Percepción verdadera. Haskell en comunión con Jeshua. «Viaje más allá de las palabras». Un Curso de milagros RELOADED   Leave a comment

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[Podéis mirar en la página de índices de este autor para encontrar los enlaces a estos textos traducidos, etc. —con por ejemplo la traducción completa de lo que estamos retocando aquí con ayuda del texto en inglés, etc.

Sobre el uso del castellano en las traducciones y el modo de traducir o de revisar las traducciones, ver las notas en esta entrada que progresivamente iré completando.

Esta transmisión maravillosa aparenta haber sido dada claramente por la misma voz que dictó Un curso de milagros (UCDM), y que habló por la personalidad de Jesús.

La siguiente parte de este texto sirve como acompañamiento —más o menos— para las lecciones 260 a 266 del libro de ejercicios de Un Curso de milagros (UCDM) (según las indicaciones del propio Haskell en su texto publicado).]

Percepción verdadera [lecciones 260 a 266]

Saludos de nuevo. Soy Jeshua. Hoy vengo
a seguir contigo mi comentario sobre
Un curso de milagros.

Últimamente te he hablado de cosas
que al final no existen, y no son reales.
He estado hablando de tu cuerpo.
Y verdaderamente es así, tu cuerpo no es lo que tú eres.
Y como este no tiene nada que ver
con lo que eres como el Hijo de Dios,
no existe.
Te he hablado del pecado y de la culpa,
los cuales ni siquiera existen en la Mente de Dios,
y no son reales.
Te he hablado del miedo, el cual,
aparte de en tu imaginación, no existe.
Te he hablado estas semanas pasadas
de cosas que NO EXISTEN.

Hoy te hablaré de algo que ES, que EXISTE.
De hecho, durante el resto de nuestras conversaciones
en este año que estamos compartiendo,
te hablaré ya casi solamente de cosas que sí existen,
de cosas que SON del Reino de Dios.

No te olvides, sin embargo, de que este mundo no es real.
Este mundo, por sí mismo, no existe.
Este mundo por sí mismo no tiene valor, en absoluto.
Y por consiguiente, en tanto que experimentes tu vida
dentro del contexto de este mundo,
no serás totalmente libre.

Por esto es por lo que he hablado tanto sobre la percepción,
y sobre la percepción verdadera.
La percepción es eso que pareces ver,
y que está basada en los valores
que tú le has adscrito a este mundo.
En la medida en que tu percepción esté basada en tu valorar,
no es verdadera,
y lo que crees que ves
no existe.

En este mundo sí existe la percepción verdadera.
La percepción verdadera, escúchame bien,
no existe en el Reino de Dios.
Pues la percepción en sí no es necesaria.
Sin el cuerpo, y sin toda la ilusión que engendra,
solo hay conocimiento,
completo, instantáneo, pleno,
sin nada que se deje atrás, sin nada excluido,
y sin nada que se pueda necesitar o querer en ningún sentido.

En la medida en que, como ahora, tu discernimiento acerca de la vida
esté siendo experimentado dentro de este mundo,
lo mejor que puedes tener es la percepción verdadera.
No te desalientes.
Con eso es suficiente.
Tu percepción verdadera te guiará
a medida que camines por este mundo,
por ilusorio que sea,
con paz, alegría y libertad.
Y cuando elijas elevar tus pies,
convertirlos en alas, y salir de este mundo,
tu percepción verdadera se convertirá en conocimiento,
y tú serás, al fin,
completamente libre.

Entonces, al hablar acerca de las cosas que SÍ existen,
te hablaré de la percepción verdadera
en tanto que siendo una representación de la realidad.
Mantén en tu mente que, en la plenitud de la verdad,
ella tampoco existe.
Pero te hablaré de la percepción verdadera como algo que EXISTE,
pues roza con la realidad de lo que tú eres,
y no distorsionará, no te apartará del
discernimiento de tu verdadero Ser Uno,
y del Reino de Dios.

La percepción verdadera de la que hablo te conduce a la visión.
Y la visión, que es la visión de Cristo,
que también es tu visión como el Hijo de Dios…
la visión, EXISTE.
Puedes confiar en esa visión, la puedes honrar,
pues verdaderamente te llevará por el camino de la libertad.

¿Qué es esta percepción verdadera de la que hablo?
¿Cuál es esa visión?
Ambas radican en tu discernimiento
de lo que tú en verdad eres.

Te he dicho, durante todas estas semanas,
lo que tú NO eres.
No eres un cuerpo.
No eres la criatura del pecado.
No eres la criatura de la culpa.
No eres la criatura de este mundo.
No estás atado, ni limitado.
No eres una criatura del miedo.
No eres una criatura de la duda.
No eres una criatura de la enfermedad.
Y, sobre todo, no eres una criatura de la muerte.
De todo esto te he venido hablando todas estas semanas.

También te he hablado de lo que tú ERES.
Eres la criatura de la libertad.
Eres la criatura de la paz,
Eres la criatura de la alegría, absoluta alegría.
Eres la criatura de la luz,
Eres la criatura de la danza,
de la danza de la Vida y del universo.
Eres la criatura de la poesía.
Eres la criatura de la música.
Eres la criatura de toda esta tierra,
Eres la criatura de las hojas.
Eres la criatura de la hierba.
Eres la criatura del viento.
Eres la criatura de los pájaros y del cielo.
Eres la criatura de tu hermano.
Y sobre todo eres la criatura de tu Ser Uno.

Y todo lo que necesitas hacer para poder reconocerte
como criatura, como hijo de todo lo que te acabo de decir,
es no valorar nada en este mundo.
Tu visión, tu percepción verdadera, siempre radica,
y siempre crece a partir de tu discernimiento de que nada aquí tiene valor.
No necesitas nada aquí.
No te debes apegar a nada aquí.
Pues al hacer eso, creas tu miedo.

En ausencia de tus valores, como ya te he dicho,
sabes que cualquier instante, dentro del tiempo o fuera,
o cualquier lugar, dentro del espacio o fuera,
o cualquier cosa, absolutamente CUALQUIER cosa
que tú DESEES experimentar,
la PUEDES experimentar en absoluta libertad.
Y el universo completo se apresurará a celebrar contigo
lo que sea que hayas imaginado.

Nada de esto sin embargo debe ser valorado.
No debe ser temida la pérdida de NADA, de CUALQUIER cosa.
Pues en cualquier instante, en un abrir y cerrar de ojos en tu imaginación,
es tuyo de nuevo, una y otra vez,
y tan a menudo como lo desees.

Y así es como en tu visión
comienzas a reconocer que, en cualquier cosa que ves,
te ves a Ti Mismo, a tu Ser, a tu Yo.
Siempre, cuando miras tu mundo con la visión,
sabes que, en verdad, estás mirando dentro de ti mismo.
Todo lo que puedas ver, y que parezca estar afuera,
es una representación de lo que has elegido adentro.
Tu visión, tu percepción verdadera, comienza con esto.
Siempre, siempre, siempre,
busca esto con diligencia y alegría.
SIEMPRE te contemplas a Ti Mismo.

Segundo, tu percepción verdadera, tu visión,
proviene de tu discernimiento de que eres Espíritu.
Eres completamente libre.
Eres el Hijo de Dios, co-creador de Todo Lo Que Es.
Todo eso que te dije que tú NO eres,
en verdad, NO LO ERES.
Y todo eso que NO ERES, no lo puedes VER.
Entonces, cuando pareces mirar hacia fuera y percibir tu mundo,
ello será percepción verdadera siempre que,
en el momento en que aún percibas,
seas interiormente consciente
de que lo que en realidad estás viendo es el rostro de Dios,
y que, al final, te estás viendo solamente a Ti Mismo, a tu Ser.

Y todo lo que hayas podido jamás ver,
al mirar hacia fuera y reconociendo que solamente estás mirando adentro,
es el poder que el Hijo de Dios tiene
para imaginarse lo que sea que haya elegido,
momento a momento, para siempre,
hasta el pasar y el final del tiempo.
Reconoce que siempre estás viendo la libertad,
el gozo y la paz en acción.
Cuando mires aparentemente hacia fuera, pero siendo interiormente consciente
de tu libertad, tu paz y tu gozo,
al liberarte de los valores y del miedo…
tu percepción será verdadera.
Y tu visión se convertirá en la Visión de Cristo.

¿Y qué pasa entonces cuando ves, en este mundo que crees que ves,
con su miseria y su miedo…
cuando ves todo eso que llamas “crimen”, “enfermedad” y “muerte”,
y “asesinato” y “tragedia”?
Cuando contemples eso y lo veas con tus ojos físicos,
recuerda que esto no tiene valor,
y que estás verdaderamente contemplándote a ti mismo.
Date cuenta de que, al mirar a tu mundo,
lo que estás viendo no es en verdad nada diferente de
un drama representado sobre una pantalla imaginaria,
justo como las películas de cine que miras para entretenerte.

Cuando te sientas en el cine,
lo disfrutas, tienes sentimientos,
eres consciente de todo, lo experimentas,
mientras que a la vez todo el rato sabes que no es más
que una gran ilusión,
de la cual estás eligiendo formar parte
durante esos breves instantes.

En tu percepción verdadera, en tu visión,
verás todo eso que parece ser tu mundo
como solamente un sueño,
siendo representado por criaturas que han sido creados libres por Dios,
pero en un sueño sin mayor consecuencia ni mayor valor
que las figuras que se mueven danzando por la pantalla
que tú también crees que ves.
Verdaderamente, al mirar una de tus películas,
reconoces plenamente en tu mente
que los actores están representando sus papeles.
Sabes que la realidad de lo que ellos son
no tiene nada que ver con los papeles que ellos están desempeñando.

Así es con el mundo que crees que ves con tus ojos.
Ves niños en un sueño, desempeñando roles.
Y en tu visión, en tu percepción verdadera,
te darás cuenta de que los papeles que estos actores están representando,
no tienen en absoluto nada que ver con los seres reales
que están eligiendo en ese momento
representar sus sueños.

En realidad, tu disposición a observar los sueños de esta tierra
es también tu disposición a ser uno de los actores en esta ilusión,
en esta película que llamas “vida”.
Y la liberación de tu valorar te permite entender, aun dentro de ti mismo,
que tu papel, por mucha intensidad y cuidado que haya que poner en él,
no tiene nada que ver con lo que tú eres.

Entonces, cuando mires sin valorar,
reconoce que todo esto no es más que un sueño,
una gran creación del Hijo de Dios,
excelentemente hecha, aunque representada en la pantalla imaginaria que llamas mundo.
Todos los actores que están interpretando sus papeles se encuentran completamente a salvo.
Y cuando el sueño termina,
se quitan sus máscaras y,
con una sonrisilla,
se relajan volviendo a lo que ellos realmente son.

En tu visión, en tu percepción verdadera,
siempre verás al Hijo de Dios
representando sus papeles imaginarios,
con gran intensidad y gran alegría,
aun cuando muchos en tu mundo podrían llamarlo “tragedia”.
Tú verás la belleza, el magistral
poder creativo de lo que tú eres,
en tu Unicidad,
como Hijo de Dios.

Verás el cielo, los árboles, los pájaros y la hierba.
Sentirás el viento.
Verás a tus hermanos
interpretando sus papeles con toda su gran pasión.
Y tú, en tu percepción verdadera,
sabrás que estás contemplando,
libremente y sin valorar,
el producto de tu propio poder creativo.

Y en una brizna de hierba,
creada por ti, el Hijo de Dios,
en toda su complejidad,
en todos sus ciclos de crecimiento y muerte,
nutriéndose a sí misma con la luz del sol y con el agua,
anclándose a sí misma a la tierra,
en esa hoja de hierba, VERÁS
la auténtica belleza y maravilla de lo que tú eres.

Hermanos míos, escuchadme bien.
Este mundo es un sueño.
En ausencia de tu valorar,
eres libre de verlo como un sueño.
Y luego, verás más allá de los papeles que están siendo interpretados,
para ver a los actores mismos,
hasta ver, a cada uno de ellos, como una parte de ti,
como parte de los demás, y como parte de Dios.
Verás todo ello como Uno con Dios y con toda la Creación.
Mirarás más allá de los papeles,
más allá del sueño y de su contenido,
hacia el discernimiento de la belleza creativa
que es lo que tú eres.

Y, al contemplar una simple flor,
o un pájaro volando por el cielo,
tú… cuando primero aprendas a VER verdaderamente,
desearás caer sobre tus rodillas, admirado con un reverencial asombro
ante lo que haya podido crear tal belleza.
Luego vendrán tu paz y tu libertad
al darte cuenta, dentro de tu ser, más allá de tus pensamientos,
de que la reverencia, la admiración que sientes en ese momento,
se le debe simplemente a tu propio Ser,
pues tú eres Uno con Dios
y con toda la Vida.

Bendiciones para todos. Eso es todo.

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