Un curso de amor. 5. La relación   1 comment

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imagen corazón en círculo[— Un curso de amor, compuesto de tres libros en inglés, en sus primeras ediciones, fue transmitido por Jeshua en comunión con Mari Perron, y publicado en el 2001. Aparte de esa edición en tres volúmenes, fue publicado en uno solo, en inglés, en el año 2014.
— Para más información, libros en PDF, y listado de entradas, ver índice, puntos 4 y 5.
— Elijo publicar parcialmente los capítulos de este modo como método para elaborar tranquilamente, y acceder a, una traducción lo mejor posible de este maravilloso “nuevo curso de milagros”.
— Sobre el uso del idioma en las traducciones y el modo de revisarlas o hacerlas, ver las notas en esta entrada que iré completando.]

Capítulo 5. La relación

5.1 El Cristo en ti es plenamente humano y plenamente divino. Como plenamente divino, nada le es desconocido. Como plenamente humano, lo ha olvidado todo. Por tanto, comenzamos a reaprender lo conocido como Uno que ya lo tiene todo. Esta unión de lo humano y lo divino se gesta en presencia del amor a medida que se derrumba todo aquello que te provoca temor y sufrimiento, y reconoces de nuevo lo que el amor es. Esta unión de lo humano y lo divino es tu propósito aquí, el único propósito digno de tu consideración.

5.2 Tú que tanto has llenado tu mente de divagaciones sin sentido y de consideraciones que no piensan en nada que sea real, alégrate de que exista un modo de acabar con este caos. El mundo que ves es un caos, y no hay nada en él, incluyendo tus pensamientos, que sea digno de confianza. Por ello estos necesitan ser consagrados de nuevo, consagrados al único propósito digno de consideración: el de unirte a tu Yo verdadero, el Cristo en ti.

5.3 Lo dije antes: solo aprendes en unión conmigo, porque solo en unión conmigo eres tú Mismo, tu Yo. Ahora debemos ampliar tu comprensión de la unión y de la relación, así como tu comprensión sobre mí.

5.4 La unión es imposible sin Dios. Dios es unión. ¿Acaso esto no es parecido a decir que Dios es Amor? El amor es imposible sin unión. Lo mismo vale para la relación. Dios crea toda relación. Cuando piensas en la relación, piensas primero en una y luego en otra, en la relación que compartes con tal o cual persona amiga, con un cónyuge, con un hijo, con un empleado o un empleador, o con un pariente. Al pensar en estos términos específicos pierdes el sentido de la relación santa, pues la relación es, en sí misma, sagrada.

5.5 La relación existe aparte de los particulares. Esto es lo que no puedes concebir y lo que tu corazón necesita aprender de nuevo. Toda verdad es generalizable porque la verdad no se ocupa de los detalles específicos ni de las formas de tu mundo. Tú crees que un cuerpo y otro “tienen una relación”, y mientras sigas pensando así, no entenderás la relación o la unión ni llegarás a reconocer el amor como lo que es.

5.6 La relación es lo que existe entre una cosa y otra. No es ni una cosa ni la otra. Tampoco es una tercera cosa, en el sentido de un tercer objeto, sino algo distinto. Cuando vas a escribir algo, eres consciente de que existe una relación entre tu mano y un lápiz, pero es una relación que das tan por sentada que has olvidado que existe. Toda verdad reside en la relación, inclusive en una tan simple como esta. El lápiz no es real, ni la mano que lo toma. Sin embargo, la relación entre ellos es muy real. “Cuando dos o más se reúnen” no es una exhortación a que se unan los cuerpos. Es una declaración que describe lo auténticamente real, la única realidad que existe. Lo real es esa unión, y es la causa de que toda la creación entone un canto de júbilo. Ninguna cosa existe sin la otra. Causa y efecto son uno solo. Por tanto, ninguna cosa puede causar otra sin que sean una sola, o estén unidas en la verdad.

5.7 Estamos empezando a dibujarte un nuevo cuadro, un cuadro de cosas que antes pasaban desapercibidas pero que veías con tu corazón, si no lo hacías con tus ojos. Tu corazón reconoce el amor sin verlo. Tú le das forma y dices: “amo a esta persona” o “amo aquello”, y sin embargo sabes que el amor existe independientemente del objeto de tu afecto. El amor está aparte, en un marco que no es de este mundo. Tú utilizas objetos para atraparlo, para ponerle un marco a su alrededor y exhibirlo en la pared como un cuadro, diciendo: “el amor es esto”. Mas cuando lo has atrapado y lo has colgado ahí para que todos lo vean y lo contemplen, te das cuenta de que eso no es el amor en absoluto. Comienzas entonces a erigir tus defensas, las evidencias que citas para decir: “sí, ciertamente, esto es amor y aquí lo tengo; cuelga de mi pared y lo veo; es mío, lo poseo, lo conservo y lo aprecio. Mientras permanezca donde pueda verlo es real, y yo estoy a salvo”.

5.8 “Ah”, piensas, cuando encuentras el amor, “ahora mi corazón está cantando; ahora sé de qué va todo esto del amor”. Y asocias el amor que has encontrado a aquel en quien lo has encontrado, e inmediatamente buscas preservarlo. Hay millones de museos del amor, muchos más que altares. Sin embargo, tus museos no pueden preservar el amor. Os habéis convertido en coleccionistas, antes que en recolectores, antes que en gente que reúne. Tu temor ha crecido tanto que acumulas y pones a buen recaudo todo lo que podría combatirlo. De manera semejante al marco para el amor que cuelga en tu pared, las colecciones que llenan tus estantes, ya sean de ideas, de dinero o de cosas para contemplar, son intentos desesperados de reservar para ti algo apartado de todos los demás. Al apartar el amor, reconoces que no tiene lugar aquí, pero también terminas apartándote tú y apartando todo aquello que defines como valioso. Construyes tus bancos, así como tus museos, a modo de palacios para el amor, y dejas de ver los becerros de oro que se esconden en los muros de palacio.

5.9 Esta compulsión de preservar las cosas no es sino el afán por dejar una marca en el mundo, una marca que diga: “he conseguido mucho durante mi permanencia en este mundo. Estas cosas que amo son las que dejo, mi legado, las que demuestran que estuve aquí”. Una vez más, la idea es correcta, pero está tan tristemente fuera de lugar, que se convierte en una parodia de lo que eres. El amor sí marca tu lugar, pero en la eternidad, no aquí. Lo que dejas atrás nunca es real.

5.10 El amor reunido en unión es una celebración. El amor coleccionado no es más que una parodia del amor. Es necesario reconocer y comprender esta diferencia, así como comprender el impulso a separar el amor de todo lo demás, pues con la comprensión, esos impulsos pueden cobrar sentido. Con la comprensión pueden comenzar a traer cordura a un mundo demente.

5.11 Todavía no crees ni comprendes que los impulsos que sientes son reales, y que no son ni buenos ni malos. Tus sentimientos en verdad provienen del amor; es tu respuesta ante ellos la que está orientada por el temor. Incluso los sentimientos de destrucción y violencia provienen del amor. Tú no eres malo, y no tienes sentimientos que puedan ser calificados de malos. Pero estás desorientado al respecto del significado de tus sentimientos y de cómo estos pueden traerte amor y llevarte a ti hacia el amor.

5.12 Las lecciones del amor se aprenden comprendiendo la relación entre lo que sientes y lo que haces. Cada sentimiento pide que te entregues a una relación con él, pues en él encontrarás amor. En cada unión, en cada momento de involucrarse, es donde existe el amor. Cada unión, cada compromiso en el que te involucras, viene precedido por una suspensión del juicio. De ahí que no sea posible unirse a lo que se juzga, ni sea posible examinarlo de modo que pueda ser entendido. Lo juzgado permanece fuera de ti, y es eso que permanece fuera lo que te invita a hacer aquello que el amor no te llamaría a hacer. Lo que permanece fuera es todo lo que no se ha unido a ti. Lo que se ha unido a ti deviene real en la unión, y lo real es solo amor.

5.13 ¿Puedes ver el lado práctico de esta lección? ¿Qué terror puede provocar un impulso violento que, cuando se une al amor, se convierte en alguna otra cosa? Un impulso violento puede significar muchas cosas, pero siempre late en él un abrumador deseo de paz. Esta paz puede conllevar la destrucción de lo viejo, y el amor puede facilitar el ascenso y la caída de muchos ejércitos. ¿Qué ejércitos de destrucción pueden sacudir el mundo cuando son llevados al amor?

5.14 Dentro de ti está a salvo todo el mundo, seguro y protegido. No reina el terror ni acechan pesadillas en la noche. Permíteme una vez más describir la diferencia entre lo que está dentro y lo que está fuera. Adentro está todo aquello que se ha unido a ti; afuera está todo lo que mantienes separado. Dentro de ti permanece toda relación que alguna vez hayas tenido con cualquier cosa. Mientras que todo aquello que hayas apartado, etiquetado, juzgado y apilado en tus estantes, permanece fuera de ti.

5.15 Esto es lo que constituye a ambos mundos, y solo esto. Aquel que ves como real es el que mantienes fuera de ti, haciendo que sea posible contemplarlo con los ojos de tu cuerpo. Aquel que no ves, y en el que no crees, es el que no puedes encontrar mirando hacia fuera, y sin embargo este último es el único verdaderamente real. Ver ese mundo real en el interior requiere otro tipo de visión: la visión del corazón, la visión del amor, la visión del Cristo en ti.

5.16 Te asomas a la puerta de tu casa y ya sea que veas calles urbanas iluminadas, calles atestadas de desperdicios y delincuencia, o campos sembrados, afirmas que ese es el mundo real. Es el mundo al que sales para ganarte la vida, para recibir educación, encontrar pareja. Pero la casa en la que moras, en cambio, como tu mundo interior, es donde vives la vida que mayor sentido tiene. Es donde se forman tus valores, donde tomas decisiones, donde encuentras seguridad. La comparación no es ociosa. Tu hogar está dentro de ti y es real, tan real como te parece que es ese hogar que has construido dentro del mundo. Puedes decir que el mundo real es algo que está en algún lugar fuera de ti mismo, del mismo modo en que imaginas que el mundo real está más allá de las puertas de tu casa; pero decir eso no lo convierte en verdad.

5.17 Tu continuo deseo de mantener una relación solo con el mundo de fuera, es lo que hace que ese mundo permanezca. Esto se debe a que no defines la relación como una unión. Aquello con lo que te unes deviene real. Al integrarlo en ti Mismo lo conviertes en real, porque lo conviertes en uno con tu Yo real. Esto es la realidad. Todo aquello con lo que no te unes permanece fuera de ti y es una ilusión, pues lo que no es uno contigo, no existe.

5.18 De esta manera te conviertes en un cuerpo que va por un mundo ilusorio donde nada es real y nada está sucediendo en verdad. Este mundo ilusorio está lleno de cosas que te has dicho a ti mismo que debes hacer, y que te han adiestrado para que las hagas, pero que no quieres hacer. Y cuantas más cosas de estas contenga tu vida, más se empequeñece tu realidad. Todo lo que podría unirse a ti y convertirse en parte del mundo real de tu creación, queda fuera de tu alcance.

5.19 No hay nada en tu mundo que no pueda convertirse en sagrado mediante la relación contigo, pues tú eres la misma santidad. No reconoces esto porque llenas tu mente y dejas vacío el corazón. Tu corazón solo se llena mediante la relación o la unión. Un corazón pleno eclipsa una mente plena, pues no deja espacio para los pensamientos insensatos sino solo para aquello que es verdaderamente real.

5.20 Ya ha sido propuesto el primer y el único ejercicio para tu mente en este Curso: dedica tu pensamiento a la unión. Cuando tu mente se llene de pensamientos sin sentido, cuando aparezcan resentimientos, cuando te invadan las preocupaciones, repite el pensamiento que abre el corazón y despeja la mente: “dedico todo pensamiento a la unión”. Toda vez que necesites reemplazar pensamientos sin sentido, piensa en esto y repítelo una y cien veces si es preciso. No necesitas imaginar con qué reemplazarás tus pensamientos sin sentido, pues tu corazón intercederá satisfaciendo su anhelo de unión tan pronto como hayas expresado tu voluntad de permitir que lo haga.

5.21 Todavía no comprendes la tenacidad de tu resistencia a la unión que transformaría el infierno en cielo y la locura en paz. Todavía no comprendes tu capacidad para decidir a qué le otorgas realidad, en tu creación del mundo. El único sentido posible para el libre albedrío es este: qué eliges unir contigo, y qué eliges dejar fuera de ti mismo.

5.22 Tu deseo de estar separado es el más demente de todos cuantos hayas concebido. Por encima de tu anhelo de unión colocas este deseo de estar solo y separado. Toda tu resistencia a Dios se basa en él. Crees que has elegido distanciarte de Dios para poder seguir tu propio camino, pero al mismo tiempo que anhelas regresar a Dios y al cielo que es tu hogar, no quieres admitir que no puedes hacerlo por tu cuenta. Por tanto, has convertido la vida en una prueba, y crees que puedes pasarla, o fracasar, con tu propio esfuerzo. Sin embargo, cuanto más luchas por lograr hacerlo así, más te das cuenta de la futilidad de tus esfuerzos aunque no quieras admitir que tus esfuerzos son fútiles. Te aferras al esfuerzo como si fuese el camino a Dios, y no quieres creer que todo esfuerzo es en vano, o que existe una solución simple. En tu mundo, una solución simple que no requiera de ningún esfuerzo carece de valor. El individuo, razonas, sobrevive mediante toda esta lucha y este esfuerzo, y sin estos, no existiría. En esto tienes razón, pues mientras pretendas hacer de ti un individuo, te negarás a ti mismo la unión con todos los demás.

5.23 Todos tus esfuerzos por ser un individuo están concentrados en la vida de tu cuerpo. Tu concentración en la vida del cuerpo pretende mantenerlo separado. “Superar” es tu eslogan, mientras luchas por superar todos los obstáculos y adversidades que te impiden tener todo lo que crees que quieres tener. Esta es tu definición de la vida, y mientras rige, determina la vida que ves como real. Te presenta miles de opciones, y no una vez, sino muchas, hasta que crees que tu poder de elección es una fantasía, y que en realidad eres impotente. En consecuencia, restringes aquello que quieres, y sales en su busca con toda determinación, convencido de que hay que trabajar duro para conseguir la única opción que queda bajo control. Crees que si dejas de lado todo lo demás y te concentras solo en esta opción, tarde o temprano alcanzarás el éxito. Así se expresa la fe en tu capacidad de maniobra en el mundo que has creado; y si finalmente logras el éxito, sientes que esa fe está justificada. No te detienes a examinar ni a reconocer el coste. Sin embargo, cuando constatas aquella fe, el coste pronto se torna evidente. En vez de sentir que has ganado, te encuentras intentando superar una sensación de pérdida. ¿En qué te equivocaste?, te preguntas. ¿Por qué no estás satisfecho con todo lo que has logrado?

5.24 Con este actuar “consiguiendo lo que tú quieres”, con este actuar que dirige tu vida, se demuestra una vez tras otra que lo conseguido no era lo que querías. Cuando esto ocurre, simplemente crees que elegiste mal, y por tanto eliges otra cosa, y luego otra y otra más, sin detenerte a constatar que estás eligiendo entre ilusiones. ¡Te sorprendes tanto al no haber encontrado la felicidad! Sigues viviendo la vida como una prueba, obligándote a alcanzar un logro tras otro, seguro de que con el próximo o con el que venga después darás con el truco de tu felicidad.

5.25 Y sí, este truco es realmente una trampa, pues lo que fracasó una vez va a fracasar de nuevo con total seguridad. Necesitas detenerte ahora mismo y abandonar lo que crees que quieres.

5.26 Detente ahora y observa tu reacción ante estas palabras y la tenacidad de tu resistencia. ¿Abandonar lo que quieres? Sin duda esto es lo que esperabas que Dios te pidiera y aquello contra lo cual te has protegido toda la vida. ¿Por qué tendrías que hacer este sacrificio? ¿Para qué vivirías? Quieres tan poco… ¿cómo se te puede pedir que renuncies a eso?

5.27 En verdad quieres poco, y solo cuando te das cuenta de esto puedes proceder a reivindicar todo lo que es tuyo.

5.28 Pues con cada unión, con cada unión a la que te entregas, tu mundo real se agranda, al mismo tiempo que decrece aquello que te atemoriza. Esta es la única pérdida provocada por la unión, y no es más que la pérdida de una ilusión. A medida que la unión te resulta más atractiva comienzas a preguntarte cómo se produce. Debe haber algún secreto que no conoces. ¿Cuál es la diferencia, te preguntas, entre proponerte una meta y alcanzarla, y unirte con algo?

5.29 No sería necesario que fueran dos cosas aparte, pero lo son por tu propia elección, la elección de lograr por tu cuenta lo que quieres. Esta es toda la diferencia que existe entre la unión y la separación. Separación es todo lo que percibes por tu cuenta. Unión es todo aquello a lo que me invitas y compartes con Dios. No puedes estar solo ni sin tu Padre, pero la invitación es necesaria para poder discernir esa presencia. Así como yo una vez lo fui, tú eres simultáneamente humano y divino. Aquello que tu yo humano ha olvidado, tu Yo real lo conserva para ti, a la espera de que le des la bienvenida para dártelo a conocer una vez más.

5.30 A Dios lo conoces en las relaciones, pues estas son lo único real aquí. Dios no puede ser visto en las ilusiones, ni puede ser conocido por quienes le temen. Todo temor es temor a las relaciones y, por consiguiente, miedo a Dios. Puedes aceptar el terror que reina en otra parte del mundo porque no te sientes relacionado con él. Solo en la relación las cosas se vuelven reales. Eres consciente de esto y por tanto te esmeras en mantener lejos de ti todo aquello que aumentaría tu desasosiego y tu dolor. Tu error al pensar en la relación es creer que una relación puede provocar terror, desasosiego o dolor.

5.31 Crees que estar expuesto a la violencia es tener una relación con ella. No es así. Si esto fuera así, te unirías a todo aquello con lo que entras en contacto, y el mundo sería de hecho el cielo, a medida que todo lo que ves fuera bendecido por tu santidad. El hecho de que camines por el mundo sin relacionarte con él de alguna manera, es lo que provoca tu alienación del cielo que podría ser.

5.32 Recuerda ahora un día maravilloso. Todo el mundo ha vivido por lo menos uno, un día brillante en un mundo de oscuridad. Un día en que el sol brillaba en tu mundo y tú te sentías parte de todo. Cada árbol y cada flor te daban la bienvenida. Cada gota de agua parecía refrescar tu alma, y cada soplo de brisa parecía transportarte al cielo. Cada sonrisa parecía dirigida a ti, y tus pies apenas parecían rozar el suave terreno por el que caminabas. Esto es lo que te espera a medida que te unes con lo que ves. Esto es lo que te espera cuando dejas de hacer juicios sobre el mundo y, al dejar de hacerlos, te unes a todo y extiendes tu santidad a través de un mundo afligido, haciendo que se convierta en un mundo de alegría.

 

 

Una respuesta a “Un curso de amor. 5. La relación

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  1. «Amado Hijo,
    lo que es Real, Yo Soy.
    Lo que no es real, no existe.
    Soy la Luz y la Vida de todo.
    Mi resplandor no conoce fronteras,
    Mi pureza no ha sido mancillada.

    En aquel comienzo sin comienzo,
    te hice nacer en la forma
    como el pensamiento de perfecto Amor que eres.
    Y es solo eso, lo que tú eres.

    La tierra es mi cuerpo.
    Abrázala,
    porque te enseñará sobre Mí.
    El mundo es tu ilusión.
    No puede enseñarte nada,
    porque lo que no es Real, no contiene
    ningún conocimiento sobre Mí.

    Amado Hijo,
    tu alma es Mi aliento.
    Cuando te creé al principio,
    ya estabas consumado.
    Nunca te has desviado de ser
    aquello para lo cual te creé.
    Tú eres Mi deleite,
    y en ti, conozco lo que YO SOY.»

    (Yeshua en sus primeros contactos con Jayem, a finales de los 80)

    http://www.lulu.com/es/es/shop/jayem/the-jeshua-letters/ebook/product-21475174.html

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