiguiente,
siempre insistes en la FORMA.
En el mundo del Espíritu,
la forma no existe,
solo el CONTENIDO.
Pero tú, en este mundo, cuando experimentas lo que llamas amor físico,
siempre pareces creer que ese amor se perdería
a menos que las FORMAS se mantuvieran gracias a la presencia
de ciertos cuerpos —los que tú hayas elegido.
Nada podría estar más lejos de la verdad
que la afirmación de que eso deba ser necesario.

Pues la esencia es el sentimiento y la experiencia.
Y en la medida en que desees experimentar amor,
de la manera que sea que lo elijas,
puedes experimentarlo en tanto que
te liberes de los valores
que exigen una determinada forma de tu elección.

Así, como decíamos,
toma tus pensamientos, relájate y déjalos ir.
Pues cuando los dejas ir,
dejas ir tu deseo y tu exigencia de una forma especifica,
así como los valores que acompañan a este deseo.
Y luego, el universo por entero, en toda su Unicidad,
se apresurará a llenar tu ser
con lo que sea que desees experimentar,
con cualquier cosa que puedas imaginar.

Entonces, ¿qué es el Reino de Dios?
Es tu estado natural.
Es lo que eres.
Es tu libertad, sin ataduras y sin trabas,
para experimentar cualquier cosa que puedas imaginar,
en cualquier momento y tanto como quieras.

Y, la vía de entrada a través de la cual
llegas al Reino de Dios
—algo que puedes realizar en un instante sí así lo eliges—,
es la vía en la cual te desprendes de todos tus valores
y del miedo que viene con ellos.

Puesto que lo que ocurre entonces es que pasas a un mundo de libertad
y a un mundo de amor verdadero,
en el cual darás una libertad absoluta
a cada ser y a cada circunstancia de tu vida.
Por tanto, experimentarás para ti mismo
esa misma absoluta libertad.
Y, sin tus valores,
el universo por completo, con gran amor,
se apresurará a llenar tu ser
con cualquier cosa que desees.

Bendiciones para todos. Eso es todo.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: