1. La vía del corazón. Lección 1. Jeshua-Jayem   4 comments

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imagen corazón en círculo[- Para más información, ver índice.
– En diciembre 2015 terminé una revisión detallada de la traducción.
Aunque la traducción había quedado bastante bien en el 2014, aún había algunas cosas más o menos claramente mejorables en cuanto a la transmisión del significado del texto en inglés (dentro de que el objetivo es fundamentalmente transmitir el sentido lo mejor posible).
– Para descargar el PDF entero actualizado ver el índice enlazado arriba.]

Lección 1

Ahora, comenzamos.

Y ciertamente, una vez más, os saludo a vosotros, queridos y santos amigos.

Vengo en adelante a pasar otra hora para morar contigo donde tú crees que te encuentras. Porque en Verdad, si no fuera por el hecho de que estás eligiendo enfocar tu atención en el mundo físico mediante el vehículo corporal, nuestra comunicación no precisaría del recurso que podéis llamar “canalización”, ni de las técnicas o los aparatos tecnológicos de este mundo con los cuales grabáis y capturáis palabras habladas, palabras que no son en sí mismas sino el reflejo de aquello hacia lo que ellas dirigen vuestra atención mental.

Por tanto, queridos amigos, no vengo por mí, sino por vosotros. Y no os vengo a enseñar, sino a amar, hasta que elijáis, desde lo más profundo de vuestro propio ser, dejar a un lado toda ilusión a la cual le hayáis dado crédito, y recordar la única Verdad que es verdad. Porque ciertamente, en esta hora que aquí tenemos, hay algo trascendente más allá de todo límite. Hay una trascendencia de todo lo que tenga que ver con ir y venir, con nacimiento y con muerte. No hay sino la Mente de Cristo, en la cual cada uno de nosotros, como una chispa de Luz Divina, como un rayo de luz solar para el sol, descansa eternamente en comunión y comunicación perfectas, para siempre. Ahora bien, el gran secreto es, desde luego, que este es el estado de tu realidad, pues en todos y cada uno de los momentos permaneces en perfecta comunión con toda la creación, ya que todas las cosas no son sino modificaciones temporales de la energía única fundamental que he elegido llamar Mente de Cristo, el fruto del Padre.

Y así, queridos amigos, vengo adonde vosotros elegís estar. Y si elegís abrir ese lugar en el corazón y en la mente en el cual podéis comunicar conmigo directamente, allí también os encontraré. Lo importante es, entonces, a modo de comienzo, considerar el simple hecho de que tu experiencia es siempre el efecto de dónde eliges enfocar la atención de tu consciencia, cuyo Ser es por siempre ilimitado, y abarca la gran variedad de dimensiones de la creación. Moras en aquello que abarca todas las cosas, de todas las maneras y en todo tiempo. Y, en Verdad, no conoces separación, nacimiento o muerte, pérdida o ganancia.

En esta hora, al haber extraído la cinta de su envoltorio y haberla puesto en la máquina [o al leer esta lección], reconoce cómo tú, un ser infinito, has elegido deliberadamente participar en una forma de experiencia. Por tanto, has convocado hacia ti mismo todo el aparato sensorial del cuerpo mediante el cual filtrar las energías de este dominio físico para poder escuchar vibraciones que baten las cuerdas vocales creando palabras que portan ciertos sentidos para todos y cada uno de vosotros. Y cada cual va a colorear ese sentido de acuerdo –de acuerdo– a las percepciones que haya escogido valorar.

¿Eso significará que unos estarán más adelantados que otros? Solo lo parece. En realidad, cada uno de vosotros es igual; cada cual, desde su infinita libertad, escoge atraer hacia sí mismo ciertas frecuencias vibratorias, por así decirlo –ciertas cualidades o formas de experiencia. En esa libertad es donde siempre permanecéis, desde antes de la fundación de este mundo, y mucho después de que termine de existir. Así que en ningún momento puedes ser la víctima de lo que ves, y no hay nada fuera de ti. Lo que experimentas lo has atraído directa y deliberadamente hacia ti mismo. Y si tienes ese pensamiento que dice, “pues bien, no me gusta lo que he atraído hacia mí mismo”, es también perfectamente válido. Pues entonces habrás atraído la experiencia de estar juzgándote a ti mismo. Entonces, simplemente contempla con el asombro de un niño, mira a ver cómo te sientes, y pregúntate a ti mismo,

¿Es esta acaso la energía en la que deseo continuar, o elegiría algo distinto?

Pues al final, cuando todas las elecciones posibles en el sueño de separación han sido realizadas, probadas, sentidas, conocidas… entonces, finalmente emerge la calmada, la tranquila Voz del Espíritu, que habla a través del alma –y volveremos sobre esto–, susurrando acerca de la única Verdad y la única realidad, del único Amor, de la única paz y la única dicha que son continuas.

Entonces, el alma comienza a apartarse de las cosas de este mundo creado. Comienza a retirar su atención, por así decirlo, de sus apegos a todas las cosas que ha atraído hacia sí misma. Comienza a trascender su sensación de identificación con las frecuencias vibratorias que tan solo estaban destinadas a ser materia de juego, pero que luego se tomaron en serio. Porque la creación del ego es la seriedad en la mente, y solo con una gran seriedad se consiguen mantener las vibraciones de todo aquello que tú ya no querrías experimentar en el campo de tu ser, en el campo de tu alma.

Y a medida que tú, como alma –la chispa divina individual– comienzas a elegir retirarle la atención, retirarle el valor que has otorgado a todas las cosas, y al aprender a simplificar la naturaleza de tu propia consciencia, al comenzar a constatar que puedes rendirte ante algo que parece estar más allá de ti, que puedes considerar la locura de confiar en lo invisible… entonces, te haces cada vez más y más… menos y menos. Y a medida en que te haces menos y menos de lo que tú crees que eras, a cambio, te haces más y más de aquello que tu Padre te creó para ser –el Pensamiento de Perfecto Amor en la forma, un canal, un simple vehículo a través del cual pueda brillar el Amor del Espíritu. Y tu única tarea se convierte en la limpieza de tus ventanas, el pulido de tus suelos, el desherbado de tu huerto, de modo tal que esa Luz pueda derramarse sin trabas.

Ya no te encontrarás más con la necesidad de defender percepciones con las cuales te has identificado por error. Y ciertamente sabrás cuándo has llegado a ese estado de despertar, puesto que serás capaz de contemplar todas las cosas creadas que jamás hayas experimentado, todas las reacciones que jamás hayas albergado en la mente, todas las percepciones, juicios, o deseos que jamás hayas tenido por cualquiera o por algo… y todo ello, al surgir en tu mente, ya no perturbará tu paz. Y sonreirás. Y comprobarás que dentro de tu consciencia ha aparecido todo lo santo y todo lo diabólico. Has sido ambas cosas, santo y pecador, y tu felicidad e infelicidad solo han sido un efecto del lugar donde elegías enfocar tu atención.

Ciertamente, queridos amigos, vengo en adelante para encontrarme con vosotros dondequiera que estéis, porque he elegido usar el poder infinito de la consciencia, que me fue otorgado por mi Padre, tal y como te fue dado a ti, para descubrir así qué profundo deleite puede existir cuando la mente está enfocada solamente en ver desde, y en ver solo, la Mente de Cristo. Por tanto, he atraído hacia mi Mismo, hacia mi Yo, toda una multitud de experiencias, incluso cuando caminé sobre tu amada Tierra como un hombre –para poder desafiarme a mí mismo, para probarme a mí mismo, para condicionarme, para resurgir, para trascender toda posible experiencia que me pudiera distraer de la rememoración de quien yo soy.

Podríais decir, por cierto, que mi crucifixión fue meramente el punto álgido de mi propia elección directa a ser desafiado por los acontecimientos del espacio y del tiempo, de modo tal que pudiera cultivar, en mí mismo, la capacidad de ver desde, y de ver solamente, la perfecta pureza de la Mente de Cristo.

Lo que intento dejar claro es, que en todos y cada uno de los momentos, lo que estás experimentando en el ámbito de tus emociones y de tu mente, y los efectos –en último término– en el cuerpo, están ahí porque tú –desde tu infinita libertad– simplemente has seleccionado esa experiencia, esa energía, para enfocar tu atención en ella, de tal modo que puedas ver cómo son esos efectos.

La locura, como ves, no procede de haber elegido contemplar algo diferente de la Mente de Cristo. La locura, que experimentas como tu dolor y sufrimiento, tus búsquedas y tus dramas, solamente procede de la elección errónea de volverte alguien que está identificado con lo que surge en el campo de tu consciencia, de tu discernimiento. Tú, por tanto, pierdes la perspicacia de la inocencia. Pues, de hecho, todos los acontecimientos son perfectamente neutrales, y eres libre de verlos de la manera que quieras.

Cuando nace un niño –y muchas que sois madres lo sabéis bien– puedes experimentar una inefable y profunda alegría. Igualmente, también puedes experimentar miedo y una cierta contracción ante la idea de tener que responsabilizarte de un niño. Cuando algún ser querido muere y experimentas pena y desdicha, ten por seguro que se debe a que has elegido contraer tu atención de tal modo que ya solo puedes ver la pérdida de un cuerpo animado y, por tanto, te convences a ti mismo de que te has separado de ese ser querido.

Hablo por propia experiencia cuando digo que la separación es una ilusión. Y cuando la muerte sucede en tu plano, en ese preciso instante, todavía tienes el poder de elegir aceptar que algo ha cambiado, y desplazar tu atención hacia una facultad que el cuerpo nunca podría contener, en la cual percibes, escuchas y te comunicas con esa chispa de Luz Divina –el alma– que parece haber abandonado la idea de intentar mantener una forma física animada.

El siguiente paso es por tanto imperativo, y, de hecho, es el auténtico primer paso en lo que vamos a empezar a llamar La vía del corazón. El primer paso para despertar es permitir que la mente considere el axioma, la Verdad, de que no hay nada, en todo lo que experimentes, que esté causado por algo fuera de ti. Solo experimentas los efectos de tu propia elección.

Para comprobarlo, durante este año por venir iremos caminando y añadiendo cosas, mes a mes, en lo que a partir de ahora elijo llamar La vía del corazón. Este es el camino desconocido para el mundo. Es un camino desconocido para muchos que se llamarían a sí mismos “maestros espirituales”, ya que no descansa sobre medios mágicos, o no puede depender de ellos. Se trata más bien de la vía que cultiva en ti la decisión de dirigir tu atención hacia tu propia mente, tu propio comportamiento, hacia lo que es verdadero y real para ti, momento por momento… y para estudiarlo, considerarlo, sentirlo, respirarlo en la Luz del Espíritu cuando esta pasa a través de todo ello…, y además, constantemente re-entrenando a la mente de tal manera que esta pueda asumir una completa responsabilidad en cada instante.

¿Y por qué es esto necesario? Porque sin ello, no puede haber paz. Sin ello no puedes trascender las identificaciones falsas que has elegido. Para utilizar quizá una forma más simple de decirlo: necesitas llegar al punto donde te dices, a ti mismo,

Me he hecho esto a mí mismo. Yo lo hice, yo puedo corregirlo. No hay nadie más a quien acusar. El mundo es inocente.

Y en los meses por venir estaremos comunicando con vosotros cada vez más profundamente sobre los puntos más sutiles, por así decirlo, de La vía del corazón. Porque esta es la manera, este es el camino que se me enseñó, y es a este camino hacia el cual quiero dirigirte con muchas, muchas claves. Este es el camino que os va a traer la inversión de cada pensamiento que jamás hayáis tenido, sobre cualquier cosa o sobre cualquiera. Es solo este camino el que permite que paséis por el ojo de la aguja y lleguéis a descansar en la Perfecta Paz de la que habéis brotado.

La Manera del corazón no es la del intelecto; porque ciertamente este aspecto de la mente nunca estuvo diseñado para que te dominara. Fue diseñado para ser el humilde, y, si me perdonas la expresión, el muy estúpido servidor del Corazón Despierto. El Corazón es lo que siente todas las cosas, abraza todas las cosas, confía en todo, y permite todo. El Corazón es aquello en lo cual el alma descansa eternamente. El Corazón es aquello que está más allá del espacio y del tiempo, y es esa chispa de Luz en la Mente de Dios que es llamada “el Cristo”. Y solo en Ello encontrareis la paz que buscáis.

Descubriréis, entonces, que el camino del despertar no es uno donde se pida abstinencia y evitar las cosas, sino uno de veracidad. No es un camino de logro y orgullo, sino de soltar de la consciencia el lastre de cada esperanza y cada deseo de ser especial –especial como para considerarte a ti mismo alguien que ha “hecho progresos”, y tales que bien podrías darte un golpe en el pecho y extender las plumas de la cola, cual pavo real. Se trata de trascender la esperanza de obtener la atención de Dios de algún modo, tal que Él te pueda mirar y decir,

Oh, qué buena persona has sido… Sí, oh ¡cielo santo! Vale, entonces creo que ahora te permitiré entrar al Reino.

Se trata de un camino en el que llegas a cultivar –sin importar tu experiencia interior o grado de despertar–, a cultivar, en cada respiración, la disposición y el arte de regresar a la simplicidad de una mente vacía, de un no-saber. Es una manera de vivir en la que todas las cosas y todos los eventos se convierten en un aspecto de tu meditación y tu oración, hasta que quede establecida de nuevo en ti la Verdad que es siempre verdad:

Que no se haga mi voluntad, sino la Tuya. Porque por mí mismo no hago nada; es mi Padre quien hace todo a través mío.

Imagina entonces un estado de ser en el que caminas por este mundo, siendo aparentemente similar a cualquier otro y, no obstante, en una espaciosidad interior, vacío por dentro. En Verdad, no deseas nada, aunque permitas que el deseo fluya a través tuyo, aceptándolo como la Voz del Padre guiando tu personalidad, tus emociones, e incluso el cuerpo, hacia lugares, acontecimientos, gente, cosas, experiencias por medio de las cuales se teje el tapiz de la Expiación, de la Reconciliación… a través de las cuales todos los Niños de Dios se sienten llamados a retornar a casa de nuevo. Y confías en el completo fluir de todo ello, ya sea que se te pida dar una charla frente a diez mil personas, o bien decirle a un amigo la verdad sobre tus sentimientos…, o bien seas conducido quizá a barrer las calles y vivir sin dinero. Pues, en Verdad, esa mente que confía en la Fuente de su creación permite todas las cosas, confía en todas las cosas, abraza todas las cosas, y trasciende todas las cosas.

Ten por seguro entonces que cualquiera que sea la frustración y la ansiedad que sientas, se debe a que has decidido no confiar en la Verdad. Y la Verdad es simplemente esta: solo el plan de Dios para la salvación puede tener éxito para ti. Tu método siempre fracasará, pues comienza asumiendo, de forma ilusoria y demente, que eres un ser separado de la Mente de Dios, y que entonces debes necesariamente dirigir tu propio curso. Pues, si estás enfermo y con malestar, sin paz, ¿cómo es que estando así pretendes decidir que tú sabes cómo crear paz? Se requiere una gran humildad para aceptar el primer paso en el camino:

Yo he hecho todo esto; yo debo deshacerlo. Pero no tengo ni idea de cómo lo hice. Por tanto, debo rendirme a algo.

Quiero darte este pensamiento, querido amigo, querida amiga, así como me fue dado a mí, tiempo atrás. Y el pensamiento es este (y te pediría que lo recapacitaras bien):

¿Y si la misma vida que estás viviendo ahora, y si cada experiencia que te ha estado llegando desde el momento en que dijiste “tengo que despertar ahora”… y si todo eso… hubiera sido directamente enviado por tu Padre, porque tu Padre sabe todo lo que es necesario aclarar en tu consciencia para que tú accedas a tu despertar? ¿Y si las mismas cosas ante las que te resistes fueran precisamente los pasos que se requieren para tu regreso a casa? ¿Y si alcanzaras una madurez a lo largo de este camino con la cual finalmente estuvieras dispuesto a dejar que las cosas sean tal y como son?

Y entonces, si fuera necesario ponerse a barrer las calles, simplemente tomarías una profunda inspiración, y dirías, “Padre, tú conoces el camino a casa”, y entonces, comenzarías a barrer. Y ahora, llega este pensamiento a la mente,

Oh Dios mío, no seré reconocido. No destacaré. No pensarán que soy especial si solo soy un barrendero.

Y entonces, admites,

Ajá, no hay nada extraño en la idea de que mi Padre me pida hacer esto. Voy a dejar todo como la patena de modo que pueda contemplarlo, desidentificarme de ello, y aprender a ser la presencia del Amor barriendo.

Porque en Verdad te digo que el más pequeño entre vosotros, de acuerdo a tu percepción, es ya igual al mayor. Y no hay ninguno que sea menos de lo que yo soy.

Y así, La vía del corazón comienza por ahí. Comienza aceptando con humildad que tú has sido quien ha creado un buen lío en tu consciencia. Tú has creado un laberinto y te has perdido en él, sin reconocer ya la manera de poder regresar, que es esta: por tu cuenta, no puedes hacer nada. Pues todo aquello que te las has ingeniado para lograr, no es sino la creación de un monumental conjunto de dramas dementes que, en Verdad, están ocurriendo en ningún sitio excepto en tu campo mental. Son como quimeras, como sueños. En Verdad no hay diferencia alguna entre un estado de vigilia, en el que fueras el director de tu vida, y los sueños que tienes cuando tu cuerpo duerme de noche. Son lo mismo.

Deseo dirigirte hacia la paz, incluso hacia esa paz que trasciende para siempre toda concepción y entendimiento mundanos. Y también deseo, porque mi Padre lo desea a través mío, llevarte plenamente adonde yo estoy para que puedas descubrir que existe alguien que llegó ahí antes que tú. Y, cuando mires bien, verás que,

Aaaah, si soy Yo Mismo. Siempre he estado allí, pero lo olvidé.

Y al final de todo viaje, al final de toda purificación –que ciertamente es todavía necesaria– descubrirás que despertar significa haberte ido de viaje a ningún lado. Significa llegar a una meta que nunca cambió.

Despertar es solo rememorar; pero se trata de un rememorar no solo del intelecto; pues no es una idea, tal y como podrías entender las ideas. Es una idea que vibra a través de todo el campo de tu ser, de modo tal que incluso las células del cuerpo –mientras que el cuerpo todavía permanezca reunido en su forma actual–, incluso las células del cuerpo, despiertan y se relajan en la Verdad que siempre es verdad.

La vía del corazón… Si fueras un hortelano, ¿no cultivarías el arte de limpiar tu huerto? ¿No irías a ver si el suelo está en su justa humedad? ¿No mirarías las nubes en el horizonte, y comprobarías el calor que hace hoy? ¿No cubrirías las plantas delicadas que necesiten más protección hasta que crezcan y sean más fuertes? Y si quienes vienen no quisieran respetar tu huerto, ¿no les pedirías que se marchen, o no pondrías temporalmente una valla hasta que el huerto estuviera lo suficientemente fuerte como para poder estallar dando los suficientes frutos de modo tal que puedas ofrecérselos incluso a quienes no lo respetan?

Sé por tanto como un hortelano sabio. Cultiva un profundo amor y respeto por ti mismo, pues no estás aquí para “arreglar” el mundo. No estás aquí para “arreglar” a tu hermano o hermana. Solo el Amor sana. Y hasta que no te hayas amado a ti mismo completamente, habiendo purificado la mente de todo pensamiento erróneo que jamás hayas tenido –hasta que no los hayas amado–, no podrás en Verdad amar cualquier cosa o a cualquiera, salvo en aquellos breves momentos cuando bajas la guardia y el Amor de Dios resplandece a través tuyo tan rápidamente que ni siquiera puedes saber qué es lo que ha pasado. Pues el hortelano sabio cultiva un estado de consciencia en el cual el Amor de Dios no encuentra trabas.

Queridos amigos, aquellos de vosotros que habéis elegido responder esta llamada a participar en este camino, con esta Familia, si afirmáis vuestro compromiso confiando en vuestro Creador al haber colocado ante vosotros un camino que os puede ciertamente llevar a casa, entonces, ciertamente que llegaréis. Pero el compromiso significa que no vas a abandonar la habitación cuando comience el griterío. El griterío del que hablamos está en tu propia mente, en tu propio cuerpo, en tus emociones. Se trata de que permanezcáis con esas cosas siendo honestos sobre ellas, y con amor hacia vosotros mismos por haber tenido alguna vez el poder de incluso crear tales percepciones dementes de vosotros mismos y del mundo alrededor.

El Método del corazón es el camino definitivo que cualquier alma puede tomar. Hay muchas fases en el despertar. Hay muchos caminos que pueden seguirse, pero, al final, “todos los caminos llevan a Roma” –como se suele decir. Finalmente cada alma debe encontrar su camino hacia La vía del corazón, y regresar a la Verdad de que ha llegado el momento de asumir su responsabilidad, de aprender a cultivar la capacidad de contemplar las profundas y perversas oscuridades de eso que he llamado “ego” (y que no es nada más que la fosa séptica de la negación –aquello a lo que le falta Luz), y comenzar a llevar la Luz ahí simplemente observando vuestra propia mente, vuestro propio comportamiento y reacciones…, con una sensación de maravilla, un sentido de inocencia, de infantilidad.

Pues, ¿no está escrito que vas a ser nuevamente como un niño pequeño, para así poder entrar en el Reino? El niño pequeño simplemente se maravilla de todo eso que ve: “y bien, ¿qué te parece?”. ¿Te puedes imaginar contemplando las más profundas y oscuras partes de tu propia sombra, tus negaciones, y siendo capaz de decir, “oh, ¡qué te parece!”? Mmm. Recuerda entonces que todo es neutral, y que en Verdad todo aquello que surge en tu consciencia no tiene ningún efecto sobre la Verdad de tu realidad.

La vía del corazón es entonces una manera de cultivar la decisión de identificarse con la Luz que puede iluminar toda oscuridad, mas no luchando contra esta, sino aceptándola, abrazándola como tu propia creación, y eligiendo de nuevo. La vía del corazón es el método que yo enseño. Y ahora comenzamos un año de estudio más centrado, un año de cultivar algo juntos, por así decirlo, y para que La vía del corazón pueda establecerse en vuestra santa mente. Y vamos a ir abriendo muchas fuentes, pudiendo encontrarnos con alguna sorpresa al respecto de quiénes elegirán hablar a través de este vehículo [Jayem].

Pero ten por seguro siempre, y de todas las maneras, que me he comprometido conmigo mismo para dirigir gentilmente el nacimiento y la manifestación de lo que habéis llegado a llamar Shanti Christo [la Fundación que fundó Jayem, ver nota al pie1]. La idea fue dada por mí. Y lo que doy, lo nutro. Lo que creo junto contigo, no lo abandono. Por tanto, vas a ver que siempre estaré aquí. Todavía está por ver si tú estarás.

Recuerda entonces siempre que la Verdad es siempre verdad. ¿No llegó ya el momento, queridos amigos, de tomar verdaderamente posesión de vuestra única realidad? La vía del corazón no conoce la palabra evitar. La vía del corazón no sabe de engaño, manipulación o control. La vía del corazón no conoce la culpa, la acusación, aunque contempla el surgimiento de todas esas cosas como ecos de viejos patrones que ahora se han quedado pequeños. Con ella se aprende a mirarlos y a reconocerlos tal y como puedes reconocer ciertos tipos de nubes que hay por el cielo, y luego, se aprende a redirigir la atención hacia la mente, para que así pueda llevarse a cabo una nueva elección.

La vía del corazón es la vía que te llama a casa. Y la llamada proviene de la parte profunda de tu alma que existe a semejanza del Espíritu, que mora como Cristo en la Santa Mente de Dios. Confía entonces en que tú eres como el rayo de luz solar para el sol. Y no confíes en las percepciones que has cultivado en el error. Pues no marchas solo por este camino por el que vas, y tu viaje no transcurre aparte del de tus hermanos y hermanas. Esta Familia no puede conocer la separación, aunque algunos parezcan ir y venir. Pues una vez que ha sido reconocida la llamada a despertar en este linaje, aunque los cuerpos no se comuniquen en el espacio y el tiempo, ten por seguro que la comunicación permanece y que no hay forma de poder evitarla.

Y así, comenzamos La vía del corazón. Entramos ahora en una etapa donde es hora de dejar de escuchar desde una respetuosa amabilidad, o desde la curiosidad, e integrarse en la voluntad de ser aquel que acepta comprometerse a sanar cada obstáculo que se interpone ante la presencia del Amor… cada obstáculo que aún pueda estar quizá secretamente oculto en las profundidades de esa parte de la mente que luchaba por estar separada de Dios. Es tiempo de recordar que verdaderamente eres la Luz que puede llegar a brillar amorosamente sobre cualquier aspecto de oscuridad con el que hayas tratado.

Así, durante este camino, este año, vas a aprender a darle la mano al demonio, danzando un pequeño baile con él, reconociendo su rostro como el tuyo propio. Pues cuando danzas con la oscuridad que tú has creado, esa oscuridad se ve transformada en un ángel. Y la Luz permanece en la Luz2.

Te daremos y presentaremos en adelante ciertas meditaciones, por así decirlo, ciertas prácticas energéticas para ayudarte a cultivar una cualidad del sentimiento que te permita reconocer las energías que ya no te sirven, y de tal manera que se trascienda lo que tu mente podría pensar de ellas, y tal que aprendas cada vez más a ser dirigido por tu cuerpo, por así decirlo, por tu naturaleza sensitiva, y no por tu intelecto. Pues tu intelecto no sabe de otra cosa que de todas esas trivialidades que has amontonado en él, como la basura en el cubo de la basura. El intelecto nunca puede brindar la sanación del Corazón que es la Reconciliación. Solo puede ser utilizado para argüir contra las percepciones dementes a las que estás habituado, y de modo tal que puedas llegar a entender que quizá existe un bien mayor si abandonas tu empeño en tratar al intelecto como tu dios.

Por tanto, ciertamente, queridos amigos, danzad a menudo, regocijaos, jugad a menudo. Permitid que este año sea aquel en el cual sacáis a la luz desde dentro de vosotros mismos todas las cosas que no sean dignas de la Mente de Cristo –cada pensamiento de escasez, cada sensación de no ser merecedor, cada miedo. Permite que venga todo eso y míralo, abrázalo, transmútalo mediante tu propio amor por ti mismo y mediante tu honestidad. Acepta dónde estás, y no pretendas ser de otro modo, pues los más sabios son siempre los más humildes.

Estad por tanto en paz, queridos amigos. Estad en paz con todo. Porque nosotros nos deleitamos –y hablo de muchos “nosotros” que están en eso que podrías llamar “un estado desencarnado”, quienes están eligiendo participar en esto, contigo, que has pedido ser ayudado este año, mediante esta vía– ¡nosotros disfrutamos uniéndonos a vosotros! ¡Disfrutamos amándoos, esperando darle la bienvenida a vuestro Yo de nuevo a casa!

Por tanto, comenzamos ya a despedirnos, en esta reunión, por hoy. Pero, al acabar, te pedimos que cierres los ojos por solo un momento y que tomes una profunda respiración en el cuerpo… y sueltes. Y a medida que el aire abandone el cuerpo, piensa que ya no existe nada a lo que aferrarse que sea digno de mantenerte alejado de tu paz y de tu felicidad. Comprométete –plenamente– a experimentar la felicidad, así como has estado plenamente comprometido a la infelicidad, la limitación, la carencia. Este año dale a tu Creador plenamente el permiso de dejar limpio el sótano. No hay nada ahí que sea digno de ser defendido o protegido.

Y llegará a suceder lo que vas a reconocer como la perfecta paz del no-saber, del no-pensamiento. Sabrás lo que significa ser aliviado del acoso del tiempo y confortado por lo eterno.

Que la paz esté siempre con vosotros. Y nunca te permitas, ni por un momento, creer que estás sola, solo. No tiene sentido que pienses que no estoy contigo. Has llamado. Yo me puse al teléfono. Estamos en comunicación. Esta es la manera. Esta es la vía. Este es el camino, tal y como lo será hasta el final de la ilusión.

Amén.

_____

1 Jayem se separó de esta Fundación, pero lo hizo guiado por Jeshua mismo. Ver el Apéndice 1, al final, donde traduzco parte de una pequeña nota aclaratoria que la página web de Jayem tiene al respecto.
Así que en este párrafo no hay ningún reproche de Jeshua a Jayem, sino que entiendo que simplemente se le informa a este de que aún no se sabe cómo irán las cosas con la gente de la Fundación, con la que hubo una especie de conflicto. Jayem tuvo que separarse, ya que de cierto modo no era respetado como fuente de los materiales.

2 Aquí el texto en inglés podría ser que diga algo diferente al audio original de Jayem.
Esto sería muy extraño, pues ha sido escuchado por miles y miles de personas, muchas veces, pero eso me parece cuando lo escucho. El Texto en inglés dice literalmente que “la Luz permanece en la Luz” (“Light abides with Light”), pero el Audio parece decir algo así: “Light abides with Wides” (si es que eso tiene sentido, si es posible o tiene sentido esa palabra, “Wides”, o algo similar).
Parece que se oye una “s” al final de la última palabra de ese párrafo en el Audio. Como digo, es muy extraño.

 

 

 

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4 Respuestas a “1. La vía del corazón. Lección 1. Jeshua-Jayem

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  1. Hola. Empiezo a leer este texto. Parece muy bueno. ¿Explica en algún lado a que se refiere cuando usa mayúscula como “en Verdad”?

    GRACIAS

    • es muy bueno.

      en verdad es lo mismo qe en Verdad… pero remarcado con mayúscula. En principio no lo liaríamos más.

      Puedes preguntarle a tu propio corazón qué significa para ti ponerle mayúscula a una expresión así.

      Hay unas sugerencias de estudio dadas por la voz a Jayem. Si viste.
      gracias 🙂

  2. Con mayúsculas es la Verdad última más allá de cualquier sueño del ego.

    ¡Gracias!

  3. Reblogueó esto en EL TALLER DE MELAN DOUS..

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