2.p. La vía del corazón. Preguntas y respuestas de la Lección 2 (sobre los cuarenta días, el ayuno y María)   Leave a comment

imagen corazón en círculo[- Para más información, ver índice de entradas, puntos 6 y 2G.
– El audio con la lectura de esta sección de preguntas y respuestas, está al final de la lectura de la lección 2 (es el mismo audio enlazado en la lección 2). (Y este es, por cierto, el enlace a todos los audios de estas lecciones en ivoox.)
– En diciembre 2015 empecé una revisión de la traducción de este primer libro de La Vía (que he tardado o tardaré pocas semanas en terminar).
– Aunque la traducción había quedado bastante bien, aún había algunas cosas más o menos claramente mejorables en cuanto a la transmisión del significado del texto en inglés (dentro de que el objetivo es fundamentalmente transmitir el sentido lo mejor posible).
– Para ver el PDF entero actualizado ver el índice enlazado arriba, punto 6 (y la carpeta con todos los textos en Google-Drive que también enlazo en el índice)]

La vía del corazón. Preguntas y respuestas de la Lección 2
(sobre el ayuno y el viaje al desierto -los 40 días y 40 noches de Jeshua. Y sobre María)

Pregunta: ¿qué experimentaste cuando fuiste al desierto por cuarenta días y cuarenta noches? ¿Cuál era el propósito de hacer ayuno?

Respuesta: querido amigo, primero, el propósito del ayuno era doble. El cuerpo es ciertamente un instrumento de comunicación. Recibe y transmite lo que podrías considerar “señales”. Y queremos enfatizar aquí, por tu bien, que el cuerpo recibe señales de tu mente, así como también las transmite desde ella.

En el transcurso de cualquier día normal, estás habitando en una especie de campo vibratorio. Ese campo precisa que tú, dentro de una cierta frontera, vivas de tal modo que puedas efectivamente comunicarte y relacionarte dentro de él. Por tanto el cuerpo aprende a adaptarse al lugar donde estás colocándolo, y a todo aquello para lo cual lo estés usando. Cuando el alma desea cambiar frecuencias vibratorias para poder recibir nuevas señales, es muy valioso preparar el cuerpo, desviándolo de sus patrones usuales.

Por ejemplo, cada vez que comes una cierta comida —y lo haces diariamente, día tras día, mes tras mes—, el cuerpo se adapta a esa frecuencia vibratoria. Aprende a recibir la energía de esa sustancia, aprende a adaptarse a ella, a morar con esa sustancia, y entonces, utiliza la energía de esa sustancia. Y cuando te apartas de ella, se crea un espacio. Hay un marco temporal, por así decirlo, en el cual el cuerpo ahora ya no está recibiendo las señales que le brinda esa sustancia. Y él crea, por así decirlo, una pausa. La propia inteligencia de la estructura celular del cuerpo hace una pausa. Y, al detenerse, puedes empezar a enviar nuevas señales a las células para que estén abiertas, receptivas, de modo tal que puedan sintonizarse a sí mismas a nuevas frecuencias que entonces podrán ser recibidas, aceptadas.

Por tanto, se trata de una práctica muy común en las vías espirituales, ya que cuando el alma desea hacer más profundo su sentido de autoconsciencia, haciendo más profunda su conexión con Dios —o como quieras entenderlo—, eso que se llama “ayuno” siempre ha sido de ayuda para facilitar un tal cambio, pues pone al cuerpo en descanso. Lo saca de su rango normal de experiencia vibratoria, de un modo tal que puede abrirse a sintonizar con nuevas frecuencias. Entonces, el ayuno tiene dicho propósito, como medio de preparación.

Mas, en segundo lugar, esto también afecta a la naturaleza de la propia mente, de la mente pensante que está enlazada con el cuerpo y con el campo vibratorio del ámbito físico. Mediante el proceso de ayuno, la mente también se vuelve más lenta. Se hace más abierta. Se crea una cierta espaciosidad en ella. ¿Y por qué es esto valioso? Porque el alma quiere empezar a enviar nuevas señales, descendiendo desde los niveles más profundos de la Mente, a través de la mente pensante, hasta llegar a las células del cuerpo. El alma está pues tratando de volver a crear, de recrear sus percepciones, la estructura desde la cual tu yo más inferior —tu mente egoica, la que te lleva a lo largo del día— ha estado trabajando. Está tratando de cambiar esto. Así que el ayuno no es solo una cuestión corporal. También afecta a los mecanismos cerebrales de pensamiento, permitiendo que nuevas señales eléctricas envíen pulsos a través del cerebro, y desciendan al cuerpo. Y por tanto, de igual modo, crea una espaciosidad, de forma tal que puedan ser recibidas nuevas frecuencias.

Sería comparable a una situación en la cual, por así decirlo, estuvieras viviendo en una casa donde tienes constantemente sonando una cierta música a un cierto volumen, y donde entonces, repentinamente, decides que quizás sería bueno escuchar el sonido del canto de los pájaros tras la ventana. Así pues, vas hacia los mandos y bajas el volumen. Cambias el campo en el que estás teniendo la experiencia. Y así, a medida que el volumen decrece, comienzas a escuchar ese fondo que siempre estuvo ahí, el de los pájaros cantando afuera. Y tu atención comienza a desplazarse desde el campo vibratorio de la música que has estado escuchando, al campo vibratorio del canto de los pájaros. Y entonces llegan nuevas imágenes, nuevos pensamientos, nuevos sentimientos… a través del cuerpo.

Así pues, el ayuno sirve para ese propósito. En un nivel más profundo, considera pues el hecho de ayunar como una decisión deliberada que no tiene en realidad nada que ver —en los niveles del sentido, del significado— con solo la comida. Es la decisión de interrumpir patrones que se han hecho habituales. Así que ayunas de sonido, de pensamiento negativo, ayunas de tus tareas, de ir a la cama siempre a la misma hora, o de levantarte siempre a la misma hora; y esto lo haces un día, dos días, una semana, un mes… y cuarenta días y cuarenta noches.

Cambias totalmente ciertos patrones. E igual que el efecto de liberar a tu cuerpo del uso habitual de ciertas sustancias crea un espacio en el cual puede tener lugar algo nuevo… el ayuno del simple marco temporal al que estás acostumbrado creará una espaciosidad en la mente. Y te volverás consciente de cosas que no sabías que estaban ocurriendo. Recibirás señales que no habías recibido antes.

Cuando llegué por primera vez a hablar con este mi querido amigo [Jayem], para comenzar a volver a cultivar nuestra capacidad comunicativa, vine a menudo hasta él, y entonces, más tarde, le sugerí que siguiera la práctica de levantarse a las 3 en punto de la madrugada. No lo hacía normalmente a esa hora, y, no obstante, haciéndolo, ayunó de su hábito normal, lo cual aumentó su sentido del discernimiento, y creó o cultivó la capacidad, en la estructura cerebral y en el sistema nervioso, de poder sintonizar con esas frecuencias exclusivas que siempre están ahí, pero que a menudo se ven desplazadas porque aún estáis dormidos. En ese momento, el resto de la gente alrededor suyo todavía no se había despertado, y por tanto no estaba llenando el campo vibratorio con todo el ruido de millones de mentes funcionando activamente.

Así que este es el sentido más profundo del ayuno. Se trata de hacer las cosas de una nueva manera, ayunando de viejos hábitos, lo cual aumenta tu sentido del discernimiento, tu alerta ante lo que está presente. Ayunar es algo extremadamente valioso, y debería ser realizado por todo el mundo de vez en cuando. No hablamos aquí de un ayuno ocasional del cuerpo, sino de comenzar a reconsiderar todos los hábitos que tienes, incluso los que son positivos. Si vas a tu habitación de meditar a la misma hora cada día, el cuerpo y la mente comienzan a anticipar lo que debe suceder, mediante la experiencia aprendida. Entonces, ve a una hora diferente. Si estás acostumbrado a ciertas oraciones, prueba a veces con algunas diferentes. Si estás acostumbrado a ir con ciertos amigos regularmente, cambia eso un poco, de vez en cuando. Si tienes costumbre de hablar mucho, pásate un día en silencio.

Comienza entonces a reconsiderar los hábitos que hayas cultivado, aquellos que sean más continuos —tanto, que nunca piensas en ellos. Y entonces, tómate un tiempo para ayunar deliberadamente del hábito en cuestión. Si tienes el hábito de leer el periódico dominical, pásate un mes sin leer ningún periódico, y observa cómo esto crea un cierto espacio donde poder comenzar no solo a percibir las cosas de una forma diferente, sino a recibir diferentes impulsos. Encontrarás que llegan nuevos pensamientos sobre cómo usar ese tiempo de forma diferente. Ayunar es un arte, y uno que merece ser cultivado en ti mismo.

Ahora bien, ¿qué es lo que experimenté en el desierto durante cuarenta días y cuarenta noches? Miedo, frío, calor, aburrimiento, trajín mental, hambre, gozo, éxtasis, deleite, libertad, experiencias extracorpóreas, clarividencia, clariaudiencia, visitas de ángeles, visitas de criaturas que deberían haberme dejado bloqueado por el miedo. Podrías llamarlas serpientes, arañas… mmm.

Queridos amigos, ese viaje te coloca en una posición donde ya no puedes distraerte de todas esas “cosas” que diariamente están discurriendo en tu consciencia. Se trata de un tiempo de purificación…, de purificación por no tener ninguna oportunidad de escapar, y, así, tener que verdaderamente observarlo todo: todo lo que está sucediendo en el campo de la propia consciencia. Surgieron en mí pensamientos de odio a Dios. Surgieron pensamientos de decidirme a ponerme al servicio de Satán, y no de Dios. También de querer abandonar mis raíces, convirtiéndome en un rico mercader rodeado por lo que llamarías “bailarinas”… ¿mmm? Y ten por seguro que cualquier pensamiento que te puedas imaginar, fuera positivo o negativo, estuvo simbolizado por algo ahí, y tuvo que ser experimentado dentro de mí en ese período —incluso celularmente, en el cuerpo. Tuve dudas de mí mismo, tuve ira. Todo ello surgió; surgió en su totalidad todo el campo de la consciencia humana en mí, en esos cuarenta días y cuarenta noches.

Así que ese periodo fue por entero uno de ayuno. Y ese fue el propósito de apartarme de toda comunicación, de todo el confort al que me había acostumbrado. Estaba yo solo, conmigo mismo. Y al morar conmigo mismo, aprendí que nunca estuve solo. Los pensamientos negativos, como podrías llamarlos, tendieron a llegar cerca del quinto día, y duraron hasta aproximadamente el día veinte. Y entonces, todo comenzó a cambiar a medida que comencé a notar que podía desidentificarme de ellos. No tenía que juzgarlos. Podía notar el frío, y simplemente aceptarlo.

El cuerpo está frío. ¿Y qué?
El cuerpo está hambriento ¿Y qué?
Deseo ir a ver a mis amigos y danzar y cantar. ¿Y qué?

Observaba cómo surgían las cosas. Y finalmente fue como si estas se dieran cuenta de que ya no iban a poder establecer su hogar en mi mente. Y así, desistieron.

Y al igual que, al ayunar físicamente, el cuerpo al final está vacío, y las estructuras celulares pueden comenzar a repararse y sanar en un nivel más profundo, y el sistema nervioso puede descansar profundamente… de igual modo, mi mente comenzó a descansar. Y en ella fue creada una espaciosidad. Y, desde el día veinte hasta aproximadamente el veinticinco, pude sentir una transición a medida que mi consciencia comenzaba a soltar todo lo que había conocido del mundo. Y todo y todos se convirtieron en recuerdos lejanos.

Y noté, cada vez más, que estaba naciendo una Luz, que estaba siendo encendida una Luz dentro de mí. Se estaba creando una espaciosidad. Y desde ahí comencé a conectar con niveles de consciencia que de hecho ya había experimentado antes. Mas ahora tenía tiempo para realmente cultivar mi estancia en aquellas frecuencias en las cuales podía recibir comunicación de otros maestros de ámbitos no físicos.

Comencé a sentir el gran Amor de Dios como nunca antes lo había sentido. Llegaba no solo como un pensamiento o una inspiración, o un fugaz sentimiento… sino que llegó a inundarme, filtrándose, por así decirlo —y aquí hablo metafóricamente— por mi Mente y a través de las células del cuerpo y del sistema nervioso corporal. Llegó a asentarse, por así decirlo, en todo mi ser. Era una profunda paz, la confianza perfecta, el reconocimiento de que no estaba solo, de que tenía todo lo que pudiera necesitar jamás, porque era Uno con Dios.

Así que tuve muchos estados de bendición y de éxtasis, muchos estados que trascendían la identificación con el cuerpo y, repentinamente, fui transportado a otros ámbitos y otros mundos. Comenzaron a emerger representaciones de lo que me quedaba de vida, y era como si surgieran a partir de todo ese barro que son los asuntos de la mente y todas esas cosas que, como tú, yo tenía que hacer para ocuparme de mis asuntos diarios. Nada de eso tenía ya la capacidad de perturbarme. Y el propósito más profundo comenzó a revelarse por sí mismo.

Y escuché a la Voz de mi Padre hablarme sobre algo que vas a reconocer, más o menos el día treinta y siete. Y la Voz llegó claramente desde mis alrededores y desde dentro de mí, diciéndome,

Eres Mi Hijo Amado, en quien me complazco.

Y repentinamente me di cuenta y actualicé la Verdad que es verdad siempre:

Dios me ama.
No necesito hacer nada.
Soy tal y como mi Padre me creó.

Y comenzaron a disolverse las opiniones del mundo en mi campo de consciencia, mi campo de energía, como podrías llamarlo. Y comencé a estabilizarme plenamente en lo que podrías denominar un estado mental iluminado. Ya no me identifiqué más como el hijo de José. Me identifiqué como el Hijo de Dios.

Así que ahí tienes una sinopsis de lo que experimenté durante mi peregrinación y mi ayuno. Los cuarenta días y cuarenta noches, por cierto, eran una representación numerológica que fue muy importante para las escuelas de pensamiento en las que fui entrenado. Representaban un tiempo de nacimiento, experiencia y desengaño. Es como un ciclo —cuarenta días y cuarenta noches— a ser considerado más como algo metafórico que literal. Y, cuando regresé, todas las cosas se habían vuelto nuevas y diferentes. Jeshua ben Joseph había realmente viajado al desierto, mas, quien regresó, era el Hijo de Dios. Por tanto, querido amigo, date a ti mismo permiso ocasionalmente para ayunar de los hábitos que hayas creado.

Pregunta: por favor, háblanos sobre María, y sobre los mensajes que recientemente están siendo publicados y que dicen que proceden de ella.

Respuesta: realmente, querido amigo, ¿quieres que rellene volúmenes y más volúmenes? ¿Quieres tenerme horas hablando? Porque, en Verdad, podría utilizar todo el tiempo del mundo para hablar del Amor de Aquella que fue conocida como mi madre, y que sigue siendo siempre una íntima parte de mí mismo, pues seguimos en perfecta comunicación, por supuesto.

Ella, Aquella, como alma, eligió permitir, eligió involucrarse en el drama de mi propia encarnación en el mundo. Ella fue por tanto colocada en la posición de sacar a la luz todo lo que no fuera Amor dentro de Sí misma, y contemplar los propios hábitos de ser madre, trascendiéndolos para poder servir en un marco más amplio. Esa encarnación fue aquella en la cual Ella perfeccionó Su propio despertar, Su propio compromiso con lo que está mucho más allá de cada consciencia individual. Ella vive siempre tal y como yo vivo. Y Ella nunca ha dejado de seguir La vía del corazón —esa Vía que es perfeccionada cuando la consciencia reconoce que,

Yo vivo, pero no yo, sino Aquello que es la Creación de mi Padre: la Consciencia Crística, ella sola, vive a través mío.

Ella es un ser extremadamente activo en eso que llamarías tu marco temporal actual. Está hablándole a muchos. Las apariciones que han sido registradas por lo que llamas “la gran autoridad de la Iglesia”, esas apariciones, no son la mera imaginación de nadie. Y van a verse realmente en aumento. Los mensajes que Ella está dando —o mejor deberíamos decir esto: las personas con las que ella intenta comunicarse— requieren que Su mensaje sea dado de una manera que es algo diferente de la manera en que yo estoy formulando este mensaje, el que te estoy dando a través de este canal. ¿Y por qué? Porque el maestro sabio aprende el lenguaje del estudiante, el temperamento, el espacio de consciencia en el cual está, y, entonces, le habla en los términos que puedan ser entendidos mejor.

Y así, Ella habla de los cambios en la Tierra. Habla del Amor de Dios. Habla un lenguaje que muchos no preferís, pero que otros sí. Y, no obstante, existe todo un arte, toda una habilidad y un propósito. Y, Su propósito es por entero el mismo que el mío: cultivar en todos los que quieran escuchar el realineamiento de sus percepciones, para que puedan sanar su sentido de separación con respecto a Dios, y regresar a la Verdad del Amor, al merecimiento, y al poder y la Gracia —para despertar, en otros términos.

Hay muchos que se reivindican como canales Suyos y que no lo son. Y si prestas atención a la vibración que sientes con los libros que leas, con las cintas que escuches, o con lo que sea que tengas… siempre reconocerás Su presencia porque contiene una cierta suavidad, una cierta gentileza, una cierta cualidad de maternidad perfecta, por así decirlo, con todo lo cual te puedes sentir como si ya solo quisieras reposar tu cabeza sobre Su pecho, y disolverte en la bendición del Amor.

Siempre detectarás a aquellos que no están comunicando con Ella, pero que querrían hacerte pensar que sí, por cierto tipo de constricción, por cierto sentido de energía egoica, de miedo al futuro:

Mejor haz esto.
Esto otro va a suceder.
No hay modo de evitarlo.

Ese tipo de afirmaciones no proceden de Ella en absoluto.

Y realmente, tal y como hice entonces, amo profundamente a Aquella, y la contemplo como un ejemplo radiante de lo que puede ser la consciencia.

 

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