Un curso de amor. 14. Relaciones especiales terrenales y humanas   Leave a comment

imagen corazón en círculo[— Un curso de amor, compuesto de tres libros en inglés en sus primeras ediciones, fue transmitido por Jeshua en comunión con Mari Perron, y publicado en el 2001. Aparte de esa edición en tres volúmenes, fue publicado en uno solo, en inglés, en el año 2014.
— Para más información, libros en PDF, y listado de entradas, ver índice de entradas, puntos 4 y 5.
— Elijo publicar parcialmente los capítulos de este modo como método para elaborar tranquilamente, y acceder a, una traducción lo mejor posible de este maravilloso “nuevo curso de milagros”.
— Sobre el uso del idioma en las traducciones y el modo de revisarlas, ver las notas en esta entrada que iré completando]

Capítulo 14. Relaciones especiales terrenales y humanas

14.1 El propósito de la vida que compartes aquí con tus hermanos y hermanas ha sido desafiar la creación de Dios. Ahora, ese propósito común debe transformarse en el de recordar quién eres dentro de la creación de Dios, más que en el mundo que has fabricado. Dedícate a pensar en esto unos minutos y comprenderás la enorme diferencia que existe entre ambos propósitos.

14.2 ¿Acaso no es verdad que has convertido a la creación en tu enemigo? ¿Te sientes parte de ella y en unidad con todo lo que contiene? Si no es así, te has convertido en enemigo de la creación. Buscas ser diferente de todos los demás, y en esta búsqueda proclamas que una parte de la creación es mejor que otra. Por tanto tratas de fragmentar la creación tal y como has fragmentado a tu propio yo, tu propio ser. Y desde ese lugar privilegiado que has establecido, en el que te ves como el epítome de la creación de Dios, consideras que el resto de la creación está para servir a tus fines. Y como tu fin o meta es la separación y ser diferente de todo el resto, quieres que la creación se someta a este fin, una meta imposible de alcanzar, del mismo modo que es imposible tu separación de aquello que crees distinto de ti.

14.3 No puedes tener sentimientos de superioridad sin crearte enemigos. Lo mismo ocurre cuando te sientes inferior, y siempre te estás fabricando un lugar en uno de esos dos extremos. Y todo este conflicto y esta sensación de esfuerzo se originan en tu insistencia en estar separado. No puedes dejar de estar en guerra contra aquel que tengas como enemigo. Y donde hay guerra, no puede haber paz. La guerra no es solamente la existencia de actividad exterior. Esta actividad exterior es simplemente el efecto de una causa que sigue siendo interna, y toda guerra no es más que una guerra contra ti mismo.

14.4 ¿Acaso no ves de qué manera la idea que tienes del cielo como un logro que se alcanza tras la muerte se adecua a los fines de la separación? Si lo que crees del cielo fuese cierto, tu desafío a la creación sería real, y solo con tu muerte se podría demostrar la victoria. Pues si después de la muerte tu creador te proporcionara un paraíso ultraterreno, un lugar especial para honrarte como alguien especial y separado de todo lo demás que Él creó, el propósito de tu guerra sería santificado, tú tendrías razón, y la creación estaría equivocada.

14.5 ¿Tendría esto sentido? ¿Qué creador haría un mundo en el cual el logro más elevado de la vida en él fuera abandonarlo, para así poder ganar la vida? ¿Qué creador crearía un mundo que no estuviera destinado a existir en armonía? La armonía es vida. ¿Qué creador crearía una vida temporal y se guardaría la vida eterna como una recompensa para la muerte?

14.6 Si puedes ver el carácter absurdo de una creación y de un creador así, y si aun con eso sigues creyendo en ellos, tienes que estar creyendo en un dios demente. Tú, que te enorgulleces de la razón y del sentido práctico, piensa si tal creación podría tener algún sentido. ¿Por qué crees en ella entonces?

14.7 Tú, que has hecho un dios de la razón y del intelecto, piensa detenidamente ahora en qué es lo que tu razón y tu intelecto han hecho por ti. ¿Sería tan terrible constatar que, a pesar de todos tus denodados esfuerzos, a una creación como esta no se le podría ver ningún sentido en absoluto? Aquellos que le han dado la espalda a Dios y se niegan a creer en semejante sinsentido, simplemente se niegan a intentar que la razón entre donde no puede entrar, sin ver que existe una alternativa.

14.8 No se te pide que creas lo increíble, ni que dejes de lado todo lo que la razón te diría. Por el contrario, se te pide que abandones las leyes del caos y adoptes las de la razón, que abandones las leyes de la ilusión y asumas las de la verdad.

14.9 No pienses que la razón se opone al amor, pues el amor es lo que le da a la razón su fundamento. El fundamento de tu mundo de demencia es el miedo. El fundamento del Cielo, tu verdadero hogar, es el amor. El mismo mundo no podría dejarse de mostrar muy diferente al ser contemplado a partir de esos distintos fundamentos.

14.10 Tus ideas sobre el amor, sin embargo, se adaptan a tus fines de separación con tanta nitidez como lo hace tu idea sobre el cielo. Pues lo que le exiges al amor es que te distinga y te vuelva especial. Le exiges mucho más a quienes amas que al resto de tus hermanos y hermanas. Ese plus que le exiges a aquellos, es que alimenten tu idea de ser especial. Buscas una confirmación constante con pruebas de que la persona que amas te ama a su vez, y, si no la encuentras tal y como pretendes, sientes que tienes motivos para quejarte por heridas que no pueden ser sanadas y por reparaciones que no pueden ser hechas. Así es como encadenas a aquel que más amas con la mayor de las esclavitudes, y a esa servidumbre la llamas “una relación”.

14.11 Esto puede verse con claridad en las relaciones que alguna vez lo fueron “todo” para ti y que luego te fallaron. Puede ser una relación de cualquier tipo, y todo el mundo tiene al menos una así. Puede ser una relación de padre o madre e hijo, o de un mejor amigo, o de pareja, de asociado, o incluso una relación de mentor o alumno. Cualquiera que haya sido la configuración de la relación, se trata de una que realmente te proporcionó gozo. En ella eras feliz y te sentías como si no necesitaras nada más. Era tan intensa que, en su momento cumbre, habías comenzado a pensar que la meta más importante de tu vida era que continuara sin cambios. Sin ella, la vida no valdría la pena, y por tanto era necesario retenerla a toda costa.

14.12 Este es un ejemplo clásico que puede revelarte mucho acerca de ti y del mundo que has construido si estás dispuesto a verlo con los ojos que realmente ven. Es la lupa que te permitirá ver tu mundo y toda su demente confusión. Puesto que aquello que te trajo tanto gozo pareció hacerlo a costa de dolor, y dejándote con más soledad e insatisfacción que antes. ¿Cómo podría decirse esto del amor? ¿Cómo podría haberte fallado tanto? ¿Y cómo, si hubiera sido real –como seguramente sentiste que lo fue– podría esto demostrar otra cosa sino que el amor no es la respuesta, y que con toda seguridad no es la respuesta para ti?

14.13 Debemos comenzar por lo obvio, por un elemento simple que algunos habéis negado y que otros no pudisteis negar. Lo que hace que esta relación se destaque en tu mente y provoque tanto dolor en tu memoria es que fue una muy real, y que lo fue de una manera distinta de tus relaciones anteriores o de las que vinieron desde entonces. Ninguna otra relación te afectó de esa manera. Nunca estuviste tan seguro del valor de una relación. Una cosa que te hacía sentir tanta alegría, tanta seguridad y calidez, y tan amado, ha de tener un valor más allá de toda comparación. En esto estabas en lo cierto. No fue ninguna ilusión lo que te hizo sentir de este modo. Ese no era el tipo de amor que se hace pasar por amor en este mundo, sino algo completamente diferente. Al menos por un momento, aunque fuese breve, fue un auténtico amor, pues solo el amor puede ser la causa del gozo, y ofrecerte un refugio donde encontrarte a salvo de un mundo tan demente.

14.14 Lo que nos interesa ahora es tu respuesta al amor, pues el amor regresa y tú no quieres responder de la misma manera otra vez.

14.15 Quieres conservar todo aquello que consideras valioso. Esto tiene perfecto sentido para ti, pues el fundamento de tu mundo es el miedo. Si el fundamento de tu mundo fuese el amor, estarías impaciente por compartir todo lo valioso. Quizá creas que el deseo de conservar las cosas para ti mismo proviene de algo que no es el miedo. Puedes llamarlo orgullo o seguridad, e incluso eres capaz de admitir que es vanidad, antes que llamarlo miedo. Pero no es otra cosa que miedo.

14.16 Solo el miedo alimenta los sentimientos de carencia que lo acompañan, y que son la piedra angular para construir tu mundo de separación. No constatas que has creado un universo propio para ti mismo, el cual estás obligado a mantener y que sin tu esfuerzo se disolvería. Este universo eres tú, y tú lo eres todo en él. ¿Acaso no crees que si perecieras el mundo perdería algo muy único? Eres único e irreemplazable: uno solo en tu especie. En ti habita todo aquello con lo que esperas contribuir y que esperas crear. En las acciones e interacciones de tu periodo de vida residen todos los efectos que esperas tener en lo que aquí permanezca. Sin ti, las personas y acontecimientos sobre los que influyes serían diferentes y producirían resultados diferentes de los que de cierta manera se supone que iban a darse. Aunque no conoces tu propósito, al menos una parte de ti cree que esto es verdad, pues tu existencia debe tener un propósito —pese a que no puedas imaginar realmente cuál podría ser. Tiene que haber un motivo para tu existencia, puesto que existes, y no podrías concebir la idea de que existes si no hubiera una razón para ello.

14.17 ¿No es esta una descripción de un universo? ¿Qué es un universo sino él mismo y todo lo que él contiene? Nada parece existir fuera de él, y por tanto debe ser único. Todo lo que pudiera ocurrir dentro del universo dependería de él.

14.18 Crees que eres muy consciente de ocupar tu pequeño espacio dentro del universo, y que resultaría insensato decirte que pensaras de otra manera. Sin embargo, como solo lo que tú conoces es parte de tu universo, ¿acaso no ves que depende de ti, y que si depende de ti, ese universo es tú? Solo aquello de lo que eres consciente existe en el universo que eres tú. Solo lo que te ocurre a ti afecta a tu universo. Tu universo es totalmente distinto del de los demás, y es algo que está completamente autocontenido. Las leyes de tu universo están concebidas para el mantenimiento de tu cuerpo, puesto que sin él no existirías. Y cuando dejas de existir, también lo hace tu universo; sus luces se apagarán y ya no será más.

14.19 ¡Qué arduo trabajo te has asignado! No es ninguna sorpresa que vivas con miedo cuando hay tanto que depende de ti. Y tampoco es una sorpresa que, cuando encuentras un alivio, un lugar de solaz, de belleza y de amor, quieras apropiarte de él, ¡no vaya a ser que se te escape! Esto también debería quedarse dentro de tu universo, o si no, te perderías sus beneficios. Deseas unirte a ello y hacerlo una unidad contigo. Pero no sabes que esto sí que puede hacerse, ni sabes cómo hacerlo, cómo lograr esta unión. Así que tratas de hacer lo que parece ser la “siguiente mejor” alternativa, es decir, tratas de mantenerlo cerca, como un universo gemelo que existe por separado, pero lo bastante cerca como para que puedas verlo y sentir los beneficios de la calidez que conlleva su proximidad. Más que esto no puedes hacer, pero lo sigues intentando. Quisieras encadenar este universo separado al tuyo, puesto que mientras mantenga su autonomía —y tiene que tenerla—, ni siquiera su proximidad es suficiente. Y entonces, lo que intentas hacer después es un tipo de intercambio, como si se tratara de dos países que, al ser uno rico en petróleo y el otro en cereales, establecen dependencias mutuas que los mantienen vinculados. Hay quienes lo hacen de manera obvia, y a lo largo de muchos años crean de este modo una red de intrincado diseño, una trampa que parece imposible de desmantelar debido a sus interconexiones. Otros experimentan este plan para entramparse solo en sus mentes, en la medida en que traman y planean lo que nunca tendrán oportunidad de llevar a cabo. Y otros, más timoratos en su diseño, lo disfrazan para que parezca sacrificio o generosidad, pero siempre con el mismo propósito en mente. Y de lo que nadie se da cuenta es de que el miedo ha reemplazado al amor.

14.20 Hay quienes se dan cuenta del miedo a perder el amor, e incluso hablan de ello y tratan de aliviar el miedo con promesas o compromisos oficiales. Otros puede que nieguen el miedo y digan que confían en lo que tienen y en la fidelidad de la persona que aman. Aún menos son los que no necesitan proclamar su fe y su confianza, puesto que sus sentimientos permanecen fuertes a pesar de su miedo. Incluso aquellos que no temen al engaño, a la decepción, van a tener miedo de la gran decepción. Ya le llamen vida, o ya le llamen muerte, es lo mismo. Es la posibilidad que no puede ser prevista pero que siempre está ahí: la muerte puede llevarse prematuramente a su amado, y si no es prematuramente, con toda seguridad lo hará tarde o temprano.

14.21 Y todos ellos, tanto quienes admiten el miedo como quienes no, todavía creen que el amor existe a pesar de lo que ha hecho el miedo con él, y se creen afortunados por haber encontrado un amor que por un tiempo les proteja de todas las demás cosas que temen. Y no obstante a lo que más le temen es a la pérdida del amor. Tú, que lo has dado todo por estar solo y separado, lo que más temes es eso mismo por lo que tanto te has esforzado. ¿Pues qué es la pérdida del amor sino una confirmación del estado de separación? ¿Qué es la pérdida del amor sino quedarte solo?

14.22 La pérdida del amor procede de una única fuente. Puedes llamarla miedo o separación, pero es lo mismo, puesto que en tu estado de separación pides que el amor te haga especial para alguien, y que ese alguien sea especial para ti. Crees que esta es la finalidad del amor, y por tanto lo conviertes en algo que no es, y simplemente lo llamas amor.

14.23 El cielo tan solo puede parecer que se adapta a tu meta de separación, al igual que el amor, pues no puedes cambiar lo que el amor es, ni lo que el cielo es. Lo único que parece hacerlos cambiar es el propósito o la función que les des. Eres tú quien le ha dado al cielo el propósito de que te proporcione algo por lo que esperar, la recompensa por una vida vivida de acuerdo a tus propias reglas, un premio para unos y no para otros, un logro máximo que, cuando te hayas ido, demostrará tu éxito y que tenías razón. Al amor le das el mismo propósito, pero le asignas la tarea de recompensarte aquí y ahora. Como el cielo, es tu demostración de que eres bueno y valioso, de que eres especial y alguien que se merece una recompensa por su especialismo.

14.24 Así es como has creado una parodia de lo que realmente significan el amor y el cielo. Sí, van juntos, y eso lo sabes, pero su propósito no es el que les has asignado. El propósito que le das a cada cosa dentro de tu mundo la convierte en aquello que es para ti. Pero como todo propósito que le asignas a algo procede de ese fundamento de miedo sobre el que has construido tu mundo, cada propósito es tan absurdo y tan opuesto al de la verdad como el siguiente.

14.25 Por este motivo este Curso no puede simplemente hablar de amor y llevarte más cerca de él de lo que ya lo estás. Mientras no te des cuenta del verdadero propósito de cada cosa, no podrás conocer ni el amor ni a tu propio Ser.

14.26 Mientras tu propósito sea el de hacer de ti mismo y de los demás algo especial, no pondrás fin a la separación. Y tú no puedes dejar que se vaya solo tu propio especialismo y nada más, pues mientras te aferres al carácter especial de los demás, continúas aferrándote al tuyo. No hay razón para aferrarse al carácter especial de los demás a menos que te aferres al tuyo. Y lo que les das a otros, lo conservas para ti. Cuando les asignas a otros un carácter especial, también lo conservas y te lo guardas para ti, y lo ves en ellos en vez de verlos en toda su gloria. El especialismo los mantiene separados y, por ende, susceptibles a la pérdida. ¿Cómo puedes perder lo que es uno contigo? No puedes. Solo puedes perder lo que está separado, y el especialismo construye separación.

14.27 Ese es el problema que conlleva el hecho de que en tus relaciones de amor “especiales” hay mezclado un verdadero especialismo que no es especialismo en absoluto, sino gloria. El hecho de unirte causó esto, puesto que toda unión te pone en contacto con tu hermano. Cada unión te devuelve a tu relación santa con tu hermano, que es la única que en verdad tienes. Solo esta relación es real, y en ella están incluidas todas las demás. Una no descarta ni reemplaza a la otra. Lo real lo incluye todo. Lo irreal es nada.

14.28 Tú, que no sabes cómo intercambiar tu estado de separación por el de la unión, ya lo has hecho cuando has amado libremente y sin miedo. En este estado regresa el recuerdo de quién eres, tienes alegría y eres inocente y una sola cosa con el mismo amor. El hecho de que este recuerdo no perdure y que los sentimientos parezcan insostenibles, solo es obra de aquello que en efecto los consigue desalojar y reemplazar. Como hemos dicho antes, solo existen dos emociones. Una es el amor y la otra el miedo. Por tu elección, el miedo desplaza y reemplaza al amor. El miedo siempre es más fuerte cuando valoras algo que sientes que puede ser amenazado. Y a quien más amenaza el amor es a tu especialismo. Antes de que tu mente consciente se dé cuenta de lo que está pasando, tu recuerdo del amor, de la inocencia y de la alegría amenazan a tu especialismo, a tu ego y a tu ser separado, el cual corre presuroso a reemplazar ese amor. Solo el miedo puede quitarte la memoria del amor o reemplazar tan rápidamente la gloria, que es tu naturaleza, con el especialismo, que no lo es.

14.29 Crees que el amor es lo que más valoras, y entonces te resistes a toda idea que te diga que aquello que percibes como amor no es lo que crees que es. Pero mientras identifiques al amor con las personas especiales a quienes se lo adjudicas, no lo reconocerás. Lo que conocerás será el especialismo, elevado al nivel del Todopoderoso, y apoltronado en Su trono coronado de joyas.

14.30 En tu mundo el amor no tiene sentido salvo que esté vinculado con algo en particular. Y tan pronto como el amor queda así vinculado, surge su opuesto. Mientras te niegues a aceptar este hecho tan simple no hay esperanza de que cambies ni de que tu mundo cambie. Tú, que piensas: “¿qué mal puede haber en amar a este por encima de todos los demás?, vuelve a pensar. Pues no estás eligiendo amar sino convertir a alguien en especial. Y al hacerlo, eliges que lo opuesto del amor se vuelva real para ti y para quienes dices amar, así como para quienes dices no amar.

14.31 Preguntémonos, en cambio, qué mal puede haber en amar a todos como uno solo. Si amas a todos por igual, ¿qué pérdida puede haber, incluso para aquella persona que elegirías como especial? Lo único que se pierde es el especialismo. Esta es una visión de la vida que ni siquiera puedes concebir que pueda ocurrir, ni tampoco imaginarte el gozo que conlleva. Pero esto es lo que necesitas empezar a imaginar si deseas aceptar la llegada del amor en vez de rechazarlo una vez más. Pues tu negativa a renunciar al especialismo equivale a rechazar al Cristo en ti, y a rechazar el propio amor.

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