El Cristo. Haskell en comunión con Jeshua. «Viaje más allá de las palabras». Un Curso de milagros RELOADED   Leave a comment

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[Podéis mirar en la página de índices de este autor para encontrar los enlaces a estos textos traducidos, etc. —con por ejemplo la traducción completa de lo que estamos retocando aquí con ayuda del texto en inglés, etc.

Esta transmisión maravillosa aparenta haber sido dada claramente por la misma voz que dictó Un curso de milagros (UCDM), y que habló por la personalidad de Jesús.

El siguiente capítulo sirve como acompañamiento —más o menos— para las lecciones 267 a 273 del libro de ejercicios de Un Curso de milagros (UCDM), según las indicaciones del propio Haskell en su texto publicado.]

El Cristo [lecciones 267 a 273]
Saludos de nuevo. Soy Jeshua. Hoy he venido
a seguir contigo mi comentario sobre
Un curso de milagros.

Como te dije la última vez, durante el resto del año que nos queda juntos,
seguiremos hablando principalmente de cosas que SON.
Cuando digo “que SON”
quiero decir cosas que en realidad EXISTEN,
en el mundo real,
en verdad.

Como te dije, este mundo no es verdadero.
Pero hoy te hablaré de cosas que sí son verdad.
La cuestión en tu libro de ejercicios es…
¿Qué es el Cristo?
Y, ciertamente, el Cristo ES.
El Cristo es real.
El Cristo existe, y se encuentra en la verdad.
De Cristo hablaré contigo hoy.

La respuesta a la pregunta
“¿Qué es el Cristo?”
es extremadamente simple.
El Cristo es tú.
Eso es todo.
Nada más.
El Cristo es la realidad de lo que tú eres como el Hijo de Dios.
Liberado de este mundo, liberado de las ilusiones,
libre de tus valores, libre de todos los pensamientos de pecado y culpa,
libre de todos los miedos,
brillando, dando luz y viviendo sin tiempo,
en inocencia, en gozo y en paz.
Eso es el Cristo.
Y eso eres tú.
Dios te ha creado de esa manera.
Y lo que Dios crea no puede ser cambiado.

Eres libre de entretenerte con todas tus fantasías.
Pero ellas no cambian la realidad de lo que tú eres,
que es el Hijo de Dios.

Entonces, el Cristo es, en verdad, Tú.
¿Debo hablar más de lo que tú eres?
Ciertamente que sí.
Ante todo, el Cristo, como Espíritu,
es el Hijo de Dios,
la creación de Dios.
Y Dios creó a su Hijo en perfecta inocencia infantil.
Ahora, escúchame bien.
Eso nunca ha cambiado,
es así en este momento,
y nunca puede cambiar:
infantil inocencia.
Verdaderamente, cuando dos mil años atrás dije
que debes convertirte en un niñito
para poder entrar en el Reino de los Cielos,
de eso es de lo que hablaba.

En tu inocencia, no tienes consideraciones sobre los momentos del pasado.
Como el Cristo, los momentos del pasado no existen.
No tienes miedo.
No anticipas,
ni siquiera haces lo que podrías llamar una gozosa
anticipación del futuro.
La inocencia infantil solo conoce este momento.
Y este momento es un momento de gozo.
Pues para un niño así de amado, de protegido, y así de a salvo
como lo está el Hijo de Dios,
¿puede este momento ser de otra manera
que un momento de gozo?
En realidad, en tu realidad, no puede ser de otra manera.

Como te dije en el Texto,
si te ves alguna vez a ti mismo experimentando
otra cosa que no sea un gozo total,
reconoce que esto no necesita ser así.
Reconoce que hay algo en tu imaginación,
y al final, en tu valorar,
que se ha torcido.
Pues el Cristo no sabe de pasado,
y no puede sentir culpa debido a eso.
El Cristo no sabe de futuro
y no puede entender el miedo a todas esas cosas
que podrían pasarte.
El Cristo, y eso ERES tú,
solo conoce este momento.
Y en este momento, ese niño inocente que es el Cristo,
sabe que es absolutamente amado, que está absolutamente a salvo, y que es absolutamente libre, y que está tan protegido por su Padre
que no puede haber NADA que temer.

Tómate un momento ahora y mira hacia adentro.
Cuando ahora mismo te hablaba de ese niño,
sobre cuán amado, cuán a salvo, cuán protegido estaba él o ella…
¿no sentiste por un momento
un cierto anhelo dentro de ti?
Todos vosotros, quienes camináis por esta tierra
en vuestro sueño de separación y distanciamiento,
anheláis ser amados y cuidados así.
Y el propósito de Un curso de milagros,
el propósito de estas palabras,
el propósito de todas las demás fuentes
que tratan de cumplir el mismo objetivo,
es llevarte al punto en que,
dentro de tu ser, más allá de las palabras, más allá del pensamiento,
reconoces que ERES, siempre,
así de amado, estás así de protegido y a salvo.

Como el Cristo, como el niño de Dios,
tienes un Padre, quien literalmente
está ansioso por poder concederte cada deseo,
SIN EXCEPCIONES.
Aquellos que han sido padres en esta tierra,
o quienes anticipan serlo,
han pensado sobre la experiencia de cuidar a un hijo.
Y tú has previsto, o preverías,
que vas a darle a ese niño todas las bendiciones posibles,
y, sin embargo, CON EXCEPCIONES.
Y luego tomas decisiones sobre qué va a ser lo mejor para tu hijo.
Y, desde el amor, verdaderamente,
limitas lo que tu hijo puede experimentar.
Mas ahora te aseguro,
que a ti, como el niño de Dios,
tu Padre no te ha puesto
NINGUNA LIMITACIÓN DE NINGUNA CLASE.

¡Ah! sí, si deseas llamar a esto limitación,
tú eres Espíritu, y ERES totalmente libre,
y sobre ello no tienes elección.
Pero, aun así, no tienes limitaciones.
Pues en verdad puedes, así como haces ahora,
imaginarte a ti mismo aislado, solo, inseguro,
limitado por tu cuerpo,
amenazado por todos lados.
Puedes imaginarte eso, y llevarlo a cabo
con toda la preocupación, la miseria y el miedo.
Y, según realizas el sueño,
puedes si lo deseas sentirte aterrorizado.
Eres libre de experimentar todo lo que desees,
aunque, si no es alegre,
no va a ser más que una fantasía tuya.

Así que, una vez más: como el niño de Dios,
eres libre de experimentar cada deseo.
Y Dios está ansioso y te impulsa
a experimentar cualquier cosa que puedas imaginar.
Ciertamente, esta estancia en tu tierra
es solo una de esas fantasías.
Dios te ha dado libertad para imaginarla con todo el gusto y la alegría
que puedas elegir.
Y te aseguro que llegará un tiempo
en que mirarás a tu miedo,
a tu soledad y a tu miseria,
y verás que detrás de todo ello en realidad había gozo, alegría.
Así que incluso eso que experimentas en esta tierra
es al final una fuente de gozo para ti,
pese a que esta verdad pueda parecer
muy difícil de aceptar en este momento.
Si no fuera por tu valorar y tu actitud,
reconocerías cada experiencia como gozosa.
De esto he hablado muchas veces.

Así que TÚ eres el Cristo.
Y cuando mires adentro, cuando mires a tu Yo,
verás el poder que te fue dado por Dios,
la inocencia dada a ti por Dios.
Verás la capacidad creativa, la carcajada,
la alegría y la paz.
Y entonces, te reconocerás a Ti Mismo
como el Hijo de Dios.
Te aseguro una vez más
que lo único que te impide
verte así a ti mismo, en este momento,
es tu valorar.

Como un niño, libre como el viento, si tan solo eligieras
contemplar tu experiencia aquí, en esta tierra,
como solamente eso, como experiencia…
como algo a ser experimentado con el solo propósito del disfrute,
y sin ninguna otra consecuencia,
como algo que no es para ser valorado, sino solo para disfrutar de ello,
entonces, te verías a Ti Mismo en una infantil inocencia.
Y verías dentro de Ti Mismo
la faz de Cristo.

Existe una manera que te hará más fácil ver el Cristo.
La manera más fácil para hacer eso,
para ver la inocencia infantil,
la pureza, el gozo…
la manera más fácil, te lo aseguro,
es ver eso mismo en tus hermanos.
Y esto es lo que tu perdón te brindará.
Cuando les concedas a tus hermanos
la libertad total de ser lo que ellos son,
de ser cualquier cosa que ellos imaginen,
con la certeza de que nada de lo que hagan
podrá jamás dañarte a ti de ninguna manera…
al concederles libertad en ese sentido,
entonces, TÚ serás libre.

Cuando los ves en lo que parece ser
su dolor, miedo y miseria,
y cuando tú, con la visión de Cristo,
mires más allá de eso hacia el Espíritu,
hacia el actor que está escenificando un papel por el puro disfrute de ello,
mientras que sabes que el guión de ese papel
no cambia su realidad de ninguna manera,
entonces, verdaderamente, CONTEMPLARÁS su libertad,
y la recibirás para ti mismo.

Así, cuando verdaderamente perdonas a tu hermano,
lo cual es amarlo por la realidad de lo que él es,
y no por el papel que actualmente está representando
en este mundo de sueños…
cuando lo ves en la luz y la paz,
y sabes que lo que está experimentando es solamente su elección,
entonces, sabrás lo mismo sobre ti.
Y al reconocer, más allá de tus palabras,
que todo en TU vida ES tu propia elección,
tu propia creación,
entonces, SERÁS tan libre como libre ves a tu hermano.

Y en el lado negativo,
si restringieras a tu hermano,
si pensaras en él como siendo un cuerpo,
si pensaras que es una víctima del miedo,
si creyeras que está enfermo,
si creyeras que puede morir,
entonces, ese sería tu deseo para ti mismo.
Y eso te parecerá que experimentas aquí,
mientras aún permaneces en esta tierra.

Hermanos míos, yo os veo en la realidad, en la verdad.
No os veo como cuerpos.
Os veo como luz, como una energía que resplandece y centellea,
que brilla y brilla para siempre.
Soy consciente dentro de mi ser
de vuestra alegría, de vuestra paz, de vuestra risa
y vuestra inviolable libertad…
que no os pueden ser quitadas.
Os veo solamente así.
Y así, yo soy eso mismo.

Por tanto te insto,
desde el amor más grande,
a que contemples a tu hermano tal y como me contemplarías a mí.
Si puedes imaginarme perfecto, bueno, y libre,
entonces, cada hermano no es menos que yo,
y no es menos que tú.
Escúchame bien.
No soy más grande que tú.
No soy más grande que ningún hermano
que camine por esta tierra, o que haya caminado o que vaya a caminar por aquí jamás.
Pues somos UNO.

Tal y como yo me conozco, en la verdad,
te conozco a ti.
Y he venido aquí a comentar todo esto contigo,
en este y en los demás días,
para que puedas llegar a verte a ti mismo tal y como yo te veo a ti,
y para que puedas llegar a ver a todos tus hermanos tal y como yo los veo a ellos.

Así, cuando te busques a ti mismo, como dije la última vez,
contempla el cielo, los pájaros,
la grama, el viento,
los árboles y las flores,
como tu propia creación.
Sé agradecido Contigo Mismo, con tu Yo, con tu Ser.
Y, más aún,
cuando contemples a cada hermano,
pasa por alto las apariencias.
Mira hacia la libertad.
Mira el héroe del sueño.
Pues él ES el niño de Dios.
Y él ES libre.
El está lleno de alegría y risas.
Su condición es de paz absoluta,
para siempre jamás,
hasta que el tiempo deje de ser.

Cuando veas eso en tu hermano,
verás verdaderamente al Cristo, al niño de Dios.
Y entonces, sabrás que ciertamente
estás mirando al espejo de tu propio Ser.
Y toda esa paz,
y alegría,
y libertad,
serán tuyas.

Bendiciones para todos. Eso es todo.

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