Un curso de amor. 3. La primera lección   Leave a comment

Ir a descargar

imagen corazón en círculo[— Un curso de amor, compuesto de tres libros en inglés, en sus primeras ediciones, fue transmitido por Jeshua en comunión con Mari Perron, y publicado en el 2001. Aparte de esa edición en tres volúmenes, fue publicado en uno solo, en inglés, en el año 2014.
— Para más información, libros en PDF, y listado de entradas, ver índice.
— Elijo publicar parcialmente los capítulos de este modo como método para elaborar tranquilamente, y acceder a, una traducción lo mejor posible de este maravilloso “nuevo curso de milagros”.
— Sobre el uso del idioma en las traducciones y el modo de revisarlas o hacerlas, ver las notas en esta entrada que iré completando]

3. La primera lección

3.1 El amor es. Te enseña siendo simplemente lo que es. No hace nada. No se esfuerza. No tiene éxito ni fracasa. No está ni vivo ni muerto. Y por tanto siempre ha existido, y siempre existirá. No es exclusivo de vosotros como seres humanos. Está en relación con todas las cosas, en todo y para todo.

3.2 Igual que el verdadero conocimiento no puede aprenderse, el amor no puede ser aprendido y tú no puedes ser aprendido. Todo lo que deseas y no puedes aprender ya está logrado. Está logrado en ti. Es quien tú eres. Imagina que el océano, el guepardo, el sol, la luna o Dios mismo intentasen aprender lo que son. Son lo mismo que tú. Todo existe dentro de ti. Tú eres el universo mismo.

3.3 Se trata de un universo compartido, sin divisiones. No hay secciones, ni partes, ni dentro ni afuera, ni sueños ni ilusiones que puedan escapar o esconderse, desaparecer o dejar de ser. No hay condición humana que no exista en todos los seres humanos. Es completamente imposible que uno tenga lo que otro no tiene. Todo es compartido. Esto siempre ha sido verdad y lo será por siempre. La verdad es la verdad. No hay grados en la verdad.

3.4 Tú no eres forma, y tampoco lo es tu mundo real. Buscas el rostro de Dios en la forma, así como buscas el amor en la forma. Tanto Dios como el amor están ahí, pero no son la forma que los ojos de tu cuerpo pueden ver. Así como las palabras que ves sobre esta página son solo símbolos de un sentido mucho más allá de lo que los símbolos pueden sugerir, así también ocurre con todas las cosas y personas que te rodean, tanto las que ves como las que solo puedes imaginar. Buscar el “rostro” de Dios, aun en la forma de Cristo, es buscar lo que es para siempre sin forma. Ver de verdad es comenzar a ver lo que no tiene forma. Y comenzar a ver lo que no tiene forma es comenzar a comprender lo que tú eres.

3.5 Todas las cosas que ahora ves son solo símbolos de lo que realmente se encuentra ante ti, en una gloria que trasciende tus fantasías más intensas. Sin embargo, persistes en querer solo lo que tus ojos pueden ver y tus manos agarrar. Llamas reales a todas estas cosas, y a todo lo demás irreal. Puedes cerrar los ojos y creer que estás en la oscuridad, pero no por eso crees que ya no eres real. Cierra los ojos a todo aquello que te has acostumbrado a ver, y verás la luz.

3.6 En la luz que viene solo a los ojos que ya no ven, encontrarás al Cristo que mora en ti. En Jesucristo, el Hijo de Dios se hizo hijo del hombre. Caminó por el mundo con un rostro muy parecido al tuyo, un cuerpo con dos brazos y dos piernas, diez dedos en las manos y diez en los pies. Sin embargo, tú sabes que Jesús no era esto, y que esto tampoco era la imagen de Cristo. Jesús le dio un rostro al amor, del mismo modo que tú ahora. Pero el amor no se apega a la forma y dice: “esto es lo que soy”. ¿Cómo puede algo tener forma salvo en símbolos? Un blasón familiar, un anillo de madre o una alianza matrimonial son todos lo mismo. No hacen otra cosa que representar en la forma lo que simbolizan.

3.7 No hay forma que no sea eso. Una forma no es más que una representación. Ves miles de formas al día con diferentes nombres y diferentes funciones y no crees que todas sean lo mismo. Le otorgas valores a cada una según su utilidad o su apariencia placentera, su popularidad o su reputación. Ubicas a cada una en relación contigo, por lo que ni siquiera ves la forma por lo que es, sino por lo que conlleva para ti. Aprisionas la forma dentro de lo que ella signifique para ti, y aun así, ese significado es más auténtico que su forma. Tú le das el significado a todas las cosas, y al hacerlo pueblas tu mundo de ángeles y demonios cuya condición queda determinada por quién te ayudará y quién te perjudicará. De esta manera decides quiénes son tus amigos y quiénes tus enemigos, y decides qué amigos pasan a ser enemigos y qué enemigos pasan a ser tus amigos. Aunque, a tu juicio, un lápiz seguirá siendo un lápiz, al menos mientras siga teniendo todas las cualidades que tú has decidido que un lápiz debe tener, pocas personas pueden exhibir en todo tiempo y lugar aquellas cualidades que tú hayas predeterminado que deben poseer. Y así es como algunos te decepcionan y otros te entusiasman; uno es un paladín de tu causa y otro te denigra. En todos los escenarios tú eres el hacedor de tu mundo, al que le atribuyes sus causas y efectos. Si esto puede ser así, el mundo no puede ser sino simbólico, y el significado de cada símbolo es elegido por ti y para ti. Nada es lo que es, sino solo lo que es para ti.

3.8 A esta enorme confusión traemos un solo enunciado: el Amor es. Si nunca cambia, si solo se simboliza a sí mismo, ¿cómo puede dejar de ser todo, o dejar de contener todo significado? Ninguna forma puede abarcarlo, puesto que él abarca todas las formas. El amor es la luz en la cual desaparece la forma, y donde todo lo que es, es visto tal y como es.

3.9 Tú, que buscas ayuda, te preguntas ahora de qué manera puede esto ayudarte. ¿Qué queda por decir que no haya sido dicho? ¿Qué son estas palabras –lo admito– sino símbolos? La ayuda llega en aquello que simbolizan. No necesitas creer en las palabras ni en el potencial de los ejercicios para cambiar tu vida, pues estas palabras entran en ti en cuanto lo que son, y no como los símbolos que representan. Ya ha sido sembrada una idea de amor en un huerto donde abunda aquello que la hará crecer.

3.10 Todas las cosas han nacido de una idea, un pensamiento, una concepción. Todo lo que ha sido manifestado en tu mundo fue concebido primero en la mente. Sin embargo, aunque sabes que esto es cierto, continúas creyendo que tú eres el efecto y no la causa. Esto se debe en parte a tu concepto de la mente. Aquello que creas que la mente es, eso será para ti. Aunque muchas enseñanzas hayan intentado desalojar este concepto al que te aferras con tanto apego, como tú usas la mente para manejar conceptos, no has podido dejar que las nuevas enseñanzas surtan su efecto. Esto sucede porque crees que tu mente tiene el control de lo que piensa. Crees en un proceso de ingreso y egreso de datos, completamente humano y científicamente demostrable. El nacimiento de una idea resulta entonces de lo que ha venido antes, es el resultado de ver algo viejo como nuevo, de mejorar una idea anterior, de tomar información variada y disponerla en una nueva configuración.

3.11 ¿Qué significa esto para el aprendizaje que no es de este mundo? Significa que lo filtras con las mismas lentes. Piensas sobre él de la misma manera. Buscas acumularlo a la espera de que produzca una mejora en lo que ha existido antes. Buscas pruebas de que si te comportas de una cierta manera, sucederán ciertas cosas como resultado. Entonces, como un niño que aprende a no tocar una estufa porque está caliente y tocarla le provocará una quemadura, o que aprende que una manta templada es agradable, sometes el aprendizaje que no es de este mundo a mil pruebas que dependen de tus sentidos y de tu juicio. Cuando crees que sabes lo que te hará daño y lo que te resultará confortador, sometes lo que no se puede comparar a lo comparable.

3.12 No creas que tu mente, tal y como la concibes, aprende sin comparar. Todo es verdadero o falso, correcto o incorrecto, blanco o negro, caliente o frío, solamente en base a los contrastes. Una sustancia química reacciona de una manera y otra reacciona de otra, y crees que solo mediante el estudio de las dos tiene lugar el aprendizaje.

3.13 No has renunciado a la idea de que tienes el control sobre lo que aprendes, ni has aceptado que puedes aprender de una manera distinta a la que has tenido hasta ahora. En consecuencia, nos desplazamos de la cabeza al corazón solo para sacar provecho de los conceptos de tu corazón, que son conceptos mucho más acordes con un aprendizaje que no es de este mundo.

3.14 Esas palabras de amor no entran en tu cuerpo por los ojos para asentarse en el cerebro y ser allí destiladas en un lenguaje que puedas entender. Mientras lees, presta atención a tu corazón, pues este aprendizaje entra por él y en él se queda. Tu corazón es ahora tus ojos y oídos. Tu mente puede permanecer dentro de tu concepto del cerebro, pues ahora la soslayaremos y no le enviaremos información para procesar ni datos para que calcule. El único cambio que se te pide en tu modo de pensar es el de constatar que no lo necesitas.

3.15 Lo que esto llegará a significar para ti va más allá del aprendizaje de este Curso. Un concepto como este, si lo entregas y no lo reemplazas, te liberará más allá de todo lo que puedas imaginar, y liberará también a tus hermanos y hermanas. Una vez que un concepto así es derribado, otros le siguen rápidamente. Pero ninguno está más arraigado que este, el que hoy empezamos a dejar que se disipe.

3.16 Vosotros, que no habéis podido separar la mente del cuerpo, el cerebro de la cabeza, la inteligencia del conocimiento, animaos. Renunciamos a seguir intentándolo. Simplemente aprendemos de una manera nueva, y en nuestro aprendizaje constatamos que nuestra luz brilla desde el interior de nuestro corazón, nuestro altar al Señor. Aquí mora el Cristo en nosotros, y aquí concentramos nuestras energías y nuestro aprendizaje, prestos a comprender que aquello que querríamos saber no puede ser computado en los bancos de datos de un cerebro sobrecargado en el que hemos puesto demasiada confianza, en una mente que no podemos separar de donde creemos que está.

3.17 En contraste, nuestros corazones salen al mundo, hacia el que sufre, hacia el débil de cuerpo y mente. Nuestros corazones no son fácilmente confinados dentro de nuestras carcasas de carne y hueso. Nuestros corazones adquieren alas con la alegría y se quiebran con la tristeza. No así el cerebro, que sigue registrándolo todo como un observador silencioso, presto a decirte que los sentimientos de tu corazón son de hecho una tontería. Es a nuestro corazón a quien invocamos en busca de guía, pues en él reside el único que verdaderamente guía.

3.18 A ti que crees que esta idea está viciada de sentimentalismo, y que estás seguro de que te llevará a abandonar la lógica y, en consecuencia, te conducirá a la ruina, te digo una vez más: anímate. Tonterías como los deseos de tu corazón son las cosas que ahora te salvarán. Recuerda que es tu corazón el que anhela el hogar. Tu corazón anhela recordar el amor, y si sigues su ruta, él te guiará y te encaminará con certeza al hogar.

3.19 ¿Qué dolor ha soportado tu corazón que no haya podido atesorar para su fuente? Su fuente es el amor, ¿y qué mayor prueba de la fortaleza del amor necesitas? Un dolor así, como el que ha soportado tu corazón, es como un cuchillo que atraviesa los tejidos, un golpe que detendría las funciones cerebrales, o un ataque sobre las células mucho mayor que cualquier cáncer. El dolor del amor, tan preciado que no puede ser soltado, puede atacar, y de hecho lo hace, los tejidos, el cerebro y las células. Y luego lo llamas enfermedad, y permites que el cuerpo te haga decaer, todavía y siempre reteniendo el amor para ti mismo.

3.20 ¿Acaso el dolor debe acompañar al amor y la pérdida? ¿Es este el precio que debo pagar, te preguntas, por abrir el corazón? Y sin embargo, si se te preguntara si prefieres otra cosa distinta del amor, tu respuesta no sería un “sí”. ¿Qué otra cosa es digna de valer tanto, tanto sufrimiento, tantas lágrimas? ¿Qué otra cosa no querrías soltar cuando llega el dolor, como mano que dejaría caer un ascua ardiente? ¿Qué otro dolor mantendrías tan íntimamente en ti, como esa pena que no se abandona así como así? ¿Qué otro dolor estarías tan poco dispuesto, dispuesta, a sacrificar?

3.21 No creas que estas preguntas no tienen sentido, o que han sido hechas para vincular el amor con el dolor y dejarte desamparado sin ayuda, pues aunque esta manera de relacionar amor con dolor es un sinsentido, tiene sin embargo todo el sentido del mundo. Estas preguntas simplemente demuestran el valor del amor. ¿Qué otra cosa valoras más?

3.22 Tus pensamientos pueden conducirte a una docena de respuestas ahora mismo, que para algunos serían más, para otros menos, según la tenacidad de los pensamientos que, conducidos por el ego, querrían interponer la lógica en el camino del amor. Otros pueden usar sus pensamientos de manera distinta y proclamar que eligen el amor y no el dolor cuando en realidad lo que eligen es la seguridad a expensas del amor. Nadie aquí cree que pueda tener el uno sin el otro, y así, se vive temiendo al amor, al mismo tiempo que es deseado por encima de todas las cosas.

3.23 No creas que existe ni una sola manera de apartar el amor de la vida. Antes bien, ahora comenzamos a apartar los juicios que la vida ha hecho sobre él, los juicios adquiridos con la experiencia, basados en cuánto amor has recibido y cuánto te ha sido negado. Comenzamos simplemente por aceptar la demostración que se nos ha dado, la demostración de la fortaleza del amor. Esto es lo que recordaremos una y otra vez mientras aprendemos a reconocer lo que el amor es.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: