Un curso de amor. 12. El origen de la separación   Leave a comment

imagen corazón en círculo[— Un curso de amor, compuesto de tres libros en inglés, en sus primeras ediciones, fue transmitido por Jeshua en comunión con Mari Perron, y publicado en el 2001. Aparte de esa edición en tres volúmenes, fue publicado en uno solo, en inglés, en el año 2014.
— Para más información, libros en PDF, y listado de entradas, ver índice, puntos 4 y 5.
— Elijo publicar parcialmente los capítulos de este modo como método para revisar tranquilamente, y acceder a, una traducción lo mejor posible de este maravilloso “nuevo curso de milagros”.
— Sobre el uso del idioma en las traducciones y el modo de revisarlas o hacerlas, ver las notas en esta entrada que iré completando]

 

Capítulo 12. El origen de la separación

12.1 Parte de tu problema con este curso es la palabra amor. Si tomase esta palabra y la cambiara por algún sofisticado término técnico, y te dijera que esa sustancia es lo que mantiene al mundo en unidad, te resultaría más fácil de aceptar. Si te dijera que no sabes nada de ese sofisticado concepto, y que por eso has creído en tu separación en vez de en tu unidad con todas las cosas, estarías mucho más dispuesto a asentir y decir: “simplemente lo ignoraba, como también lo ignoraban todos los demás”. Si un científico te dijera que se acaba de descubrir una energía benigna que demuestra tu conexión con todo el universo y le diera a esta energía un nombre sofisticado, tú dirías: “se ha hecho un nuevo descubrimiento, y estoy dispuesto a creer que puede ser verdadero, en especial si los demás también van a creerlo”.

12.2 Te sientes un poco engañado cuando se te dice que el amor es la respuesta. Te sientes un poco abochornado cuando se te dice que no conoces el amor. Te sientes algo engañado al pensar que quizás el amor no se limitaba a lo que creíste que era. Piensas que es típico que un texto espiritual te diga que el amor es la solución, como si nadie lo hubiese dicho antes. Ese mensaje fue predicado hace mucho tiempo y el mundo sigue igual. ¿Cómo entonces va a ser el amor la respuesta correcta? La vida es demasiado complicada como para poder ser resuelta por el amor.

12.3 Qué pronto regresarías al cinismo, y a creer que ya lo has intentado y fracasaste. Pues todos creéis que ya habéis probado esa idea llamada “amor”, y todos creéis tener pruebas de que no es la respuesta en absoluto. ¿Cuáles son tus pruebas? Tu propio fracaso a la hora de ser feliz, y la infelicidad del mundo que ves.

12.4 Hemos dicho antes que el único significado posible de tu libre albedrío está en elegir con qué unirte y qué dejar fuera de ti. Sin embargo, debes comprender que nada que no sea parte de Dios merece que te unas a ello, ni puede unirse contigo. Aquello con lo que has buscado unirte es el motivo de tu infelicidad, puesto que buscas unirte a lo que no puede unirse, y buscas separarte de todo aquello con lo que podrías unirte, y que llenaría tus rincones sombríos y solitarios con la felicidad que buscas.

12.5 Este curso parece haberse desviado de aquello que pensabas que iba a ser, pues estás buscando algo específico en él, aunque no sabes lo que es. Estás buscando el descanso y el tranquilo gozo que solo provienen del amor. Buscas la seguridad de un hogar acogedor, aunque se trate solo de filosofía. Buscas la dulce seguridad de la certeza, no la de tu mente sino la tu corazón. Una parte de ti piensa: “si tan solo pudiera estar seguro…” y allí se detiene, pues ni siquiera sabes claramente de qué quieres estar seguro. Y sin embargo sabes que lo que más te cansa es tu incapacidad para estar seguro de algo. Y ciertamente, estás cansado.

12.6 La voluntad de Dios para ti es la felicidad, y de esto puedes estar seguro. Alinear tu voluntad con la de Dios es hacer de este estado de certeza tu hogar. No es más que un sueño que se hace real y que, cuando sea lo único que desees, se convertirá en realidad. Al cumplirse, tendrás descanso y te librarás de todas las pesadas cargas que has llevado contigo.

12.7 Admite ahora tu deseo de descansar, un deseo que puede hacerte gemir y anhelar dormir un sueño sin fin. Si tan solo comprendieras cuánta energía se necesita para mantener en pie tu mundo de ilusión, comprenderías el descanso que te llegará simplemente al abandonar tu necesidad de hacerlo. Tu deseo de certeza es parte de la resistencia que sientes ante cualquier idea que parezca tratar sobre el cambio. Luchas por mantener lo poco que crees saber, y sin embargo, en lo más profundo de ti, constatas que no sabes nada con la certeza que buscas.

12.8 La incertidumbre, de cualquier clase, equivale a dudar acerca de ti mismo. Por eso este Curso tiene como meta establecer tu identidad, pues de ella provendrá todo lo demás. En este sentido, el Curso parece pedir cambios a todos los niveles, aunque sea un solo cambio el que traerá todos los demás —y sin ningún esfuerzo por tu parte. Y aun así, ni siquiera este cambio es realmente un cambio, puesto que solamente busca retirar todos los cambios que tú crees haber provocado en la creación de Dios. Este cambio solo busca restaurarte a ti en tu Ser, devolverte a ti Mismo.

12.9 Tu Ser descansa totalmente inalterado dentro del Cristo en ti. Restablecer tu relación con tu hermano es lo que te mostrará tu Ser, tu Yo. Tienes un solo hermano que lleva muchos rostros en tu percepción de quién es él, y mientras no lo reconozcas, no puedes conocerte a ti Mismo. Este único hermano puede unirte con todos aquellos que percibes como otros, pues todos esos “otros” son uno con él así como contigo. Esta es la única unión que es necesaria para que todas las demás se puedan producir.

12.10 Esta es la única desunión que provocó tu elección por la separación, y no es otra cosa que haberte separado de ti Mismo. He aquí el punto más difícil de asimilar, pues en él reside una contradicción, la que ha creado el mundo que ves y la vida que vives. Aunque resulta imposible que algo haya ido mal en la creación de Dios, ¡de hecho sucedió! Solo necesitas mirar a tu alrededor para reconocer que esto es así. Pero lejos de sentirte desalentado por esta noticia, suspiras de alivio porque sabías que esto era cierto, y sin embargo te has sentido como si este fuera el secreto que te era ocultado. Es como si todo el tiempo te hubieran dicho “está todo bien”, cuando sabías que no es cierto. Pues si “todo” estaba bien, debías ser tú el que estaba completamente mal.

12.11 Toda la creación parece fluir en perfecta armonía. Las estrellas brillan en el cielo, el sol y la luna cumplen con su cometido, los animales de la tierra, del agua y del aire son como su creador quiso que fueran, las montañas se elevan en toda su majestuosidad, los ríos corren y los innumerables granos de arena del desierto van meciéndose en el viento de un lado para otro. Todo parece ser lo que es y lo que siempre ha sido, excepto por las marcas que deja el ser humano sobre ello. Sin embargo, la luna sigue siendo la luna, a pesar de que el ser humano haya descendido sobre ella. La tierra sigue siendo la tierra a pesar de las autopistas, los caminos y los puentes. Y en algún lugar que no reconoces, la paz sigue siendo paz a pesar de tus guerras, y la felicidad sigue siendo felicidad a pesar de tu desesperanza.

12.12 ¿Y qué hay de ti? Tú también pareces haber permanecido siendo el mismo desde tiempos inmemoriales. Tal vez creas que hace mucho tiempo evolucionaste a partir de una forma distinta de la que ahora habitas, pero ciertamente, dentro de las leyes de la evolución, has cambiado tan poco como las aves del cielo o los peces del mar. Sin embargo, de alguna manera reconoces que, de toda la creación, solo la humanidad no es aquello para lo cual fue creada. En un día hermoso y un lugar bello puedes ver que el paraíso de la creación todavía existe, pero en ningún lugar puedes encontrar el ser que Dios creó a Su imagen.

12.13 ¿Tiene algún sentido en absoluto el que esto haya llegado a ser así? ¿O que alguna vez hayan caminado sobre la tierra aquellos que revelaban la imagen de Dios, y que cuando dejaron de ser vistos aquí, esa imagen quedara para siempre perdida para la tierra? ¿Puede ser que se haya ido y venido, y que en las idas y venidas se haya dejado este hueco aún más vacío? ¿Un hueco abierto en el mismo universo?

12.14 Solo se necesitaba uno para poner fin a la separación, y en este, todos los demás se reúnen. Pues, ¿qué podría verse afectado por tu libre albedrío en todo el universo si no fuera tu propio ser, tu propio yo? Mas fue necesario solo uno que, haciendo uso de su libre albedrío, uniera su voluntad a la del Padre, para que esto se consiguiera para todos. Esto es todo lo que significa la corrección, la expiación o reconciliación, y esto es todo lo que hace falta que aceptes. Únete al hermano que hizo esta elección por todos, y te reunirás con el Cristo en ti.

12.15 Las mentes que están unidas no pueden pensar por separado ni tienen pensamientos ocultos. De hecho no son mentes en plural, sino una-única-mente. Lo que este curso está diciendo es que, en cierto punto que no existe en el tiempo, el hijo de Dios eligió la separación. Que el hijo de Dios tuviera una o muchas formas en aquel momento no importa, puesto que fueran estas una o muchas, la mente era una sola, la mente del hijo de Dios reunida en unidad con la de su Padre. A muchos de vosotros se os ha enseñado ese misterio de la fe que dice que Padre, Hijo y Espíritu Santo son Uno. Pero si realmente hubieseis aprendido lo que os fue enseñado, la separación ya no existiría.

12.16 Estas palabras, Padre, Hijo y Espíritu Santo, como la palabra amor, no son más que símbolos que representan ideas que, a su vez, representan lo que es. Que hayas hecho del Padre una figura singular, de algún modo mayor que la del Hijo, y que hayas aceptado al Espíritu Santo como algo que se escapa en gran medida a tu comprensión, solo ejemplifica la naturaleza del error que es necesario corregir. Aunque las palabras, siendo símbolos, no pueden explicar plenamente lo que no puede ser simbolizado, sí dan comienzo a un proceso que debe ser completado mediante los recuerdos de tu corazón. Entonces, continuamos, y lo hacemos constatando que esas palabras solo pueden expresar la verdad dentro de su capacidad como símbolos, y que la verdad reside dentro de ti Mismo, más allá de donde puedan llevarte esos símbolos.

12.17 Todos habéis visto de qué manera os afecta un pensamiento que parece surgir de la nada. Un día nace una idea que no parecía estar ahí el día anterior. Quizás sea la idea de hacer un viaje o de tener un bebé, de volver a estudiar o de abandonar un empleo. Esta idea, recién nacida, puede ir y venir, o bien puede desarrollarse como una obsesión, pero en todo caso, no abandona su fuente. Y sin el nacimiento de la idea sus resultados nunca llegarían. Puedes tener mil ideas un día y diez mil al siguiente, tantas que no podrías seguirle la pista a todas. Sin embargo, siguen existiendo dentro de ti, y jamás se desprenderían para formar algo distinto por sí mismas, aparte de ti. Imagina que algo así pudiera ocurrir, y te darás cuenta de lo absurda que sería la situación. ¿Acaso puede un viaje suceder por sí solo? ¿A quién le ocurriría?

12.18 Puedes sin embargo muy fácilmente decir que una idea pareció adquirir vida propia, y que te impulsó a hacer cosas que jamás habrías soñado hacer. Muchas veces las personas miran hacia atrás en la vida y se preguntan cómo fueron de una cosa a la otra, y en algunos casos pueden ver cómo una idea echó raíces y cambió lo que parecía ser un destino ya escrito.

12.19 Aun con los límites que presentan las palabras para describir la separación, esto es lo que ocurrió: una idea de separación penetró en la mente del hijo de Dios. Como cualquier otra de tus ideas, no abandonó su Fuente, ni cambió la esencia de su Fuente, en modo alguno. Aunque la idea de tomarse unas vacaciones aventureras, cuando es realizada, puede modificar la vida de la persona que participe, no cambia aquello que la persona era, ni quién era su padre, ni las características de la familia en que nació. Todo lo que podría cambiar es la forma de su vida, ciertos hechos que pudieran ocurrir dentro de ella, tal vez el lugar donde ocurren esos hechos, o las personas que formen parte de la experiencia. En pocas palabras, los aspectos exteriores de la vida.

12.20 De la idea de separación surgió la idea de un aspecto exterior de la vida. Antes de la idea de separación no existía tal cosa, y sigue sin existir salvo como extensión de la idea original. Así como hemos dicho que tus deseos de proteger o de controlar surgen de concebir el miedo, y que sin este miedo esos deseos no existirían, lo mismo ocurre con el aspecto exterior de la vida. Sin la idea original de separación, el aspecto externo de la vida no existiría. Así como el miedo no es real aunque lo parezca, la separación tampoco es real aunque lo parezca.

12.21 El Padre no impidió que apareciera la idea de separación, y no podía impedirlo así como tampoco tú podrías impedir que se te ocurrieran ideas. Así como ocurre con una idea tuya, que una vez que nace sigue existiendo, lo mismo ocurrió con la idea de separación. Y así como una idea tuya no cobra vida propia, aunque a veces parezca tenerla, la idea de separación no tenía la capacidad de ser más de lo que era, excepto por el hecho de que el hijo eligió participar en ella.

12.22 En consecuencia, la participación del hijo en la idea de la separación pareció poder producir una vida completamente reformada, un destino diferente del que ya había sido escrito. Sin embargo esta participación no pudo proceder sino de la idea original, y no pudo tener lugar en la realidad sino solo en el aspecto externo de la vida que precedía dicha posibilidad de participación. La idea de la separación no cambió nada la realidad, pero se convirtió en un drama actuado sobre un escenario tan realista que parecía ser la realidad.

12.23 La separación es dolorosa solo para aquellos que creen que en verdad puede ocurrir. ¿Qué significaría el rechazo de un niño o la muerte de un padre para quienes nunca creyeron en la separación? ¿Piensas que Dios cree en la separación? Él no la conoce, y como Él no la conoce, no existe. Como Él no la conoce, Él no ha sido dañado por ella. Él no conoce ni el rechazo ni la muerte. Él no conoce el dolor ni la pena. Su hijo permanece con Él en su hogar eterno, unido a Él en eterna completitud.

12.24 Y aunque la extensión del hijo hacia un mundo exterior sea muy real, esto es lo único que es verdaderamente real dentro de ese mundo. El hijo no podía sino crear a semejanza del Padre, que creó todo por extensión de Sí mismo. Pero ni la extensión del Padre ni la del Hijo menoscabaron al Padre o al Hijo en modo alguno. Reemplaza la palabra “Padre” por la palabra “Creación”, y observa si el concepto te resulta más claro. ¿Acaso la continua extensión de la Creación, la extensión de sí misma en su continua creación, se vuelve menos de lo que originalmente era? Lo que llamamos Padre no es más que el rostro celestial de la creación, una personificación de lo que en realidad no puede ser personificado. Te resulta difícil creer que la Creación en sí misma pueda ser benévola y amable, o simplemente otro nombre para el amor, pero así es. Dios no es más que el punto de inicio de la creación, el creador de la creación, y también la Creación en sí misma. El Hijo y el Espíritu Santo, a semejanza de la Creación, proceden de ese punto inicial de Dios. Dios es también el punto de inicio del Hijo y del Espíritu Santo, el creador de ambos y, al mismo tiempo, Él es también el Hijo y el Espíritu.

12.25 Ahora, sigue adelante con este patrón, pues el patrón de la extensión de Dios es el patrón de la creación y, por tanto, el patrón del universo. El Hijo se extendió a sí mismo en la creación, y tú eres esa extensión, tan santa como lo es él. La idea de la separación tan solo parece haber conseguido que el hijo de Dios sea susceptible de dividirse, y los símbolos que forman todas estas palabras son lo único que parece poder separar al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo de la Creación, o de cada uno de los otros.

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