La voz de Dios. Haskell en comunión con Jeshua. «Viaje más allá de las palabras». Un Curso de milagros RELOADED   1 comment

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[Podéis mirar en la página de índices de este autor para encontrar los enlaces a estos textos traducidos, etc. —con por ejemplo la traducción completa de lo que estamos retocando aquí con ayuda del texto en inglés, etc.

Esta transmisión maravillosa aparenta haber sido dada claramente por la misma voz que dictó Un curso de milagros (UCDM), y que habló por la personalidad de Jesús.

El siguiente capítulo sirve como acompañamiento —más o menos— para las lecciones 274 a 280 del libro de ejercicios de Un curso de milagros (UCDM), según las indicaciones del propio Haskell en su texto publicado.]

La voz de Dios [lecciones 274 a 280]

Saludos de nuevo. Soy Jeshua.
Vengo hoy a seguir contigo mi comentario sobre
Un curso de milagros.

La última vez hablé contigo del Cristo,
y te dije que el Cristo era, en realidad,
simplemente Tú.
Eso es exactamente así.
Pues Tú, en la realidad de lo que Tú eres como el Hijo de Dios,
eres completamente puro, completamente libre,
impecable, libre de culpa,
en verdad, incluso desconoces la culpa.
Y en ausencia de culpa, de limitaciones y de miedo,
solo hay paz, solo hay alegría.
En ese estado, eres el Cristo.

Hay una lección, con la cual puede que estés trabajando ahora,
y que dice,
“La sanadora Voz de Dios protege hoy todas las cosas” (L275).
Literalmente lo que sugiero en esa lección
es que el Espíritu adentro, el Espíritu Santo,
te guiará para que sepas exactamente a quién hablar, y cuándo,
qué decir, a dónde ir, qué hacer.
Hago que todo suene tan simple… ¿no es cierto?
Todo lo que tienes que hacer es estar atento al Espíritu Santo,
y todo te será dado.

Quizás pudiera parecerte una contradicción
si te digo
que sabrás a dónde ir, qué hacer,
y a quién hablarle y qué decir,
hasta la última palabra y la última sílaba,
y luego te digo que eres totalmente libre.
Esto podría parecerte, quizás, una contradicción,
mas no lo es.

Como el Cristo, como el tú real, como el Único Ser,
que EXISTE,
tú sabes siempre exactamente qué hacer,
qué ser, qué decir y adónde ir.
No te olvides de que, como te he dicho,
todo es Uno.
Yo soy tú.
Tú eres yo.
Yo soy cada hermano, a quien tú ves como separado.
Tú eres cada hermano.
La separación que crees que ves no es tal.
Todos nosotros somos Uno con Dios y con toda la Creación.
Y así es que el Cristo dentro de ti
está en total armonía con todo lo que es.

No hay nada que temer en toda la Creación.
No hay nada en toda la creación que te pueda dañar.
Pues no hay nada en toda la Creación que,
al final, no sea Tú.
Toda ella no es sino tu Ser, tu Yo.

Tu ilusión de no saber
qué pensar, qué hacer y adónde ir
es un producto de tu ilusión de la separación.
Antes hablamos de esto, y te dije que
solo había un problema, y una sola solución.
El problema fue SIEMPRE la separación,
o tu creencia en la separación, aunque esta sea falsa.
Y había una sola solución:
comprender que la separación no fue tal.

Puedes darte cuenta, incluso en tu pensamiento,
de que, si todo es verdaderamente Uno,
entonces no hay dudas acerca de qué decir.
Pues no te pones a prever
si tus palabras o acciones van a ser aceptadas.
No hay pensamiento, cualquiera que sea, acerca de lo que tú DEBERÍAS hacer,
y que se base en el pasado, o en normas y leyes
que hayas creado para decirte qué hacer y cómo hacerlo.
Nada de eso existe.
Solo hay la experiencia de este momento.

Y “este momento” es el Instante Santo,
del cual te he hablado tan a menudo.
En ese Instante Santo, cuando tú simplemente EXPERIMENTAS,
libre de tus miedos al futuro,
liberado de cualquier cosa del pasado que te gobierne
o que te limite, que te restrinja,
o que te guíe hacia lo que “deberías” hacer o ser…
siempre hay una espontaneidad
que fluye de manera simple a partir de lo que tú eres.
Esa espontaneidad es la esencia
de la libertad del Hijo de Dios.
Pues en ese instante, en ese momento,
libre de pasado, liberado de futuro,
siempre te llega un impulso,
un discernimiento de lo que sea que quisieras experimentar.

Y, como el Hijo de Dios, como el Cristo,
ese discernimiento, ese impulso,
a ese nivel, en el Instante Santo,
libre de pasado y del futuro…
ese impulso no es nada más
que el poder creativo que tienes
como el Hijo de Dios.
Y toda la Creación lo comparte contigo.

Es tan difícil, para aquellos en esta tierra,
imaginarse dejando que cada momento fluya en sí mismo y a partir de sí mismo,
libre de cualquier conexión con los momentos
que han llegado antes, en tu pasado imaginario…
Es tan difícil dejar que cada momento fluya
sabiendo que ese momento no afectará
a lo que llamas “futuro”.
Pues no hay nada en este momento que pueda restringirte,
o que de ninguna manera pueda apartarte de experimentar cualquier cosa que tú quieras
en lo que tú crees que es el siguiente momento,
tal y como tú piensas acerca de tu tiempo.

Así, lo que sucede, dicho en palabras,
es que tú eres simplemente consciente de lo que deseas experimentar,
y ello se hace.
Eso es todo.
Tan simple…
En tu pensamiento, en tu discernimiento,
cuando dejas ir el pasado y el futuro,
y los miedos y la culpa que les acompañan…
cuando vives en este momento, en el Instante Santo,
simplemente serás consciente de impulsos tranquilos.
En tu pensamiento, interpretarás eso
como que se te está diciendo lo que tienes que hacer.
A medida en que tu mente se aquiete
te parecerá que, de alguna manera, sabes qué hacer.
Realmente, si piensas sobre ello,
ese parece ser el caso.

Mas realmente de lo que te has hecho consciente
es solo del fluir de tu ser,
en armonía con toda la Creación.
Tu pensamiento quiere modificar eso para que parezca
que alguien o algo, separado de ti,
está diciéndote lo que tienes que hacer.
Eso no es así.
No es sino tu Ser, en tu propio conocimiento.

Para los propósitos de este curso,
esto a menudo lo describo como el Espíritu Santo.
Pues eso te ayuda a sentir
que hay un ser presente para guiarte.
Y verdaderamente lo hay.
Sin embargo, nunca pierdas de vista el hecho de que
ese ser, el Espíritu Santo,
es, de hecho, el Cristo,
y no es nada más que tú.
Aunque, cuando digo “tú”,
no se trata del tú que se considera a sí mismo separado
del resto de la Creación.
Porque el Cristo no sabe de separación de nada
—ni sabes tú, en tu realidad, como el Hijo de Dios.

Entonces, al caminar por esta tierra,
es perfectamente posible SABER qué hacer
y qué decir.
Y en realidad, NO estás siendo guiado o dirigido
por cierto ser exterior a ti mismo.
Estás solo siendo tu Ser,
el niño juguetón de Dios del cual hablamos antes.
Y, cuando vivas dentro de cada Instante Santo,
ese niño simplemente SERÁ.
Y el adulto en tu mente, el que observa al niño,
pensará que a este le están diciendo lo que tiene que hacer.

Y te basta con tener este discernimiento por un tiempo,
dentro de tu tiempo.
Pues cuando tú, el adulto, atrapado por tu pensamiento
dentro de tu cuerpo y de tu separación…
cuando tú veas a ese niño que danza a partir de tu ser,
y a partir de tu corazón…
tú, como adulto, muy pronto reconocerás dentro de ti
que quieres ser como ese niño.

Cuando SIENTAS eso,
con un gran deseo y con un gran poder dentro de ti,
entonces, te convertirás en él.
Y serás libre.

¿Qué es lo que te aparta, a ti, al adulto que piensa,
de poder convertirte en ese niño
que en realidad deseas ser?
La respuesta por supuesto que ya la sabes,
pues he hablado de ello durante muchas semanas.
Lo que te aparta de esa infantilidad,
lo que te atrapa en la adultez, en tu pensamiento,
es, por supuesto,
el hecho de que valoras…
son tus valores.
Pues los valores son quienes determinan para ti
lo que tú crees que eres.
Y son los valores los que hacen que el tiempo parezca ser real.
Y, con el tiempo, puedes temerle al futuro.
Con el tiempo, puedes creer que, de cierta manera,
el pasado afecta a este momento.
Y así, creas todos los “debes” en tu vida.

¿Acaso no está claro, ahora, en este momento,
que sin tus valores,
sin todos los pensamientos que parecen decirte
qué puedes o qué no puedes hacer…
no habría esfuerzo ni lucha?
Tú simplemente SERÍAS el niño.
Y serías libre.

Así, te he dicho,
que la palabra de Dios se te ha dado para que la compartas (L276).

Cuando PIENSES acerca de esto, tal y como estás acostumbrado a hacer,
en cada momento en que exista ese silencioso impulso dentro de ti…
ese deseo de ser, de experimentar, de hacer o de decir…
pero que tú no sigues, debido a tu miedo…
detente por un momento,
y mira a ver a qué le estás temiendo.
Siempre estás temiendo alguna respuesta
que crees que llegará por parte de esos seres
que tú crees que están separados de ti mismo.
Pero recuerda, no lo están.
Siempre estás trayendo algo
desde eso que llamas “pasado”, y que dice,
“no, no debes hacer, o no debes decir eso”,
y eso también supone una anticipación del futuro,
pues el mensaje que se esconde ahí es que,
si actúas de esa manera, la respuesta y la consecuencia serán así o asá.

Entonces, debe quedar claro para ti
que siempre que escuches en silencio la vocecita adentro,
se trata solo del niño dentro de ti,
urgiéndote a jugar con él o ella.
Siempre que escuches esa tranquila vocecita, tu niñito,
y no honres su petición,
detente y mira adentro por un momento.
Y allí verás
la cerca alrededor de tu alma,
construida por tus valores.
Entonces, dite a ti mismo,
¿es esto lo que me dan mis valores?
Y en verdad, ese es el regalo que ellos te dan.
Entonces, di para ti mismo,
¿es este el mundo que quiero?
¿Es esto lo que querría elegir?
O más bien seré libre como un niño,
sin miedo, sin pensamientos acerca de consecuencias,
sin culpa, sin pasado, sin futuro—
solo cada momento, cada Instante Santo,
brillando en paz, amor y armonía,
hasta el próximo, y hasta el próximo,
y hasta el próximo—
hasta que ya no haya tiempo en absoluto.
Hasta que solo haya libertad.

Así, por ahora, te pido
que no sientas culpa por tu creencia en la separación.
Por ella es por lo que has venido.
Pero escucha adentro:
allí siempre está la silenciosa Vocecita
que a menudo llamo Espíritu Santo,
tal y como lo continuaré haciendo,
aunque realmente se trate de tu Ser.
Es el Cristo.
Es la Unicidad.
Es el canto de toda la Creación,
haciendo todo lo posible por brotar de dentro de tu ser,
para darte alegría.

No te sientas culpable por cada momento
en que no honres la Voz.
Pero, en tu tiempo, en el cual crees que hacer eso requiere esfuerzo
y lucha, y sí, también tiempo…
haz todo lo que puedas para poderla escuchar.
Estáte ALERTA, aun si todavía no tienes el coraje
para reaccionar a la Voz de Dios.
Simplemente escúchala.
Entonces, mira con diligencia
a la cerca que te aparta de ser el niño
y de expresar tu alegría.
Observa en cada momento a ver de qué valor se trata.
Esto te ayudará enormemente, en tu pensamiento.
Te darás cuenta de que los valores no se lo merecen,
y que son, de hecho,
esas prisiones que te he dicho que son.

Al final, tú eres libre.
Eres el niño.
Y los niños siempre JUGARÁN a cada instante.
Tus fantasías conseguirán que parezca como si
hubiera restricciones dentro de esos instantes.
Pero, como siempre, son solo tus fantasías.
Entonces, siéntete libre de imaginarte que no eres libre,
en tanto que ello te brinde gozo.

Tu derecho, tu herencia como el Hijo de Dios,
es poder imaginarte lo que quieras.
Y sea lo que sea que elijas imaginar,
ya sea alegría, o ya sea aprisionamiento,
ya sea amor o bien miedo…
cualquier cosa…
tú únicamente serás amado
por Dios,
por mí,
por toda la Creación.
Y ese amor está ahí siempre,
momento a momento, para siempre.
Nunca cambia, ni desaparece.
Y está a un solo pensamiento de distancia.
Pues estás absolutamente a salvo,
y eres tan tan amado…
como el Hijo de Dios…

Bendiciones para todos. Eso es todo.

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  1. …nuestro ansia por seguir valorando… por seguir definiendo… es decir, viendo con el pasado en la mente…

    …nuestras ansias, que no deseos…, en definitiva, por seguir siendo “yo”…, por mantener el yoyó… el pequeño yo…
    …mantenido con tanto esfuerzo al salvaguardar nuestras definiciones…, clasificaciones…, valoraciones…,
    …y que no nos toquen nuestras graduaciones…, nuestras clasificaciones con infinitos grados :
    seres mejores (Jesús), seres peores (Hitler)…, enfermedades mejores o peores… (todas creadas por nosotros en Unidad!)……, placeres menores…, mayores…, utilidades mayores o menores…

    Eso para mantener la creencia en la separación… lo cual es perfectamente lícito… pues somos perfectamente libres……

    …eso hacemos, definir, valorar, clasificar… siempre muy “por nuestra cuenta”… en contra abrirnos a expresar simples PREFERENCIAS… las de ese niñito que somos hacia la Unidad… ese niñito que se deja ser atravesado transparentemente por ese constante amor… que nos tiene la fuente desde siempre… esa que nos hizo así, como sus creaciones de Luz… y que tiene un plan mejor a cada segundo:

    de perfecta felicidad… más allá de la felicidad… y más allá… siempre más…

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