Un curso de amor. 9. El regreso del pródigo   Leave a comment

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imagen corazón en círculo[— Un curso de amor, estaba compuesto por tres libros en inglés, en sus primeras ediciones. Fue transmitido por Jeshua en comunión con Mari Perron, y publicado en el 2001. Aparte de esa edición en tres volúmenes, fue publicado en uno solo, en inglés, en el año 2014.
— Para más información, libros en PDF, y listado de entradas, ver índice.
— Publico parcialmente los capítulos de este modo como método para revisar tranquilamente y acceder en varios formatos a una traducción lo mejor posible de este maravilloso “nuevo curso de milagros”.
— Sobre el uso del idioma en las traducciones y el modo de revisarlas o hacerlas, ver las notas en esta entrada que iré completando]

Capítulo 9. El regreso del pródigo

9.1 Te asombras de cómo se puede decir que tu corazón no está engañado cuando tantas veces parece engañarte. Parece tan inconstante como tu mente, diciéndote un día una cosa y al siguiente otra. Incluso parece conducirte de forma más errática que tu mente, forzándote a caminar por lugares llenos de trampas y de peligros, hacia la más profunda oscuridad en vez de hacia la luz. Pero son tus emociones las que te harían esto, no tu corazón.

9.2 Las emociones hablan el idioma de tu yo separado, más que el lenguaje del corazón. Son la primera línea de tu sistema de defensa, siempre atentas a lo que pueda lastimar o menospreciar al pequeño yo que creen bajo su protección, o a los demás pequeños yoes que consideras bajo tu protección. Pero recuerda ahora cuánto se asemeja a la creación lo que tú has fabricado -en la forma, si no lo hace en sustancia. La creación no necesita protección, y solo tu creencia en tal necesidad es la causa de que tus sentimientos hayan quedado tan oscurecidos por la ilusión. Si no sintieras la necesidad de proteger tu corazón, o ninguno de esos cuerpos que amas, tus sentimientos conservarían su inocencia y no podrían lastimarte de ninguna manera.

9.3 El deseo de proteger tiene su origen en la desconfianza y está completamente basado en el miedo. Si no existiese el temor, ¿qué habría que proteger? De esta manera, todo tu amor —el amor que imaginas que reservas dentro de ti mismo, y el que te imaginas que das y que recibes— está contaminado por tu miedo, y no puede ser amor real. Debido a que recuerdas que el amor es lo que te mantuvo a salvo, lo que te mantuvo feliz, y lo que consiguió enlazarte a todos aquellos a quienes amas, lo intentas usar ahora. Este es un verdadero recuerdo de la creación, pero que has distorsionado. Tu memoria defectuosa te ha llevado a creer que puedes usar el amor para mantenerte a salvo, para hacerte feliz, y para mantener junto a ti a quienes eliges amar. Este no es el caso, pues el amor no puede ser usado.

9.4 Así es como también has distorsionado toda relación, convirtiéndola en algo que solo es real en la medida en que es usada por ti, o te ves usado en ella. En tu recuerdo de la creación has recordado que todas las cosas existen en relación y que todas suceden en relación. Por ello, has elegido usar la relación para demostrar tu existencia y para lograr que sucedan cosas. Este uso de la relación nunca te proporcionará la prueba o la acción que buscas, pues la relación no puede ser usada.

9.5 Mira a tu alrededor, en la habitación en la que te encuentres, y quítale su utilidad a todas las cosas que veas en ella. ¿Cuántas conservarías? Tu cuerpo también fue creado por su utilidad. A ti te deja de lado, así como cada cosa de tu habitación es dejada de lado por la utilidad a la que se considera que sirve. Pregúntate ahora: ¿para quién es útil tu cuerpo? La pregunta no se refiere a aquellos para quienes cocinas o limpias, ni a aquellos cuyos cuerpos o mentes mejoras. La pregunta, en realidad, es, ¿quién podría haber visto un uso para un cuerpo como el tuyo antes de que fuese creado? ¿Qué clase de creador lo haría y con qué propósito?

9.6 Tú no te creaste a ti Mismo, a tu Yo, pero sí creaste tu cuerpo. Fue creado por su utilidad, al igual que todos los demás objetos que comparten el espacio que ocupas. Piensa por un instante en cuál puede haber sido la intención del creador de tu cuerpo. El cuerpo es una entidad finita, creada para sostenerse a sí misma pero también para destruirse a sí misma. Fue creada con la necesidad de un constante mantenimiento, y ello requiere fatiga y esfuerzo. Cada centímetro de su superficie recibe y transmite información, pero también posee herramientas adicionales, como los ojos y los oídos, para incrementar la comunicación y controlar lo que entra y lo que sale. Es tan susceptible al dolor como al placer. Incluye el medio para la unión, pero para una unión solo de naturaleza temporal. Es tan capaz de ser violento como de ser amable. Nace y muere en estado de desamparo.

9.7 El cuerpo no puede evitar ser así al haber sido concebido con un propósito dual. Fue hecho para otorgarle realidad a un yo separado que luego es glorificado, y también para castigar a ese mismo yo separado por la separación. Su creador tuvo en mente lo que está reflejado en el cuerpo: auto-engrandecimiento y auto-negación, placer y dolor, violencia y amabilidad. Un deseo de saberlo todo pero solo a través del propio esfuerzo, un deseo de verlo todo pero solamente a través de sus propios ojos, un deseo de ser conocido pero solo mediante lo que eligiera compartir. En paralelo a esos deseos, resulta sencillo ver cómo se desarrolló un mundo como el del cuerpo. Al mismo tiempo que el deseo de saber, estaba el deseo de no saber. Al mismo tiempo que el deseo de ver, estaba el deseo de no ver. Al mismo tiempo que el deseo de compartir, estaba el deseo de ocultarse. Al mismo tiempo que el deseo de vivir, estaba el deseo de no vivir más.

9.8 Siempre has sido tal como fuiste creado, pero esto es lo que elegiste hacer con aquello con lo que comenzaste. En otras palabras, tomaste aquello que eres, e hiciste esto de ti. No creaste algo de la nada, ni usurpaste el poder de Dios. Tomaste lo que Dios creó y lo convertiste en una ilusión tan poderosa, que crees que ella es lo que tú eres, en vez de creer en la verdad. Pero igual que has hecho esto, puedes deshacerlo. Esta es la elección que tienes ante ti: seguir creyendo en la ilusión que has fabricado, o comenzar a ver la verdad.

9.9 Ahora tratas de saber cómo escaparte de lo que has fabricado. Para hacerlo, debes retirar toda tu fe de ello. Aún no estás preparado para hacerlo, pero tu corazón te preparará ahora. A medida que te preparas, caminas junto a aquel que ha esperado por ti con un solo propósito, en vez de caminar junto a todos esos deseos conflictivos que elegiste permitir que te condujeran a este extraño mundo. Caminas con ligereza donde antes caminabas encadenado. Ahora caminas con un compañero que te conoce tal como eres, y que quiere mostrarte tu Ser.

9.10 Contempla ahora tu cuerpo como antes contemplabas el espacio que ocupas. Retírale al cuerpo su utilidad, ¿conservarías lo que ahora contemplas? Mientras tomas distancia y observas tu cuerpo, siempre con la visión de tu corazón, piensa solo en para qué querrías usarlo. Lo que Dios creó no puede ser usado, pero lo que tú creaste sí, pues su único propósito es que tú lo uses. Elige usarlo para regresar a tu Yo real, tu verdadero Ser, y el nuevo propósito que estableces cambiará para ti tanto su utilidad como sus condiciones.

9.11 Todo uso se basa en la simple idea de que no tienes lo que necesitas. Mientras tu lealtad permanezca dividida, seguirás creyendo en esa idea. Mientras no retires toda tu fe de lo que tú has fabricado, seguirás creyendo que sigue siendo útil para ti. Ya que este es el caso, y ya que esto no puede cambiar sin que tú estés totalmente dispuesto a hacerlo —una disposición que aún no es total—, en vez de ignorar lo que has hecho lo usaremos de otra manera. Debes tener en cuenta, sin embargo, que solo estamos ahorrando tiempo, y que tu Ser real no tiene necesidad de usar nada en absoluto.

9.12 Como ya hemos afirmado antes, lo que ahora te resulta más útil es la percepción de tu corazón. Al deshacer las ilusiones que tienes con respecto al corazón se te revelará rápidamente la verdad, pues tus percepciones erróneas acerca del corazón están más cerca de la verdad que ninguna otra cosa que albergues. Los recuerdos de tu corazón son los más fuertes y puros que existen, y recordarlos ayudará a calmar tu mente y a revelar el resto.

9.13 Regresamos entonces a la percepción de tus emociones y de todo aquello que te haga sentir algo. En tus sentimientos, especialmente en aquellos que no puedes nombrar, reside tu conexión con todo lo que existe. Esto es útil, pues lo que ya has nombrado y clasificado resulta mucho más difícil de desalojar y de llevar a la luz. Incluso esos sentimientos que intentas nombrar y guardar en un casillero que has etiquetado de tal o cual manera, a menudo no se conforman con permanecer donde tú los colocaste. Parecen traicionarte, cuando en realidad eres tú quien los ha traicionado al no dejarles ser lo que son. Esto podría servirte como una breve definición de todo tu problema: no permites que nada de lo que existe en tu mundo, incluyéndote a ti mismo, sea lo que es.

9.14 Los sentimientos que parecen rebelarse con voluntad propia contra esta situación insana lo hacen guiados por recuerdos que tratan de revelarte la verdad. Te llaman desde un lugar que no reconoces. La dificultad está en que el único ser que atiende a esta llamada es tu yo separado. Y esos sentimientos quedan distorsionados, como pasa con todo el resto de cosas, cuando ese yo separado intenta interpretar lo que te dicen. Este yo separado siente la compulsión de calificar los sentimientos como buenos o malos, a unos como dignos de reconocimiento, y al resto como solo merecedores de negación y desdén. Es tu lenguaje quien le da a la emoción su lugar, a un solo paso del miedo, en tu batalla por controlar o proteger lo que has fabricado.

9.15 El temor siempre se encuentra muy cerca bajo la superficie de una situación, pues está apenas a un paso de la superficie de ti mismo. Si despegaras esa capa de lo que tus ojos te permiten ver, descubrirías que el miedo está al acecho. El siguiente nivel, dependiendo de tu tendencia, es o bien el deseo de controlar o bien el de proteger. En realidad ambos son lo mismo, solo que presentan rostros diferentes ante el mundo. Si, para los fines de nuestra exposición, el cuerpo es el nivel más superficial de tu yo y, por debajo de esa superficie lo primero que encontramos es el miedo, de ese miedo procederá todo lo demás. Debería resultar fácil comprender que ni el deseo de controlar ni el de proteger existirían sin el sustrato de miedo que les precede.

9.16 El miedo, como todas las demás emociones, adopta muchos disfraces y recibe muchos nombres. Pero en realidad existen solo dos emociones: una es el miedo, la otra es el amor. El miedo es por tanto la fuente de toda ilusión, y el amor la fuente de la verdad.

9.17 ¿Cómo podría carecer de temor alguien que está separado de todos los demás? No tiene ninguna importancia que todos los demás también parezcan estar separados. Nadie cree que realmente los demás estén tan separados como él. Siempre parece que otros sí tienen aquello de lo que tú careces y que estás buscando. Parecería que estás solo en tu fragilidad, tu soledad y tu falta de amor. Los demás no te comprenden ni te conocen, y tampoco tú puedes comprenderlos.

9.18 ¡Nada de esto es necesario, pues tú no estás separado! Las relaciones con las que pretendes poner fin a tu soledad pueden hacerlo si aprendes a ver la relación de otra manera. Como con el resto de tus problemas de percepción, el miedo bloquea la visión de tu corazón, la luz que el Cristo en ti quiere hacer brillar sobre las tinieblas. ¿Acaso no puedes ver que, cuando elegiste fabricarte a ti mismo como alguien separado y solo, también elegiste el miedo? El miedo no es más que una elección, y puede ser reemplazada por otro tipo de elección.

9.19 A menudo se ha dicho que causa y efecto son en verdad una sola cosa. El mundo que ves es el efecto del miedo. Todos vosotros sentiríais compasión por un niño atormentado por pesadillas. El deseo más ferviente de todo padre sería poder decirle al niño, de la manera más fehaciente, que no hay nada que temer. Sin embargo, la edad no os ha quitado el miedo a ninguno de vosotros, ni ha logrado que vuestro sueño de vida deje de ser una pesadilla. Hasta ahora son pocos los momentos de compasión que te concedes, y cuando estas escasas ocasiones se presentan, rápidamente antepones el sentido práctico a la compasión. Aunque para ti tiene sentido disipar la pesadilla de un niño, no encuentras la manera de hacer lo mismo con la tuya. Escondes el miedo bajo la superficie y tras cada una de las variadas etiquetas que le pones, en un desesperado intento de no verlo más. Vivir con miedo es en verdad una maldición, y una que intentas decirte que no está presente en tu vida. Entonces vuelcas tu mirada hacia otros, hacia quienes viven en países arrasados por la guerra o en vecindarios asolados por la violencia. Hay motivos para tener miedo, te dices, pero no aquí.

9.20 Esta es la única manera en que has sido capaz de aliviar la pesadilla de una vida con temor. Proyectas el miedo hacia fuera, lejos de ti, sin ver que conservas aquello que querrías proyectar, sin ver que los signos exteriores del temor son solo reflejos de lo que conservas dentro.

9.21 Piensa ahora en alguien que hayas identificado con la vida de temor que tú dices que no estás viviendo. Imagina que puedes sacar a esa persona de ese lugar oscuro y peligroso. Tiene frío, por lo que enciendes un fuego y colocas una cálida manta sobre sus piernas. Tiene hambre, por lo que le preparas un festín propio de reyes. La existencia de esa persona se desarrolla en la violencia que querrías mantener fuera de tu casa, y desde tu santuario interior le das un momento de respiro ante la guerra que arrecia allá afuera. Todo tu comportamiento e incluso tus fantasías dan testimonio de que crees que la ausencia de frío implica calidez, que la ausencia de hambre es satisfacción, que la ausencia de violencia es paz. Crees que si tan solo pudieras proporcionar aquellas cosas que son lo opuesto de lo que no quieres para ti, habrías logrado mucho. Pero un cálido fuego solo da calidez mientras se aviva, una comida proporciona satisfacción solo hasta que haya necesidad de otra, tu puerta cerrada solo te ofrece seguridad mientras la frontera que marca sea respetada. Reemplazar lo transitorio con lo transitorio no es una respuesta.

9.22 Tal vez pienses ahora que esto que te acabo de decir que no es una respuesta, es precisamente lo que la Biblia te ha dicho que hagas. Allí se registraron mis palabras que te instaban a dar de comer al hambriento, aplacar la sed del sediento, y a recibir y proporcionar descanso al extraño. Y he dicho que, cuando le haces esto a otra persona, a mí me lo haces. ¿Acaso piensas que yo necesito una comida, un sorbo de agua, o una cama cálida? Mientras estás atrapado en la ilusión de la necesidad, no hay duda de que estos actos de caridad tienen un cierto valor, pero de nuevo te digo que este valor es pasajero. Mis palabras te llaman a lo eterno, a la nutrición y al descanso del espíritu, más que del cuerpo. Que tu mirada se concentre en el mero cuidado del cuerpo es un ejemplo más de la elección de un opuesto como reemplazo.

9.23 ¿Acaso no es esa tu manera de resolver todos los problemas que afrontas? Ves aquello que no quieres ver, y tratas de reemplazarlo con su opuesto. Tu vida, entonces, se te va en una lucha contra lo que tienes debido a lo que no tienes. Para clarificar el atolladero en que te has metido, basta con un solo ejemplo. Sientes una carencia, y entonces quieres algo. Quieres, quieres y quieres. Estás convencido de que no tienes lo que necesitas, y por tanto te colocas continuamente en el lugar de la necesidad. En consecuencia, te pasas la vida tratando de satisfacer tus necesidades. Para la mayoría esto adopta la forma del trabajo, y así es como te pasas la vida trabajando para satisfacer tus necesidades y las de tus seres queridos. ¿Qué harías con tu vida si no tuvieses necesidades que satisfacer? ¿Qué harías con tu vida si no tuvieses miedo? Estas dos preguntas son en realidad la misma.

9.24 El único reemplazo que habrá de satisfacer tu búsqueda es el reemplazo de la ilusión con la verdad, el reemplazo del temor con el amor, el reemplazo de tu yo separado por tu Yo real, el Yo que descansa en la unidad. Como sabes que el verdadero reemplazo va a ocurrir necesariamente, intentas hacer cualquier otro tipo de reemplazo. Puedes continuar de la misma manera, siempre esperando que el próximo reemplazo sea el que consiga darte lo que deseas, o, en vez de eso, puedes decidirte por el único que funcionará.

9.25 Lo único que se te pide que abandones es tu insana noción de que estás solo. Si hablamos tanto sobre el cuerpo aquí es solo porque es lo que tú eriges como prueba de la validez de esta noción demente. También es la prueba de que lo que está garantizado es una vida de temor. ¿Cómo no podrías temer por la seguridad de un hogar tan frágil como el cuerpo? ¿Cómo podrías negarte a proveer la próxima comida para ti y los seres bajo tu cuidado? No ves de qué te quieren apartar todas esas distracciones relativas a la satisfacción de necesidades.

9.26 Sin embargo, la misma realidad que has construido —la realidad de que no puedes tener éxito en hacer aquello que te esfuerzas constantemente por hacer— es una situación establecida para proporcionar la relación. Y como todas las demás cosas que recuerdas de la creación, y que hiciste a su imagen, también esto es así. Al hacer de ti un ser separado y solo, también has hecho necesario que, para sobrevivir, necesites estar en relación. Sin relación, tu misma especie dejaría de existir; más aún, toda la vida se extinguiría. Es obvio entonces que debes ayudar a tu hermana y a tu hermano, pues ellos son como tú, y son tu único medio para captar la eternidad, aun dentro de esta realidad falsa que habéis fabricado.

9.27 Volvamos al ejemplo de saciar el hambre de tu hermana y aplacar la sed de tu hermano. No se trata solamente de una lección sobre la satisfacción del hambre y la sed del espíritu, sino también de una lección sobre la relación. Lo que convierte a la satisfacción de la necesidad de otra persona en un gesto de valor perdurable es la relación inherente. Es tu disposición a decir: “hermano, no estás solo” lo que constituye el mayor beneficio de la situación, no solo para él, sino también para ti. Es cuando dices: “hermana, no estás sola”, cuando el hambre y la sed del espíritu se satisfacen en la plenitud de la unidad. Al darte cuenta de que no estás solo, constatas tu unidad conmigo, y comienzas a desplazarte del temor al amor.

9.28 No eres tu propio creador. Esta es tu salvación. Tú no has creado algo de la nada. Y aquello con lo que empezaste es lo que Dios creó, y permanece siendo como Dios lo creó. No es necesario que fuerces tus creencias más allá de estas simples afirmaciones. ¿Son acaso tan increíbles que no puedes aceptarlas? ¿Es tan imposible imaginar que aquello que Dios creó resultó distorsionado por el deseo de que tu realidad fuese distinta de como es? ¿Acaso no has sido testigo de este tipo de distorsión en la realidad que sí ves? ¿No es esta la historia del hijo o hija bien dotado, que derrocha todos los bienes que le fueron dados por no verlos, o bien por distorsionar tristemente su utilidad?

9.29 Vosotros sois las hijas e hijos pródigos, constantemente invitados a regresar al hogar, al seguro abrazo de bienvenida del Padre.

9.30 Piensa en tu computadora, en tu automóvil o en cualquier otra cosa que uses. Sin usuario, ¿tendrían acaso alguna función? ¿Serían algo? Un automóvil abandonado y sin alguien que lo use podría convertirse en un hogar para una familia de ratones. Una computadora podría cubrirse con una tela y recibir encima un florero. Alguien que no sabe para qué sirve podría usarla para lo que se le ocurriera, pero jamás intercambiaría su papel con el de ella. En un accidente no se le puede echar la culpa al automóvil por los errores cometidos por el usuario. Sin embargo, este intercambio de roles se asemeja a lo que has querido hacer, y es como echarle la culpa del accidente al automóvil. Has intentado intercambiar roles con el cuerpo, diciendo que este te usa a ti, y no lo contrario. Lo haces a partir de la culpa, para tratar de depositarla en algo exterior a ti. “Mi cuerpo me llevó a hacerlo” es como la excusa de un niño que tiene un amigo imaginario. Al reivindicar a su amigo imaginario, el niño proclama que su cuerpo está fuera de su control. ¿Qué es tu ego sino un amigo imaginario para ti?

9.31 Criatura de Dios, no necesitas un amigo imaginario cuando tienes a tu lado a aquel que es tu amigo para siempre, y que te mostrará que no tienes necesidades en absoluto. Aquello que realmente eres no puede ser usado, ni siquiera por Dios. ¿No ves que solo en la ilusión puedes usar a otros que son tus semejantes?

9.32 Aprendes el concepto de usar a los demás a partir la realidad que has fabricado, en la cual usas el cuerpo que llamas “tu hogar” y que identificas como tu propio ser. ¿Cómo pueden ser una misma cosa quien usa y el objeto usado? Esta locura hace que el propósito de tu vida parezca ser el de la utilidad. Cuanto más útil sea tu cuerpo para ti y para otros, más valor le adjudicas. Han pasado eones desde el comienzo de la creación y aún no has aprendido la lección de las aves del cielo y las flores del campo. Han pasado dos mil años desde que se te dijo que observaras esta lección. Los lirios del campo no siembran ni cosechan, y sin embargo, nada les falta. Las aves del cielo viven para entonar un canto de alegría. Tú también.

9.33 La voluntad de Dios para ti es la felicidad, y nunca ha sido de otro modo. La creación de Dios es para la eternidad, y no tiene ninguna utilidad para el tiempo. El tiempo también es una construcción tuya, otra idea de uso que se volvió loca, pues una vez más permitiste que una cosa hecha para tu uso se convirtiera en el usuario. ¡Con tus propias manos entregas toda tu felicidad y poder a aquello que tú mismo hiciste! Ahora importa poco si al hacerlo imitabas aquello que tu defectuosa memoria te decía que Dios hizo. Solo Dios puede conceder el libre albedrío. Y al entregarle tu poder a cosas como tu cuerpo y a ideas como el tiempo, tu imitación del don del libre albedrío queda tan falsamente depositada en la ilusión, que no puedes contemplar esta locura como lo que realmente es. El cuerpo no es de provecho para tu poder, y el tiempo no fue hecho para la felicidad.

9.34 El libre albedrío que Dios te dio es lo que te ha permitido hacer de ti mismo y de tu mundo lo que tú quisiste hacer. Ahora contemplas ese mundo con culpa, y lo consideras una evidencia de tu naturaleza maligna. Refuerza tu idea de que has cambiado demasiado como para poder volver jamás a ser digno de tu verdadera herencia. Y ahora también tienes miedo de derrochar esto que fabricaste, y con ello dejar todo en ruinas. Lo único que podría tener éxito en probar tu rango de heredero real sería si pudieras arreglarte a ti mismo y al mundo, restaurándolo a una condición previa que imaginas que conoces. En este escenario, Dios se parece más a tu banquero que a tu Padre. Estás más dispuesto a demostrarle a Dios que “tú puedes salir adelante”, que a pedirle Su ayuda.

9.35 Mientras no quieras ser perdonado no sentirás la amable caricia del perdón sobre ti y sobre tu mundo. Y aunque en realidad este perdón no sea necesario, así como tampoco es real ese gran cambio que crees haber sufrido, el deseo de ser perdonado es el primer paso para dejar atrás la creencia en que puedes arreglar las cosas por tu cuenta, y en que, al hacerlo así, podrías ganarte el regreso a la casa del Padre. Estar dispuesto a ser perdonado precede a la restauración o reconciliación, el estado en el cual permites que tus errores sean corregidos. Estos errores no son los pecados de los que te acusas, sino simplemente tus errores de percepción. La corrección, o expiación, te devuelve a tu estado natural, donde reside la verdadera visión, y el error y el pecado desaparecen.

9.36 Tu estado natural es uno de unión, y cada vez que te unes en una relación santa, parte del recuerdo de esa unión regresa a ti. En cada relación especial que entablas buscas este recuerdo de tu divinidad, pero tu verdadera búsqueda queda oculta debido a la interferencia del concepto de uso. Mientras tu corazón busca la unión, tu yo separado busca lo que pueda servirle para llenar el vacío y aliviar el terror de su separación. Lo que tu corazón busca en el amor, lo encuentra; pero tu yo separado trata de impedirlo convirtiendo cada situación en un medio para servir a sus fines. En la medida en que consideres la unión como un medio para evitar la soledad, no la ves como aquello que verdaderamente es.

9.37 Has puesto límites a todas las cosas de tu mundo. Y estos límites demarcados por la utilidad bloquean el regreso de tu memoria. Una relación de amor, aunque sea vista como el logro final, debido a la intimidad que alcanzas con un hermano o hermana, aún está limitada por lo que tú pretendes. Su propósito es compensar una carencia. Esta es tu definición de la completitud. Encuentras en otra persona lo que a ti te falta, y juntos alcanzáis una sensación de plenitud.

9.38 Una vez más, esto no es más que una distorsión de la creación. Recuerdas que la plenitud se logra mediante la unión, pero no recuerdas cómo. Has olvidado que solo tú puedes realizarte. Crees que si reúnes varias partes puedes armar el todo. Hablas de equilibrio, y para una de tus partes intentas buscar algo en un cierto lugar, y luego para otra parte de ti buscas otra cosa en un lugar distinto. Algo consigue cubrir tu necesidad de amistad, y otra cosa tu necesidad de estímulo intelectual. En una actividad expresas tu creatividad y en otra tu espiritualidad. Como una cartera de inversiones, crees que diversificar los distintos aspectos de ti mismo protege tus bienes. Tienes miedo de “poner todos los huevos en la misma canasta”. Buscas encontrar un equilibrio entre las cosas que calificas como trabajo aburrido, y lo que calificas como diversión. Al hacerlo, crees usar tu tiempo con inteligencia y te calificas como un “individuo sensato”. Mientras no busques nada más que esto, no te darás cuenta de otra cosa.

9.39 Buscar lo que has perdido en otras personas, lugares y cosas, no es más que un signo de que no entiendes que lo perdido aún te pertenece. Extrañas lo que has perdido, pero no se ha ido. Lo que has perdido está oculto para ti, pero no ha desaparecido ni se ha extinguido. Lo que has perdido es ciertamente valioso, y tú lo sabes, pero no sabes lo que es. Una sola cosa es segura: cuando lo encuentres sabrás que lo has hallado. Te brindará felicidad, paz, satisfacción y un sentido de pertenencia. Te hará sentir que tu tiempo aquí no ha sido en vano. Sabes que cualquiera que haya parecido ser el propósito de tu vida, si en tu lecho de muerte no has encontrado lo que buscabas, no te irás en paz sino con una profunda desesperación y un profundo miedo. No hallarás esperanza en lo que pudiera haber más allá de la vida, pues no habrías encontrado esperanza alguna en vida.

9.40 Tu búsqueda de lo que echas de menos se convierte entonces en tu carrera contra la muerte. Lo buscas aquí y allá, y te apresuras de una cosa a la siguiente. Cada cual recorre esta carrera en soledad, con la sola esperanza de conseguir una victoria para sí mismo. No te das cuenta de que si te detuvieras y tomaras la mano de tu hermano, tu carrera se convertiría en un valle repleto de azucenas, y te encontrarías contigo mismo al otro lado de la línea de meta, finalmente capaz de descansar.

9.41 La conminación a descansar en paz es para los vivos, no para los muertos. Pero mientras sigas corriendo la carrera, no lo sabrás. La competición que lleva al logro individual se ha convertido en el ídolo que glorificas, y no necesitas mirar demasiado lejos para comprobar que es así. Esta idolatría te enseña que la gloria es para unos pocos, por lo que te preparas en la línea de salida y apuestas por la gloria. Corres la carrera tanto como puedes y, ganes o pierdas, tu participación es la ofrenda que le haces al ídolo que has fabricado. Y en cierto punto, cuando llega el momento en que ya no puedes correr más, te inclinas ante los que han alcanzado la gloria; ellos se convierten en el ídolo y tú en el súbdito que contempla con envidia y reverencia lo que hacen. Ante ellos haces tus sacrificios y les rindes homenaje. Les dices: “me gustaría ser como vosotros”, y delegas en ellos la satisfacción, al mismo tiempo que abandonas toda esperanza de tener una satisfacción real en tu vida. Ahora estás entretenido, te conmueves, te excitas o sientes repulsión. Ahora ves a los gladiadores matándose entre sí para tu diversión. He aquí tu noción de uso, desplegada hasta en sus más horribles detalles.

9.42 ¿Qué es esto sino una demostración, en una escala más amplia, de lo que vives cada día? Todo lo que sea más grande que tú, te sirve solo para demostrar esto. Toda sociedad, grupo, equipo u organización es un retrato colectivo del deseo individual. Los esclavos y los amos se usan unos a otros, y la misma ley sujeta a ambos. ¿Quién es amo y quién esclavo en este cuerpo que llamas hogar? ¿Qué libertad tendrías sin las exigencias que el cuerpo te impone? Lo mismo podría plantearse acerca de este mundo que consideras como el hogar de tu cuerpo. ¿Quién es amo y quién esclavo cuando ambos están sujetos por la misma servidumbre? La gloria que proyectas sobre los ídolos es también esclavitud. Sin tu idolatría, su gloria dejaría de existir, y por tanto ellos también viven con un miedo que no es inferior al de quienes les idolatran.

9.43 El uso, cualquiera que sea su forma, conduce a la esclavitud. En consecuencia, percibir un mundo basado en el uso es ver un mundo donde la libertad resulta imposible. Aquello para lo cual necesitas a tu hermano o hermana se fundamenta en la insana premisa de que la libertad puede ser comprada, y de que el amo es más libre que el siervo. Aunque esto sea una ilusión, es la ilusión buscada. El precio es la utilidad, por lo que cada relación se convierte en un regateo donde entregas tu utilidad a cambio de la de otro. Un empleador se sirve de tus capacidades, y tú utilizas el salario y los beneficios que el empleador ofrece. Un cónyuge es útil de diversas maneras que complementan las áreas en las que tú eres útil. Un establecimiento comercial te proporciona bienes que tú utilizas, y tú le provees del capital que su propietario utilizará. Si posees belleza o talento artístico o atlético utilizable, te sientes afortunado. Un rostro bonito y un cuerpo en forma pueden intercambiarse por mucho. No es ningún secreto que vives en un mundo de oferta y demanda. Y esa compleja red de uso y abuso se desarrolló a partir de este simple concepto: unos individuos que necesitan estar en relación para sobrevivir.

9.44 El maltrato o abuso es un uso impropio, pero que se da en una escala tal, que hace que resulte obvia la locura del uso tanto para quien usa, como para quien es usado. Por eso es apropiado que lo discutamos aquí. Observa los patrones del abuso en todo, tanto en las drogas y el alcohol, así como en el maltrato físico y emocional. Como pasa con los ejemplos más globales de lo que va mal en tu vida diaria, estos patrones también son demostraciones de deseos internos llevados al extremo, solo que en vez de reflejarse en el grupo se reflejan en el individuo. Si se comprendiera qué es lo que refleja el maltrato, el abuso, los individuos con problemas de maltrato o abuso le harían un servicio al mundo. Como todo extremo, simplemente señala lo que en instancias menos extremas es lo mismo: el uso es impropio.

9.45 Lo que hace que el uso sea impropio o deshonesto es su propósito. El Espíritu Santo puede guiarte para que uses las cosas que has fabricado de una forma tal que beneficie al todo, y aquí se encuentra la distinción entre el uso propio y el impropio, o entre uso y abuso. Tú querrías usar para beneficio del yo separado. Cuando esto se magnifica, la fuerza destructiva del abuso se torna evidente. Nuevamente depositas la culpa fuera de ti, y acusas a las drogas, al alcohol, al tabaco, al juego e incluso a los alimentos, de ser fuerzas destructivas. Se confunde al usuario con lo usado, como en el caso del automóvil al que se culpa por el accidente. Toda esta confusión radica en la confusión inicial del uso que crees que tu cuerpo te quiere dar. Toda la confusión surge por haberte destituido a ti mismo renunciando a tu propio poder entregándoselo a las cosas que tú mismo has fabricado.

9.46 Permíteme decir de nuevo que aquí se trata de tu tentativa errónea de seguir en el camino de la creación. Dios le dio todo el poder a sus creaciones, y tú querrías hacer lo mismo. Tu intención no es maligna, pero está orientada por la culpa y el falso recuerdo del yo separado. Por más que hayas deseado ser anónimo y ser autónomo respecto a Dios, le sigues acusando de crear una situación en la que crees que se te ha permitido dañarte a ti mismo. Y preguntas, ¿cómo puede permitir Dios todo este sufrimiento? ¿Por qué te tienta con fuerzas tan destructivas, con fuerzas que escapan a tu control? ¿Por qué no creó Dios un mundo benigno e incapaz de lastimarte?

9.47 Así es el mundo que Dios realmente creó: un mundo tan amoroso y pacífico que, cuando vuelvas a verlo, llorarás de alegría y olvidarás de inmediato la tristeza. Ya no habrá más largos periodos de recuerdo de tus remordimientos, ni te lamentarás por todos los años en que no lo viste. Habrá simplemente un alegre “¡ajá!”, como si algo olvidado hace mucho tiempo regresara a ti. No harás más que sonreír viendo los infantiles juegos a los que jugabas, y no sentirás mayor arrepentimiento que el que pudieras tener por las cosas de tu niñez. Tu inocencia se destacará con toda claridad, y nunca volverás a dudar de que el mundo que Dios creó te pertenece a ti, y tú a él.

9.48 Todos tus vastos devaneos serán considerados como lo que son. Todo lo que deseaste quedará revelado como solamente dos cosas: el deseo de amar y el deseo de ser amado. ¿Por qué habrías de esperar más para poder comprobar que solo estos dos deseos son lo que te hace tener ese extraño comportamiento que muestras? Aquellos que se entregan al maltrato no hacen más que reclamar con voz más alta el mismo amor que todos buscáis. No se merecen un juicio, pues aquí todos sois maltratadores —para empezar, contra vosotros mismos.

9.49 En un mundo regido por el uso, las tentativas de modificar las conductas abusivas son prácticamente inútiles. Los fundamentos del mundo deben cambiar, y el estímulo para este cambio reside dentro de ti. Todo uso se acaba con la unión, porque el uso es lo que has utilizado para intercambiarlo por ella. En vez de reconocer tu unión, un estado en el que estás pleno y completo puesto que estás unido a todo, has decidido vivir apartado y usar al resto como apoyo para tu actitud de separación. ¿Puedes ver la diferencia entre estas dos actitudes? ¿Cómo puede ser mejor tu camino que el que Dios creó para ti, totalmente libre de conflictos? A pesar de tus más bravos intentos por permanecer separado, necesitas usar a tus hermanos y hermanas a fin de poder siquiera mantener la ilusión de tu separación. ¿No sería mejor terminar con esta farsa y admitir que no fuiste creado para la separación sino para la unión? ¿No sería mejor comenzar a desprenderte de tu temor a la unión, y al hacerlo, desprenderte también del uso?

9.50 ¡Qué diferente sería el mundo si al menos por un día reemplazaras el uso por la unión! Pero antes de que puedas empezar, necesitamos ampliar estas lecciones que estás aprendiendo mediante la observación de tu propio yo, tu propio ser. Ahora intentamos poner al descubierto la ilusión de que puedes ser usado por tu cuerpo, pues la idea de que puedes ser usado por algo como esto conduce a todas las demás ideas sobre el uso.

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