El cuerpo. Haskell en comunión con Jeshua. «Viaje más allá de las palabras». Un Curso de milagros RELOADED   Leave a comment

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imagen corazón en círculo[Podéis mirar en la página de índices de este autor para encontrar los enlaces a estos textos traducidos, etc. —con por ejemplo la traducción completa de lo que estamos retocando aquí con ayuda del texto en inglés, etc.
– Esta transmisión maravillosa aparenta haber sido dada claramente por la misma voz que dictó Un curso de milagros (UCDM), y que habló por la personalidad de Jesús.
– La siguiente parte de este texto sirve como acompañamiento —más o menos— para las lecciones 253 a 259 del libro de ejercicios de Un Curso de milagros (UCDM) (según las indicaciones del propio Haskell en su texto publicado).]

El cuerpo [lecciones 253 a 259]

Saludos de nuevo. Soy Jeshua.
Vengo hoy a seguir contigo mi comentario
sobre Un curso de milagros.

Te he hablado últimamente de cosas que no existen.
¿Qué es el mundo? Preguntábamos.
El mundo no es de tal modo, o de tal otro, te dije.
Y te hablé de pecado y culpa, que tampoco existen.
Hoy te hablaré de otra cosa que te aseguro que
en verdad no existe.

Hoy te hablaré del cuerpo,
de eso que percibes muy a menudo en esta tierra
como siendo lo que tú eres.
Pero NO ES ASÍ.
El cuerpo no es tú.
El cuerpo no puede ser tú.
El cuerpo y su destino,
sea que viva o muera,
que esté saludable o enfermo,
que te produzca placer o dolor…
nada de ello está relacionado
con lo que tú eres como Hijo de Dios.

“El mundo que veo no alberga nada que yo desee” (L128).
Si recuerdas, te he hablado de esta manera.
Y, concretamente, el mundo que ves incluye al cuerpo,
que realmente no alberga nada que tú desees,
pues nada en él tiene ningún efecto
sobre lo que en realidad tú eres.

Sin embargo, hay un punto más allá de esto
que necesita ser comentado y comentado, varias veces.

El mundo que crees que ves,
lo ves con las imágenes dentro de tu cerebro.
Y ese cerebro es del cuerpo.
El mundo que ves,
crees que lo ves con tus ojos, tus ojos físicos.
Y ellos son del cuerpo.
El mundo que experimentas,
crees que lo experimentas a través de tus sentidos,
sean tus ojos, tus oídos, tu nariz, tu boca, tu tacto…
y todo eso es del cuerpo.
Escúchame bien
porque este mensaje es central para Un curso de milagros.
Nada de eso es verdad.
En realidad, nada de eso existe.
Cuando ves el mundo
a través de los ojos que crees que tu cuerpo tiene,
no ves, en verdad,
nada.

Pero en realidad SÍ sientes que ves el mundo.
¿Cómo puedo decirte entonces que eso no es nada?
La respuesta está siempre en tu valorar,
puesto que ves aquello a lo que le has acordado valor.
Tú, en tu poder como Hijo de Dios,
tienes la libertad y la capacidad
de crear cualquier cosa que desees experimentar.

En realidad, no eres un cuerpo.
Nunca podrás SER en verdad un cuerpo.
Y sobre esto no tienes elección.
Sin embargo, puedes imaginar,
tal y como has hecho en un primer momento para poder venir aquí,
que eres un cuerpo —
o al menos que TIENES un cuerpo.
NO ES ASÍ.
El cuerpo es un velo.
El cuerpo es una sombra.
El cuerpo es una imagen falsa,
cuyo propósito es esconder de ti lo que tú realmente eres.

Realmente, ¿qué eres tú?
En una palabra, eres Espíritu (L97).
Eres Mente.
Eres una idea de Dios.
Y como una idea en la Mente de Dios,
EXISTES, y no puedes cambiar esto.
Pues Dios no cambia de Opinión, no cambia Su Mente,
acerca de lo que Él ha pensado,
y por ello, creado.

Como una idea en la Mente de Dios,
eres absoluto,
intocable,
inmutable,
inmodificable.
Como una idea, simplemente existes.

TÚ no puedes estar confinado al espacio.
Tú mismo sabes, sin tener que discutirlo,
que tus propias ideas o pensamientos
no pueden verse confinados a un único punto en el espacio.
TÚ no puedes ser confinado al tiempo.
Y también sabes que tus propios pensamientos son independientes del tiempo.
¿Pues acaso no puedes, en un pensamiento,
llevarte al pasado, al presente o al futuro,
con simplemente imaginarte allí?
Realmente sí que puedes.

Como una idea, eres independiente del tiempo y del espacio.
Y debes permanecer de esa manera.
Cualquier sueño falso que tengas y que parezca poder limitarte,
que parezca poder convertirte en algo menor
que una idea en la Mente de Dios —
ninguno de esos sueños falsos—
puede ser verdadero.

El primer sueño falso con el que vives
es tu creencia en el cuerpo.
Has creído que el cuerpo es finito en el tiempo,
que nace, vive y muere para desaparecer.
Sin embargo, TÚ eres inmutable.
No has nacido. No mueres.
Y nunca desaparecerás.
Simplemente existes.
Has creído que el cuerpo cambia,
que envejece, que se vuelve enfermizo,
que gradualmente pierde fuerza y capacidades,
hasta que finalmente muere.
TÚ, en realidad, no cambias.
No te debilitas.
No te vuelves delicado,
no desapareces.

Has creído que el cuerpo te proporciona
la comprensión del mundo,
con tu discernimiento acerca de lo que eres.
Has creído que debes ser educado,
ir a la escuela, escuchar a los maestros,
y también que debes aprender por experiencia,
o por prueba y error, por así decirlo.
Mas todo eso es un sueño falso.

Pues una idea, que es lo que eres,
tiene un completo acceso a, y forma totalmente parte de,
cualquier otra idea.
No hay nada, en toda la Creación, que pueda apartar de ti
cualquier cosa que haya sido experimentada alguna vez,
excepto por tu creencia en que tú no puedes alcanzarla.
Y ese es el velo al que me refiero al hablar del cuerpo.

Crees que a tu cuerpo le lleva tiempo aprender
y experimentar.
Eso no es así.
Tu cuerpo no es nada más
que un instrumento que te sirve a ti, a su amo,
y que te sirve de una manera absolutamente perfecta.
Tu cuerpo ESTÁ ahí para ti, y HACE por ti,
exactamente lo que imagines que haya de hacer.

Tu cuerpo no puede nacer a menos que tú,
Espíritu, co-creador con Dios,
elijas por Ti Mismo tomar una forma imaginaria y nacer.
Y entonces, realmente, parecerás haber nacido.
No puedes aprender nada,
no puedes olvidar nada,
no puedes concebir o dejar de concebir ninguna idea,
sin que primero, tu Espíritu, en un total discernimiento
y en su propio nivel de verdad,
elija la ilusión de que tú entiendas, o no entiendas,
para que tú puedas, o no puedas, aprender.
Y entonces, tu cuerpo, como fiel servidor que es,
representa exactamente lo que hayas elegido.
No puedes nunca volverte enfermizo, débil, frágil…
tú, realmente no te puedes ni siquiera morir,
sin que ello no sea antes tu propia elección.

Y cuando digo, tu propia elección,
la palabra “tu” debe ir con mayúsculas,
pues se refiere a tu Único Ser,
a tu Ser Real,
al Espíritu, la Mente,
el Hijo Dios.

Hermanos míos, aprended bien esta lección.
Permite que esta lección, permite que mis palabras fluyan dentro de tu ser,
una y otra vez,
hasta que vayas más allá de ellas,
trascendiendo los pensamientos de tu cerebro,
y aun más allá de las emociones,
hasta la EXPERIENCIA.
Y cuando tú, en un nivel que trasciende el de tu pensamiento,
EXPERIMENTES lo que te acabo de decir,
comprenderás verdaderamente, aunque solo sea por un instante,
que no ERES sino una idea, un pensamiento,
y que por tanto eres libre de estar en cualquier parte y en el momento que quieras,
y en la forma que elijas.
Y tu cuerpo responderá, en un perfecto acuerdo,
a cualquier cosa que desees.

Vigila siempre tus pensamientos, con agilidad,
hasta que veas en cada experiencia
qué es lo que el cuerpo parece brindarte,
con la comprensión de que eso no podría suceder
a menos que tú, Espíritu, Hijo de Dios,
te hayas primero dignado a que ello sea así,
y hayas ordenado al universo que obedezca.

Si tan solo supieras el poder que tienes como Hijo de Dios…
Arriba dije: “ordenado al universo” que eso sea así.
Y eso es exactamente lo que quise decir.
Tú, como Espíritu,
como el Hijo de Dios,
tú, como cocreador de Todo Lo Que Es,
solo necesitas pensar, en el nivel de tu Ser Real,
y ese pensamiento se convierte en una orden para todo el universo.

Y el universo no es que se vea forzado a obedecer.
Más bien el universo se regocija.
Pues el universo es Tú, en verdad,
es Tú, en tu Unicidad.
Es parte de ti, y es Uno contigo.
Y siempre, cualquier cosa que tu verdadero Ser piense,
es celebrada y honrada instantáneamente,
a través de toda la Creación.

¡Ah!, pero el cuerpo…
Es tan frágil y parece tan débil…
parece estar tan acosado por una miríada de influencias externas
que, a capricho, podrían cambiar lo que él quisiera experimentar.
El sol sale… te sientes limitado a entrar en calor.
Y quizá demasiado.
Si cae nieve, te sientes limitado a sentir frío,
y quizá también demasiado.
Si el viento sopla, te sientes limitado a sentirlo.
Tú te imaginas a tus hermanos en cuerpos que son ilusiones,
unas ilusiones tan grandes como la ilusión que tienes de ti mismo…
y crees que sus cuerpos pueden dañarte,
que pueden tener un efecto en lo que tu cuerpo hace,
o sobre adónde podría ir.
Y, te lo aseguro,
nada de eso
es así.

Tu cuerpo actúa, siempre, tal y como le indiques.
En la gran Unicidad de toda la Creación,
el viento no puede soplar sin que este hecho sea Tú.
El sol no puede brillar sin que sea Tú.
La nieve no puede caer sin que esto sea Tú.
Y ningún hermano puede parecer que tiene una influencia sobre tu vida
a menos que sea Tú, y que ese hermano esté celebrando contigo
el pensamiento que ha consistido en tu orden para toda la Creación.

Entonces, ¿qué pasa con el cuerpo?
Estás, en realidad, aquí, en este mundo,
aunque sea en tu imaginación.
Quizás creas deber suicidarte, y dejar este mundo;
pero eso no es necesario.
Quizá fuera una tontería.
Pues lo normal es que tus suicidios sean realizados
sin una intención y un discernimiento plenos.
Esas cosas que haces impulsado por el dolor y el miedo
son simplemente eso, creaciones de dolor y de miedo.
Y, en verdad, cosecharás ese dolor y ese miedo.
Pues tal es el poder de lo que tú eres.

Así, ciertamente, parecéis estar aquí,
en esta tierra física, en este cuerpo físico,
todos vosotros.
Entonces, ¿qué harás con este cuerpo,
este sueño falso, esta gran ilusión,
que parece limitar tus días y noches,
y brindarte frustración y dolor?
Te recomiendo dos cosas.
Y cuando yo las recomiendo,
siempre comprende que tú eres el Hijo de Dios,
que eres totalmente libre,
y que no te estoy diciendo
que DEBAS hacer esto.
Siempre te digo que eres libre.

Eres libre para vivir aquí
con miedo al sol, al viento, a la nieve,
con miedo a que otros cuerpos dañen el tuyo,
con miedo a la enfermedad y a la muerte.
Eres libre de vivir con todos esos miedos.
Sin embargo, no es necesario.
Pero si tú, en su lugar,
eligieras la paz, la alegría y el amor
de los que tanto he hablado,
¿qué pasa entonces con el cuerpo?

Primero, como te acabo de decir hoy,
recuerda siempre que el cuerpo no es en realidad
nada más que una expresión de eso
que has creado con tus pensamientos, a partir de tu Mente,
a partir de tu Unicidad creativa en tanto que el Hijo de Dios.
Ahora, dado que tú ERES el Hijo de Dios,
y NO un cuerpo, sino libre…
¿cómo entonces, caminarás por esta tierra,
aparentemente EN tu cuerpo?
Te he dicho que el cuerpo, si es considerado y usado apropiadamente,
es solo un medio de comunicación.
Cuando digo “apropiadamente”
no quiero decir que haya bien y mal, correcto e incorrecto.
Simplemente quiero decir
que si quieres escapar de la miseria de esta tierra
y encontrar la paz,
entonces, lo “apropiado” será esto.

El cuerpo no es nada más que un medio de comunicación.
En primer lugar, él te comunica a ti, en este sueño,
aquello que hayas pensado en el sueño.
Siempre puedes examinar lo que el cuerpo hace o parece hacer,
lo que el cuerpo parece ver, lo que el cuerpo parece sentir,
y él confiablemente te dirá, te comunicará a ti,
aquello que hayas pensado.
Si tu cuerpo sufre dolor y está enfermo,
reconoce que, en tu pensamiento, has imaginado estar enfermo.
Si tu cuerpo sufre de desgracias,
reconoce que has imaginado y deseado
que las desgracias caigan sobre ti.
Si experimentas paz y alegría,
reconoce que has pensado e imaginado
la paz y la alegría.
Entonces, el cuerpo te comunica, a cada segundo,
lo que en ese instante has pensado, deseado,
y creado en tu imaginación
—en una retroalimentación constante, inmediata,
con lo que está pasando adentro.
Así que simplemente reconoce, discierne eso,
y nunca te olvides de que lo real
es lo que esta pasando adentro,
y no la apariencia externa.

En segundo lugar, tu cuerpo, cuando es usado de forma apropiada,
es un medio de comunicación
entre tú mismo y tus hermanos.
Pues has fabricado tus palabras y tus pensamientos.
Y siempre cada hermano conoce cada pensamiento que tú piensas,
y viceversa.
Y, a medida que sepas que dentro de este sueño
tus pensamientos se extienden a todos tus hermanos,
que tus palabras comunican con tus hermanos,
que tu cuerpo representa eso que ha sido creado
dentro de tu propio pensamiento,
entonces, en esa medida, puedes comunicarte con tus hermanos.

Cuando te permitas a ti mismo soltar tanto
como para decir “no sé,”
entonces, el Espíritu Santo,
que será una silenciosa voz, una vocecita dentro de ti,
usará tu cuerpo para la comunicación.
Tus pensamientos, tus acciones, tus palabras,
siempre comunicarán unicidad, cooperación y armonía.
Tu hermano verá una mano extendida que lo ayuda,
alguien que camina a su lado en igualdad y en unicidad
—no alguien a quien poder seguir, ni alguien a quien conducir,
sino alguien con quien compartir, igual y libremente.
Tu hermano lo verá en ti
y tú también lo verás en él.

Del mismo modo, el viento, la lluvia y el sol
sentirán la misma unicidad.
Y tú sentirás dentro de tu ser
una unicidad con todo este mundo,
con su hierba y sus flores,
con sus nubes y su cielo,
y toda su belleza.
Y tú, al experimentar esa belleza,
comunicarás esa misma belleza hacia ti mismo
y hacia todos tus hermanos,
que realmente son ya tu Ser, Tú Mismo.

Entonces, reconoce que tu cuerpo es solo
el mensajero de lo que está adentro.
Cuando hagas una pausa y estés en calma,
la voz de Dios hará primero eco dentro de tu ser,
y luego crecerá hasta que hable claramente.
Y esa Voz será comunicada por ti,
sin ningún esfuerzo o lucha de ningún tipo, a toda la Creación.
Ciertamente, tu CUERPO PARECERÁ estar haciendo eso.
Y en cuanto al propósito de vivir en este mundo,
en esta ilusión, en este sueño…
ese es el sueño que te liberará.

El perdón, en relación a tu cuerpo,
es darse cuenta de que él no es real,
de que lo que sucede con el cuerpo no tiene efectos en lo que tú eres,
de que tu cuerpo no hace nada más
que expresar y comunicar lo que está adentro.

Cuando eso que está adentro
se convierta en el reconocimiento del amor y de la unicidad,
entonces eso será lo que comuniques a todos tus hermanos,
y eso mismo lo experimentarás de vuelta.
Luego, esa paz, alegría y armonía te seguirán
durante todos los días de tu vida.
Y tú, como dijo un salmista hace muchos, muchos años,
morarás por siempre en la Casa del Señor.

Bendiciones para todos. Eso es todo.

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