El ego. Haskell en comunión con Jeshua. «Viaje más allá de las palabras». Un Curso de milagros RELOADED   Leave a comment

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[Podéis mirar en la página de índices de este autor para encontrar los enlaces a estos textos traducidos, etc. —con por ejemplo la traducción completa de lo que estamos retocando aquí con ayuda del texto en inglés, etc.

Esta transmisión aparenta haber sido dada claramente por la misma voz que dictó Un curso de milagros (UCDM), y que habló por la personalidad de Jesús.

El siguiente capítulo sirve como acompañamiento —más o menos— para las lecciones 330 a 336 del libro de ejercicios de Un curso de milagros (UCDM), según las indicaciones del propio Haskell en su texto publicado.]

El ego [lecciones 330 a 336]

Saludos de nuevo. Soy Jeshua. Hoy vengo
para seguir contigo mi comentario sobre
Un curso de milagros.

Quizá las lecciones en que estés ahora, en tu Libro de ejercicios,
sean las que están bajo el título de “¿Qué es el ego?”.
Deseo comentar algo sobre ello.
El Texto, el Libro de ejercicios, hablan una y otra vez
del ego casi como de un enemigo.
El ego parece ser algo con existencia propia,
cuyo deseo es mantenerte separado del Reino de Dios.
El ego casi parece ser algo sobre lo cual
no tienes control.
Pero yo suelo decir que, en un instante,
podrías dejar que se fuera todo lo que el ego es,
y ser libre.

Entonces, ¿qué es realmente este ego del cual hablo?
“Ego”, como estoy seguro que ya sabes, significa, “yo”.
¿Y qué quiere decir “yo”?
Por definición, es una entidad separada.
Así que siempre que uses la palabra “yo”,
estás eligiendo la separación.
Especialmente eliges la separación
cuando te IDENTIFICAS con la palabra “yo”.

Uso la palabra “yo” para el propósito de la comunicación.
Pero te aseguro que ha pasado mucho tiempo
desde que trascendí la necesidad de creer que estoy separado.
Pues ciertamente tú y yo somos Uno.
Tú y yo y todos los hermanos somos Uno.
Todos los hermanos y Dios son Uno.

Es en verdad difícil, en este mundo de ilusión,
imaginar lo que podría significar la Unicidad.
La Unicidad simplemente significa esto:
no estás separado.
No estás solo.
No estás aislado.
NO actúas, o más bien, NO PUEDES actuar y pensar
en una pequeña cámara de vacío que te pertenece solamente a ti,
y que llamas “tu vida”.
Más bien, la Vida es Uno.

O, si lo deseas decir así, la Vida simplemente ES.
Y todas las cosas están contenidas plena e igualmente dentro de ella.
Así, en esta tierra, cuando dices la palabra “yo”,
lo que haces docenas, quizá cientos de veces al día,
es referirte a un ser separado y aislado,
que está solo y aparte del resto de sus hermanos.
Y este pequeño, débil, asustado y aislado ser es,
en el sentido del ego,
lo que crees ser.

En pocas palabras, la salvación es la liberación de esa creencia.
Porque te aseguro ahora, como te he dicho antes muy a menudo,
que esa creencia de que estás separado, aislado y solo, es falsa.
Y no solo falsa,
sino que la verdad y la realidad exigen
que NUNCA puedas hacer o ser nada
que provoque que ESTÉS aislado o solo.
No estás separado, y no puedes estarlo.

Comencé por decir que el ego es idolatría.
El ego, este “yo” que te imaginas,
que literalmente sitúas sobre un altar
dentro del contexto de esta ilusión que llamas tu propia vida,
este ego, es lo que tú adoras.
Pues parece ser que es ÉL quien te da la vida.
Y que sin él —eso parece— no existirías.

Este altar en el cual imaginas que está tu “yo”,
es una ilusión en sí misma.
Tu vida en esta tierra, que sientes que es lo que tú realmente eres…
que sientes necesario preservar y defender…
todo ello es el producto de la fantasía
de que puedes estar separado.

El verdadero ídolo que adoras, que es tu ego,
es tu creencia en que estar separado, estar solo,
es de cierto modo deseable.
Esa creencia es lo que ha causado
toda esta ilusión que llamas tu mundo.
Si pudieras conocer, dentro de tu ser, en el nivel de la experiencia,
la alegría, la plenitud y la belleza
que provienen de la Unicidad que compartimos,
entonces, en un instante, en un parpadeo,
tu vida cambiaría totalmente.
Y nunca más buscarías esta ilusión de aislamiento de nuevo.

La gran ilusión que te dice que es deseable ser un “yo”,
es la fuente de todos tus problemas.
Así, vamos a ver esto una vez más, quizá bajo una luz diferente.
Si es deseable estar solo,
¿cuál es entonces tu deseo, realmente?
¡Ah!, es el deseo de sentir
que “tú”, ese ser aislado,
eres el creador, el que controla tu propia vida.
Es el deseo de sentir
que nada podría entrometerse en esta pequeña cáscara que llamas “tú mismo”.

Cuán grande es la devastación que surge de esa creencia,
especialmente cuando la aplicas a este mundo físico.
Porque tan pronto te imaginas como separado,
imaginas pensamientos separados, sentimientos separados,
que nadie más puede tocar.
Y realmente sabes que esto es cierto.
En esta tierra, sabes que eres libre de pensar,
de imaginar lo que desees.

Pero, por encima de eso, te pasas la vida con miedo.
Porque nunca te imaginas libre,
excepto por supuesto cuando puedes PENSAR cualquier cosa que desees.
Te imaginas este cuerpo, por ilusorio que sea,
siendo una víctima de las circunstancias,
del clima, daños, enfermedad, muerte,
de otros seres que puedan dañarte…
te imaginas a ti mismo sujeto a
la carencia de cosas tales como
dinero, nutrición, ropa y techo.
Crees que si no tienes de eso
en cantidades aceptables y adecuadas,
serás de cierto modo cambiado, contra tu propia voluntad.
Entonces, mientras que sí reconoces que puedes PENSAR lo que quieras,
crees que todo lo demás en tu vida
no está bajo tu control.
Y realmente no lo está
en la ilusión de tu vida aquí,
como ser separado y aislado.

Algunas veces, cuando empiezas a constatar la verdad de este Curso,
llegas a un punto en que puedes fácilmente confundirte.
Porque has aceptado la noción de que todo es una idea,
que todo ES producto de tus pensamientos,
y de tu manera de pensar.
Entonces, llegas a entender que las circunstancias en tu vida,
en cualquier forma que aparezcan, son tu propia elección.
Y aun cuando encuentras esa creencia frustrante,
empiezas a sentir una sensación de libertad.
Empiezas a sentir que de alguna manera,
TIENES el control de tu propia vida,
porque puedes decirte a ti mismo,
“Sí, en verdad esta circunstancia es producto de mis pensamientos,
y de mi manera de pensar”.

Tal y como he dicho, sí sabes
que puedes pensar lo que desees,
y que nadie ni nada puede confinar tus pensamientos.
Sin embargo, no te engañes,
porque el estado del cual acabo de hablar,
y que parece deseable,
puede llevar consigo una sutil ilusión,
que tiene su base en la separación.
Pues cuando sientes que estás al control de tus pensamientos,
y sientes que tu vida externa ES el producto de tus pensamientos,
puedes fácilmente terminar creyendo que de alguna manera
TÚ, tu ego, puede elegir la vida externa que desee.
Y esa actitud está basada todavía en la creencia
de que estás separado de otros seres.

Te imaginas que de alguna manera puedes elegir no estar enfermo,
aun cuando OTRO pudiera exponerte a una enfermedad.
Imaginas que puedes elegir si mueres o no,
aun cuando OTRO pueda atacarte con intención de matarte.
Estoy seguro de que esto está claro.
Esto es todavía la creencia en la separación.
Y con esa creencia, todavía mantienes el altar sobre el cual
colocas a tu “yo”, a este ego, a esta creencia sobre lo que tú eres.

No te desacredites a ti mismo,
no te culpes si en este momento
estás pasando por ese estado.
Porque es uno de los muchos que eliges
cuando creces en tu aprendizaje.

Pero, ¿qué es realmente el ego?
El ego, como he dicho,
es la colección de pensamientos que tienes acerca de quién eres.
Eso es lo que pones en el altar que llamas “tu existencia”.
Y si algo amenaza estas creencias,
o sugiere que renuncies a ellas,
crees que, al menos en parte, morirás.

Nada puede estar más lejos de la verdad.
No puedes morir.
Puedes desear e imaginar que morirás,
pero eso no tiene efecto en lo que tú eres.

El ego no existe.
Tú no eres un ego.
Escúchame bien.
Tú no eres una simple colección de pensamientos acerca de lo que tú eres.
Los pensamientos son percepciones, sujetos a cambio, sujeto a zarandeos caprichosos,
como los de un barquillo de papel
puesto a merced del viento en el océano.
Difícilmente eso puede ser digno del Hijo de Dios, lo que verdaderamente eres.

Tú, el Hijo de Dios,
estás más allá de tus pensamientos acerca de lo que eres.
Cuando dejas ir esos pensamientos,
te haces verdaderamente libre,
libre de extender tus alas y volar a través del tiempo y el espacio,
hacia la eternidad, la alegría, y la paz y el amor.

A medida que piensas sobre lo que tú eres, creas tu tiempo.
Porque tus pensamientos, tal como ya hemos dicho,
son siempre reacciones ante experiencias
que crees que has tenido en el pasado.
Tus pensamientos sobre lo que tú eres definen el pasado,
y por tanto el tiempo.
Y el tiempo, el más grande limitador de lo que tú eres,
es la mayor ilusión de todas.

Cuando dejas ir los pensamientos sobre lo que tú eres,
dejas ir el ego.
Y como los pensamientos sobre lo que eres no son reales,
al desaparecer, también desaparece el ego.
Y se va, tan simple como esto.

¿Cómo desaparece?
Puedes liberarte a ti mismo del ego, que DEFINE tu tiempo,
al dejar que tu tiempo se vaya.
Simplemente da los pasos al revés, si quieres.
Cuando dejas ir tu tiempo, y dejas que el pasado se vaya,
constatas entonces que este instante es todo lo que existe del tiempo.
Y, en verdad, con este instante siendo todo lo que existe,
no hay tiempo.

Entonces, al ir por esta tierra
llevarás contigo tu memoria.
La memoria te permitirá funcionar
en este patio de recreo que has creado.
Sin embargo, cuando te liberas del tiempo,
entras en el Instante Santo.
Y allí te das perfectamente cuenta de que no hay nada,
nada en absoluto, en lo que percibes como el pasado,
que sea de importancia con respecto a lo que tú ERES ahora, en este instante.
Esta es en verdad la EXPERIENCIA del Instante Santo,
y tu liberación del ego.

Puedes llevar tu memoria para usarla al caminar por esta tierra,
para usarla en la comunicación.
Pero no te engañes a ti mismo,
pues cada instante que tú creas está absolutamente suelto con respecto a cualquier otro.
Ningún pensamiento, pensado en el pasado, o viniendo del pasado,
ningún pensamiento así,
tiene ningún efecto en lo que este instante contiene para ti.

Y como este instante está totalmente liberado
de lo que tú puedes haber imaginado en tu pasado,
no hay consecuencia que puedas traerte a este momento.
Pues tal consecuencia no existe.
Y en ausencia de consecuencias, ¿qué hay de la culpa?
Se ha ido.
En realidad, no solo se ha ido,
sino que nunca existió.

Entonces el ego es tu colección de pensamientos acerca de lo que tú eres.
Pero, más aún, es tu creencia de que en alguna medida
el pasado determina lo que eres.
En verdad, si el pasado determina este momento,
y este momento determina el futuro,
entonces estás atrapado.
Pero regocíjate,
pues el pasado NO determina este momento;
y este momento NO determina el futuro.
Tú eres LIBRE,
y como eres libre, el ego, no existe.

El ego es la trampa que te querría atar al pasado,
que querría consentir los juicios,
que te permitiría aprisionar a otros con tu juicio,
y por tanto ser aprisionado en tu papel de carcelero,
el carcelero en quien te conviertes cuando haces un juicio.

Entonces, en una revisión breve,
tú no eres lo que piensas.
Lo que piensas es del pasado.
Pero tú no eres del pasado.
Tú eres de este momento.
El pasado lo puedes recordar,
pero nunca creas ni por un instante
que el pasado determina lo que eres.

En la constatación de que el pasado no determina lo que eres,
quedas automática y totalmente liberado de cualquier clase de culpa.
Y entonces, el futuro simplemente brilla ante ti,
a medida que los instantes se desarrollan uno tras otro,
cada uno libre,
cada uno como una bendición de experiencias
que puedes vivir y celebrar,
en paz y alegría,
sin conflicto.

Y ESO es lo que tú eres como el Hijo de Dios.
No eres un ego, no eres algo aprisionado por pensamientos y por tiempo,
y por las fantasías que les acompañan,
sino que eres un ser libre como el viento,
cocreador con Dios,
hecho para celebrar la vida, de instante en instante,
independiente del tiempo y del espacio,
conociendo nada más que la libertad,
la comprensión,
la paz
y el gozo.
Todo esto es tuyo, pues esto es lo que tú eres.

Y a lo único que tienes que renunciar,
lo que tienes que sacrificar para VER al Hijo de Dios,
es la creencia de que estás separado,
y, con ella, la creencia en que el pasado
tiene algún efecto en lo que tú eres.

Bendiciones para todos. Eso es todo.

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