Las lecciones del Espíritu Santo: Vigilancia. Haskell: «La otra voz»   Leave a comment

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imagen corazón en círculo[- Podéis mirar en la página de índices, de Haskell, para encontrar los enlaces a estos textos traducidos, etc.
– Los PDF también están además en esta carpeta pública, que tengo en google.
– Sobre el uso del idioma en las traducciones y el modo de traducir o de revisar las traducciones, ver las notas en esta entrada que progresivamente iré completando.
– Esta transmisión aparenta haber sido dada claramente por la misma voz que dictó Un curso de milagros (UCDM), y que habló por la personalidad de Jesús.
-La siguiente parte de este texto sirve como acompañamiento —más o menos— para esta parte del texto principal del curso de milagros: [T-6.V-C] (según las indicaciones del propio Haskell en su texto publicado).]

 

Las lecciones del Espíritu Santo: Vigilancia [T-6.V-C]

Saludos de nuevo, soy Jeshua.
Hemos estado hablando de las lecciones del Espíritu Santo.
Recuerda que el Espíritu Santo está dentro de ti, es parte de ti.
Y la función real del Espíritu Santo es garantizar
que nunca puedas estar separado de Dios.

Por ahora has elegido un mundo de ilusión.
Y lo has elegido con el propósito de imaginar
cómo sería estar apartado de Dios,
lo cual no puede ocurrir.
Las lecciones del Espíritu Santo son las lecciones
que te traerán de vuelta al reconocimiento
de que no estás apartado de Dios,
o apartado de cualquier cosa que exista
–que eso no te puede suceder.
Y ese reconocimiento será tu libertad y tu gozo.

Hablamos de la primera lección que decía:
“Para tener, da todo a todos”.
Esa forma de pensar es ciertamente opuesta a la del mundo.
Y para encontrar la verdad de lo que tú eres,
debes aprender a dar,
y a reconocer que es dando como podrás recibir,
ya que solo puedes dar regalos a ti mismo.

Y la segunda lección alude simplemente,
a la naturaleza del regalo que darías.
El regalo de Dios es paz total,
que es sinónimo de alegría,
que es lo mismo que libertad
que es lo mismo que amor.
Así que para tener paz, enseña paz.
Para tener alegría, enseña alegría.
Para tener libertad, enseña libertad.
Y para tener amor, enseña amor.
Todos son lo mismo.
Y de este modo es como el Espíritu Santo te puede ayudar a entender
qué es lo que verdaderamente deseas.

Y ahora, la tercera lección dice:
“Mantente alerta solo en favor de Dios y de Su Reino”.
¿Qué significa esto?
Tú pareces estar aquí, en un mundo de pensamiento,
en un mundo de egos y de separación imaginaria,
en un mundo de ilusión.
Y no obstante, dentro de ti existe el reconocimiento imperecedero
de que tú vas a regresar necesariamente al discernimiento de quien tú eres.

La vigilancia empieza con el reconocimiento
de los regalos del Reino de Dios.
Dentro de tu pensamiento, dentro de este mundo de ilusión,
no puedes escaparte del conocimiento interior de que existe una realidad,
que existe algo que verdaderamente deseas,
algo más que lo que este mundo puede ofrecer.
Y todos vosotros, en algún nivel, sabéis que eso es cierto.
Porque eso es la verdad de lo que sois, y no se puede escapar de ella.

Tu vigilancia es entonces tu disposición
a dejar que el Espíritu Santo trabaje contigo en tu pensamiento.
Tu vigilancia es entonces tu disposición
a tomar todo lo que piensas, deseas
y pareces experimentar,
y entregarlo a la luz de la verdad
que enseña el Espíritu Santo,
y hacer esto sin excepción.
Si haces eso con buena disposición,
y deseas por encima de todo recibir los regalos de Dios,
entonces, el Espíritu Santo, que está siempre dentro de ti,
surgirá, estará presente,
y guiará tu pensamiento hacia tu alegría,
tu libertad, tu paz y tu amor.
Pues esos son los regalos de Dios.

¿Cómo debes estar alerta solo de Dios y de Su Reino?
La vigilancia requiere, tan a menudo como puedas, sosiego adentro.
Porque es cuando estás en calma cuando puedes escuchar la voz interior,
la voz del Espíritu Santo.
Y cuando exista conflicto o malestar,
cuando parezca que estás aislado,
frustrado o separado,
detente y aquiétate.
Y en tu quietud, incluso en tu pensamiento,
simplemente pide que el Espíritu Santo esté allí.
Y sucederá.

Otra medida, muy simple en verdad,
es entender cuáles son los regalos de Dios
–paz, libertad, felicidad y amor.
Y cuando encuentras la verdadera paz, la libertad verdadera,
y el verdadero gozo morando en tu ser,
puedes confiar en ellos y seguirlos sin excepción.

Si encuentras que claramente
no estás en paz y no sientes alegría,
entonces detente una vez mas, y quédate en calma,
y pide al Espíritu Santo
–que es parte de ti y permanece en contacto con Dios,
y que está siempre presente–
pídele que te ofrezca su guía hacia tu alegría,
tu paz, tu libertad y tu amor.

Podrías preguntarte, “Si estoy sintiendo paz y alegría,
¿cómo puedo decir que es la paz de Dios
y no una ilusión?”.
Y la prueba, simple, y que te he contado antes, es esta:
si hay algo, cualquier cosa que sea,
y no importa si es pequeña o grande,
si hay algo en este mundo que pueda amenazar o quitarte
tu paz, tu alegría o tu libertad,
entonces, no se trata todavía de la verdadera paz de Dios.

No olvides que el Espíritu Santo toma eso que es verdad
y lo mantiene a salvo para ti dentro de tu mente.
El Espíritu Santo toma eso que es parcialmente verdadero y lo purifica
de modo tal que pueda conservar su verdad dentro de tu mente.

Y aquello que no es verdad, el Espíritu Santo lo rechazará.
Ello, por supuesto no desaparece.
Porque ninguna idea abandona su fuente hasta el momento
en que su creador decida hacerlo así.
Pero eso que no es verdad se vuelve parte
del mundo del ego, del mundo de la ilusión.
Y por la propia naturaleza del mundo de la ilusión,
sabes que eso SE IRÁ,
al estar sujeto a la percepción, al capricho, a las amenazas,
a las penas, la miseria y la muerte.

Cuando tienes algo que te pueden quitar,
en verdad, no lo tienes.
Cuando tienes algo que NO puede ser amenazado bajo ninguna forma,
entonces, eso que tú TIENES es parte de lo que tú ERES.
Y así, hablo de “tener” y “ser” como lo mismo.
Porque cuando eso que tú tienes ES eso que tú eres,
su cantidad o su medida es que no puede ser amenazado.

Porque nada en el universo puede amenazar
la realidad de lo que tú eres.
Ni aun Dios Mismo puede amenazar la realidad de lo que tú eres.
Pues si lo hiciera, Dios estaría amenazándose a Sí Mismo,
ya que eres Uno con Dios.
No hay nada, escúchame bien,
no hay NADA que pueda amenazar
lo que tienes y lo que eres.
Si lo que tienes puede serte quitado o puede verse amenazado,
esto te prueba que eso no eres tú,
y que no has alcanzado todavía el estado
en el cual experimentas tener y ser como lo mismo.

La guía del Espíritu Santo, por tanto,
te llevará al punto donde TENER es lo que tú eres,
y donde SER es lo que tú eres.
Pues ellos son lo mismo.
Y en ese punto, todo esfuerzo para ser vigilante
no será necesario, y serás libre.
ESTARÁS en paz.
SERÁS alegría.
SERÁS Amor.
Y, cuando empieces a ser esos regalos,
entonces, no pueden dejar de ser tuyos.
¿Lo ves?

Estate alerta solo ante Dios y Su reino.
Si estás en conflicto o con cualquier tipo de malestar en tu pensamiento,
detente y cálmate.
Pide al Espíritu Santo Su presencia y Su guía.
Si todavía sientes que no hay paz, ni gozo, ni libertad,
si no puedes encontrar dentro de ti amor,
detente y quédate en calma,
y pide al Espíritu Santo Su guía.

Si te sientes efectivamente en paz,
pero constatas que puede ser amenazada,
detente de nuevo y quédate en silencio.
Pide por guía y liberación del mundo de ilusión.
Y el Espíritu estará allí.

Inicialmente, tu pensamiento y tu miedo –que son lo mismo–
puede parecer que están presentes y hacer que la escucha sea difícil.
Pero persiste en tu calma.
Y lo reconocerás, al principio suavemente,
luego más y más fuerte,
hasta que el mensaje se haga fuerte y claro.
Escucharás el calmado reconocimiento de qué hacer y qué ser.
Y eso será el Espíritu Santo,
que es tu Yo, tu Ser, tú Mismo,
y que es la Voz que habla por Dios,
hablándote a ti y a través de ti.

Y cuando sigas esa Voz,
esa en la cual te conviertes, esa que tú tienes,
y esa que tú eres,
el mensaje hará eco a través del mundo entero.
Y te convertirás en salvador.
Y te convertirás en el portador,
para el mundo y para ti mismo,
de los regalos del Reino de Dios
–tu paz, tu libertad, tu alegría,
y sobre todo el regalo del Amor absoluto.

Bendiciones para todos. Eso es todo.

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