Un curso de amor. 11. Libre albedrío y voluntad   Leave a comment

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imagen corazón en círculo[— Un curso de amor, compuesto de tres libros en inglés, en sus primeras ediciones, fue transmitido por Jeshua en comunión con Mari Perron, y publicado en el 2001. Aparte de esa edición en tres volúmenes, fue publicado en uno solo, en inglés, en el año 2014.
— Para más información, libros en PDF, y listado de entradas, ver el índice de este curso.
— Elijo publicar parcialmente los capítulos de este modo como método para revisar tranquilamente, y acceder a, una traducción lo mejor posible de este maravilloso “nuevo curso de milagros”.
— Sobre el uso del castellano en las traducciones y el modo de revisarlas o hacerlas, ver las notas en esta entrada que iré completando]

Capítulo 11. Libre albedrío y voluntad

11.1 Los ejercicios de este Curso de amor son pocos, y no están separados del curso sino contenidos dentro de él. Hay ciertos motivos por los que utilizamos este método. El primero es tu actitud hacia la instrucción y el hecho de que en realidad no la deseas. Lo que deseas es algo que nadie puede darte excepto tu propio Origen, tu Fuente. Una vez más, te das cuenta de este aspecto de la creación, y esto te ha ayudado a reafirmarte en tu actitud en contra de la unión y en tu falta de deseo de instrucción. Esto se debe a la confusión con respecto a tu fuente. Toda tu firme decisión de aferrarte a tu individualidad radica en esta confusión. Si tu fuente fuese verdaderamente el cuerpo, junto con el cerebro que lo hace funcionar, entonces, estarías ciertamente obligado a aprender cosas “por tu cuenta”, ya que toda enseñanza verdadera debe provenir de tu Fuente.

11.2 Tú crees que tu fuente y tu Creador son dos cosas separadas, y rara vez siquiera recuerdas que no eres tu propio creador. Has hecho esta separación basándote en la idea de que aquello que te ha creado no puede ser una unidad con contigo. Una vez más, esto solo señala tu falta de reconocimiento acerca de lo que realmente es la creación. Y sin embargo, cada vez que practicabas la creatividad te das cuenta de que es una celebración del creador —y al elogiar a los artistas de cualquier clase no haces otra cosa que honrar este hecho. Cada poema lleva la marca de su creador, igual que toda obra de arte que contemplas y llamas “obra maestra”, o que aquellas obras hechas por manos infantiles que cuelgas en la puerta del refrigerador o en la pared de la oficina. Tú no te has creado a ti Mismo, no has creado a tu Ser, y no obstante, haces de la vida una recreación de ti mismo, y al hacer esto, tratas de probar que eres tu propio origen, tu propia fuente.

11.3 Esta es una de las razones por las que no te gusta la idea de que quienes habrían de instruirte saben más que tú ahora, y es por eso que empiezas cada nuevo curso de aprendizaje con la sensación de que tienes menos. Comienzas entonces a intentar adquirir aquello que te falta, a fin de no tener menos que nadie. Algunos de vosotros puede que confiéis en vuestra capacidad de aprendizaje y os apresuréis a conquistar este nuevo territorio como habríais hecho con otros antes. Estos leen cada libro lo más rápido posible, acompañados del rotulador para subrayar y, cuando le dan la vuelta a la última página, sienten que ya han aprendido todo lo que ese libro tenía para enseñar y corren a por el siguiente. Quienes tienen menos confianza en sí mismos puede que abandonen antes de comenzar, a fin de evitar un nuevo fracaso. Incluso aquellas personas que sienten el poder de estas palabras en su corazón, y que se proponen ir despacio y con dedicación a través de cada página y sección de este texto, entregándose de lleno a lo que este texto querría que hicieran, corren el riesgo de esmerarse demasiado duramente en vez de simplemente desear aprender.

11.4 He buscado acotar cada uno de estos riesgos limitando los ejercicios a unos pocos, que permanecerán contigo cuando toda la prisa, todo el temor al fracaso y los duros esfuerzos por esmerarse hayan quedado muy atrás. Cada ejercicio es una idea, y las ideas no abandonan su fuente. Todas las ideas aquí expresadas no son otra cosa que ideas de unión que vienen a reemplazar a las de separación. Esto sucederá sin que te des cuenta, y en la medida en que estés dispuesto a que las ideas permanezcan en ti y no las rechaces. Date cuenta de que las ideas de éxito o de fracaso son perjudiciales en este contexto. Sentir que has tenido éxito al aprender lo que el amor es, sería algo tan ridículo como sentir que has fracasado en el intento. Ninguna de las dos cosas puede suceder, y tu percepción de que alguna es posible cerrará las puertas a toda idea de unión.

11.5 Lo que el amor es, no puede ser enseñado. Recuerda que tu tarea aquí es apartar las barreras que te impiden reconocer lo que el amor es. Ese es el objetivo del aprendizaje de este Curso —tu discernimiento de lo que el amor es—, y no hay curso terrenal que pueda llevarte más allá de esta meta. Solo se requiere de tu disposición, de tu voluntad.

11.6 Necesitamos entonces hablar de tu voluntad, y separarla de lo que podrías pensar que es. La fe y la voluntad van de la mano. Aquello en lo que deposites tu fe es lo que verás. Este Curso te pide que estés dispuesto a tener fe en algo nuevo. Has depositado tu fe en lo que tú has hecho, y mientras permanezca allí no estarás dispuesto a desprenderte de tu asidero a la ilusión. Solo puedes tener fe en un sistema de pensamiento. Uno es el sistema de pensamiento del yo separado, basado en la separación. El otro es el sistema de la creación, y está basado en la unión. Tu fe en lo que has hecho ya se ha visto sacudida, y te das cuenta de que te gustaría depositar tu fe en otro lado. Te gustaría, pero tienes tus dudas, y aquí es donde entra la confusión al respecto de la disposición, de la voluntad.

11.7 La voluntad no surge de la convicción, sino que la produce. Se trata de tu declaración de apertura, y no necesariamente de creencia inamovible. Metes en el mismo saco el libre albedrío y la voluntad, y si bien ambas cosas son lo mismo, su aplicación es muy diferente.

11.8 Tu libre albedrío es lo que proteges con más celo, pues reconoces que es lo que hizo posible la separación. Lo ves como tu única protección frente a Dios, la única cosa que te permite ser distinto de lo que Dios querría que fueras. Es tu derecho “divino” a la independencia, aquello que te permite apartarte de Dios así como un niño que llega a la edad adulta tiene derecho a abandonar la casa de su familia.

11.9 Pensar que debes proteger algo de Dios es una locura, y reconoces que así es. Pero como consideras que el libre albedrío es lo único que tienes que Dios no puede quitarte, aún no has levantado su protección. No te importa que sea una locura pensar que Aquel que te ha dado todo pretenda despojarte de algo. Mientras te sigas viendo como un cuerpo, no puedes evitar pensar en Dios como en un Dios vengativo cuya venganza final es tu propia muerte. Mientras te sigas pensando como un cuerpo, es más fácil aceptar que tu destierro del paraíso es una decisión de Dios y no tuya. Crees que puedes agradecer a Dios algunas cosas y culparle por otras. Sí, tal vez este Dios que crees conocer te lo ha dado todo, pero también puede llevárselo todo y, al final, lo hará con toda seguridad. Luego te juzgará, y decidirá si debes ser recompensado por una vida de bondad o castigado por una vida de maldad. Quizá te acepte de regreso, pero quizá no lo haga. Un Dios así parecería que tiene poca fe en ti y, por tanto, se merecería muy poco de tu fe a cambio.

11.10 Y así es como le das a Dios un poco de fe, y aprecias tu libre albedrío, el auténtico dios del yo separado. Por momentos crees que concedértelo fue el error de Dios, la única debilidad en Su plan, de la que tú te puedes aprovechar. Otras veces crees que fue una maldición que Dios hizo recaer sobre ti, algo con lo que tentarte a llevar la vida de desesperación que vives. Pero tu percepción más fuerte del libre albedrío es la que tienes de su poder. Sin importar lo que Dios quiera de ti, tú puedes usar tu libre albedrío para rebelarte y hacer tus propias elecciones, diferentes de las que haría el Creador por ti. Este derecho a tomar tus propias decisiones y el poder de desplegarlas ante Dios, es lo único que hace que tu pequeño yo separado se sienta poderoso.

11.11 No ves que a Dios no le importa lo que elijas hacer con tu libre albedrío, pues aquello para lo que has decidido usarlo es justo lo único que no va a ser capaz de proporcionarte: tu separación del Creador. Él permanece siendo tal como es, así como tú permaneces tal como eres.

11.12 Es cierto que tu libre albedrío es poderoso, pues forma parte —solo parte— de lo que te ha permitido creer en tu estado de separación. Aunque podrías haber usado el libre albedrío para crear como tu Padre, al elegir hacer de ti alguien separado de Él —algo que jamás podría ocurrir— optaste por no hacer nada con el libre albedrío salvo esta sola elección demente. Tu voluntad de realizar una nueva elección es lo que volverá a alinear tu libre albedrío con la voluntad de tu Padre, que en verdad forma una sola unidad con tu libre albedrío.

11.13 Tu afán de proteger el libre albedrío es lo que nos lleva a tener que separar la voluntad, de tu  percepción del libre albedrío. El libre albedrío es el último bastión de tu ejército separatista, la última línea de defensa, el sitio donde se librará la última batalla. Pero antes de llegar a ella, lo que este Curso y tu Padre desean es que estés dispuesto a cambiar de opinión acerca de la necesidad de pelearla.

11.14 Dios nunca te arrebatará el libre albedrío ni librará batallas para reconquistarlo para Él Mismo. Esta batalla final solo existe en tu propia mente, como producto de las ilusiones que has fabricado. Deja a un lado esta profecía que inventaste, y date cuenta de que el consentimiento dado por tu voluntad no niega el libre albedrío. Y aunque todavía no puedas bajar la guardia por completo, una elección temporal bastará, pese a que de todos modos necesitarás realizar una elección más duradera antes de que sientas el cambio en la causa, y antes de poder dejar de preocuparte por el efecto. Por ahora lo que deseas son efectos, sin darte cuenta de que la causa debe cambiar para poder cambiar los efectos que desearías que tuvieran lugar. Esto no importa por ahora. Se te ofrece la oportunidad de tomar una decisión temporal que puede ser revocada en cualquier momento. Tu disposición momentánea será suficiente para comenzar a efectuar la causa y, por consiguiente, para traer algo de cordura a tu mente y tu corazón inquietos.

11.15 ¿Qué es este consentimiento que se te pide dar? ¿Qué es esta voluntad? Puede presentarse de muchas maneras y se le pueden dar muchas formas. Puede tratarse de una disposición a cambiar de opinión, a cambiar tu mentalidad, o a permitirte estar abierto a nuevas posibilidades. Puede ser un cambio de actitud en tu corazón, o una disposición a siquiera retirar por un momento tu miedo y la protección que le das a este. Pero lo que esta disposición realmente consigue es permitir que tu llamada resuene, tu llamada a amar y a ser amado. Es estar dispuesto a recibir amor de tu Fuente, y a ser amado por quien tú eres. ¿Es acaso demasiado pedir?

11.16 Es una llamada que no proviene de la debilidad sino de la fortaleza, y que no se dirige a la ilusión sino a la verdad. Es una llamada cuya respuesta llegará pronto hasta ti sobre alas de ángeles, en un revoloteo que tu corazón sentirá, pues ellos son también uno contigo. Puede sentirse como soledad, pero solo durante el breve instante en que esperas su llegada y sientes el vacío que ha sido abierto para ello.

11.17 Esta llamada no requiere que hagas nada excepto permanecer fiel a ella. No necesitas pensar en ella, sino simplemente dejarla ser. No necesitas ponerle palabras, pues estas no pueden expresarla, así como no pueden enseñarte lo que es el amor —o que el amor, es. No necesitas enfocarte en dónde podrías encontrar amor, pues el amor te encontrará a ti. No necesitas enfocarte en dar amor, pues no puedes dar lo que aún no conoces, y, cuando lo conozcas, no lo darás sino que se extenderá naturalmente desde ti en milagros llamados amor. El amor es lo único que llenará tu vacío, y lo único que no volverá a dejarte vacío a medida que se extiende desde ti hacia tus hermanos y hermanas. El amor es lo único que no te dejará carente. El amor es lo único que reemplazará el uso por la unidad.

11.18 Existes, muy simplemente, debido a tu relación con el amor. El amor es la unidad que buscas. Al elegir la separación en vez de la unidad, elegiste el miedo en vez del amor. Cuando dejas ir el temor e invitas de vuelta a la unidad, envías una invitación al amor diciéndole “eres bienvenido aquí”. ¿Qué es una cena sin amor? Nada más que una obligación social. Pero una cena donde al amor se le da la bienvenida, se convierte en una celebración. Tu mesa se transforma en un altar para el Señor, se llena de gracia, y el Señor está contigo.

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