El error y el perdón. Haskell: «La otra voz». Un Curso de milagros RELOADED   Leave a comment

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imagen corazón en círculo[- Podéis mirar en la página de índices, de Haskell, para encontrar los enlaces a estos textos traducidos, etc.
– Los PDF también están además en esta carpeta pública, que tengo en google.
– Sobre el uso del idioma en las traducciones y el modo de traducir o de revisar las traducciones, ver las notas en esta entrada que progresivamente iré completando.
– Esta transmisión aparenta haber sido dada claramente por la misma voz que dictó Un curso de milagros (UCDM), y que habló por la personalidad de Jesús.
– La siguiente parte de este texto sirve como acompañamiento —más o menos— para esta parte del texto principal del curso de milagros: [T-9.III-V] (según las indicaciones del propio Haskell en su texto publicado).]

 

El error y el perdón [T-9.III-V]

Saludos de nuevo. Soy Jeshua.
He venido hoy a comentar contigo sobre
el error y el perdón.

Hablo tan a menudo en este curso sobre el error y el pecado…
Te aseguro que el Hijo de Dios es inocente.
No hay pecado.
También te hablo del error,
de que no puedes pecar, pero sí cometer un error.
Puedes estar en el error, pero no puedes estar en pecado.
Puedes cometer un fallo, pero no puedes pecar.
Y debido a que se trata de un error, no se te toma en cuenta.
Como solo es un error, permaneces libre.
Y, al tratarse de un error, nada ha cambiado:
ni tu relación con Dios,
ni tu relación con quien tú eres, ni con lo que tú eres.

Entonces, quizá deberíamos preguntar,
“¿qué es el error, que lo hace todo tan sencillo?
¿Qué es el error, esa cosa que literalmente se interpone ante el pecado,
y nos libera de la creencia en él
y en todas sus consecuencias?”

Por tanto, hoy he venido a conversar contigo sobre el error, sobre lo que es,
y del discernimiento de libertad que te brinda su comprensión.

En una palabra, estar en el error significa no percatarse de algo, SER INCONSCIENTE de ello.
Y eso es todo.
Tú eres el perfecto Hijo de Dios. Eres absolutamente libre.
Estás más allá de la limitación, más allá de la restricción,
más allá de cualquier tipo de aprisionamiento.
Pues esa es la naturaleza de Dios.
Y, como Dios es Uno y tú eres parte de Dios,
así debe ser para ti.

Y, ¿cuál es el único problema de este mundo,
del cual he hablado tantas veces?
Es el problema de la separación.
Y, ¿cómo es que te volviste separado?
¿Cómo es que creaste los problemas
que son, y que definen, este mundo?
Simplemente AL VOLVERTE INCONSCIENTE DE LO QUE TÚ ERES.
Y eso es todo.

Tú eres el Hijo de Dios.
Aunque estas palabras para muchos de vosotros todavía no son más que eso, meras palabras.
Si digo, “tú eres el Hijo de Dios”,
¿qué ocurriría si por un fugaz instante
reconocieras que esas palabras son ciertas?
¿Qué pasaría si tu discernimiento fuera más allá de las palabras,
hacia una experiencia que verdaderamente se volviera parte de ti?
Que entonces serías libre,
y ya nunca serías el mismo.

Por tanto, la verdad es, te lo aseguro, que eres el Hijo de Dios;
y lo que sucede es simplemente que no sabes que eso es así.
Lo cual quiere decir que no eres consciente de la verdad sobre tu Ser, sobre tu Yo.
Y, literalmente, solo eso es lo que se trata de ver en este curso:
de ayudarte a que te des cuenta de lo que tú eres.
Y eso es todo.

Si estás absolutamente libre de pecado,
y si no hay ni puede haber ninguna consecuencia de ningún tipo
por todo eso que pienses, experimentes, digas o hagas…
si no hay consecuencias de ninguna clase,
entonces estás absolutamente a salvo.

Y no obstante, estás en el error. ¿Qué significa esto?
Simplemente significa lo siguiente: que no eres consciente
del hecho de que estás absolutamente a salvo.
Y ahora pregúntate esto:
“si la verdad de Dios es que tú eres el Hijo de Dios,
y una parte de Dios,
y si la verdad de Dios es que estás absolutamente a salvo,
ENTONCES, ¿PUEDES TÚ CAMBIAR ALGO EN ABSOLUTO,
POR EL SIMPLE HECHO DE NO SER CONSCIENTE DE QUE ESTO ES CIERTO?”
Y la respuesta es: “por supuesto que no”.
Tú ERES el Hijo de Dios.
Y si ahora no lo sabes, en este momento,
¿cambiaría eso el hecho de que Dios es tu Padre?
No, ciertamente.

Y así, como te he dicho muchas veces,
esta ilusión, este mundo, nunca sucedió.
Y ahora, ¿lo ves?
Este mundo está basado en el error,
este mundo está basado en la creencia falsa
de que tú estás separado de Dios, de todos los demás,
y literalmente de ti mismo.
Pero eso no cambia, ni puede cambiar, ni un ápice,
la verdad de que no es así.

¿Y tú exigirías, en tu proyección, en tu deseo nacido de la separación…
desearías que Dios te castigara,
o te hiciera responsable por estar simplemente en un estado
donde no conoces la perfección
y la belleza de lo que tú eres?
Eso es lo único que hay de “malo” en todo esto,
que simplemente no sabes.

Recuerda que las palabras que pusieron en mi boca
cuando estaba en la cruz fueron estas,
“Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”.
Y no importa si esas fueron las palabras exactas.
Lo que sí importa es que ilustran bien
lo que hoy te estoy diciendo.
Es tan simple como eso, que tú no sabes lo que haces.
Pero, más importante aún, no sabes lo que eres.

Entonces, ¿necesitas ser perdonado?
Te hablo del plan del perdón del Espíritu Santo.
Si te hablo del plan del perdón del ego,
¿qué diría el ego?
El ego vería el error.
El ego se deleita mirando hacia su mundo y a sus hermanos,
y considera todo el mal que hayan hecho, todo error que se cometa,
y luego lo magnifican al llevarlo
al foco de la consciencia, haciéndolo bien real.
Y entonces, se deleita al decir, “de alguna manera tendremos que corregir
esa cosa tan horrible que has hecho”.

Considera por un momento esa verdad de la que te he hablado.
Tú, dentro de la Filiación, compartes una voluntad indivisible.
Tu voluntad es Una con la de Dios.
Y vuestras voluntades son Una con cada una de las demás.
De esto hemos hablado ya.
Entonces, pregúntate,
“si no hay voluntades separadas, y si ni siquiera es posible
que dos voluntades puedan encontrarse en oposición,
pues ellas son lo mismo,
entonces, ¿es posible, es verdaderamente posible,
que lo que alguien quiere pueda ser contemplado como un error…
o ser visto como un error, como malo, por otro ser que comparte la misma voluntad?”
Y la respuesta es, “por supuesto que no”.

Bien, ¿cómo puede el ego ver el error en absoluto?
Debido a la creencia falsa en la separación.
Pues tú, como ego, deseas estar solo
y en oposición a tu mundo.
Deseas definir tu propia voluntad
como un ser separado del resto de tu mundo.
Y a esto lo consideras libertad.
¡Qué absurdo! ¡Qué solitario, triste lugar para estar!
¿Puedes entenderlo?

Y si ves a tus hermanos como teniendo voluntades
separadas y diferentes de la tuya propia,
entonces lo que pasa es esto:
cualquiera que no actúe de acuerdo a tu voluntad,
la cual, como es tuya,
se ha convertido en el estándar del universo…
cualquier ser que no actúe de acuerdo con tu voluntad,
está equivocado, y está en el error.

Ah, ¿y qué sucedería si tú y tu hermano compartierais una sola voluntad?
No es posible para dos seres,
aunque uno de ellos sea Dios,
no es posible que dos seres compartan una voluntad
a menos que la voluntad de ambos,
a menos que la voluntad de todos,
sea la libertad perfecta.

El deseo del ego siempre es que su hermano NO SEA LIBRE.
El deseo del ego es meter a su hermano en una prisión
cuya única función sea la de reforzar el autoconcepto
que, por definición, es el ego mismo.

Mientras seas un ego,
estarás dispuesto, sin misericordia alguna, a usar el mundo por entero
para simplemente reforzar tu creencia en lo que tú eres.
¡Perverso en verdad!
Ahora, ¿entiendes por qué algunas veces digo que este mundo
es un mundo de odio y no de amor?

Así, el ego quiere buscar ese error
que es considerado como existente debido a que hay diferentes voluntades.
Y entonces, el ego lo quiere hacer real.
Y quiere hablar de perdonarlo.
Lo cual siempre significa esto:
“tú necesitas cambiar para que yo pueda convertirte en lo que yo quiero que tú seas”.
Esto sucede así, momento tras momento, en vuestras vidas,
ya sea con los amigos,
ya sea con tus hijos cuando eres padre,
ya sea con tu pareja o con otra persona significativa
con la que vivas en lo que llamas ‘una relación de amor’.
Siempre se trata del ego.
Y nunca de la libertad.

Ahora, te hablaré del plan del perdón del Espíritu Santo.
El plan del perdón del Espíritu Santo simplemente es este:
no ver lo que no es verdad.
Si lo peor que has hecho
al venir a esta ilusión
es haber elegido volverte inconsciente acerca de lo que tú eres,
entonces, ¿qué es lo que hace el Espíritu Santo?
Simplemente no participa contigo en tu inconsciencia.
Y eso es todo.

Si tú eres perfecto, y lo eres,
y si el Espíritu Santo lo sabe,
entonces, cuando pretendes estar solo
y dices “tengo miedo”,
lo que el Espíritu Santo puede hacer es verte como el Hijo de Dios,
perfectamente libre y perfectamente a salvo,
sin importar lo que creas, pienses, digas o hagas.
Y eso es todo.
El Espíritu Santo te ve tal y como tú eres.
Y eso es todo.

Podrías pensar sobre ello de la siguiente manera.
Si estar en el error es no ser consciente,
entonces perdonar es simplemente no ser consciente del error.
Y así, ves que el Espíritu Santo puede tomar
la capacidad que tú fabricaste,
y transformarla en un instrumento por medio del cual puedas ver a Dios.
Y siempre, siempre, siempre,
es eso lo que sucede en la visión del Espíritu Santo.
Y siempre, siempre, siempre
te es posible contemplar,
todos y cada uno de los aspectos de tu vida,
de la misma manera en que lo hace el Espíritu Santo.

Y ahora, ¿qué pasa si eliges perdonar?
Hay una sola manera de perdonar.
Hay una sola manera de resolver los problemas de este mundo.
Y que es la que acabo de indicar:
usar el plan del Espíritu Santo,
QUE ES NO VER LA INCONSCIENCIA.
Si te ves a ti mismo enfermo,
el Espíritu Santo no puede verte como enfermo.
El Espíritu Santo no puede participar, y no participa,
en tu inconsciencia.

Te hablaré, en un capítulo posterior,
sobre no ponerte del lado del Hijo de Dios en su enfermedad,
aun si él mismo cree en ella.
Y ese es un ejemplo de lo que estoy diciendo.
Aun cuando él sea inconsciente de lo que él es,
no te unas a él en su inconsciencia.
Simplemente míralo tal y como él es.

Y, ¿qué es él?
Esto es lo que te hemos dicho una y otra vez:
es Espíritu. Él es Uno con Dios y toda la Vida.
Él es absolutamente libre.
Y eso es suficiente.
El Espíritu Santo siempre contemplará esa verdad,
en cualquier circunstancia.
Y si tú quisieras perdonar,
entonces contemplarías todo en la vida, y a tu hermano,
de la misma manera.

Pero, ¿qué pasa si esto no te parece tan obvio?
¿Que sucede si ves alguna circunstancia de tu vida,
y algo internamente te dice,
“eso está equivocado; no está bien”?
Entonces ¿qué te sugiero que hagas ese día?
Te sugiero que te detengas y te quedes en calma.
Y en tu quietud,
escucha la Voz del Espíritu Santo.
Escucha la Voz de Dios.
Escucha la Voz de tu Ser real, de tu Yo real.

Pues cuando hagas eso en tu quietud,
verdaderamente llegará una visión.
Vendrá una nueva forma de ver la circunstancia
que tú creías que de cierta manera no era buena.
Y verás, a través de los ojos del Espíritu Santo,
la presencia del amor, la presencia de la libertad,
y, al final, la presencia de la alegría, y por tanto de la paz.
Y literalmente tú en verdad puedes contemplar
todas y cada una de las circunstancias de tu vida
con esta Visión del Espíritu Santo,
con la Visión de Cristo.

¿Sabes en qué consiste toda la ilusión de este mundo?
EN SIMPLEMENTE LA ELECCIÓN DE VER LAS COSAS DE UNA FORMA DIFERENTE A ESA.
Quisieras mirar al mundo falsamente,
quisieras mirarlo y ver lo que no esta allí.
Quisieras simplemente poder volverte inconsciente de lo que ESTÁ allí.

Y, en Su perdón,
el Espíritu Santo sí ve lo que ESTÁ allí,
y eso es lo que Él te quiere enseñar.

Y ahora, habiendo oído lo que acabo de decir,
¿qué sucede si desearas contribuir
a la sanación de tu hermano?
Si tu hermano necesita ser sanado,
entonces, algo debe estar errado en su vida.
¿Es eso falso? Claro que lo es.
Y he hablado del sanador no sanado.
El sanador no sanado es alguien que simplemente hace esto:
empieza por creer que hay algo que está equivocado, mal,
y se dice, “¿Cómo puedo arreglarlo?”
Pero el Espíritu Santo NUNCA VE LO QUE ESTÁ ERRADO.
Él no ve, y no puede ver, el error.
Y cualquier ser que vea un error,
y lo haga real, y trate de arreglarlo,
no entiende la naturaleza de la sanación,
no entiende la naturaleza del amor,
y, sobre todo, no entiende la naturaleza de Dios.
Y si no entiendes la naturaleza de Dios,
entonces, literalmente, no tienes ni idea de lo que tú eres.
Porque tú eres lo mismo que Dios.

¿Entonces qué pasa si quieres hacerte parte de la vida de tu hermano,
y permitirle ser sanado?
Aprenderás que el verdadero sanador simplemente permite que la sanación se produzca.
Así, ¿qué le puedes ofrecer a cualquiera que necesite sanación?
¿Qué te ofrece a ti el Espíritu Santo
cuando estás en el error y, debido a tu error,
estás temblando de miedo?
¿Qué te ofrece Dios cuando tiemblas
al haber nublado imaginariamente tu luz?
¿Qué te ofrece Dios cuando te imaginas a ti mismo
prisionero dentro de un mundo
cuya naturaleza y puro éxtasis son la libertad perfecta?

Esto te lo he dicho antes.
Dios no puede y no quiere imponerte nada en tu libertad.
Porque si él lo hiciera, no serías libre.
Ni puede el Espíritu Santo, ni puedes tú,
imponer ninguna experiencia a tu hermano.
Esto se sigue de inmediato
al comprender el Amor.
Así, ¿qué tienes tú para ofrecerle a tu hermano
que está en el error, que está en su miedo,
que está en la oscuridad, y que no desea estar allí?
¿Puedes quitarle su miedo?
No, en verdad. Porque entonces ya no sería libre.

Todo lo que puedes ofrecerle es tu visión de lo que él es.
Todo lo que puedes ofrecerle es tu visión de su libertad.
Todo lo que puedes ofrecerle es tu visión de su perfección.
Todo lo que puedes ofrecerle es tu visión y tu discernimiento
de que todo en su vida es Amor,
y que jamás podrá ser de otra manera,
pues esa es la naturaleza de Dios y del universo.
Todo lo que puedes ofrecerle es tu discernimiento
de que el Amor es, literalmente, verdaderamente, todo lo que existe.
Porque eso es lo que el Espíritu Santo te ofrece a ti.

¿Y cómo alcanzar la Visión del Espíritu Santo?
Quedándote tan en calma que puedas escuchar
el murmullo de un Amor que es tan grande
que nunca te impondría nada en absoluto,
ni siquiera lo infinito de su propio Amor.
¿Y entiendes ahora por qué decimos que el Amor es libertad?

Y ahora vienen las bendiciones.
¿Qué ocurre si eso es lo que le ofreces a tu hermano
en su prisión de inconsciencia?
¿Qué sucede si eso es lo que le ofreces a tu hermano
para liberarlo de su propio error?
Entonces, ¿qué sucederá, sin opción posible de fracaso?
Que TÚ TE VERÁS A TI MISMO EXACTAMENTE DE LA MISMA MANERA.
Cuando contemplas la vida de tu hermano
y no ves error alguno en su camino,
y sí ves la belleza perfecta, la libertad perfecta,
el gozo oculto que siempre permanece y que es parte de lo que él es…
cuando miras hacia eso
para poder permitir que tu visión sea tu regalo para él,
entonces, esta se convierte en tu propia visión de ti mismo.

Y te haces tan libre como lo veas a él.
Tan amado como lo ames.
Y te haces tan feliz como la felicidad que veas en él.
Y te verás tan a salvo como lo está tu hermano en tu visión.
¿Entiendes ahora cómo es que tu hermano es tu salvador?

Así, verdaderamente, para sanar, mira más allá del error.
Utiliza el plan del perdón del Espíritu Santo,
y no veas la inconsciencia que hace que tu hermano
crea tener miedo.
Porque, al hacer eso, le ofreces la visión
que le brindará la sanación.
Has permitido que la sanación se produzca
dentro del contexto de la perfecta libertad de Dios.
Y, sobre todo, te has sanado tú también.
Y a medida que sanas,
simplemente miras más allá de tu propio error,
y te liberas totalmente del pecado.
Al mirar adentro,
vas a encontrar, brotando dentro de ti,
la perfección, la belleza,
la libertad, la paz, el Amor perfecto
y la alegría absoluta que es el Hijo de Dios.
Pues eso es lo que tú eres,y lo que serás por siempre.

Bendiciones para todos. Eso es todo.

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