Un curso de amor. 10. Uso y comprensión   Leave a comment

Ir a descargar

imagen corazón en círculo[— Un curso de amor, compuesto de tres libros en inglés en sus primeras ediciones, fue transmitido por Jeshua en comunión con Mari Perron, y publicado en el 2001. Aparte de esa edición en tres volúmenes, fue publicado en uno solo en inglés en el año 2014.
— Para más información, libros en PDF, y listado de entradas, ver índice.
— Elijo publicar parcialmente los capítulos de este modo como método para revisar tranquilamente, y acceder a, una traducción lo mejor posible de este maravilloso “nuevo curso de milagros”.
— Sobre el uso del idioma en las traducciones o revisiones, ver las notas de esta entrada que iré completando.]

Capítulo 10. Uso y comprensión

10.1 En primer lugar, consideremos qué es lo que el cuerpo podría usar. Aunque te sientas esclavo de él y sometido a su control, ¿quién es ese “tú” que él controlaría? ¿Cómo podría empujarte a hacer algo que no eligieras hacer? Aprende bien esta lección, pues en ella reside la cura de toda enfermedad y la esperanza de toda sanación. ¿Cómo puede ser que el cuerpo parezca decirte lo que sientes y te lleve a actuar de acuerdo a sus sentimientos? En sí mismo, el cuerpo es neutral. Pero, mientras tú le atribuyas la posibilidad de darte placer, también te brindará dolor. No puedes elegir el uno sin el otro, pues la elección es la misma. El cuerpo es una herramienta que conduce a que la uses para mantener la ilusión de la separación. Su aparente poder se debe solamente a que crees que puedes depositar poder en él. Si esto fuera así, ciertamente que portaría mucho poder. Mas, lo que tú has hecho, no puede ser investido con el poder de la creación sin que tú te unas a ello. ¿Cómo podrías –piensas– estar más vinculado con algo de lo que lo estás con tu propio cuerpo? Si ni siquiera estás unido a esta presencia que llamas “hogar”, ¿cómo puede esperarse de ti que te unas con otros?

10.2 Ahora necesitamos regresar al concepto de relación, pues pensar que puede darse una unión más íntima entre cuerpos que la unión que sientes con el cuerpo que llamas tuyo propio, es francamente ridículo. La unión ocurre en la relación, no en la forma física. La unión no es la abolición de una cosa para construir otra; la unión hace que cada una de ellas sea plena, y que en esa plenitud sea una unidad con todo. Esta clase de unión nunca dejó de existir, pero mientras tú no te des cuenta de que existe, sus beneficios permanecen fuera de tu alcance. Ahora bien, por mucho que yo lo desee, que yo te hable sobre la verdad de tu existencia no basta para que tomes conciencia de lo que has ocultado de ti durante tanto tiempo. Yo solamente puedo decirte hacia dónde mirar, y ahorrarte incontables años de buscar la verdad donde no está, si tan solo te dignas a buscar donde te invito a que busques.

10.3 Hay aspectos de todo lo que te digo que estás inmediatamente dispuesto a asumir, y hay otros que no comprendes o que querrías esperar un poco más antes de ponerlos en práctica. Lo que en verdad no comprendes es la plenitud. Todas las cosas existen en la plenitud, incluso el sistema de pensamiento que has construido para proteger la ilusión que tanto aprecias. Tu sistema de pensamiento es algo completamente ajeno a la verdad, pero al mismo tiempo es coherente como sistema. No puedes abandonar algunas partes y retener otras, pues al retener una parte, retienes el todo. Esto solo conduciría al aparente fracaso en el aprendizaje de lo que quiero que aprendas. Es imposible que fracases en aprender lo que Dios quiere que yo te enseñe, pero no puedes aprenderlo por partes. El sistema de pensamiento de la verdad es tan coherente como el sistema de pensamiento de la ilusión, y no puedes tomar lo que desees y dejar el resto. Por tanto, continuaremos señalando las diferencias entre ambos sistemas de modo que tus ideas vayan cambiando hasta llegar al momento en que tu corazón tome la delantera y tome la única decisión que tiene que tomar. Tu corazón –que no debes confundir con el órgano que bombea sangre al cuerpo, sino identificar como el centro de ti mismo– no posee un sistema de pensamiento aparte del tuyo, y debe existir en la realidad donde tú crees estar.

10.4 Toda transformación comienza en el origen, y esto es tan cierto respecto de la verdad como de la ilusión. Consideras que tu cuerpo es tu yo, tu ser, y que ese ser es la fuente de todo lo que has hecho y sentido a lo largo de tus días sobre la tierra. Sin embargo, tu verdadera fuente se encuentra en el centro de tu Ser, el altar a tu Creador, el Yo que compartes en unidad con Cristo. Cristo es la “parte” de Dios que reside en ti, y no de forma separada, sino en la eterna plenitud en la que tú y Dios existís juntos en la verdad.

10.5 Para todos aquellos que han caminado durante mucho tiempo, así como para quienes recién comienzan, el dejar de considerar el cuerpo como vuestro hogar y vuestro origen constituye el mayor obstáculo a superar. A medida que observas el cuerpo y te atreves a pensar en una vida sin él, te topas una y otra vez con su realidad. Justo cuando la consciencia del mismo comienza a abandonarte, es cuando puedes verte acosado por dolores de cabeza, de espalda y otras aparentes afecciones. Este es el yo separado que has construido, que te llama de regreso al cuerpo para demostrarte que es insuperable. Llegado este punto, muchas personas intentan no prestar atención a estas afecciones como una manera de vencerlas con el pensamiento, pero cuando el éxito tarda, acaban considerándolas como una evidencia más fuerte de su atrincheramiento en el cuerpo. Es necesario cuidarse de las pretensiones de alejar el cuerpo meramente con el pensamiento, poniendo milagros en su lugar con dicho pensamiento. Este deseo solo demuestra que no reconoces el origen de la sanación, y que no estás listo para ser sanado.

10.6 Que todavía no estés preparado no significa que no vayas a estarlo, así como perder una cosa no significa que esta haya dejado de existir. Sin embargo, tu yo separado buscará todas las pruebas posibles del fracaso, y con la mayor celeridad se encargará de indicarte que es inútil tratar de ser algo distinto de lo que eres: un cuerpo. Este es el “hecho” que te susurra constantemente al oído, es la mentira con la que te querría hacer creer que todo lo que intentas aprender aquí es imposible de aprender. Escuchas esa voz porque ha sido tu compañía constante en la separación, sin darte cuenta de que lo que te ha enseñado es a estar separado. Debes estar alerta ya que intentará interferir todo el tiempo, mientras le des crédito a lo que te dice.

10.7 Piensa en alguien, un profesor o un familiar, cuya “voz” hayas escuchado a lo largo de tus días. Ya sea que desearas o no oírla, o ya fuera una voz sabia o fuera necia, la mera repetición de esta voz la conserva en tu memoria. Podría ser la voz que te decía: “mantente firme”, o “eres especial”, o “nunca llegarás a nada”. Tal vez muchos de vosotros hayáis recurrido a una terapia para tratar de acallar los mensajes negativos que oís, y que, tras mucho esfuerzo, lograsteis reemplazar por mensajes de naturaleza más positiva. ¡Y todo esto ocurre solo con los mensajes de una fuente externa! Tus propios pensamientos son mucho más persistentes e insistentes que estos. Han estado contigo por mucho más tiempo y con mucha más constancia. Desalojarlos requiere vigilancia.

10.8 No te digo esto para desmoralizarte, sino para alentarte a que no te rindas. Tu propósito es el más sagrado de todos y el cielo en su totalidad está contigo. Lo único que necesitas es estar continuamente dispuesto. Lo único que te puede conducir al fracaso es rendirte. Te doy estos ejemplos que te harán decir “no será fácil”, pero también te aseguro que para nada será difícil si tan solo recuerdas esto: lo único que se necesita es tu disposición. Cuando tu yo separado te susurre: “tu cuerpo es un hecho”, tan solo necesitas decirte a ti mismo: “todavía estoy dispuesto a pensar de otra manera”.

10.9 Sé consciente también de tu deseo de recompensa. A medida que te sientes más cerca de Dios y de tu verdadero Yo, mientras crece tu conciencia de ti mismo como una persona “buena” y que está tratando de mejorar más aún, comenzarás a buscar tus recompensas. Más adelante podrás recordar este periodo con una sonrisa o una gran carcajada, al contemplar la inocencia de esos deseos que solo revelaban que estabas al comienzo del plan de estudios. Querer una recompensa por la bondad, por tus esfuerzos, por estar más cerca de Dios que tu hermano o hermana, es un deseo del yo separado, que quiere algo para sí mismo y por todos sus esfuerzos. Esta es una etapa que todos atravesáis, aunque algunos se quedan más tiempo en ella. Permanecerás allí hasta darte cuenta de que la bondad está en todos, y de que no puedes obtener más gracias de Dios que tu hermano. Permanecerás allí hasta que te des cuenta de que Dios ya le ha dado todo a todos.

10.10 Una vez más, afirma tu disposición, tu voluntad de creer que tienes todo lo que necesitas a pesar del “hecho” de que no lo parece. Esta disposición es todo lo que necesitas para atravesar esta etapa y pasar a la siguiente. El hecho de que Dios no te conceda cualquier deseo que se te ocurra debería alentarte, pues estos no son todavía tus deseos auténticos, y las recompensas que elegirías recibir ahora son como polvo comparadas con aquellas de las que te volverás consciente al avanzar.

10.11 Hablemos ahora por un momento de los milagros. En términos simples, los milagros son la consecuencia natural de la unión. La magia es el intento de realizar milagros por tu cuenta. En las primeras etapas de tu aprendizaje te sentirás tentado a jugar a hacer creer. No creerás que tú no eres tu cuerpo, pero harás como si no lo fueras. Luego te sentirás tentado a creer que debido a que estás fingiendo que no eres un cuerpo, puedes simular no estar sintiendo ese dolor de cabeza, ni el frío en un día de invierno, y esto hasta puede llevarte a sentir menos dolor o menos frío. Tu yo separado celebra este intento de engañarte a ti mismo, pues él sabe que simular una cosa no la convierte en realidad.

10.12 Estos intentos de engañarte a ti mismo se basan en tu falta de entendimiento más que en tu falta de fe. Ya habrías dejado de leer esto si creyeses que tú eres tu cuerpo y nada más. Sabes hace mucho que eres más que carne y hueso. Creer no es tu problema. Tu problema es comprender. Aunque crees en Dios, no comprendes a Dios. Aunque creas en mí, no entiendes cómo es que estas palabras surgen de mí. Crees en el cielo y en una vida después de la muerte, pero no comprendes qué son ni dónde están. Y creer en algo que no comprendes te hace sentir que como poco eres raro, y en el peor de los casos alguien engañado. Quieres creer, y por tanto crees. Pero también te gustaría tener la “razón” sobre lo que crees. Lo conveniente de creer en Dios, en mí, en el cielo y en una vida después de la muerte es que no piensas que algo así pueda desengañarte aquí. Si estás equivocado, simplemente te pudrirás después de la muerte y nadie se dará cuenta de tu equivocación. Si estás equivocado, por lo menos creíste en algo que te dio consuelo y que, a fin de cuentas, no le hizo daño a nadie.

10.13 Sin embargo, esto no es tan fácil cuando se trata del concepto de que no estás separado. La única cosa que te cuesta creer es que estás unido a tus hermanos y hermanas ahora mismo, hoy. Una cosa es creer en Dios sin comprenderlo, y otra muy distinta es creer en la unión con tu prójimo sin comprender ni la unión ni a tu prójimo. Dicha creencia no necesariamente te dará consuelo ni necesariamente te librará del daño. ¿Qué pasaría si crees en la bondad de tu prójimo y esa creencia acaba en un desengaño? ¿Qué pasaría si confías y acabas defraudado por aquello en lo que confiaste? ¿Qué pasaría si al final resulta que no has sido más que un ingenuo y te toman por un idiota más? ¿Qué pasaría si te equivocaras?

10.14 Sientes un temor similar cuando te planteas abandonar tu creencia en el cuerpo. Creer que tú no eres tu cuerpo mientras vas por aquí dando vueltas en él, es muy distinto a creer en Dios. Todas las pruebas parecen estar en contra. Todas las pruebas que te proveen tus ojos y oídos, y también la ciencia, parecen decirte que tú eres tu cuerpo. Incluso la historia parecería apoyar este hecho, ya que miras hacia atrás y dices que Jesús murió antes de resucitar como espíritu.

10.15 Estoy aquí para enseñarte una vez más, puesto que yo fui la vida ejemplar. ¿Crees que cuando caminaba por la tierra era un cuerpo? ¿O crees que yo era el Hijo de Dios antes de nacer en forma humana, mientras existí en esa forma, y después de resucitar? Con razón a esto se le llama el misterio de la fe: Cristo ha muerto, Cristo ha resucitado, Cristo volverá de nuevo. ¿Qué falta en este credo? Cristo nació. En ningún lugar del misterio de la fe se dice que Cristo se convirtiera en un cuerpo.

10.16 No se te ha dicho que el cuerpo no exista, sino simplemente que tú no eres él. Como todas las herramientas que has construido, es una ilusión, ya que no tienes necesidad de herramientas. Pero mientras creas que las necesitas, será muy real para ti. Dejar completamente de lado el cuerpo no es una elección que debas hacer. A medida que tu proceso de aprendizaje avance, verás que es posible, pero que existen muchas razones para no hacerla. En este momento, todo lo que se te pide es que tu cuerpo sea considerado como lo que es –tanto en los términos de para qué lo has hecho, como en los de la manera en que ahora puedes ser guiado para utilizarlo en beneficio de todos.

10.17 Para muchos la elección parece haber sido esta: “¿prefieres tener la razón o ser feliz?”. Solamente el ego elegiría tener la razón antes que la felicidad. Cuando observes tu cuerpo, observa también sus acciones desde la perspectiva de las elecciones que hace. Pregúntate: “¿qué elección puede haber derivado en esta situación o acontecimiento?”. Pues antes de los hechos siempre está la elección involucrada. Nada le sucede al Hijo de Dios por accidente. Esta observación te ayudará a tomar la responsabilidad de tu vida nuevamente en tus manos, el lugar al que pertenece. No estás desamparado ni sometido al capricho de fuerzas que estén más allá de tu control. La única fuerza que está más allá de tu control es tu mente, y esto no tiene por qué ser así. Cuando comiences a preguntarte qué elección puede conducirte a la felicidad en lugar de esto, comenzarás a notar una diferencia en la respuesta de tu cuerpo ante las que parecen ser las circunstancias externas y, luego, un cambio en las propias circunstancias externas.

10.18 Puede que tu mente, antes que la felicidad, todavía prefiera tener la razón. De ahí la importancia de que permitas que tu corazón dirija esta elección. Cuando te encuentres en una situación que no te guste, ofrece una vez más tu buena disposición a encontrar algo de felicidad en ella. Esas instrucciones dadas a tu corazón comenzarán a marcar una diferencia en tu estado mental.

10.19 Lo que tú llamas “estado mental” se parece más a una atmósfera global, un clima, un estado de ánimo –y este marco es definido por tu corazón. A los pensamientos de tu yo separado le importan poco esas cosas, y las considera irrelevantes para su bienestar. Solo le preocupa sobrevivir tal y como está. No se trata solo de la necesidad de techo y de comida, sino de la supervivencia del sistema de pensamiento del yo separado. La felicidad no es su prioridad, sino tener la razón. Prefiere lucir serio y preocupado en vez de alegre y desenvuelto. Tomar la vida con seriedad es una de las estrategias más importantes del yo separado, que reconoce su propia seriedad como necesaria para poder mantener la separación. La alegría constituye verdaderamente la mayor amenaza para él, pues procede de la unión, y refuerza el atractivo de la unión a expensas del atractivo de la separación.

10.20 No te das cuenta de lo rápido que el yo separado corre a sabotear todo movimiento que te aleje de la separación y te acerque a la unión. Muchos ya habéis reconocido que, mediante las elecciones que hacéis, minimizáis vuestras posibles ocasiones de felicidad y maximizáis las de infelicidad. Recordáis con nostalgia los tiempos felices, y os preguntáis qué salió mal y por qué no pudisteis mantener ese estado. Pueden haber existido muchas razones prácticas para vuestro rechazo de la felicidad, pero en la soledad que sigue a su pérdida os preguntaréis, al menos por un instante, por qué fue necesario elegir lo práctico. Sin embargo, cuando el yo separado mira hacia atrás y ve que eligió tener la razón o hacer lo correcto en vez de la felicidad, se congratula a pesar de su infelicidad, diciendo: “hice lo correcto”. Lo verá como un triunfo sobre los necios sueños de felicidad, y se sentirá satisfecho por haber entrado en razón antes de que fuera demasiado tarde.

10.21 Cada uno de vosotros es consciente de un umbral que, una vez cruzado, no permite el regreso. Ese umbral suele ser una felicidad tan plena que, cuando la experimentamos, nos decimos: “nunca volveré a esa desesperación de antes”. Para otros, este umbral es lo opuesto, es una experiencia de sufrimiento tan grande, que antes preferirían morir que continuar así. Los adictos también, pero eligen un umbral algo diferente desde el cual, tras experimentar el olvido del yo separado por medio de las drogas, el alcohol, el trabajo constante o las compras compulsivas, rechazan el regreso a la realidad del yo separado. Si no pueden abandonarla, la reprimirán, la bloquearán. Y algunos, en este umbral, retroceden. Se niegan a sí mismos el gozo, el sufrimiento o el olvido que haría imposible el regreso, y se consideran afortunados por no haber llegado al lugar desde donde el cambio se volvería inevitable.

10.22 El yo separado se encuentra tan acomodado en el miedo, que prefiere los temores conocidos de su existencia antes que los temores desconocidos de otro tipo de existencia. No se le ocurre que pueda existir una opción donde no haya lugar para el miedo, pues la ausencia de miedo es algo que nunca ha conocido.

10.23 Si el cuerpo es el aspecto superficial de tu existencia y bajo esa superficie yace el temor, observa las ventajas de este ejercicio: ubica tu cuerpo ante ti, donde puedas actuar como observador silencioso. A medida que observas cómo trabajan tus manos, o la sombra que se forma sobre el suelo mientras vas de aquí para allá, estarás aprendiendo la única separación que te puede ser útil.

10.24 La primera cosa relevante de la que te darás cuenta es de que no todo lo que oyes te llega por tus oídos. Descubrirás que estás lleno de pensamientos: pensamientos sobre tu cuerpo, y que son de la misma clase que los que podrías tener sobre el cuerpo de otra persona. La diferencia estará en que estos pensamientos no parecen tener origen en tu cabeza. Puede que te des cuenta, por primera vez o de un modo diferente, de que siempre has oído tus pensamientos sin la participación de los oídos. Y puede que ahora estés pensando: “por supuesto, así es como oímos los pensamientos, es su naturaleza”. Pero, ¿has considerado alguna vez la naturaleza de tus pensamientos o meramente los has dado por sentados?

10.25 Los pensamientos no se ven ni se oyen, pero están contigo todo el tiempo, y lo están más que nunca cuando realizas tu experimento de desapego del cuerpo. Por eso lo llevamos a cabo. Ya sea que definas como un éxito o un fracaso la realización del experimento, comprenderás de una manera nueva que, más que tu cuerpo, son tus pensamientos quienes definen quién eres con una mayor precisión. Ya sea que deriven sin rumbo o se mantengan enfocados, tus pensamientos son la fuente de todo lo que eres y haces, mucho más que el cuerpo que observas.

10.26 Puede que te rías de ti mismo por formar parte de este sencillo experimento pero, al mismo tiempo, te darás cuenta de que el deseo de reírte es genuino, sin una mala intención. Notarás que hay un yo más risueño que piensa que este juego es muy divertido, y que no se preocupa en absoluto por el éxito. También ocurre que esta risa, así como la sensación de diversión que la suscitó, te llegan sin la participación del cuerpo.

10.27 Pronto desarrollarás la capacidad de ver prescindiendo de los ojos del cuerpo. Esto también parecerá un juego inocente al principio, un truco de la imaginación. Al principio observarás solo aquello que puedes “ver”: tus brazos y piernas, tu sombra mientras caminas. Sin embargo, poco a poco verás el cuerpo como un todo. Lo verás desde atrás mientras lo sigues a lo largo del día, al principio sin siquiera date cuenta de lo que está pasando. Y descubrirás que, a medida que observas, te vuelves más consciente de lo que te rodea, y más consciente de que tu cuerpo forma parte de todo lo que está sucediendo. Ahí va tu cuerpo junto a otros seis, cruzando la calle. Ahí está tu cuerpo, sentado frente a un escritorio dentro de un edificio, junto con muchos otros cuerpos. Descubrirás lo poco consciente que eras antes de la calle por la que caminabas, de los edificios que la flanqueaban, del cielo allá arriba, de los “otros” que viajaban contigo. Te sentirás más parte de todo –en vez de menos– y este sentimiento te sorprenderá.

10.28 Sigue adelante, pues esto es solo el comienzo. Experimenta solo por el gusto de hacerlo, sin dejar espacio al desaliento. No se trata de una prueba, y no puedes fracasar. Estás solamente jugando. Juega a observarte desde arriba. ¿Puedes verte allá “abajo”? ¿Y puedes adelantarte y ponerte frente a ti para ver cómo tu cuerpo viene hacia ti?

10.29 Este cuerpo que reivindicas como tu “yo”, como “tú mismo”, como tu “ser”, no es más que una forma, ¿cómo puede ser que no lo entiendas?

10.30 A medida que sigas, sentirás que la visión acotada del yo separado va dando lugar a la visión expandida del Yo unificado. A medida que sientas que esto está sucediendo, vas a tomar conciencia de sentimientos que no están enlazados al cuerpo. Así como no ves ni oyes los pensamientos con los ojos y oídos del cuerpo, esos sentimientos tampoco dependerán de los sentidos de tu cuerpo.

10.31 Te toparás con bastantes resistencias ante el experimento. Dirás que eres demasiado serio como para ponerte a jugar a este juego, y que tienes mejores cosas que hacer. Sin embargo, por más que te resistas, la idea ya ha sido plantada y notarás momentos en que, aun cuando pueda parecer “en contra de tu voluntad”, participas en él a pesar de tu decisión de no hacerlo. Cuando comiences a sentir los efectos del experimento también te enfrentarás con el temor, sobre todo si te tomas el juego demasiado en serio. Habrá momentos en que no querrás reírte aunque tengas ganas, y otros momentos en que, tras un instante de visión expandida, recibirás con gratitud tu regreso a la visión reducida. Te provocará alivio tener los pies todavía en el suelo, y que tu cuerpo mantenga los límites acostumbrados. Pero recordarás las ganas de reírte amablemente de ti mismo, así como la visión expandida. Recordarás que por un instante tu cuerpo no pareció ser una frontera que te mantuviera dentro de sus limitaciones. Y luego recordarás que esto no es sino un Curso sobre el recuerdo, y que la memoria es el lenguaje del corazón.

10.32 Muchos de vosotros os rebelaréis diciendo que esto no es aquello para lo cual os inscribisteis. Tal vez solo querías leer sobre este curso y no ser obligado a tomarlo. Tal vez querías mantenerlo solo en el plano teórico sin aplicarlo. Tal vez solo buscabas información y obviar la experiencia. Solo querías la guía de viaje, no el viaje real. Esto es lo que muchos buscan, y muchos aún se resisten a darse cuenta de que en el trato obtuvieron más de lo que pensaban. Has llegado a una puerta, has atravesado un umbral. Lo que tu mente todavía quisiera negar, tu corazón no puede negarlo. Un pequeño destello de memoria ha regresado a ti, y no te dejará en ese caos que pareces preferir. Seguirá llamándote a que lo reconozcas y lo dejes crecer. Latirá en tu corazón de la manera más amable. Su susurro se deslizará entre tus pensamientos. Su melodía sonará dentro de tu mente. “Vuelve, regresa”, te dirá. “Ven al hogar, ven al hogar”, te cantará. Reconocerás que hay un lugar dentro de ti donde se te echa de menos y eres esperado, donde eres amado y cuidado. En el hogar de tu demencia se ha abierto un espacio para un poco de paz.

 

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: