Un curso de amor. 15. El yo especial   1 comment

imagen corazón en círculo[— Un curso de amor, compuesto de tres libros en inglés, en sus primeras ediciones, fue transmitido por Jeshua en comunión con Mari Perron, y publicado en el 2001. Aparte de esa edición en tres volúmenes, fue publicado en uno solo, en inglés, en el año 2014.
— Para más información, libros en PDF, y listado de entradas, ver índice de entradas, puntos 4 y 5.
— Elijo publicar parcialmente los capítulos de este modo como método para elaborar tranquilamente, y acceder a, una traducción lo mejor posible de este maravilloso “nuevo curso de milagros”.
— Sobre el uso del idioma en las traducciones y el modo de revisarlas, ver las notas en esta entrada que iré completando.]

Capítulo 15. El yo especial

15.1 Ya hemos hablado bastante de tu amor especial por otras personas, pero ¿qué hay de ese carácter especial que deseas para ti mismo? ¿No ves cómo estos dos deseos están intrínsecamente vinculados? El deseo de dar y recibir un carácter especial es la fuerza motriz de tu vida, y el mundo que ves no hace más que reflejar este deseo. El opuesto del amor no existiría si no fuese porque tú lo invitas. Todo odio, culpa, vergüenza y envidia resultan de tu creación de un opuesto para el amor mediante el especialismo. Todas las afecciones de este tiempo y de la historia darían paso al amor si no fuera por la interferencia que provoca el deseo de ser especial. Piensas que el mundo está regido por los asuntos relacionados con la supervivencia, y así es, pero no ocurriría esto si no fuese por tu necesidad de sentirte especial. Un vehículo de transporte no sería nada más que un medio de transporte, en vez de un símbolo de posición social. Sin el deseo de ser especial, una persona no tendría necesidad de estatus social. La belleza sería simplemente belleza sin la necesidad de productos para la belleza. Sin el deseo de ser especial, una persona no tendría necesidad de ningún producto. La riqueza sería la condición de todos, puesto que sin algo especial que alimentar, no habría estrechez ni hambre. Sin ese deseo de ser especial tampoco habría guerra, pues no habría motivos para perturbar la paz. No habría una tierra que que para algunos fuera más sagrada que otras; no se acapararían recursos; no se sometería a los pueblos.

15.2 ¿Qué hay de dañino en el especialismo? Sencillamente todos los daños que ves en el mundo.

15.3 Mientras sigas deseando ser alguien de carácter especial, tu verdadero Yo permanecerá oculto y desconocido, y como este es un Curso que busca revelar tu verdadera identidad, el especialismo debe ser contemplado por lo que es, para que no lo desees más. O bien tienes especialismo, o bien eres tu verdadero Ser, pero nunca ambas cosas. Este deseo de ser especial es lo que hace que tu pequeño yo exista. Ese es el yo que se lastima con facilidad, que conserva quejas y rencores resistiéndose a abandonarlos, y que es propenso a la mezquindad, la amargura y la decepción. Si eres sincero, cuando te examines a ti mismo comprobarás que así es.

15.4 Resulta más difícil entender que este deseo de ser especial no te afecta solo a ti, llevando miseria a tu mente y a tu corazón. Tal vez te parezca que son los dirigentes de algún país empobrecido, y no tú, quienes provocan la miseria de su pueblo debido a su deseo de ser especiales. Si bien es cierto que en una escala amplia puedes comprobar cómo este deseo puede producir daños desastrosos, no crees que tu propio deseo de ser especial, o el deseo de que otros lo sean para ti, tenga grandes consecuencias para mucha gente —o posiblemente crees que no las tiene para nadie. Tú simplemente quieres amar a tu pareja e hijos, o a tus padres y amigos… y te conformarías con que ellos piensen que eres especial y con que ellos lo sean para ti. En el mundo más global, crees que tanto tú como ellos sois anónimos. Si dentro del pequeño ámbito de los seres queridos no es posible hacer que ellos se sientan especiales —y tú con ellos—, ¿qué sentido tendría entonces estar aquí? Pues este es realmente el sentido que le has dado a tu vida.

15.5 Y por tanto, dentro de este ámbito menor haces todo lo que sea necesario para mantener tu especialismo, así como el de los demás. Dependiendo de cuál sea tu cultura, “lo necesario” puede significar unas pocas cosas, o muchas y diferentes para cada uno. De esta esfera de influencia provienen tus nociones de éxito, tus ideas acerca de qué se necesita para ser bueno, o sobre qué significa tratar bien a los demás. No serías especial para este si no tuvieras tal aspecto, y no serías especial para aquel si no ganaras una cierta cantidad de dinero. No serías especial si a este otro no le dieras ciertos regalos y oportunidades, ni cumplirías con tu responsabilidad de hacer que aquel otro se sienta especial si no haces aquella otra cosa. Producir un pequeño cambio en esta cultura parece ser algo desde difícil hasta imposible, ya que si fueses a seguir tu propio camino y a elegir tu propio aspecto, estilo de vida o actitud, consideras que corres el riesgo de ser considerado como alguien especial dentro de este grupo, lo cual podría afectar a tu capacidad de seguir haciendo que los demás se sientan especiales de la misma manera en que les tenías habituados a hacerlo.

15.6 ¿Cuántas personas integran esta esfera de influencia? ¿Veinte, cincuenta, cien? ¿Y por cuánto se multiplica esto teniendo en cuenta a su vez cada una de ellas? Y aun así, solo se trata de una fracción de la influencia de tu especialismo, pues en realidad tu especialismo afecta a todo el mundo.

15.7 Tu deseo de especialismo te hace esclavo de los demás y a los demás esclavos de ti. Disminuye tu libertad inútilmente. Pues lo que otros piensan de ti no te hace especial, así como lo que tú piensas o haces por los demás tampoco les hace a ellos ser especiales. Todas las ideas de popularidad, de éxito y de competencia comienzan en este punto, así como todas las ideas de lealtad.

15.8 Ahora llegamos a algo vital en tu plan para ser especial —un plan que es muy importante superar para alcanzar el objetivo de aprendizaje que este Curso ha planteado. La lealtad surge de la fe, y aquello en lo que deposites tu fe determina tu percepción tanto como lo hace tu concepto de la separación. Todo cambio parece cuestionar tu lealtad hacia los demás, y toda elección se lleva a cabo teniendo en mente esta lealtad. En este sentido, la lealtad surge de tu fe en el miedo y en todo aquello de lo cual necesitas protegerte. Consideras que ser leal a un grupo, familia o comunidad de aficionados que te brinde apoyo es algo necesario para tu seguridad. Aunque muchos de vosotros no poseéis esto, lucháis por conseguirlo, y esta ha sido la causa de mucho del sufrimiento en tu mundo. Este agruparse en busca de apoyo contra el miedo simplemente convierte el miedo en algo real, y al mismo tiempo hace que el motivo aparente de la lealtad parezca convertirse en algo esencial.

15.9 Tu concepto de lealtad es lo que hace que te resulte dificil dejar de lado tu esfuerzo por manifestar tu propio especialismo y el de otros. “Hacer especial” parece ser una responsabilidad que te has echado sobre los hombros, y si no cumples con el especialismo, pareces desleal. Más aún, al fin y al cabo no solo eres leal a tu grupo sino a la humanidad misma. Y poner en cuestión el derecho de la humanidad a ser especial parece un acto de deslealtad suprema contra los de tu especie, a pesar de los muchos sufrimientos que a ti y a los que amas os ha hecho padecer el especialismo. Incluso pensar que podrías cambiar y ser diferente de los de tu especie parecería un acto de traición. Ser leal a tu Padre y a los objetivos de aprendizaje que este Curso ha planteado es, efectivamente, una traición al mundo tal y como lo conoces.

15.10 Y así es. Y por eso tu fe y tu lealtad deben ser depositadas en algo nuevo, en algo digno de tu diligencia, algo que no vaya a dejar tirados a tus hermanos y hermanas en una vida de pecado y sufrimiento.

15.11 Todo sufrimiento y todo pecado provienen del especialismo, y por eso es que lo debes dejar atrás. Y hay una manera de hacerlo, una manera que no lastimará a tus seres queridos aun cuando traicione todo aquello que ellos aprecien. Pero, de entre estas dos cosas, ¿a cuál querrías traicionar, a la verdad o a la la ilusión? No puedes ser leal a ambas, y aquí está tu problema. Cuando te detienes en la encrucijada, miras hacia atrás y ves a alguien a quien no puedes traicionar, y ves a otro por ahí sin cuyo trato especial no podrías vivir, o no abandonarías las esperanzas de llegar a recibirlo. Entonces, eliges la ilusión en detrimento de la verdad, y traicionas todo lo que eres y la esperanza que tu hermano ha depositado en ti como salvador del mundo.

15.12 Tú, que aún albergas la fantasía de poder hacer ambas cosas, abandona tu fantasía y constata que tienes ante ti la auténtica elección. No es una elección fácil, pues si lo fuera ya habría sido hecha hace mucho tiempo, ahorrando así un gran sufrimiento y acabando con el infierno. Pero tampoco es una decisión difícil ni una que en realidad tengas que tomar tú solo. Esta elección no puede hacerse sin tu hermano y es, en verdad, la sagrada elección de tu hermano, así como su derecho de nacimiento y el tuyo. Solo necesitas estar abierto al lugar donde el especialismo no puede entrar, y pedirle a tu hermano que elija por ti. Pues en su elección te unes a él y a tu Padre. En esa elección existe una sola voluntad unida para una gloria que no sabe de especialismo ni de separación. En esa elección descansa la vida eterna.

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Una respuesta a “Un curso de amor. 15. El yo especial

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  1. Todas nuestras lealtades han surgido del miedo.

    Usamos a los demás para mantener nuestra íntima y profunda lealtad al miedo.

    Usamos a los demás para seguir creyendo que el amor se puede usar, que la relación se puede usar.

    Para seguir creyendo en el uso, y no en la profunda comprensión, en unidad y relación.

    (parafraseando lo de arriba)

    Y solo podemos ser leales a Uno, porque solo hay uno.

    Y encima todo es de risa porque de cierto modo ese Uno no está aquí.

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