Un curso de amor. 2. Lo que el amor es   Leave a comment

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imagen corazón en círculo[— Un curso de amor, compuesto de tres libros en inglés, en sus primeras ediciones, fue transmitido por Jeshua en comunión con Mari Perron, y publicado en el 2001. Aparte de esa edición en tres volúmenes, fue publicado en uno solo, en inglés, en el año 2014.
— Para más información, libros en PDF, y listado de entradas, ver índice.
— Elijo publicar parcialmente los capítulos de este modo como método para elaborar tranquilamente, y acceder a, una traducción lo mejor posible de este maravilloso “nuevo curso de milagros”.
— Sobre el uso del idioma en las traducciones y el modo de revisarlas o hacerlas, ver las notas en esta entrada que iré completando]

 

2. Lo que el amor es

2.1 Lo que el amor es no puede enseñarse. Lo que el amor es no puede aprenderse, pero puede ser reconocido. ¿Puedes acaso pasar junto al amor y no reconocer que está ahí? Por supuesto, lo haces todo el tiempo al elegir ver la ilusión en lugar de la verdad. No se te puede enseñar el amor, pero sí se te puede enseñar a ver el amor donde ya existe. Con los ojos del cuerpo no es como reconoces el amor, sino mediante la visión de Cristo, pues solo la visión de Cristo contempla el rostro de Dios.

2.2 Mientras busques un Dios con forma física no podrás reconocer a Dios. Todo lo real proviene de Dios. Nada irreal existe. Cada persona que pasa de esta vida a la siguiente no aprende un gran secreto; simplemente constata que el amor es todo lo que existe. Nada irreal existe. Piénsalo por ti mismo: si fueses a morir mañana, ¿qué sería significativo para ti hoy? Solo el amor. Esta es la clave de la salvación.

2.3 Como el amor no tiene forma física, no puedes creer que el amor pueda ser lo que tú eres, aquello que te esfuerzas por ser, hacia lo que buscas regresar. Por tanto, crees que eres algo distinto y separado del amor. Consideras que el amor es un sentimiento, uno entre muchos. Sin embargo, se te ha dicho que solamente hay dos sentimientos a elegir: amor y miedo. Tantas veces has escogido el miedo y lo has llamado de tantas maneras distintas, que ya no lo reconoces como miedo. Lo mismo vale para el amor.

2.4 Hay muchas cosas que temes a las que les das el nombre de amor. Crees que es posible elegirlo como un medio para comprar tu tranquilidad y tu seguridad. Así, has definido el amor como reacción ante el miedo, y por eso puedes entender que el amor sea lo opuesto al miedo. Esto es muy cierto. Mas como todavía no has reconocido apropiadamente que el miedo no es nada, aún no has reconocido que el amor lo es todo. Es por los atributos dados al miedo que le has dado atributos al amor. Pero solo las cosas separadas poseen atributos y cualidades que parecen complementarse u oponerse. Por eso el amor no se puede enseñar, pues no tiene atributos.

2.5 Si el amor no puede ser enseñado sino solo reconocido, ¿cómo es posible reconocerlo? A través de los efectos del amor, puesto que causa y efecto son uno. La creación es efecto del amor, igual que tú.

2.6 Creer que eres capaz de actuar con amor en una circunstancia y con ira en otra, y que ambas acciones se originan en el mismo lugar, es un error de enormes proporciones. Has calificado al amor como un componente “circunstancial”, y crees que actuar con amor más a menudo es un logro. Actuar con amor recibe la calificación de “bueno” y actuar con ira recibe la calificación de “malo”. Te sientes capaz de realizar actos de amor de proporciones heroicas y actos temibles con consecuencias horrorosas, actos de valentía y actos de cobardía, acciones apasionadas que llamas “amor” y acciones apasionadas que llamas “violencia”. Te sientes incapaz de controlar los actos más extremos que surgen de estos sentimientos extremos. Consideras peligrosos ambos “extremos” y buscas un término medio. Se dice que uno puede amar demasiado o demasiado poco, pero nunca de forma satisfactoria. El amor no es algo que haces, es lo que tú eres. Y seguir identificando el amor de manera incorrecta, es continuar siendo incapaz de identificar tu Ser.

2.7 Seguir identificando incorrectamente el amor es seguir viviendo en el infierno. Por mucho que algunos busquen evitar los altibajos de las emociones intensas, es en ese punto medio de una vida sin pasión donde el infierno se solidifica y adquiere realidad. Puedes calificar el gozo de cielo, y el sufrimiento de infierno, y puedes buscar un término medio para tu realidad creyendo que hay más opciones que estas dos. Una vida con pocos goces y pocos dolores se considera exitosa, puesto que una vida de gozo se ve solo como un sueño, y una vida de dolor como una pesadilla.

2.8 A esta confusión sobre la realidad del amor le agregas los contenidos de tu historia personal, las verdades adquiridas y las teorías adoptadas durante tu existencia. Aunque tu propósito aquí sigue estando oculto, identificas algunas cosas a las que llamas “progreso”, y otras “evolución”, y esperas poder tener algún minúsculo papel en el avance del estatus de la humanidad. Esto es a lo más que aspiráis, y son pocos los que creen que tendrán algún éxito. Otros se niegan a pensar que la vida tenga un propósito y, por tanto, se condenan a sí mismos a vivir una vida sin propósito, convencidos de que una persona entre miles de millones no marca la diferencia y no tiene incidencia alguna. Hay otros que se ponen anteojeras para no ver el mundo y que solo buscan que su rincón sea más seguro. Algunos cambian de una opción a otra con la esperanza de que al abandonar una, la siguiente les traiga un poco de paz. Es demente creer que estas son las únicas opciones que tienen las criaturas de un Dios de amor. Pero tú crees que pensar lo contrario es la verdadera demencia. Dado que tienes una idea tan limitada acerca de quién eres, ¿podría esto ser cierto?

2.9 La demencia de tus procesos de pensamiento y del mundo que percibes te debe ser dada a conocer antes de que estés dispuesto a desprenderte de ellos. Esto lo sabes, pero constantemente lo olvidas. Este olvido es obra del ego. Tu verdadero Ser no quiere olvidar, y no puede hacerlo ni por una fracción de segundo. La incapacidad para olvidar que tiene tu verdadero Ser es precisamente lo que te da esperanzas de poder aprender a reconocer el amor y, con ese reconocimiento, poder ponerle fin a la demencia que ahora percibes.

2.10 Tu Ser real es el Cristo en ti. ¿Cómo podría ser cualquier otra cosa salvo amor, o ver con ojos distintos a los del amor? ¿Esperarías que un ser humano decente no se sintiera conmovido al ver un mundo sin amor, un mundo de miseria y desesperación? No creas que aquellos que parecen añadirle más miseria al mundo son una excepción. No hay una sola alma que camine por este mundo que no se encuentre acongojada por lo que ve. Sin embargo, el Cristo en ti no se acongoja, puesto que el Cristo en ti ve con los ojos del amor. La diferencia está en que los ojos del amor no ven la miseria y la desesperanza. ¡No están ahí! Este es el milagro. El milagro es la visión verdadera. No creas que el amor puede contemplar la miseria y ver en ella amor. El amor simplemente no ve ninguna miseria.

2.11 La compasión no es eso en lo que la has convertido. La Biblia te instruye para ser compasivo como Dios lo es. Pero tú has definido la compasión de manera diferente a la de Dios. Creer que Dios contempla la miseria y responde con piedad y preocupación, pero no le pone fin, es creer en un Dios que es compasivo de la manera en que tú lo eres. Tú crees que acabarías con la miseria si pudieses, comenzando por la tuya. Sin embargo, una vez hecha real, ni tú ni Dios podríais acabar con ella. No se trata de la magia de transformar la miseria en satisfacción, o el dolor en gozo. Estos actos serían ciertamente mágicos, serían poner una ilusión sobre otra ilusión. Al haber aceptado la ilusión como verdad, buscas otras ilusiones para transformar lo que nunca existió en algo que nunca existirá.

2.12 Ser compasivo como Dios lo es, consiste en ver como Dios ve. Insisto una vez más en que no se trata de contemplar la miseria y decirte a ti mismo que no la ves. No abogo por la dureza de corazón, sino por la incondicionalidad o plenitud de corazón. Si creyeras en la más mínima fracción de la verdad, si tan solo creyeras que eres una diminuta parte de Dios, no mayor que un pequeño destello de luz en medio de un sol en todo su esplendor, seguirías sin poder creer en la realidad de la miseria y la desesperanza. Pero si creyeras en ella, también creerías que este es el estado de Dios. Y si esto fuese verdad, ¿qué esperanza habría de acabar con la miseria? ¿Qué luz habría en el universo que pudiera acabar con las tinieblas?

2.13 Invierte este pensamiento y observa si ahora tiene más sentido que antes. En este escenario, un Dios benevolente y amoroso que ha extendido Su ser a la creación del universo, de alguna manera se las ha arreglado para extender también lo que no es de Él, es decir, para crear lo que no es semejante a Su ser en ningún sentido. ¿Acaso tú intentarías semejante locura? ¿Acaso concebirías lo inconcebible?

2.14 ¿Qué otra respuesta nos queda salvo que no ves la realidad tal como es? ¿Qué beneficio te produce ver incorrectamente? ¿Cuál es el riesgo de ver de nuevo? ¿Qué sería un mundo sin miseria sino el cielo?

2.15 No busques imágenes del pasado para que te muestren el camino hacia el presente más allá de las ilusiones. Busca en tu interior al único que conoce el camino. Cristo está dentro de ti, y tú descansas en Dios. Prometí no abandonarte nunca ni dejarte sin consuelo. El Espíritu Santo te trajo el consuelo que tu perturbada mente podía aceptar. Ahora, dirígete a mí para consolar a tu corazón atribulado.

2.16 Todavía no has invertido lo bastante tu pensamiento, pues si así fuera, tu corazón no estaría todavía atribulado. La inversión no tuvo lugar porque separas la mente del corazón y crees que puedes involucrar a uno sin implicar al otro. Crees que conocer con la mente es un proceso de aprendizaje que se encuentra apartado de todo el resto de lo que eres. Crees por tanto que puedes conocer sin que ese conocimiento sea lo que tú eres. Crees que puedes amar sin que el amor sea lo que tú eres. No hay nada aparte de tu ser. Nada se mantiene independiente. Todos tus intentos por mantener las cosas separadas no son más que una reproducción de la separación original, y cuyo fin es convencerte de que la separación realmente ocurrió.

2.17 No estás separado ni solo. No estás separada ni sola. Al oír estas palabras tu corazón se regocija pero tu mente se rebela. Tu mente se rebela porque es el bastión del ego. Tu sistema de pensamiento es lo que ha construido el mundo que ves, y el ego es su compañía constante en esa construcción.

2.18 Sin embargo, tu mente también se regocijó por el aprendizaje de todas las enseñanzas que te trajeron hasta aquí, y se ha felicitado por esta hazaña que le brindó descanso. Es a partir de este descanso, que el corazón empieza a ser escuchado.

2.19 Así como el Espíritu Santo puede usar lo que el ego ha construido, el ego puede usar lo que la mente ha aprendido pero todavía no ha integrado. Mientras no seas lo que has aprendido, dejas espacio para las maquinaciones del ego. Cuando eres lo que has aprendido, no queda lugar para que el ego exista y, desterrado del hogar que le habías construido, muere lentamente. Pero hasta que esto ocurra, el ego se enorgullece por lo que la mente ha conseguido, incluso por esa mayor paz y satisfacción que te ofrece tu aprendizaje. Puede verse a sí mismo, y lo hace, como mejor, más fuerte y más apto para el éxito mundano. Es capaz de utilizar todo lo que has aprendido para perseguir sus propias motivaciones, y te da palmaditas en la espalda felicitándote por tus nuevas habilidades. Sin tu vigilancia, puede incluso parecer más fuerte que antes y más duro en sus críticas. Finge llevarte a nuevos niveles solo para usar lo que has aprendido a fin de incrementar tu sensación de culpa. De esta manera va ganando pequeñas batallas cotidianas que conducen a tu capitulación final, al día en que finalmente te rindes y admites la derrota. El ego desafía tu derecho a la felicidad, al amor y a los milagros, y solo busca conducirte a proclamar que vivir con esas fantasías no sirve para nada, y que aquí no van a ser posibles jamás.

2.20 Has desfilado hacia este campo de batalla con valor. La guerra arrecia día y noche, y tú te vas desgastando. Tu corazón clama por solaz, y su clamor no pasa inadvertido. La ayuda ha llegado.

2.21 No creas que todo lo que aprendiste va a ser inútil a la hora de hacer lo que te toca hacer. No creas en tu fracaso ni en el éxito del ego. Todo lo que has aprendido permanece contigo, más allá de tu percepción del resultado de tu aprendizaje. Lo único que necesitas cambiar es tu percepción de que el resultado está bajo tu control. Recuerda que causa y efecto son uno solo. No puedes fracasar en aprender lo que quieres aprender.

2.22 Comenzaremos trabajando en un estado de neutralidad en el cual ya no hay guerra que pelear; han cesado las batallas cotidianas. Quién gana y quién pierde ya no nos preocupa. La paz aún no ha llegado, pero la bandera blanca de la rendición se agita sobre un terreno consagrado donde por un breve tiempo reinará la neutralidad hasta que la paz irrumpa con alegre regocijo.

2.23 En esta guerra no hay victoriosos ni botín que repartir. Has aprendido una y otra vez que esto no es lo que quieres. Todo lo que ahora deseas es libertad para volver a casa, lejos de los gritos de agonía, derrota y vanagloria. El regreso comienza en un estado de neutralidad. Puede que los ejércitos aún no se hayan retirado, pero ya han empezado los preparativos.

 

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