Las relaciones y el Instante Santo. Haskell: «La otra voz». Un Curso de milagros RELOADED   1 comment

Ir a descargar

[Podéis mirar en la página de índices de este autor para encontrar los enlaces a estos textos traducidos, etc. —con por ejemplo la traducción completa de lo que estamos retocando aquí con ayuda del texto en inglés, etc.

Esta transmisión, maravillosa (muy clarificadora y directa), aparenta haber sido dada claramente por la misma voz que dictó Un curso de milagros (UCDM), y que habló desde la personalidad de Jesús.

La siguiente parte de este texto sirve como acompañamiento —más o menos— para esta parte del texto principal del curso de milagros: [T-15.V-VI] (según las indicaciones del propio Haskell en su texto publicado).]

Las relaciones y el Instante Santo [T-15.V-VI]

Saludos de nuevo, soy Jeshua.
He estado hablando contigo sobre el instante santo.
Porque el instante santo es ese lugar en el tiempo que trasciende el tiempo,
es el lugar en el cual tú puedes y debes
descubrir el significado y la experiencia del amor.

No es posible para ti aquí, en el espacio y el tiempo,
en este mundo de ilusión,
entender el amor, experimentar el Amor,
a no ser que lo experimentes en el instante santo.
Y te he dicho que ese instante es el punto en el tiempo
en el cual el pasado se va, y con él se va la culpa
y con ella la creencia en la separación.
Porque es el instante en el cual reconoces de nuevo
que causa y efecto se hacen uno solo.

La causa y el efecto nunca han estado separados.
Pues nada está separado en el mundo de Dios
y en el Reino del Cielo.
Ellos solo parecen estar separados aquí,
en tu falso mundo de espacio y tiempo.

Hoy hablo de las relaciones especiales y del instante santo.
Y te aseguro que en el instante santo
la relación especial no existe ni puede existir.
Las relaciones especiales son productos de la imaginación,
que requieren de una creencia en la realidad del espacio,
y sobre todo del tiempo.
Todos habéis formado relaciones especiales.
Y al formar tales relaciones,
invitas y vuelves a invitar a la culpa a tu vida.
Y al invitar a la culpa, destruyes tu paz,
y bloqueas tu discernimiento de la presencia del amor.

He hablado del ego tantas veces…
Y lo que te diré ahora es muy importante.
En ausencia de la relación especial,
el ego no existe ni puede existir.
Pues el ego es, en el espacio y el tiempo,
el conjunto de creencias que tienes
acerca de quién eres.
Y para reconocer, imaginar, quién eres,
buscas fuera de ti mismo alguna causa
que definirá tu ser para ti.
Y al hacer eso crees en la separación misma.

¿Te has preguntado alguna vez qué se requiere
para que uno mire fuera de uno mismo a fin de descubrir quién es?
Lo que se requiere es la creencia en que no estás entero,
que estás incompleto,
y que no eres Uno.
¿No eres Uno con qué?
Que no eres Uno con toda la vida, con tus hermanos
y sobre todo con Dios.
Así, si tú quisieras DEFINIR quién eres,
que es justo lo que el ego hace,
y que conlleva que parezca que puedas fabricarte a ti mismo…
si tú hicieras eso… debes creer primero
que no eres un todo, que estás incompleto.
Solo entonces PUEDES mirar hacia fuera de ti mismo.

Ah, pero, ¿qué HAY fuera de ti mismo?
La respuesta es que nada.
Es una verdad del universo
que nada existe fuera de tu Ser.
Pues tu Ser es Todo Lo Que Es,
así como Dios, con Quien tú eres Uno,
es también Todo Lo Que Es.
Y así, si quieres mirar fuera de ti mismo,
¿qué debes hacer, ya que no hay nada allí?
Debes proyectar eso que querrías elegir ver.
Y, entonces, en tu percepción lo ves, por supuesto.

Así, cuando miras a tu hermano,
no lo ves en absoluto.
Lo que tú ves es lo que has proyectado,
lo que has deseado que tu hermano sea PARA TI.
Y en la relación especial, lo que tú haces es escoger, literalmente,
un conglomerado de proyecciones,
eligiendo para ello una parte de una proyección, luego una parte de otra,
y otra y otra.
Y entonces con esas partes intentas
forjar una imagen
que parezca ser un todo completo.

Y así, seleccionas ASPECTOS de las relaciones,
pero que en realidad no son otra cosa que aspectos que tú ELIGES
de entre todo aquello que tú has proyectado
sobre las imágenes de muchos hermanos separados.
Eliges esos aspectos e intentas unirlos
para formar un todo, que entonces usas para definir lo que tú eres.
Y así, si un hermano parece cambiar,
debe significar que tú querrías cambiar.
Y así, te das cuenta, en un nivel profundo adentro,
de que no hay estabilidad en lo que tú eres,
de que tu propia existencia está en duda, en el espacio y el tiempo.
Y te das cuenta de que en un instante podría desaparecer,
ya que, en tu creencia en el ego, en el espacio y en el tiempo…
significa que tú morirías.
Y por tanto, tienes miedo.

Tú no puedes entablar una relación especial
sin que haya presencia de culpa en tu vida,
y, sobre todo, más que eso, sin la presencia del miedo.
Si quisieras escapar del miedo y la culpa,
¿cómo puedes conseguirlo en tanto que tienes una relación?
Cuando dejas ir todo aquello que le exigirías a tu hermano,
te ves a ti mismo capaz de entrar en el instante santo.
¿Y por qué esto es así?
Lo único que puedes exigirle a tu hermano, sin importar su forma imaginaria,
es que te pueda dar la imagen que tú DESEAS VER,
la imagen que a ti te refleje lo que tú eres,
lo cual preserva tu ego
—tu ego: esa imagen falsa de lo que tú eres,
de la cual he estado hablando.

Y si tú, en tu tiempo, puedes liberar a tu hermano
de la necesidad de que te dé
la imagen de lo que tú eres,
entonces, en verdad, lo dejas libre.
Lo dejas libre del pasado.
Pero, sobre todo, te liberas a ti mismo de TU pasado.
Porque es solo en el pasado, como te he dicho,
donde eres capaz de definirte a ti mismo
como un ser separado con necesidades separadas
que deseas satisfacer.
Y sin el pasado, tal definición no se hace presente,
y no puede ser.

Así, si quieres entrar en el instante santo, ¿qué haces?
Ofreces tus relaciones especiales al Espíritu Santo,
quien las mirará por ti bajo una luz diferente.
Porque tú, ego, miras a las relaciones diciendo, siempre,
“¿qué puedo tomar? ¿Qué puedo recibir?
¿Voy a tomar y a recibir eso que deseo?”.
Mas, si miraras las relaciones
desde el punto de vista del Espíritu Santo,
si entraras en el instante santo con Él,
de pronto te encontrarías diciendo,
“en la relación…, ¿qué puedo dar?”.

Y cuando te encuentres a ti mismo diciendo, “¿qué puedo dar?”,
sin preocuparte por lo que conseguirás,
te darás cuenta de que la única manera
en que puedes enfocarte totalmente en qué es lo que vas a dar,
es comprendiendo que tú ya estás, de entrada,
realmente completo y entero.
Y esa es, precisamente, en una sola frase,
la Visión que el Espíritu Santo tiene de lo que tú eres.
Y eso es, en una sola frase,
lo que el Espíritu Santo te quiere enseñar
—lo que te quiere enseñar sobre el Amor, sobre tu hermano,
sobre estos instantes santos de los que hablamos,
sobre la verdad y las leyes de Dios.

Entonces, si puedes entrar en el instante santo con el Espíritu Santo,
lo cual consigues realizar al soltar todas esas exigencias
que le haces a tu hermano,
y entendiendo que la única exigencia que puedes tener
es la de que él te proporcione
la imagen que tú deseas ver de quién tú eres.
Si soltaras eso y entraras en el instante santo,
descubrirías allí
el amor, la paz y la verdad,
la verdad de Dios.

Al descubrir esto en el instante santo,
al darte cuenta de la verdad de Dios,
¿qué es lo que te encontrarás?
Te encontrarás con una de las leyes de Dios,
de la cual hemos hablado antes
—la simple ley de que el Amor extiende.
En ninguna parte en la Mente de Dios, en ninguna parte de la verdad,
existe NINGUNA preocupación sobre, “¿qué conseguiré?”.
Lo cual quiere decir que en ninguna parte dentro de Dios
existe el sentido de carencia y separación.
Y así, cuando vayas a entrar en el instante santo,
eso sucederá en la verdad de Dios, en las leyes de Dios,
la primera de las cuales dice que el Amor simplemente se extiende a Sí Mismo para siempre.
Y te encontrarás a ti mismo diciendo “¿qué puedo dar?”.

Recuerda que te he dicho que los milagros no compiten entre sí,
y que un milagro no excluye
la existencia de otro.
Así ocurre con el Amor. Así ocurre con Dios,
y lo mismo con el Hijo de Dios.
Y te he recordado que, aun en tu discernimiento,
entiendes que las ideas no compiten.
Existen muchas ideas en tu discernimiento,
y ellas no compiten entre sí.
Y te das cuenta, en ese mismo sentido,
que cuando te abres al discernimiento de Dios,
cuando oras, por así decirlo,
no tienes la sensación de que nadie esté excluido
de la comunicación con Dios,
o de recibir respuestas.
Y te he dicho que eso es cierto porque
Dios, como tú, no es sino una idea.
Lo cual es lo mismo que decir que tú ERES mente, que eres DE la mente, y SOLO mente.
Lo cual conlleva también decir que tú eres Espíritu, no un cuerpo.

Así, en el instante santo, al explorar las relaciones,
entenderás que no ERES sino una idea.
Que eres solo mente ejerciendo su poder creativo.
Entonces, no hay competición entre las relaciones.
Y así, te vuelves consciente
de esta segunda ley de Dios:
tú eres Espíritu.
Eres mente.
Eres una idea en la mente de Dios.
Y todo eso es lo mismo.
Y cuando te des cuenta de esta verdad,
contemplarás las relaciones de forma diferente.
Verás cada relación como un todo completo y entero.
Comprenderás que ninguna relación, en ningún sentido,
compite con ninguna otra.
Lo que te hace creer
que las relaciones compiten entre sí
es solo tu insistencia en que eres un cuerpo
confinado al espacio y al tiempo.
Pero te aseguro que esto no es así.

Y descubrirás que eso no es así
cuando entres en el instante santo,
cuando dejes que te guíe el Espíritu Santo,
hacia la presencia del Amor Mismo.
Y así, reconocerás la verdad de Dios.
Si quisieras liberarte de las limitaciones de este mundo,
si te quisieras liberar del ego, de la culpa, y del miedo,
y por tanto de la ausencia de paz,
lo conseguirás abriendo tu discernimiento
a la presencia del Espíritu Santo,
quien te dirá, y tantas veces como necesites escucharlo,
que no eres un cuerpo, que eres Espíritu,
una idea en la Mente de Dios;
quien te dirá que no hay competición
en el mundo del Espíritu,
que todas las relaciones se combinan
en una hermosa y armoniosa Unicidad,
y que no hay aspectos que parezcan competir
y proporcionarte una PARTE de lo que tú eres.
Puesto que al contemplar cualquier relación
a través de los ojos del Espíritu Santo,
PUEDES descubrir toda la verdad acerca de lo que tú eres,
toda la verdad acerca de lo que es tu hermano,
y la verdad de Dios.

Y al descubrir esa verdad,
serás colmado del discernimiento
de que no hay nada que necesites,
que no hay nada que recibir que tú no tengas ya,
que no hay nada “afuera” que pueda en ningún sentido
convertirte en lo que tú eres
—o, más aún, que no hay nada “afuera”
que pueda en ningún sentido o de ninguna manera
cambiar la verdad de lo que tú eres.

Y así, te encontrarás más allá de la amenaza.
Entenderás esa invulnerabilidad
de la que hemos hablado tantas veces.
Y, en el discernimiento de que tú ERES
completo, entero e invulnerable,
constatarás, en ese instante, en el instante santo,
que no hay nada que recibir en absoluto,
y que todo lo que tú quieres hacer es dar,
que todo lo que tú quieres hacer es extender eso que tú eres.

Puesto que eso que tú ERES no puede ser contenido, no puede ser limitado,
y solo quiere expresar su poder creativo mediante esa extensión
que podrías llamar “dar”, por así decirlo.
Y, a medida que te liberas de la forma
y de la creencia en todo aquello que provocaría
que existas como forma, como cuerpo…
cuando te liberas de eso…
te encontrarás a ti mismo en el instante santo.
Y te encontrarás a ti mismo, sin esfuerzo,
deseando solamente extender
para extender el amor de Dios, la paz de Dios.
Y te encontrarás experimentando la felicidad de Dios,
que siempre procede de extender ese mismísimo Amor
que siempre ha sido, y permanece siendo,
exactamente lo que tú eres.

Mis bendiciones para todos. Eso es todo.

Anuncios

Una respuesta a “Las relaciones y el Instante Santo. Haskell: «La otra voz». Un Curso de milagros RELOADED

Suscríbete a los comentarios mediante RSS.

  1. Un comentario, nuevamente, sobre el caso extremo de los “hijos” (muy “extremo” porque se dan aquí los extremos más agudos de amor y de miedo…, de “amor incondicional” y de ese “miedo asesino” que es la base de este universo de percepción):

    ¿qué quiero recibir y conseguir de la relación con los hijos, visto por el ego?

    Visto con el ego…, quiero conseguir reforzar mi sensación de “ser yo”…, de estar separado…, al reforzar las identidades de este mundo:

    — soy “una madre”…, “un padre”; “sin mí ellos no son nada”.

    Y puedo reforzar, lógicamente, la sensación de continuidad en el universo…, la sensación de que el tiempo es realmente continuo (y nunca lo fue ni lo será, pues ni siquiera existe).

    Como sabemos, en general con toda relación lo que quiero es poder reforzar toda mi gigantesca pero endeble auto-construcción…, mi auto-concepto.

    Utilizo mi fantasía (todo este universo que me he proyectado) para reforzar la idea de la separación en la mente.

    Utilizo pues a “mis hijos” como grandes “baluartes” para poder reforzar una vez más, y todo lo que pueda, la “poderosa” creencia en la separación… y por tanto la sensación de que el universo y sus procesos “naturales” son lo real.

    Parecen reales a todas luces (para el ego)…, pues ¿qué sería de mí si no fueran reales esas identidades (padres, hijos)?

    Por tanto, el universo, el mundo, tiene que ser real… y el tiempo, y la ilusión de continuidad… etc.

    Refuerzo con todo eso, así, la sensación de que nos hemos creado a nosotros mismos…, mediante la proyección de todo un universo “de mentirijillas”, y que nos ha servido justo para eso…, para creernos “manolito”, “pepita”… muy esforzados ellos… en su adoración al tiempo y a lo físico… al esfuerzo… etc.

    Y todo en una enorme “paja mental”, la de cada uno… que en principio quiso ser “este universo”…, pero que nunca fue “un” solo universo…, pues parte de una idea que en sí es separación y división, y nunca se separó de su fuente, que es esa idea de separación. Por tanto, el universo comparte con esa idea su división ilusoria.

    Así, “el universo” no es “común”, no hay “mundo común”; como ya “sabemos”… solo el amor nos inspira, a veces, a actuar desde nuestra Unidad pensando quizá que “hay mundo común”…, pero… lo común no está aquí, sino que es el amor… que no está en este mundo —y que prácticamente lo “disuelve”.

    Así que una infinidad de universos estrictamente privados, “tenemos”, queremos ser… al “venir” aquí, a la película o proyección… todo lo cual se puede empezar a “demostrar” o a “pensar” con hipnosis profunda (esos experimentos que recuerda por ejemplo Wilcock, en algún texto o vídeo suyo)…, y, por tanto, con la comunicación entre diferentes tipos de “estados de vigilia”, que se comunicarían entre sí pero que verían “mundos” exagerada y completamente distintos…, hasta el punto de dejar de ver cuerpos, etc.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: