Amor y crucifixión. Haskell: «La otra voz». Un Curso de milagros RELOADED   Leave a comment

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imagen corazón en círculo[- Podéis mirar en la página de índices, de Haskell, para encontrar los enlaces a estos textos traducidos, etc.
– Los PDF también están además en esta carpeta pública, que tengo en google.
– Sobre el uso del idioma en las traducciones y el modo de traducir o de revisar las traducciones, ver las notas en esta entrada que progresivamente iré completando.
– Esta transmisión aparenta haber sido dada claramente por la misma voz que dictó Un curso de milagros (UCDM), y que habló por la personalidad de Jesús.
– La siguiente parte de este texto sirve como acompañamiento —más o menos— para esta parte del texto principal del curso de milagros: [T-6.I] (según las indicaciones del propio Haskell en su texto publicado).]

 

Amor y crucifixión [T-6.I]

Saludos de nuevo, soy Jeshua.
Hoy comienzo contigo nuestra conversación
sobre las lecciones del amor.
Hay una primera lección del amor
que debes llegar a conocer dentro de tu ser,
más allá de tus pensamientos, más allá de las palabras.
Y cuando aprendas la lección en ese nivel,
entenderás verdaderamente el amor.

La mayor lección de amor es extremadamente simple.
La lección del amor es esto:
TÚ LO TIENES TODO.
Y debido a que eso es así,
no es posible que te pueda suceder nada
a no ser que sea por tu propia elección.
Ese discernimiento, en su simplicidad, te llevará
a la comprensión plena del amor mismo.

Lo que acabo de decir significa que no es posible, nunca,
que tengas que ser una víctima, o que puedas ser una víctima, en ningún sentido,
bajo ninguna circunstancia.
No es posible que ningún ser pueda HACERTE ALGO a ti.
Ello no puede suceder.

No es posible que ningún ser,
aun aquellos que te parecen a ti que no tienen personalidad
–rocas, árboles, viento, cometas, meteoros–
no es posible que seres de esa naturaleza puedan afectar tu vida,
o hacerte algo a ti,
a no ser que sea por tu propia elección y diseño.

Detente por un momento.
¿Qué pasaría si supieras con absoluta certeza
que te es imposible ser una víctima de ninguna clase, jamás,
en ninguna circunstancia, como he dicho?
Trata de imaginarte cómo te encontrarías sabiendo eso.
Y, ahora, en ese estado, trata de imaginar alguna causa para sentir ira.
Te ayudaré: no hay ninguna.
Prueba a jugar, pensándolo todo lo que quieras,
pero nunca encontrarás una causa para la ira.
Y si no eres víctima, como en realidad no puedes serlo,
y si nunca puedes estar airado con otro, o con ninguna circunstancia,
ENTONCES, TODO LO QUE QUEDA EN TU VIDA ES AMOR.

Todo lo que parece sucederte
en este mundo de espacio y tiempo
es por tu propio diseño.
Esa es la forma en que el universo, las personas o las demás cosas,
celebran contigo lo que has diseñado
y deseado para tu propia vida.
Entonces, lo único que te podría provocar ira sería
que el universo no honrara lo que deseaste.
Y eso, escúchame bien, no sucede ni puede suceder.

Para decirlo quizá más claramente:
si deseas tener una herida y dolor,
entonces el universo honra lo que deseas.
Y solamente tendrías alguna razón para tener ira,
si él no hubiera hecho eso.
Y te aseguro de nuevo que eso no sucede.

Si tu vida parece estar llena de bendiciones
y de eso que llamas “bien”,
si tu vida está llena de luchas
y de eso que llamas “dolor”,
todo ello, en cada detalle, es por tu propia elección.
Tú no eres víctima, ni puedes ser víctima, bajo ninguna circunstancia.

ESTE DISCERNIMIENTO TE LLEVA AUTOMÁTICAMENTE
AL RECONOCIMIENTO Y A LA EXPERIENCIA DEL AMOR,
Y A SU COROLARIO, LA GRATITUD.

Yo, cuando anduve por esta tierra, escúchame bien,
elegí morir crucificado.
No puedes entender la naturaleza del amor
y el significado de la crucifixión,
si no entiendes que, incluso en esa circunstancia extrema,
no fui víctima y no podía serlo.

Te dije que la crucifixión no fue más
que un ejemplo extremo.
Si yo, y te aseguro que fue así, pude ser ridiculizado,
torturado, golpeado, crucificado y aparentemente asesinado,
SIN SENTIR LA MÁS LEVE TRAZA DE IRA,
entonces, cuando contemples mi ejemplo extremo,
quizás puedas encontrar dentro de ti
la capacidad de constatar que no eres una víctima
en circunstancias mucho menos drásticas,
con consecuencias aparentemente mucho menos importantes.

Si un vecino parece ofrecerte palabras poco amables,
podrías verte a ti mismo, en un cierto sentido menor, “crucificado”.
Y el amor, tal y como te insto a conocerlo,
no contemplará eso como un ataque,
sino simplemente como una forma de armonía que ambos,
en vuestra Unicidad, habéis elegido representar,
desde el amor del uno por el otro.

Cuando se te haga difícil evitar el deseo de tener ira,
piensa en mi crucifixión y en su ejemplo extremo.
Vuelve a pensar lo que te he dicho,
acerca de que yo, y tú, y todos tus hermanos,
nunca podemos experimentar nada que no sea por propia elección.
Entonces, quizá encuentres dentro de ti
la libertad de soltar cualquier deseo que pudieras tener
de estar enfadado, enfadada.

Vine aquí para vivir en esta tierra, en el espacio y el tiempo,
como un acto de amor y de compartir.
El verdadero mensaje en tal acto de compartir se encuentra en la resurrección.
Pues en la resurrección os demostré
que eso que parece sucederle al cuerpo físico
no tiene en realidad ninguna consecuencia.
En ese compartir, nos hacemos Uno, y nos hacemos libres.
Pues eso es lo que somos, como Hijos de Dios.

No te pido que compartas la crucifixión.
Mas bien te pido que observes mi crucifixión,
y aprendas de ella sobre cómo liberarte de toda ira,
y de todo sentido de ser víctima.
Porque así es.
Y cuando te liberes de todas las creencias acerca de que puedes ser una víctima,
te abrirás, sin esfuerzo, al amor,
a la libertad y a la paz.

Los milagros como tales no importan.
Yo hice lo que muchos llamarían “milagros”.
Y esas cosas igualmente fueron ejemplos extremos.
Es verdad que podrías, y puedes, caminar sobre el agua tal y como yo lo hice.
Pero no importa si lo haces.

Es verdad que tú, tal y como yo lo hice,
tienes dentro de ti la fuerza para hacer que un ciego vea,
para hacer caminar a un paralítico
y para hacer resucitar a alguien aparentemente muerto.
Tienes dentro de ti ese poder y esa libertad.
Pero, y escúchame bien,
no importa si no haces cualquiera de esas cosas.

Los milagros en los que yo participé
–no que HICE, sino que participé con mis hermanos–
fueron simplemente ejemplos extremos.
Y el mensaje de todos ellos es este:
hermanos míos, mirad, ved lo que sois.
Hermanos míos, mirad, comprobad que sois libres.
Hermanos míos, mirad, ved que podéis enseñar y compartir
y dar libertad a otro
desde adentro de vosotros mismos.
Hermanos míos, mirad, no importa lo que el mundo
parezca haceros,
sois absolutamente libres, y no podéis morir.

Ese fue el mensaje que vine a daros.
Y a menudo fue mal entendido.
Los malentendidos siempre proceden del miedo
y de las falsas creencias que surgen del miedo.
Los malentendidos nunca surgen del amor.
Escúchame bien.

Si puedes llegar a la simple constatación
de que no eres, ni puedes ser, y nunca serás,
una víctima, bajo ninguna circunstancia;
si puedes aceptar esa noción
y permitir que se convierta en una “parte automática” de tu ser,
en una parte automática del sistema de creencias
que controla tu vida aquí,
entonces, realmente, serás libre.

Entenderás completamente todo lo que he venido a enseñarte.
Y tú, automáticamente, como en realidad lo tienes todo,
lo extenderás libremente, sin ningún rastro de miedo,
hacia todos los seres, hacia todos los hermanos,
y hacia ti mismo.

Y entonces, tú, muy simplemente,
habrás aprendido eso que vine a enseñar,
eso que vine a compartir,
lo que vine a demostrar
en el proceso de la crucifixión y de mi muerte;
y, sobre todo, en el proceso de mi resurrección.

Bendiciones para todos. Eso es todo.

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