Compartir. Haskell: «La otra voz». Un Curso de milagros RELOADED   Leave a comment

Ir a descargarimagen corazón en círculo[- Podéis mirar en el índice de Haskell en este blog para encontrar los enlaces a los libros completos, etc.
– Sobre el uso del castellano en las traducciones y el modo de traducir o de revisar las traducciones, ver las notas en esta entrada que progresivamente iré completando.
– Esta transmisión, maravillosa, aparenta haber sido dada claramente por la misma voz que dictó Un curso de milagros (UCDM), y que habló por la personalidad de Jesús.
– La siguiente parte de este texto sirve como acompañamiento —más o menos— para esta parte del texto principal del curso de milagros: [T-5.III-IV] (según las indicaciones del propio Haskell en su texto publicado).]

Compartir  [T-5.III-IV]

Saludos de nuevo. Soy Jeshua.
Hemos estado hablando de la sanación y de la plenitud.
La última vez te hablé del Espíritu Santo.
Y te dije que el Espíritu Santo formaba realmente parte de ti,
que era de hecho una parte de tu mente.
Pero incluso esa afirmación no es totalmente cierta.
No es posible que algo sea una PARTE de ti.
Pues tan solo en el uso de esa palabra ya está implicado que, de alguna manera,
hay cierta separación o ausencia de Unicidad.
Si digo que tú eres PARTE de Dios
o PARTE DE la Mente de Dios,
o UNA DE las ideas en la Mente de Dios,
esas palabras automáticamente implican
que puede haber también otras partes de la Mente de Dios
que por tanto podrían estar separadas de ti.
Pero no existe absolutamente ninguna separación en el Reino de Dios.

Tú y yo no somos PARTE DE Dios.
SOMOS Dios.
Dios no es “nuestro Padre”, excepto en tanto que es nuestro origen,
y como la Fuente inmutable que es.
Pero por lo demás, Dios ES NOSOTROS.

Y el Espíritu Santo no es PARTE DE tu mente.
El Espíritu Santo ES tu mente.
Y todos tus pensamientos no son PARTE DE lo que tú piensas.
Ellos SON tú. Porque tú ERES lo que piensas.

Dentro de ese contexto quiero hablar contigo hoy
y tratar de ayudarte a entender la verdadera naturaleza del compartir.
Te he dicho que la Expiación
necesita ser entendida como un acto de compartir puro.
Eso puede parecer un poco confuso.
En base a mis comentarios previos,
no hay nada que pueda ser PARTE DE la Expiación.
La Expiación no es UNA DE las cosas que Dios ha creado.
Porque no hay PARTES del Reino de Dios.
El Reino simplemente ES.
Esto es lo que quise decir cuando te dije
que el estado natural de la mente es el de la abstracción pura.
Todo simplemente ES.
Todo existe.
Cada cosa contiene dentro de sí toda la Creación.
Y cada cosa también es contenida dentro de toda la Creación.
Y eso, en el sentido de la abstracción,
es lo que significa realmente compartir.

La Expiación no es una cosa que Dios haya creado.
La Expiación no es un invento que hizo Dios
para corregir tus percepciones erróneas.
La Expiación no es una manera de permitirte deshacer
la imaginaria separación en tu mente.
La Expiación ES TÚ.

Recuerda que nada irreal existe.
Esto incluye, afortunadamente para ti, tus pensamientos aquí,
tus pensamientos sobre quién eres tú, tu ego,
tus pensamientos sobre todo este mundo
de espacio, tiempo e ilusión,
y todos sus problemas.
Ellos no existen.

La Expiación ES.
Y la Expiación es un acto de compartir puro.
Y cuando experimentes la Expiación,
llegarás a reconocer, dentro de tu ser,
en el nivel de la experiencia,
lo que es el verdadero compartir, realmente.

Tú no compartes al dar hacia fuera.
Piensa en las ideas de las cuales hemos hablado.
Las ideas salen fortalecidas al ser compartidas.
Cuando compartes una idea,
de ninguna manera disminuye su presencia dentro de ti.
Y no obstante la idea se transmite totalmente al receptor
a quien se la das.
Y en esa transmisión total,
la idea se VUELVE ese ser mismo.
Cuando tomas una idea, que no puede abandonar su fuente
–y esa fuente eres tú, y por tanto, al final, Dios–,
cuando tienes una idea que no puede abandonar su fuente
y la extiendes a otro,
ella se vuelve plenamente propiedad del otro, en su completitud.
Y no obstante tu propia completitud no cambia ni un ápice.

Verdaderamente se trata de que lo que tú eres SE HA CONVERTIDO en el otro.
Y esto, por abstracto que pueda ser, es la naturaleza del compartir.
No hubiera sido posible para Dios haber pensado en nosotros,
y habernos creado como ideas,
sin que Dios se CONVIRTIERA a la vez en nosotros.
No pudo haber sido de otra manera que esa:
Dios nos creó y se convirtió en lo que nosotros somos
–que es, en realidad, Dios Mismo.

La voz que habla por Dios está dentro de tu mente.
Pero la Voz de Dios en realidad ES tú.
El Espíritu Santo está dentro de tu mente, pero Él ES tú.
Y la función del Espíritu Santo es llevar
la Voz de Dios a tu discernimiento consciente.

Escúchame bien. Tú no podrías, no puedes,
nunca serías capaz, en tu tiempo,
de escuchar la Voz que habla por Dios dentro de ti
si eliges percibir que, EN CUALQUIER SENTIDO,
estás escuchándola solo.
Escúchame esto bien.

Te he dicho que la única función del obrador de milagros
es aceptar la Expiación PARA SÍ MISMO.
Y ahora digo que no puedes escuchar la Voz de Dios solo.
Esos dos conceptos son absolutamente compatibles.
Para poder aceptar la Expiación PARA TI MISMO,
debes comprender, más allá de tus pensamientos,
bien profundo adentro de tu ser,
que tú ERES tu hermano.

Y cuando intentes sentir la presencia de Dios,
si hay algo dentro de ti
que quiere conservar esa experiencia para ti solo,
entonces date cuenta de que estás percibiendo,
que estás funcionando como un ego,
que tu pensamiento no es real,
y que realmente morirá.

Cuando aceptas la Expiación para ti mismo,
ello requiere que experimentes esa verdad que contemplas
como una verdad que le pertenece a toda la Creación y a cada hermano,
así como a ti mismo.
Tal es la naturaleza de la enseñanza.
Y tal es la naturaleza de la sanación.

Enseñar no es hablar sobre tus palabras.
Enseñar no es convencer a otro
para que piense como tú pareces hacerlo con tu cerebro.
Enseñar, como la Expiación, es un acto de puro compartir.
Y el enseñar, la enseñanza real, ocurre
como ocurre todo aquello que es real,
en el nivel de la mente.

Cuando aprendes una verdad
–cosa que ocurre cuando piensas un pensamiento con Dios
y cosa que ocurre cuando le permites al Espíritu Santo
conectar tu discernimiento con tu Único Ser–
cuando experimentas esas cosas,
solo pueden volverse verdad para ti
cuando espontáneamente, profundamente desde tu interior,
deseas para cada hermano exactamente lo que has experimentado,
sin excepciones.

Y cuando haces eso,
sea o no que en la experiencia se vea involucrada tu percepción,
cada hermano experimenta esa verdad contigo,
en algún nivel.
Y esa es la verdadera naturaleza de la enseñanza.
Es simplemente un acto de compartir
basado en el entendimiento de que la realidad EXIGE compartir,
y de que aquello que quieres conservar para ti mismo, no es real.

La sanación se produce de la misma manera.
Te he dicho que para sanar debes ser pleno,
y que para ser sanado debes ser pleno, estar entero.
Ello se deduce de la misma manera que en el caso de la enseñanza.
Cuando tú, desde lo más profundo de tu ser, desees estar pleno,
y desees esa plenitud a toda la Creación,
sin excepciones,
entonces experimentarás el efecto de la sanación.

Y según experimentes los efectos de la sanación,
tú sanarás y serás sanado como una sola cosa.
Porque ambas cosas son, como todo en la Creación, lo mismo.

Si tú, en el nivel del ego,
deseas que un síntoma físico se vaya,
y quieres esa experiencia solo para ti mismo,
entonces la esencia de tu síntoma,
en el nivel de la mente, en el nivel de la realidad,
no se marchará.
Realmente ha habido muchos casos de magia
en los cuales los síntomas corporales parecen verdaderamente desaparecer.
Y dentro de tu percepción eso es lo que pasa.

Pero, sin la plenitud de la que he hablado,
la sanación verdadera no puede ocurrir ni ocurrirá.
Y te aseguro que cada uno de los síntomas eliminados mediante magia
permanecerá en el mundo de la forma y en el mundo del tiempo,
y, en alguna medida y de alguna forma regresará,
aunque siempre debido a tu propia elección, por tu propio designio.

La Expiación es un acto de puro compartir.
Conocer la Expiación significa saber
que no puedes experimentarla solo,
que se extiende automáticamente a cada hermano.
Y tu única meta es experimentar esa Unicidad,
y entonces encontrar la Expiación para ti mismo.

Y cuando hagas eso encontrarás
con gran regocijo y alegría
que al encontrar la Expiación para ti mismo
la has hallado verdaderamente para toda la Creación.
Y grande será tu recompensa,
grande tu alegría.

Bendiciones para todos. Eso es todo.

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