Las relaciones especiales: hijos   2 comments

imagen corazón en círculo

Por añadir algo más a lo que decíamos en otro texto reciente sobre “hijos”, comentamos esto:

«Y así, no hay relación especial, ninguna relación basada en el amor imaginario del cual hablo, ninguna relación del ego, por así decirlo, QUE NO ESTÉ BASADA EN LA IRA. »

¿Y por qué?

Eso que acaba de decir Yeshua, en el último capítulo retocado de “La otra voz, es que esa IRA se debe, al final, a que le damos el poder a “lo de fuera”, a lo que vemos “fuera”. A ello le damos el PODER de DETERMINAR lo que nosotros SOMOS (o valemos, etc.)… el poder de DEFINIR lo que somos.

Y como sabemos, ese es “el único problema” del mundo: que nos definimos a nosotros mismos con las imágenes que nosotros mismos proyectamos y manipulamos.

¿Cómo no vamos a estar muy enfadados si le hemos otorgado el poder a alguien que en realidad solo existe en nuestra imaginación, pues al final no hay nadie realmente separado…, ahí fuera… puesto que somos “solo” Amor… más allá del mundo?

Entonces, como se ve claro en este mundo físico, el problema no es en sí la “realidad” o “irrealidad” de los cuerpos de ahí “fuera”… (aunque al final sean irreales, como el mundo)…, sino que, al final, el no-problema es que usamos los cuerpos inercialmente para reforzar la IDEA de separación, dándole a “los otros” el poder de DEFINIRNOS (de incluso destruirnos, hacernos desaparecer, etc.).

Al final, como ya sabemos, todo es una “operación mental” en la cual, obviamente (y muy emocionalmente), los cuerpos son importantes, pues nos dan el apoyo necesario para poder seguir creyendo que lo que nos define es el “afuera”, es la separación.

Y así, nos vemos como siendo, con todas las de la ley, “un ego”: “manolita”, “pepito”… que son “papás”, “mamás” —ya que no para otra cosa nos hemos proyectado todo nuestro universo privado.

Así, subrepticiamente, le estamos otorgando realidad (y con una fuerza enorme) a la idea de separación.

El caso extremo sería una vez más quizá el de “los hijos”: con ellos conseguimos darle poder al afuera, a la idea de separación, y de forma monumental…, pues “ELLOS”, los “OTROS”… DEFINEN enormemente lo que nosotros SOMOS, y lo hacen de forma aparentemente muy “natural”:

— somos hasta biológicamente unos creadores, los “padres creadores” 🙂 , nada más y nada menos que somos “los creadores” … 🙂
— somos “una madre, un padre, muy necesario para sus hijos”… etc.

Y así es como lo vivimos, y de forma muy “realista” e innegable. Es la base con la cual engañarnos, y con la cual, igual de poderosamente quizá, poder desengañarnos (sintiendo finalmente que el amor solo era libertad).

Esto es lo que venimos a buscar aquí, como egos desvalidos, al mundo. Solo ya por venir a querer “ser” un cuerpo de bebé, venimos a confirmar debilidad, a echarle la culpa a otros de nuestra creencia ilusoria de la cual depende toda nuestra creación ilusoria… diciendo…:

creo en mi existencia separada… ¿ves? Pero eh, mira… hay ahí fuera otros que son los “culpables” de que yo albergue esa creencia en mi mente: y son papi y mami 🙂 … y compañía 🙂 “.

Así, venimos una vez más (en el viaje a este mundo, es decir, a ninguna parte, donde no hay nadie)…, “venimos”… a plasmar este nuestro “anhelo imposible”, pues de hecho ya éramos, ya somos y seremos para siempre “Dios”.

Así, “venimos” pues como eguitos pequeñitos (pero en realidad igual de “grandiosistas” como egos)… “venimos”… a este mundo literalmente de locos, y que en realidad proyectamos privadamente, y de golpe, a cada instante.

Con esas maniobras, por tanto, le damos el poder, y de forma muy intensa, a lo que al mismo tiempo “vemos ahí fuera”… que conseguimos sentir como que “está fuera” (en la ilusión del “afuera”).

Esto lo hacemos, como todo el mundo sabe, muy “emocionalmente” :).

Así, con tanta emoción del mundo físico natural… triunfa y triunfa una idea que, por otro lado, podría ser simplemente neutral (motivo de risa)… la idea de SEPARACiÓN.

Parece triunfar así, con estas maniobras tan emocionales en nuestra mente, esa idea, ya que nuestra mente es muy poderosa como fabricadora de mundos de ensueño —como este, en la “vigilia” de este tan denso “mundo físico”.

Con estas maniobras (que rezan algo así como que: “nosotros nos creamos a nosotros mismos”)… nos montamos “la película”, y en ellas parece reposar gran parte de la fabricación de este mundo, fabricado desde el miedo a carecer.

Le damos por tanto el poder así de fuertemente a un “afuera” ilusorio, con toda la ficción aparentemente tan “natural” y “necesaria” de los cuerpos, la maternidad y la paternidad…: “papa-mamá-hijitos” 🙂 .

Con “toda el alma” 🙂 .

Entonces, el tema “hijos” sería el caso extremo, y bien paradójico, en este mundo, donde venimos a jugar a papá-mamá, para creer que nos podemos fabricar entre nosotros; es decir, para creer que la separación era real…, y que eso que “constatamos” tan naturalmente (que está “fuera” de nosotros) es lo que nos da nuestro ser… nuestra identidad… lo que nos define… lo que nos muestra nuestro VALOR o valía.

El baluarte defensivo de esta ficción de “los hijos”… parece ser el primer y mayor golpe de efecto… el primer GRADO en el mundo ilusorio de grados y gradaciones en las relaciones…: esta relación “principal” es quizá la mayor trampa del mundo ilusorio… pues “las parejas” quizá no nos parecen tan naturales 🙂 , biológicamente hablando.

Este “amor distorsionado” (que es nuestro SER)…, viene a convertirse de nuevo aquí en eso, en “distorsionado”… mediante las RELACIONES ESPECIALES con nuestras madres y padres (en general “tutores”, en la infancia, etc.)…, y, como ya sabemos, “luego” este “amor” ya distorsionado será de nuevo fantaseado y trasladado o traducido más o menos enfermizamente en las futuras “relaciones de pareja” —en nuestra edad adulta y antes en la adolescencia.

Y así, sigue que te sigue “la rueda del tiempo”: asociando amor con necesidad…, para dejar de SER esa libertad que ya SOMOS, como amor perfecto.

Qué curioso es este mundo 🙂

Hijos, mundos privados

El caso de los hijos es “extremo” porque se dan aquí los extremos más agudos de amor y de miedo…, de “amor incondicional” y de ese “miedo asesino” que es la base de este universo de percepción.

¿Qué quiero recibir y conseguir de la relación con los hijos, visto por el ego (“el ego” que es precisamente ese sistema de pensamiento: de “la ganancia”, de “o gana uno o gana el otro, pero nunca todo el mundo”… el sistema del relacionarse “para conseguir u obtener algo de la situación…, de alguien…”…)?

Visto “con el ego”, lo que quiero ante todo…, o lo que consigo ante todo reforzar es mi sensación de “ser yo”…, de estar realmente separado…, pues los hijos refuerzan con todo el poder de lo biológico las identidades de este mundo:

«soy “una madre”…, “un padre”; “sin mí ellos no son nada”…».

Así, puedo reforzar, lógicamente, la sensación de continuidad en el universo…, la sensación de que el tiempo es realmente continuo —y nunca lo fue ni lo será, pues ni siquiera existe.

Como sabemos, en general ocurre con toda relación que se trata de una relación especial, por defecto, siempre. Es decir, que con ella lo que quiero (por muy inconsciente que me pueda parecer ese querer) es poder reforzar toda mi gigantesca pero endeble auto-construcción…, mi “auto-concepto”.

Utilizo mi fantasía (todo este universo que me he proyectado) para reforzar la idea de la separación en la mente.

Utilizo pues a “mis hijos” como grandes baluartes para con ellos reforzar una vez más, y todo lo que pueda, la “poderosa” creencia en la separación… es decir, la sensación de que el universo y sus procesos “naturales” son lo real.

Parecen reales a todas luces (para el ego)…, pues ¿qué sería de mí si no fueran reales esas identidades (padres, hijos)?

Por tanto, el universo, el mundo, tiene que ser real (es lo que quiero, con toda mi alma apoyando al “ego”)… y tiene que ser real el tiempo, la ilusión de continuidad… etc.

Refuerzo con todo eso la sensación de que nos hemos creado a nosotros mismos…, mediante la proyección de todo un universo “de mentirijillas”, y que nos ha servido justo para eso, para creernos “manolito”, “pepita”… muy esforzados ellos… en su adoración al tiempo y a lo físico… al esfuerzo… etc.

Y todo en una enorme “paja mental”, la de cada uno. Eso es lo que en principio quiso ser “este universo”, como nos dice el curso de milagros… pero el universo nunca fue “un” solo universo…, pues parte de una idea que en sí es separación y división, y que por tanto nunca se separó de su fuente —que es esa idea de separación.

Por tanto, el universo comparte con esa idea su división ilusoria.

Así, “el universo” no es “común”, no hay “mundo común” sino una aparente infinidad de mundos privados distintos, proyectados en cada mente, ilusoriamente separada, al proyectar desde la idea de separación.

Como ya “sabemos”… solo el amor nos inspira, a veces, a actuar desde nuestra Unidad pensando quizá que “hay mundo común”…, pero… lo realmente “común” no está aquí, pues se trata del amor —que no está en este mundo, y que prácticamente lo “disuelve”.

Así que una infinidad de universos estrictamente privados son lo que “tenemos” y lo que queremos ser al “venir” aquí, a la película o proyección. Y como decíamos por ahí, esto se puede empezar a “demostrar” o a “pensar” con hipnosis profunda (con esos experimentos que recuerda por ejemplo Wilcock, en algún texto o vídeo suyo)…, y, por tanto, con la comunicación entre diferentes tipos de “estados de vigilia”, que se comunicarían entre sí pero que verían “mundos” exagerada y completamente distintos…, hasta el punto de dejar de ver cuerpos, etc.

El caso extremo expuesto directamente

Somos perfectamente libres.

Y obviamente hay casos extremos con los cuales nos “auto-condenamos” a no experimentar el amor verdadero (libertad) con mucha facilidad (aparentemente muy “lógica”).

Un caso extremo sería una madre o un padre que dice…:

“Hijo mío (hija mía)… eres absolutamente libre… excepto para morirte

Ahí la hemos liado, pues nadie muere jamás, y cuando vemos y queremos ver al otro como un cuerpo, capaz de “morir”, lógicamente nos vemos así nosotros, y acto seguido expulsamos de nuestra mente o de nuestra visión al amor verdadero.

Tan simple y tan difícil de aceptar…

Por eso la voz del curso de milagros pedía solo una pequeña disposición a admitir esto.

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2 Respuestas a “Las relaciones especiales: hijos

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  1. Reblogueó esto en Zeichnen und Maleny comentado:
    No será que realmente mal interpretados el rol de los hijos en nuestra vida y en realidad ellos nos muestran con su presencia una pequena gota de lo que el amor de Dios es. Ellos nacen de nosotros, son uno con sus padres, el hijo es uno con padre y madre creadora pero al mismo tiempo es único y también creativo, el es uno con sus hijos, mis nietos, somos todos uno, así hacia adelante, como hacia atrás, como hacia el lado, como hacia mi hermano, mi primo, mi vecino; no es una enseñanza de que somos solo uno? Ademas el amor incondicional, o el verdadero amor, solo en presencia del amor que he sentido hacia mis hijos me a dado el camino para saber lo que debo sentir por los demás, si no logro siquiera sentir por mi hermano la gota de amor que siento por mis hijos, que siento realmente por los demás?, No nos dan a nosotros nuestros hijos una medida donde comenzar a vernos, como interactuamos con los demás y cuanto nos amamos a nosotros mismos? ( Cecilia) La pagina es sensacional, Gracias

    • muchas gracias cecilia por comentar!

      no tengo nada que añadir a tus santas preguntas 🙂

      …la vida a veces parece como tus preguntas… quizá la vida es la pregunta creativa… que se rellena de la gloria de Dios… para individuar a este, a Dios… (relación de relaciones que somos todos… pero él abrazando el infinito de infinitos de infinitos creativos y conociéndose así en el infinito devenir de devenires multimultidimensional 🙂 🙂 )…
      gracias!

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