Más allá del ego. Haskell: «La otra voz». Un Curso de milagros RELOADED   Leave a comment

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[Podéis mirar en la página de índices de este autor para encontrar los enlaces a estos textos traducidos, etc. —con por ejemplo la traducción completa de lo que estamos retocando aquí con ayuda del texto en inglés, etc.

Esta transmisión, maravillosa (muy clarificadora y directa), aparenta haber sido dada claramente por la misma voz que dictó Un curso de milagros (UCDM), y que habló desde la personalidad de Jesús.

La siguiente parte de este texto sirve como acompañamiento —más o menos— para esta parte del texto principal del curso de milagros: [T-15.VII-IX] (según las indicaciones del propio Haskell en su texto publicado).]

Más allá del ego [T-15.VII-IX]

Saludos de nuevo, soy Jeshua.
Hoy he venido a continuar contigo
mi comentario sobre Un curso de milagros.

Hoy quiero hablar una vez más contigo
sobre el ego, y sobre su falsa, su equivocada idea sobre el amor.
Te he dicho que el ego no puede existir
sin la presencia de la relación especial.
Y te he dicho que la relación especial
se basa en la culpa,
que a su vez en último término se basa en tu creencia en el tiempo,
y que esta a su vez se basa en tu creencia en que
causa y efecto pueden estar separados,
en que ALGO puede estar separado
—y te he dicho que todo ello,
en último término, está basado en tu creencia de que hay alguien “ahí fuera”,
diferente de ti mismo,
que tiene el poder de determinar lo que tú eres.

Toda relación especial tiene miedo en el corazón.
Y el miedo es siempre el mismo: es el miedo a la muerte.
Pues cuando tú, en una relación, por especial que ella sea,
sientes que estás incompleto, que te falta algo,
y entonces buscas afuera para completarte,
lo que haces en este escenario imaginario
es aparentemente darle al otro, literalmente,
el poder de determinar quién eres.
Y por tanto se sigue que pareces haberle
dado a otro el poder
de incluso determinar si tú EXISTES o no.
Y, por tanto, se sigue que aparentemente le has dado a otro
el poder de determinar incluso si vives o si mueres.

Y así, tú vives aquí, en el espacio y tiempo,
con el constante miedo a la muerte.
Y la muerte, en este escenario, no depende de ti.
Depende de quienquiera que, desde fuera de ti mismo, determine quién eres,
y si existes o no.
En el sentido del ego, en tu vida cotidiana,
tú literalmente pones tus miedos y tus luchas
en manos de tu hermano.
Y así, te has habituado a culparle siempre al otro
por tus infortunios,
Y por tu felicidad.

En general, no asignas a tu hermano
el derecho a determinar si tú físicamente vives o mueres.
Por tanto, le asignas eso a Dios,
y Dios se vuelve como tu hermano
—un ser caprichoso que, en un momento,
y basado en un aparente capricho,
puede decidir extinguir tu vida
o la de uno de tus seres queridos.
Y tú te quedas frustrado y solo,
tratando de decir que ello es la Voluntad de Dios,
y tratando de creer que ello debe ser Amor.

¿Pues acaso no te das cuenta de que el Amor es la esencia de la vida?
Sí, por supuesto, así lo haces.
De hecho, cuando miras a tu hermano, a tu hermana,
y pareces recibir de él o de ella
eso que tú imaginas que te hace completo,
estás acostumbrado a llamarlo amor, y dices,
“ah sí, él me ama; ella me ama”.
Pero entonces, debes vivir con miedo a que, en cualquier momento,
ese mismo amor te sea quitado,
y entonces, ya no estés completo.
Vives con el miedo a que de repente te dejen solo,
lo que definitivamente es la esencia de tu culpa, como te he dicho.

Pero también en tus relaciones te das cuenta
de que tienes el mismo poder sobre la compleción de tu hermano,
sobre si ÉL viviría o moriría, o si sería feliz.
Y así, ambos os miráis el uno al otro diciendo,
“te necesito para que me completes”,
lo que es decir, “necesito tu amor”.
Así, tú crees que NECESITAS el amor de tu hermano,
constatando que tu hermano también necesita el tuyo.
Y así, el amor se convierte en un trato, ¿no es cierto?,
“si me das lo que me completa,
entonces yo te daré lo que te completa a ti,
y ambos podremos parecer ser felices”.

Y lo que el ego hace es llamar a ese escenario “estar enamorado”.
Y esto lo habéis experimentado todos aquí, en vuestro espacio y tiempo.
Pero tan pronto como te das cuenta de que hay un poder “ahí fuera”
al cual tú le has dado el derecho a destruirte,
entonces, de repente necesitarás protegerte
contra la pérdida del amor, por así decirlo.
Y así, en tu relación más intima, crees estar enamorado.
Pero incluso eso puede cambiar, decaer y fluir,
y, en un momento dado, por un capricho,
te dejan solo y triste, ahogado en tus lágrimas.
Y esto también lo sabéis quienes camináis por esta tierra
y habéis formado relaciones especiales.

¿Pero qué sucede con aquellos seres a quienes no conoces tan bien,
y que quizás no estén dispuestos
a “estar enamorados” de ti?
¿Qué hay de aquellos seres a quienes parece
que no les gustas mucho?
Ellos, sin embargo, gracias a tu diseño, tienen el poder de destruirte.
¿Lo ves?
Y entonces, de lo que luego te das cuenta es de que,
en tu poder de destruirlos a ellos,
ES IMPERATIVO QUE ATAQUES,
que estés a la ofensiva.
Te das cuenta de que es imperativo que des de eso
en una medida suficiente
como para que tu hermano no sea propenso a destruirte.
Y así hasta a veces te engañas a ti mismo pensando
que eso es amor.

Y entonces, lo que haces es estructurar escenarios
en los cuales tú le das a tu hermano, en último término,
una AMENAZA que intentas llamar “amor”.
Y así tratas de mantener la paz en tu mundo,
al tener mayores ejércitos, mejores armas,
misiles y bombas más sofisticados.
Y dices que tu meta es la paz.
Y en último término lo que así le estás dando a tu hermano
es una amenaza tan grande como para que puedas pensar
que él no ejercerá su poder de destrucción contigo.
¿Lo ves?

Ah, pero cuando tu “humanidad” evoluciona,
cuando tomas este inexorable camino de regreso
hacia el discernimiento de quién eres
—que es el discernimiento del Amor,
y el discernimiento de Dios—,
lo hagas o no mediante el curso de milagros,
llegas al punto en que ya no puedes tolerar
la creencia de que el ataque sea verdaderamente amor.
Pues entiendes que no es amor en absoluto.
Y, no obstante, aún eres un ego.

Y así, lo que intentas hacer entonces
es estar a bien con tu mundo.
Y entonces, deseas no extender más ataque, sino solo amor.
¿Y cómo se lleva a cabo eso en este mundo?
Si eligieras no atacar, no tener un perro más grande,
o un arma más poderosa, o una bomba mayor,
entonces, lo que harías es creer que, AL DAR AMOR,
puedes controlar a tu hermano.
CREES QUE EL ARMA DEL AMOR
TE PONDRÁ A SALVO.
Y mientras tanto vives en el miedo que sigue contigo
porque le has dado a tu hermano
el poder imaginario de destruirte,
ya que todavía crees que él determina lo que tú eres.

Y entonces llegas a creer que si le dieras suficiente amor,
tu hermano se vería influenciado por ese amor
y de cierto modo obligado a responder con amor.
Y el amor, por supuesto, es siempre lo que tú quieres recibir,
lo que percibes que te completará.
Y siempre, tras esto, se encuentra oculta la constatación
de que la relación está basada en el miedo.

Y así, no hay relación especial,
no hay ninguna relación basada en el amor imaginario del cual hablo,
ninguna relación egoica, por así decirlo,
QUE NO ESTÉ BASADA EN LA IRA.
Pues estás enfadado con tu hermano, a quien te dignas a amar.
Esto es así, sin excepciones,
mientras la relación siga siendo especial.

Y bien, ¿qué es la ira?, podrías preguntarte.
Te he dicho que solo hay dos emociones, amor y miedo.
La ira es solo una forma sutil de miedo.
La ira es el miedo cuando lo aplicas a un escenario
donde tu propia vida y tu propia muerte
están en manos de tu hermano.
Porque cuando tú, a través de tu creencia
en la separación, el tiempo y el especialismo,
cuando tú le das a tu hermano, o INCLUSO A DIOS,
el derecho a destruirte
al creer que estás incompleto…
cuando le das ese derecho a tu hermano y te das cuenta de que él PODRÍA QUERER hacerlo,
entonces, necesariamente vivirás con miedo.
Y este miedo se expresa a sí mismo como ira.

Y en el corazón de toda relación especial está esa misma ira.
Así que lo que haces es tratar de dar amor,
pero que no es amor en absoluto,
sino solo algo con lo que hacer un trato con tu hermano
—darías amor a tu hermano
para poder generar culpa dentro de él,
o para poder generar dentro de él una respuesta
que le hiciera querer amarte de vuelta.
Y sabes que eso no es realmente amor.
Por eso tienes ira hacia él,
que todavía tiene el poder para destruirte.
Y tienes ira contra ti mismo —¡ira, sí, contra ti mismo!—
por NECESITAR a otro, por haberle dado
el poder de destruirte.

Pues bien dentro de ti sientes que debes ser eterno,
y que ningún ser debería tener el poder de destruirte.
Y en eso estás en lo cierto, por supuesto.
Y así, lo que haces en tu búsqueda del amor,
mientras todavía crees en tu debilidad, en tu pequeñez…
es terminar creyendo que el SACRIFICIO te brindará amor.
Y así, eliges dar LO QUE NO DESEAS DAR EN ABSOLUTO,
llamándolo amor, y lo haces con el propósito de recibir
eso que tu hermano tampoco desea dar en absoluto,
y con lo que no obstante te engañarás a ti mismo,
creyendo que es amor.

Cuando contemplas este escenario del ego,
no te apetece preguntarte enseguida, “¿por qué?
¿Por qué quiero persistir creyendo en tal sistema de pensamiento,
basado en un amor que no es amor en absoluto?”.
Y, como te he dicho, es muy importante que,
como ego, tú NO TE DES CUENTA de que ESO NO ES AMOR.
Así que piensa cuidadosamente mis palabras,
hasta que puedas comprender la naturaleza exacta
de la relación de amor especial del ego.

Bien, ¿y cómo puede eso funcionar aquí en el espacio y tiempo?
La noción de IRA, que llamarías “amor”,
este MIEDO que llamarías “amor”,
este SACRIFICIO llamarías “amor”…
¿cómo puedes alojar esto en tu mente?
Y la única manera en que puedes alojar esto en tu mente
es creyendo que tu mente no es libre.
Y eso significa creer que eres un cuerpo,
que eres un cuerpo que tiene autonomía,
y que vive por sí mismo, INDEPENDIENTE de tu mente,
independiente de tu discernimiento, y de tus pensamientos.

Y así, el amor se convierte en un ejercicio para el control de los cuerpos.
Y como bien sabes, sonríes y le dices a tu amado,
“mira, pero no toques”.
Y lo que quieres decir es esto:
toda mi preocupación es por lo que hagas con tu cuerpo,
y no por lo que tú pienses y sientas…
no por la realidad de tu experiencia interior.
¿Lo ves?
Y así, fabricas un escenario
en el cual pides ACCIONES que los cuerpos deben hacer,
en el cual pides ciertos ejercicios en la FORMA que,
entonces, tratas de creer que son una expresión de amor.
Y no obstante, pese a todo, a través de eso te das cuenta de que tu mente ES libre,
y que tu mente es la esencia que hay tras todo ello.

Tú sabes perfectamente bien que cualquiera, incluyéndote a ti mismo,
puede llevar a cabo con un cuerpo actos que denominas “hacer el amor”
pero sin sentir amor en absoluto durante el proceso.
Y hay gente que elige vivir así
y ganarse la vida de esa manera.
En parte lo hacen con el propósito de recordarte
que todo esto no trata de cuerpos en absoluto.
Esta es una lección que ellos entienden muy bien,
y que muchos de vosotros aún no habéis aprendido. ¿Lo ves?

¡Ah! ¿Pero qué ocurre si puedes contemplar todo este escenario,
y te abres por un momento al reconocimiento
de que NO se trata de amor?
Entonces, ¿dónde deberías buscar el amor?
Y como siempre, la respuesta es que
ENCONTRARÁS EL AMOR EN LA COMUNICACIÓN.
Porque la comunicación es la unión con otra mente.
Al final, la comunicación real es unirse con otras mentes
tan totalmente, tan completamente, que entiendes que no hay otras mentes en absoluto,
sino que solo hay una Mente,
una sola Mente que engloba todo en la Creación,
y que es Todo Lo Que Es, que al final es Dios.

Y así, si quieres descubrir el Amor en la relación,
solo existe una relación dentro de la cual
puedes aprender la naturaleza del Amor, la naturaleza de Dios,
y la naturaleza de lo que tú eres.
Y esa es, como te he dicho, tú relación con Dios.
Pero que es la MISMA que tu relación
con tu hermano y contigo mismo.
Y la llave de esa relación es el discernimiento de que
las mentes, la esencia de lo que sois, están unidas.
Pues en la unión no hay tratos posibles que hacer con el amor.
No hay nada incompleto.
Porque todos los SERES son la Unicidad de Todo Lo Que Es.
Y nadie puede necesitar nada.
Y en ausencia de necesidad no hay miedo,
no puede haber ira,
y el sacrificio se hace incomprensible. ¿Lo ves?
Estos son los regalos, los regalos del Amor.

Y así, si quieres descubrir la única relación real,
incluso aquí en el espacio y el tiempo,
¿cómo puedes hacerlo?
Al entender que el único propósito válido para tu cuerpo
es el de servir como medio de comunicación.
Esto al final significa que él sirve SOLO
como un medio de unión con tus hermanos.
Recuerda que el ego siempre dice,
“¿qué puedo conseguir? ¿Qué puedo recibir?”.
Y el Espíritu Santo dice, “¿qué puedo dar
desde la plenitud de lo que yo soy?”.

Y así, la clave para permitir que tu cuerpo
se convierta solamente en un medio de comunicación
es liberarlo de todos los valores
y especialmente liberarte a ti mismo de la creencia
en que tu cuerpo te puede hacer ganar algo.
La clave es, al final, darte cuenta de que
TODO ESTE MUNDO no puede hacerte ganar nada.
Cuando te des cuenta de eso serás liberado del cuerpo,
aun cuando por un tiempo todavía camines por esta tierra,
teniendo la apariencia de un cuerpo para tus hermanos.

¿Y dónde está ese lugar
en el que puedes experimentar esa comunicación?
ESTE LUGAR ES EL INSTANTE SANTO,
porque es de eso de lo que hemos estado hablando, ¿no es cierto?
El instante santo.
¿Y qué es lo que descubres en el instante santo?
Descubres la ausencia de la separación, la ausencia del tiempo,
la ausencia del pasado,
y por tanto de cualquier ser fuera de ti mismo
incluyendo a Dios…,
y la ausencia de cualquier ser
que tenga control sobre tu existencia.
Y por tanto, descubres la ausencia del miedo,
y con él, la ausencia de ira.
Todo esto se encuentra en el instante santo.

Te he dicho que
más allá de la atracción de la relación especial
está la atracción de Dios.
Y en el instante santo es donde la atracción por Dios
se tornará evidente para ti.
Pues es en ese instante donde tu hermano deja de ser un cuerpo.
Él deja de ser un cuerpo porque
TÚ no tienes preocupaciones por el cuerpo, en absoluto.
No te preocupa lo que su cuerpo puede darte
para satisfacer tus necesidades imaginarias,
porque las necesidades imaginarias han desaparecido.

Y en este instante santo lo que verás es un ser de Luz.
En el instante santo verás los Grandes Rayos
representando a tu hermano, extendiéndose para siempre, hasta el Amor.
Y te darás cuenta de que tu hermano no es un cuerpo en absoluto.
Lo experimentarás como un ser de Luz.
Y en ese mismo instante santo te darás cuenta
de que tú también eres un ser de Luz,
y que Dios mismo es un ser de Luz
—siendo todos ellos seres completos y plenos,
cuya única pasión es extender hacia fuera ese Amor
que es su realidad y su esencia…
y no obstante haciéndolo como Un Solo Ser.
Y al final todos esos seres de Luz descubren
que son completamente libres.
Puesto que, como te he dicho, la libertad es la esencia del Amor.

Y así, si quieres entrar en el instante santo,
primero permítete a ti mismo contemplar el escenario de amor del ego.
Hazlo lo suficiente como para constatar
que no lo deseas.
Y entonces elige permitir que el Espíritu Santo
te dé una nueva visión,
una visión en la cual tu relación es Una sola,
así como toda la Vida es Una Sola.
En esta visión descubrirás una relación
en la cual eres llevado hacia Dios mismo,
al Amor mismo, a la verdad misma,
y al final, a una paz perfecta e infinita.
Pues esa paz es el regalo que recibes de tu hermano,
en su compleción y en su plenitud,
ya que eso fue, sin esfuerzo,
el regalo que le DISTE a tu hermano
en tu propia compleción, y en tu propia plenitud.
Y todo ello surgió del discernimiento
de que Amor perfecto es lo que tú eres.

Mis bendiciones para todos. Eso es todo.

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