Un curso de amor. 13. Observación y experiencia   2 comments

imagen corazón en círculo[— Un curso de amor, compuesto de tres libros en inglés, en sus primeras ediciones, fue transmitido por Jeshua en comunión con Mari Perron, y publicado en el 2001. Aparte de esa edición en tres volúmenes, fue publicado en uno solo, en inglés, en el año 2014.
— Para más información, libros en PDF, y listado de entradas, ver índice de entradas, puntos 4 y 5.
— Elijo publicar parcialmente los capítulos de este modo como método para revisar tranquilamente, y acceder a, una traducción lo mejor posible de este maravilloso “nuevo curso de milagros”.
— Sobre el uso del idioma en las traducciones y el modo de revisarlas, ver las notas en esta entrada que iré completando]

Capítulo 13. Observación y experiencia

13.1 Nunca “entenderás” plenamente lo que significa la unidad, pero sí llegarás a sentir lo que significa. Esto te lo prometo. Hacia ello nos dirigimos en este Curso, pues una vez que hayas experimentado el sentimiento de la unidad, no necesitarás entenderla. Los ejercicios que te invitan a observar tu cuerpo son solo para esto. Son la preparación para lo que vendrá: la preparación para sentir aquello que no es de tu cuerpo. Nuestro próximo ejercicio lleva esto un paso más allá y es simplemente una extensión del primero. En él comenzarás a constatar que tus hermanos y hermanas no son sus cuerpos, así como tú no eres el tuyo. Es una extensión natural de la observación de tu cuerpo en acción, pues mientras tu cuerpo parece interactuar con otros y tú observas esa interacción, te “verás” a ti mismo y a los demás bajo una nueva luz. Tu cuerpo parecerá estar más conectado con el de aquellos con quienes interactúas, pues al observarlos les verás reunidos de forma agrupada. No observarás solo a los demás, sino a ti y a “ellos”, juntos, en el lugar al que pertenecéis. Esta aparente cualidad de agrupación de los cuerpos no es más que un primer paso que te conducirá más allá de la ilusión de los cuerpos, hacia la cualidad de agrupación de los espíritus.

13.2 A medida que observas, pero no con tu mente sino siempre con tu corazón, y a medida que comienzas a incluir a los demás en tu observación, te pido que te concentres en una sola cosa. El ejercicio es simple y a la vez placentero. Solo requiere que te plantees una única cuestión: qué conoces ya del espíritu de la persona que observas. Te asombrarás del conocimiento que ya tienes y del gozo que te brinda el recordarlo.

13.3 Estos son ejercicios de recuperación de la memoria, y cuanto más los practiques más recuperarás los recuerdos verdaderos. No apliques esfuerzo para hacerlos, en especial cuando se trata de recordar el espíritu. Solo deja que las impresiones vengan a ti, y cuando te hagan sentirte como si estuvieras sonriendo, reconoce que estás sintiendo el regreso de la memoria. En cambio, si al tratar de traer recuerdos del espíritu te descubres con el ceño fruncido, entonces te estás esforzando y por tanto necesitas dejar el ejercicio en esa ocasión. De todos modos, si le dedicas a este ejercicio un poco de práctica consistente, pronto llegará a ser una rutina para ti, pues desearás experimentar continuamente el placer que te brinda.

13.4 Aunque desees expresar con palabras lo que sientes, este ejercicio no contempla ponerles palabras a los sentimientos, o usarlas para describir el espíritu. Es mejor dejar las palabras a un lado, o de lo contrario pronto estarías adjudicándole ciertos atributos a un espíritu y no a otro, con el único fin de diferenciarlos. El propósito de la experiencia es demostrarte que los espíritus no pueden ser diferenciados ni comparados ni definidos de la misma manera en que en el pasado definiste sus cuerpos.

13.5 Pronto descubrirás que lo que recuerdas del espíritu es amor. Al principio querrás darle muchos nombres y hasta es posible que no lo reconozcas como amor, puesto que llegará sin toda la tristeza y la nostalgia que a menudo sueles asociar con él. Y aunque la sensación de amor que te inunda de parte del espíritu pueda sentirse como valentía en uno, y en otro como amabilidad, y aunque esto siempre forma parte de lo que te animamos a sentir, lo único que se te pide es que permitas que los sentimientos lleguen hasta ti, y que junto con ellos llegue la constatación de que aunque no haya dos espíritus exactamente iguales, tampoco son “diferentes”. El amor de cada uno te llenará de felicidad, pues ya está completo y no tiene necesidades, y por tanto no contiene ninguna sensación de anhelo ni tristeza de ningún tipo. Al estar completo no te pedirá nada, sino que parecerá ofrecerte una cálida bienvenida, como si fueses un amigo perdido desde hace mucho tiempo, que regresa al hogar.

13.6 Y eso eres. Esta es la nueva “prueba” que, aunque no sea científica o verificable, te proporcionará la evidencia que buscas para confirmar la verdad de lo que se te está diciendo aquí. Lo único que necesitas para recoger esta nueva evidencia es confiar en tu propio corazón. ¿Estás dispuesto a creer en lo que te diría tu corazón?

13.7 Este ejercicio no debería tomarte tiempo ni interrumpir tu camino ni el fluir de tu conversación. Solo requiere que cobres consciencia del espíritu y que permitas que este discernimiento more en ti. Si sientes que te resistes ante la idea de intentarlo, recuerda que ya sabes que eres más que tu cuerpo, y pregúntate si acaso no vale la pena hacer todo lo que puedas para volverte consciente de ese “más” que sabes que eres.

13.8 Aunque al principio no te darás cuenta, pues no tienes ninguna experiencia sino solo un recuerdo de haberte sentido de esa manera, finalmente descubrirás que los recuerdos que evocas del espíritu de los demás incluyen recuerdos que son tuyos, recuerdos de tu propio Ser, ya que no existe espíritu que no sea parte de ti o tú de él. Si ves que esos recuerdos te distraen, no los dejes de lado como si fueran interrupciones en la marcha de tu día, sino reconoce que todo aquello que te distraiga del pequeño yo que crees ser, vale los minutos que te dediques a su contemplación.

13.9 ¿Qué otras objeciones podrías tener, ya que aquí te pedimos que no sigas ninguna instrucción salvo la que proviene de tu propio Ser? Invitamos al regreso de lo que ya conoces, y a dejar que sea tu Yo verdadero quien te guíe gentilmente de vuelta adonde quieres estar, y adonde ya estás en verdad.

13.10 Tu ego se resistirá con fuerza a tus tentativas de escuchar a tu corazón, y las llamará tonterías, y pérdida de un tiempo que podría emplearse en cosas mejores. Sin embargo, el tiempo no es necesario, ni el dinero, ni el uso de ninguna de las demás cosas que valoras. Y no existe ni la menor posibilidad de que lo que se te pide que hagas te haga parecer ridículo.

13.11 ¿Podrían verse demolidas algunas de tus ideas preconcebidas sobre ti y sobre los demás? Oh, sí, y con razón. Con alegría las dejarás ir, y si confías en ti mismo también se irán todas esas evidencias que acumulaste en contra de tu hermano a lo largo de los años.

13.12 Al principio os resultará difícil a cada uno de vosotros aceptar la inocencia y la impecabilidad, tuya y de los demás, pues tu recuerdo no contendrá ni rastro de las confusiones, de los errores o de las malas acciones del pasado. Nadie te habrá hecho ningún daño a ti, ni se lo habrá hecho a nadie más. No habrá motivos para la culpa en este recuerdo, ni vergüenza, ni miedo, ni quejas o resentimientos de ningún tipo. Pues ahora el perdón ya se ha logrado, y cuando el recuerdo del perdón regresa a ti, ¿puede acaso estar muy lejos el recuerdo de tu Padre, o el de tu propio Ser?

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2 Respuestas a “Un curso de amor. 13. Observación y experiencia

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  1. Esto es realmente hermoso y ligero:

    “Pronto descubrirás que lo que recuerdas del espíritu es amor. Al principio querrás darle muchos nombres y hasta es posible que no lo reconozcas como amor, puesto que llegará sin toda la tristeza y la nostalgia que a menudo sueles asociar con él. Y aunque la sensación de amor que te embarga puede sentirse como valentía en uno o como amabilidad en otro, y aunque esto siempre sea una parte de lo que te animamos a sentir, lo único que se te pide es que permitas que los sentimientos lleguen hasta ti y que junto con ellos llegue la constatación de que aunque no haya dos espíritus exactamente iguales, tampoco son “diferentes”. El amor de cada uno te llenará de felicidad pues ya está completo, y no tiene necesidades, ni anhelos, ni tristezas de ningún tipo. Al estar completo no te pedirá nada, sino que parecerá ofrecerte una cálida bienvenida, como si fueses un amigo perdido desde hace mucho tiempo, regresando al hogar.”

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