Realidad y oración. Haskell: «La otra voz». Un Curso de milagros RELOADED   Leave a comment

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imagen corazón en círculo[- Podéis mirar en la página de índices, de Haskell, para encontrar los enlaces a estos textos traducidos, etc.
– Los PDF también están además en esta carpeta pública, que tengo en google.
– Sobre el uso del idioma en las traducciones y el modo de traducir o de revisar las traducciones, ver las notas en esta entrada que progresivamente iré completando.
– Esta transmisión aparenta haber sido dada claramente por la misma voz que dictó Un curso de milagros (UCDM), y que habló por la personalidad de Jesús.
– La siguiente parte de este texto sirve como acompañamiento —más o menos— para esta parte del texto principal del curso de milagros: [T-9.I-II] (según las indicaciones del propio Haskell en su texto publicado).]

 

Realidad y oración [T-9.I-II]

Saludos. De nuevo soy Jeshua.
He venido hoy a continuar contigo
mi comentario sobre Un curso de milagros.

No sería posible que tuvieras miedo
a no ser que sintieras que existe una voluntad separada de la tuya.
He hablado del miedo a la Voluntad de Dios;
y qué extraña es esta creencia en verdad.
Pues la verdad es que no hay diferencias
entre tu voluntad y la de Dios.

Solo si tú existieras aparte de Dios,
y si tuvieras una voluntad exclusiva,
y Dios tuviera también Su voluntad exclusiva,
y ambas voluntades fueran diferentes,
y por tanto pudieran estar en conflicto,
solo entonces, habría una razón para tener miedo.
Porque, si existiera una voluntad que pudiera oponerse a la tuya,
de alguna manera esa voluntad podría cambiar lo que tú eres,
lo cual tú lo percibirías como algo capaz de destruirte.
Pero en tanto que no hay oposición
en ninguna parte del universo tal y como Dios lo ha diseñado,
entonces no existe ningún lugar en absoluto para
el miedo.

Así, si hablas de ser una persona que le tiene miedo a Dios,
como muchos suelen hacer,
constata que lo que estás asumiendo es que,
en primer lugar, estás separado de Dios,
y en segundo lugar, que Dios tiene una voluntad diferente de la tuya,
que podría usar para oponerse a ti,
y para finalmente para destruirte.
Si este fuera el caso, entonces ciertamente
tu miedo estaría totalmente justificado.
Sin embargo, nada es más absurdo que la creencia
de que tu voluntad es diferente de la de Dios.

Dios es el Creador.
Dios es la causa de todo.
Nada existe que no haya surgido
de la Mente de Dios.
Y para Dios, siendo Uno dentro de Sí Mismo,
no sería posible crear algo en oposición a Sí Mismo.
Solo podría hacer eso si estuviera dividido dentro de Sí Mismo,
lo cual no ha sucedido, y no puede ser.

Sin embargo, cuando elegiste dividir aparentemente tu mente,
para poder ser capaz de venir aquí,
lo hiciste para aprender a proyectar.
Y en tu proyección, estás acostumbrado a proyectar sobre Dios
la misma circunstancia que imaginas para ti mismo.
Así, muy fácil y rápidamente imaginas
que la Mente de Dios está dividida,
que es justo como percibes que está la tuya.
Y si la Mente de Dios está dividida, entonces, por supuesto,
allí puede surgir, dentro de Dios Mismo, la oposición.
Muchos llamasteis a eso “diablo”.
Y te aseguro hoy
que el diablo no existe, y no puede existir.
Y simplemente porque Dios es Uno,
Su Mente no está dividida, y no puede estarlo.

Aceptar la realidad es aceptar el simple hecho
de que Dios es Uno.
Eso es todo.
Si Dios es Uno —sin ninguna división, pues Él no la puede tener—
si Dios es Uno, y tú eres parte de Dios,
entonces eres parte de esa gran Unicidad.
De esto he estado hablando todas estas semanas.
En tanto seas parte de la gran Unicidad,
entonces, por supuesto, no puede haber división entre Dios y tú,
porque, dentro de la Unicidad, ¿cómo podría haber dualidad?

La propia palabra Unicidad exige que
la dualidad no pueda existir.
La aceptación de la realidad es muy simple, realmente,
y muy lógica también,
aun para tu mente pensante.
Y así, si quieres aceptar la Expiación,
debes empezar por aceptar dentro de tu mente
un discernimiento de la realidad misma.
Y eso es, como he estado diciendo, simplemente esto:
Dios es Uno. Todo es Uno.
No hay diferencias entre tu voluntad
y la Voluntad de Dios.
Eso es todo.

He hablado de la oración y la respuesta a la oración.
Pensemos acerca de la propia oración,
teniendo en cuenta lo que acabo de decir.
No hay ninguna oposición contra nadie o contra algo en toda la Creación.
Así es la naturaleza de la realidad. Tal es la naturaleza de Dios.
La creencia en que tal cosa podría no ser verdad,
es la fuente de la creencia en la separación,
y, por supuesto, la fuente de todo el miedo.

Ya te he dicho muy claramente
que si tu voluntad es diferente de la de Dios o de cualquier otra voluntad,
existe entonces la posibilidad de que otra voluntad
pudiera destruirte al oponerse a ti;
y así, debes tener miedo.

La creencia en la separación es la fuente del miedo.
Y es la ÚNICA fuente POSIBLE de miedo.
Este mundo está basado en la creencia en la separación.
Y por eso te digo, cuando observas tu mundo,
que el miedo ha fabricado todo lo que ves.
Porque mientras veas un mundo donde
existen seres separados con voluntades separadas,
debes sentir miedo.

Y si incluyes a Dios como uno de esos seres
con una voluntad separada, entonces por supuesto que
debes sentir también miedo de Dios.
Y, ¿cómo le puedes rezar a un ser a quien le temes?
Es ciertamente terrorífico.
Y no obstante eso es lo que muchos de vosotros estáis acostumbrados a hacer.
Le haces una petición a Dios,
creyendo que Su Voluntad es distinta de la tuya,
esperando que tus súplicas de alguna manera
lograrán que Dios cambie Su mente,
de tal modo que, aunque solo sea por un momento, Él estuviera de acuerdo contigo
y te garantizara lo que pidieras.
Luego, tienes la esperanza de que en el siguiente instante
no cambie de opinión, y así no te quite lo que le pediste
—o en el peor de los casos, como he mencionado, no te destruya.

Realmente existe un escenario aún peor que ese,
que es todavía más absurdo:
y es que Dios no eligiera destruirte,
sino que simplemente te colocara en un estado de tortura para siempre.
Y a esto lo llamas “infierno”.
Y a esto lo llamas el Amor de Dios.
Cuán absurdo. ¿Lo ves?

Si verdaderamente quisieras orar y recibir verdaderamente,
entonces tu oración DEBE surgir del discernimiento de la realidad.
Tu oración debe proceder del discernimiento
de que en toda la Creación no existen voluntades separadas de la tuya.
Siempre que tus deseos, y por tanto tus oraciones,
sean para generar o incrementar la separación,
en realidad incrementarán tu miedo.
¿Lo ves?

Y por tanto, si rezaras a Dios, o a mí, o al Espíritu Santo,
diciendo, “por favor haz que tenga más miedo del que ya tengo”,
¿cómo eso podría tener una respuesta?
Pues si el amor es lo opuesto al miedo, y si Dios te ama,
entonces nada en la Creación de Dios, en Su realidad,
incrementaría jamás tu miedo.
Y ninguna respuesta del Espíritu Santo
podría aumentar jamás tu miedo.
Ninguna respuesta que yo te diera,
incrementaría jamás tu miedo.
Y escúchame muy, pero que muy bien,
ninguna respuesta que cualquier hermano te diera,
podría incrementar tu miedo.

Y por tanto, si rezas a partir del deseo de estar separado,
solo te estás mostrando a ti mismo
el total bloqueo que existe en la comunicación
entre el ego y el Espíritu Santo.
El Espíritu Santo comienza diciendo, “somos Uno”.
El ego comienza diciendo, “estamos separados; no somos uno”.
Entonces ¿cómo puede decirle, el uno al otro,
“sentémonos a discutir sobre la naturaleza de la vida?”.
¿Ves lo absurdo que es?

Así, si quieres orar verdaderamente,
haz cualquier petición que tengas
en favor de tu hermano.
Porque, debes constatar, en tu Unicidad,
que si tu hermano no recibe
la mismísima respuesta a tu oración,
tú tampoco puedes recibirla.

Cuando te digo que nunca dudes de tu hermano,
quiero decir: “simplemente cree en él”.
Y creer en él significa aceptarlo y apreciarlo.
Cuando aceptas a tu hermano, simplemente reconoces,
más allá de las palabras, en el nivel de la experiencia,
que tú eres Uno.
Y cuando aprecias a tu hermano,
le das el verdadero valor,
que simplemente significa que lo ves a él
en la verdad de lo que él es,
que es el Hijo de Dios,
Uno contigo y con toda la Creación.

Y entonces, te digo que nunca dudes de tu hermano.
Lo cual quiere decir también que nunca dudes de que
él se merece todo lo que tú te mereces.
Nunca dudes de que él es tan digno de todo como lo eres tú.
A medida que constatas que Dios es todo, y que Dios es Uno,
entonces constatas que tu hermano lo tiene todo;
y, más aún, que se merece el todo
que Dios le ha dado,
pues él ES el más amado,
el más apreciado ser en toda la Creación
—así como lo eres tú, yo, y todos.

Tan pronto como constates que tu hermano lo tiene todo,
todo se hará tuyo.
Y si lo tienes todo,
¿qué petición puedes hacer?
En un mundo de ideas, que es este,
y que es el mundo donde las ideas,
al compartirse, solo pueden salir fortalecidas,
¿cuál puede ser tu única oración?
Cuando te detienes, miras hacia dentro,
y constatas que lo tienes todo,
la única oración que puedes hacer es la que pide
tener aquello con lo cual tú puedas compartir el todo.
Y esa es la definición de la creación.

Dios te creó a ti para que fueras un ser con quien
Él pudiera compartirlo todo.
Y tú, en tu semejanza con Dios, haces lo mismo.
Tú creas a tu hermano tal y como lo ha hecho Dios.
Y tú y tu hermano sois cocreadores, como te he dicho.
Creas a tu hermano con el solo propósito de ser capaz
de compartir con él ese todo que tú eres.

Así que la única oración
que puedes ofrecerle al Espíritu Santo es,
¿”cómo puedo compartir el todo que tengo”?
Si te vieras, ¡ay!, a ti mismo separado,
y por tanto incompleto y con miedo,
y quisieras rezar para recibir,
por supuesto que pensarías en negociar.
Quisieras regatearle a tus hermanos,
pero, sobre todo, regatearle a Dios.
Pero si Dios da todo a todos los seres,
¿cómo puedes regatear o negociar nada?
¡Que absurdo es también esto! ¿Lo ves?

Si rezas para recibir,
y lo haces basándote en tu creencia en la carencia y en la separación,
entonces no valorarás lo que recibas.
Pues mientras creas que estás separado,
creerás en el regateo.
Y tú, debido a la naturaleza de Dios,
no puedes recibir un valor más grande que el que des.
Puedes intentar hacer eso en tu mundo.
Puedes intentar obtener un gran rendimiento al pagar un precio pequeño por algo que recibes.
Pero todo lo que sucederá es que
terminarás por no valorar lo que hayas recibido.

La única manera de recibir plenamente es pagar plenamente.
Y si lo quieres recibir TODO,
entonces, ¿qué debes dar para poder recibirlo?
Por supuesto debes darlo todo.
¡Ah! Pero esa es una de las leyes de Dios.
Dar y recibir son lo mismo.
Esto es así, simplemente, porque eres Uno con Dios
y con toda la Creación.
No hay nada sino tu Ser, Tú Mismo.
Lo que tú des le es dado, y le debe ser dado,
a tu Ser, a Ti Mismo.

Y así permanece. Si quieres alguna vez recibir
aquello por lo que estás pidiendo en tu oración,
debes medir el valor de lo que recibes
por el que tú darías.
Y, ¿cómo podrías querer menos que todo?
Ese es el regalo de Dios para ti. Esa es tu herencia.
Y es tuya creas o no que lo es.
Entonces, si quieres dignarte a recibirlo todo,
entonces, eso es lo que debes dar:
todo.

Y haces eso al no dudar jamás
de que tu hermano es Uno contigo,
y merecedor de tu regalo de todo.

La aceptación de la realidad es sencillamente aceptar que todo es Uno.
No hay separación.
No hay diferencia entre tu voluntad y la Voluntad de Dios,
o cualquier otra voluntad en toda la Creación.
Y con ese discernimiento, el miedo se habrá ido.

Y al darte cuenta de que todo es Uno,
entonces, todo lo que es, es tuyo.
Y como todo eso no son más que ideas,
la única manera en que puedes darlo, es darlo como una idea.
Así, se fortalece dentro de ti
la misma idea que tú has dado.
Y así tu plenitud perfecta
se hace más completa de lo que era,
aun cuando tal cosa no sea posible para tu mente pensante.

La aceptación de la realidad es la constatación
de que, si quieres recibir,
debes dar para que eso se logre.
En tu discernimiento de que tu hermano es Uno contigo,
y digno de todo regalo que puedas darle,
entonces lo que harás es darle todo.
Y entonces, lo que obtendrá respuesta
será cualquiera de esas oraciones que puedas haber hecho alguna vez.
Pues al darlo todo,
eso es exactamente lo que vas a recibir.

Bendiciones para todos. Eso es todo.

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