El espíritu santo. Haskell en comunión con Jeshua. «Viaje más allá de las palabras». Un Curso de milagros RELOADED   Leave a comment

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[Podéis mirar en la página de índices de este autor para encontrar los enlaces a estos textos traducidos, etc. —con por ejemplo la traducción completa de lo que estamos retocando aquí con ayuda del texto en inglés, etc.

Esta transmisión maravillosa aparenta haber sido dada claramente por la misma voz que dictó Un curso de milagros (UCDM), y que habló por la personalidad de Jesús.

El siguiente capítulo sirve como acompañamiento —más o menos— para las lecciones 281 a 287 del libro de ejercicios de Un curso de milagros (UCDM), según las indicaciones del propio Haskell en su texto publicado.]

El espíritu santo [lecciones 281 a 287]

Saludos de nuevo. Soy Jeshua. Vengo hoy
a seguir contigo mi comentario sobre
Un curso de milagros.

La última vez te hablé de la Voz de Dios.
Te dije que esa voz siempre está presente,
y que si deseas escucharla
te permitirá reconocer qué hacer,
adónde ir, qué decir y a quién.
También te dije que esa Voz, que está siempre ahí,
no es nada más que Tú Mismo, tu Ser.

Sin embargo, en el Texto, en el Libro de ejercicios, una y otra vez,
hablo del Espíritu Santo.
Y digo que el Espíritu Santo mediará
entre las ilusiones y la verdad.
El Espíritu Santo te quitará todos tus miedos, toda tu miseria
y los transformará en luz, alegría y paz.
Solo necesitas llevarle tus problemas,
tus preocupaciones y tus miedos.

Te aseguro que tú, en tu poder creativo,
has usado ese poder para hacer todo esto,
aunque sean ilusiones.
El Espíritu Santo cambiará tu percepción de lo que es,
transformará tu discernimiento
para dar lugar a una percepción verdadera de esta tierra
y, finalmente, cuando ya no formes parte de esta morada,
para dar lugar al conocimiento.

Así, como ves, te hablo una y otra vez,
y digo que le lleves tus problemas al Espíritu Santo.
Ven al Instante Santo sin traer el pasado ni el futuro.
Entrega todo al Espíritu Santo
y todo será cuidado.
Verdaderamente, esto es exactamente así.

Puede parecerte confuso.
Esto puede fácilmente parecer frustrante cuando tú,
en tus intentos de escuchar la Voz del Espíritu Santo,
no parezcas escuchar nada.
Puede parecerte frustrante y confuso cuando,
en la medida en que puedes notarlo, en tu pensamiento,
has llevado tus problemas al Espíritu Santo
y las soluciones no parecen presentarse.

Por eso te hablaré hoy más acerca del Espíritu Santo,
y sobre cómo es completamente cierto que todo lo que necesitas hacer
es llevarle al Espíritu Santo
cualquier cosa que te preocupe,
cualquiera de tus miedos
o de tus dudas.
Y te hablaré sobre cómo ellos serán transformados en luz,
de tal modo que contemplarás con una verdadera visión,
con lo cual, tu percepción falsa, que es aquella con la que entregas tus problemas,
será intercambiada por una verdadera.
Y te hablaré sobre cómo es que los miedos serán intercambiados por amor.

Te he dicho muchas veces
que no sabes.
Al final, tu salto de fe consiste en decir “no sé”.
Te he dicho también muy a menudo
que el Espíritu Santo SÍ que realmente sabe.
El Espíritu Santo conoce cada faceta, cada aspecto,
de cada ser de la Creación,
y siempre te guiará para que puedas hacer exactamente
lo que esté en perfecta armonía con Todo Lo Que Es.

Y no obstante, te dije la última vez
que el Espíritu Santo en realidad es simplemente Tú.
Por tanto, se sigue que ese Tú, tu Ser Real,
ya sabe todo lo que necesitas saber
para poder permitir que tu vida se convierta en una alegría total,
en un fluir sin esfuerzo, en armonía perfecta con Todo Lo Que Es.
Y eso es cierto.
Te he dicho que los milagros no hacen nada.
No necesitas hacer nada.
Pues en realidad tú ya sabes.
Y, cuando digo que el Espíritu Santo es, de hecho, tú,
todo lo que estoy diciendo es que el Espíritu Santo es
esa parte de Ti que ya sabe.

Te he dicho que Dios creó el Espíritu Santo
con el propósito de corregir el error en el cual has metido
tu humanidad.
Cuando Dios creó al Espíritu Santo,
todo lo que hizo fue permitirte,
fuera o no esta tu voluntad,
tener una ruta que pudieras tomar
para escuchar esa parte de tu Ser que sí sabe.

Así es que tú, Espíritu, Hijo de Dios,
libre como el viento, libre como un niño,
siempre tienes acceso a la parte de Ti que sí sabe,
y que te guiará totalmente, en perfecta armonía,
cuandoquiera que así lo desees.

Puedes imaginarte a ti mismo separado.
Pero no puedes cerrar la puerta
que conduce a tu discernimiento de la verdad y de la armonía.
Si sientes que no puedes encontrar esa ruta,
es solo la ilusión que te ciega.
Así, Dios, en un parpadeo,
cuando vio tu error,
hizo cierto en Su propio pensamiento
que siempre, dentro de ti,
existe el camino hacia la verdad.
Y si abres la puerta,
siempre estará allí,
sin excepciones.
Así es que el Espíritu Santo,
que es al final tu Ser,
sí sabe.
Y no necesitas hacer nada para poder escucharlo.

¿Cómo es que tú, en realidad, no HACES nada?
He hablado de ello muchas veces.
El primer paso importante que das
al no hacer nada es
NO PENSAR.
Pues, como hemos dicho,
tus pensamientos no tienen significado.
Tus pensamientos son los creadores de toda esta ilusión.
Tus pensamientos te conducen a tus valores,
que crean tu concepto de lo que tú eres,
apartado de la Unicidad.

Entonces, ¿cómo sucede, verdaderamente, que puedes no pensar?
Encuentras tu acceso a esa ausencia de pensamiento
en el Instante Santo.
También te he hablado muy a menudo
del Instante Santo.
El Instante Santo no es nada más que esto:
un momento en el cual tú,
cuando no haces nada,
no te apegas al pasado,
pues cuando no haces nada para apegarte al pasado,
este desaparece.
Es un momento en el cual no anticipas de ninguna manera el futuro,
ni las consecuencias de lo que hagas, pienses o digas.
Y, al no hacer nada para apegarte
a tu creencia en la causa y el efecto,
los efectos imaginarios de este momento pasarán.
Así, cuando NO HACES nada,
no hay pasado ni futuro.
En ese momento, casi todo tu pensamiento se habrá ido.
Entonces, la puerta se abrirá.
Y ese impulso callado del que te hablé antes,
el silencioso reconocimiento dentro de ti acerca de qué hacer,
estará allí.
Y lo oirás.

De nuevo, lo que tú NO necesitas hacer
es apegarte a tu creencia en el pasado,
y a tu creencia en que, de alguna manera,
el pasado ha determinado lo que este momento es.
Porque no, no es así.
Y lo que NO necesitas hacer
es apegarte al miedo al futuro,
y a tu creencia en que este momento
afectará a lo que el futuro pueda traer.
Tampoco esto es así.
Tú eres libre.
Una y otra vez te lo he dicho.
Eres libre.

La mayor de las ilusiones es tu tiempo.
ESTÁS libre de tu tiempo,
lo sepas o no,
lo creas o no.
El momento anterior no tiene nada que ver con este.
Ningún pensamiento, ninguna acción, ninguna palabra,
que puedas haber imaginado en el pasado,
tiene efecto en lo que hagas, pienses, o digas,
en este momento…
a menos que tú lo crees como un sueño,
y que te apegues a eso por tu propia elección.
Eso, por sí mismo, fue una experiencia,
fue experimentado, y se ha ido.
Nada más.

Lo mismo pasa con el futuro.
El futuro, en tu gran ilusión temporal,
realmente no existe.
Cada momento, en tu gran ilusión,
es un nuevo y completo comienzo libre,
en el cual, lo que sea que imagines, será.
Y el momento que sigue
es tan libre como el que sigue a ese,
y a ese otro, y al otro…
y así hasta el final del tiempo.

El Espíritu Santo no sabe de tiempo.
Esta es Su gran fortaleza.
Tú crees en el tiempo;
crees que el pasado afecta al presente, y al futuro.
Y en esto, si lo deseas llamar debilidad,
está tu gran debilidad.
Verdaderamente se trata del mayor obstáculo
en el cual tropiezas y que te aparta del Instante Santo,
de escuchar con perfecta claridad
el Espíritu Santo,
que es tu Único Ser, tu Ser Uno.

Otra manera de considerar esto
es la forma en que lo dije cientos de años atrás:
“no juzgues”.
¿Qué significa para ti juzgar?
Juzgar significa tener una opinión
sobre algo, manteniendo la creencia en que puedes estar seguro acerca de lo que ese algo es…
o seguro de que sabes cómo vino a parar a ser como es, en tu tiempo,
o seguro acerca de lo que esa cosa deberá hacer en el futuro.
Sin embargo, no hay ninguna causa que, desde tu pasado,
pueda afectar a este momento ahora.
Y este momento no es una causa para ningún efecto en el futuro.

Así, cuando juzgas, crees que sabes.
Sientes que tú, como ego, en tu separación,
basándote en tus ilusiones, sabes lo que quieres hacer.
Y ESO es el juicio.
Y al hacer eso creas tu tiempo.
Así refuerzas esta gran ilusión,
con lo cual te impides abrirle la puerta al Espíritu Santo.

Y dije “No juzgues y no serás juzgado”.
También te dije que todo es Uno.
En verdad, si juzgas, NECESARIAMENTE ERES juzgado.
Pero eres tú mismo quien se juzga.
Escucha esto bien.
Cuando haces un juicio, creas el pasado y el futuro,
y la creencia en causa y efecto.
Y, cuando creas esa ilusión, entonces, en verdad,
estás obligado a revivir esa misma ilusión.
Y así, SERÁS juzgado.

Entonces, ¿cómo puedes escuchar al Espíritu Santo?
El Espíritu Santo es esa parte de Ti,
tu Ser Uno, el Cristo, el Hijo de Dios,
quien, sin esfuerzo de ninguna clase,
está en perfecta armonía con toda la Creación.
Siempre actuará y sentirá
en perfecta armonía con Todo Lo Que Es.
Para escuchar al Espíritu Santo, todo lo que necesitas hacer
es dejar ir los obstáculos a su presencia.
Ese obstáculo que es tu creencia en el tiempo.
Ese obstáculo que es tu juicio.

Así, hoy te digo
que siempre PUEDES escuchar al Espíritu Santo.
Y lo mejor que puedes hacer para llegar a eso es dar tu salto de fe,
diciendo, “no sé”.
Y, al decir, “no sé”,
nunca impondrás ninguna limitación a nadie.
Pues NO CONOCES el alcance de su libertad,
y cómo el la vivirá en el tiempo que quede.
Y al mirar adentro,
en ausencia de tus miedos e ilusiones,
te darás cuenta de que tú, tú mismo, no sabes
todavía qué harías TÚ en un momento dado.

Así, cuando intentes escuchar al Espíritu Santo,
estate alerta, siempre, de tus juicios.
Siempre que sientas alguna aprensión por el futuro,
reconoce que has tomado una decisión adentro, un juicio,
que estás creyendo en causa y efecto, y en el tiempo.
Siempre que sientas la más leve culpa por el pasado,
y sientas que esa culpa determina
lo que tu harías en ese momento,
comprende que has hecho un juicio,
y te has puesto una limitación a ti mismo.

Cuando dejes ir tus juicios,
cuando dejes ir tu culpa del pasado,
tu miedo al futuro,
¿qué quedará por experimentar?
Encontrarás una profunda quietud dentro de ti.
Al comienzo, a partir de esa quietud
vendrá un susurro.
Cuando cada vez más permitas que tu mente
se libere a sí misma en su propia quietud,
pasará de un susurro a un discernimiento,
incluso a una Voz, si lo quieres llamar así.
Y eso será el susurro, el discernimiento,
la Voz de tu Único Ser,
y del Espíritu Santo.

Estate alerta de la gran ilusión del tiempo.
Estate alerta de tus juicios que crean el tiempo.
Cuando dejes ir esos juicios,
y te detengas dentro de la quietud del Instante Santo,
entonces, rápidamente, hacia tu ser,
llegará el discernimiento de tu Ser Uno.
Y al saber exactamente qué hacer,
ser y decir,
constatarás que esto es, en verdad,
el Espíritu Santo del cual te he hablado.
Y el Espíritu Santo,
que es simplemente tu Ser en armonía con toda la Vida,
estará en paz, se llenará de alegría y felicidad,
y hará eco de esa felicidad y de esa alegría
a través de toda la Creación.

Bendiciones a todos. Eso es todo.

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