Un curso de amor. 18. La mente comprometida   Leave a comment

imagen corazón en círculo[— Un curso de amor, compuesto de tres libros en inglés, en sus primeras ediciones, fue transmitido por Jeshua en comunión con Mari Perron, y publicado en el 2001. Aparte de esa edición en tres volúmenes, fue publicado en uno solo, en inglés, en el año 2014.
— Para más información, libros en PDF, y listado de entradas, ver índice de entradas, puntos 4 y 5.
— Elijo publicar parcialmente los capítulos de este modo como método para elaborar tranquilamente, y acceder a, una traducción lo mejor posible de este maravilloso “nuevo curso de milagros”.
— Sobre el uso del idioma en las traducciones y el modo de revisarlas, ver las notas en esta entrada que iré completando]

Capítulo 18. La mente comprometida


18.1 Muchos creéis que la creación de Dios conllevó la caída del paraíso, tal como la describe la narración bíblica de Adán y Eva y los relatos de la creación en muchas culturas y religiones. Cuando aceptas esto como la historia de la separación, incluso aunque no lo hagas de manera literal, aceptas la propia separación. Más que la historia de un hecho que realmente sucedió, se trata de un relato que describe el problema. No es más que la historia del nacimiento de la percepción. Y es tu percepción de la caída lo que la convierte en una maldición. Tal interpretación no es compatible con un Dios benévolo y un universo benévolo. Esta interpretación acepta que la separación puede ocurrir. Pero no puede. Creer en la caída es creer en lo imposible.

18.2 Imagina que eres parte de una cadena de cuerpos tomados de la mano formando un círculo alrededor del globo. Yo estoy aquí, entre aquellos a los que das la mano. Todos están enlazados, aun cuando cada uno no le da la mano a todos los demás. Si quitamos un eslabón de la cadena, esta ya no formaría un círculo, sino que “caería”, y cada extremo quedaría suspendido en el espacio. La cadena sería entonces una línea que iría de un sitio hasta otro, y que ya no lo abarcaría o lo incluiría todo. La separación da por sentado que tú puedes romper la cadena. Esto sería tan imposible como que yo soltara tu mano.

18.3 Vamos un poco más allá e imagina que esta cadena mantiene a la Tierra en órbita. Es obvio que si la Tierra se saliera de su órbita esto tendría unas consecuencias catastróficas y de naturaleza universal. Lo que resulta menos obvio es que tú eres parte de lo que ha establecido y mantiene un orden universal, parte de un todo que sería completamente diferente sin tu presencia, del mismo modo en que el universo sería completamente diferente sin la presencia de la Tierra.

18.4 Sin embargo, esto es lo que tú crees haber hecho. Crees que has alterado la naturaleza del universo, haciendo posible que la vida exista separada y sola, sin relación, sin conexión ni unidad con el todo. Esto, no lo has hecho. No te has “caído” de la unidad. No te has “caído” de Dios.

18.5 Esta cadena que describo te ayudará a imaginar el lugar que te tengo reservado, así como tú reservaste el mío cuando entré en el mundo en la forma física. Aunque tan solo se trata de una ilustración, muestra que ninguno de nosotros abandona la plenitud ni nos abandonamos el uno al otro.

18.6 Aunque se te haya enseñado que tú no eres tu cuerpo, mientras estás aquí es imposible negar el cuerpo. Pero puedes cambiar la función que le has adjudicado y, por tanto, su funcionamiento. Si no lo ves como resultado de la caída, como una maldición o un castigo de Dios, o como tu hogar, una morada que te mantiene separado, puedes también comenzar a verlo como aquello que es: un instrumento de aprendizaje dado por un amoroso creador. Antes de la idea de separación no había necesidad de aprendizaje. Pero un creador amoroso no crea algo que vaya a quedarse con una necesidad insatisfecha. Tan pronto como surgió la necesidad de aprendizaje, quedó establecido el medio perfecto para satisfacerla, solo que tú no has logrado verlo como tal.

18.7 Este error nació con la percepción. Antes de ella no existía la posibilidad de una interpretación errónea porque no había mundo exterior que percibir. Un instrumento de aprendizaje, cuando no es apreciado como tal, no tiene muchas esperanzas de cumplir la función para la cual fue creado. Pero cuando la percepción se modifica y algo es visto tal cual es, entonces no puede dejar de cumplir con aquello para lo cual fue creado.

18.8 Un mundo exterior no es más que una proyección, y como tal no puede apartarte del mundo interior donde existes en plenitud, como un eslabón en la cadena de la creación. Imagina una vez más esta cadena y a ti Mismo entre quienes la integran, e imagina la vida que vives ahora a semejanza de una película proyectada sobre una pantalla. Mientras ves la película y experimentas sus imágenes y sonidos, sus alegrías y tristezas, no abandonas tu sitio. Sin embargo, eres también parte de la proyección, y es aquí donde tu consciencia se ha detenido ahora, aparentemente atrapada en la pantalla, viendo todo con los dos ojos de ese personaje ahí proyectado. Eso es lo que los ejercicios de este Curso han intentado ayudarte a ver: un mundo que puedes observar, donde puedes aprender, y del que puedes aprender lo que la idea de la separación te enseñaría, durante todo el tiempo que quieras. Hacer una nueva elección, la de aprender desde la unidad, es aquello para lo que este Curso te prepara.

18.9 Aprender de la unidad requiere de una mente y un corazón integrados, un actuar de pleno corazón, incondicionalidad. Enfocarte a medias en este aprendizaje no funcionará, como tampoco es suficiente la atención de una mente dividida. Nunca se podrá enfatizar demasiado que aprendes lo que eliges aprender. Si quieres pruebas de esto solo tienes que contemplar el mundo que fue creado a partir de tu deseo de aprender lo que podía enseñarte la idea de la separación. Cuando vivías en unidad no podías imaginar cómo sería este otro mundo, así como tampoco ahora puedes imaginar cómo sería un mundo en unidad. Desde el punto de vista de la unidad, no podías comprender lo que estabas pidiendo ni el grado de compromiso que este aprendizaje te iba a exigir. Para poder aprender lo que podía enseñarte la idea de la separación, necesitaste creer que existías en un estado de separación. Por tanto, “olvidarte” de que en realidad moras en unidad fue un requisito para esta condición que deseabas experimentar. Así fue como la condición se hizo disponible.

18.10 Aunque esta explicación te resulte razonable, la encuentras difícil de creer sobre la base de tu percepción de ti mismo, y de las limitaciones que crees que tiene tu poder de decisión. La única manera de hacer que lo increíble se vuelva creíble consiste en alterar lo que experimentas. El estado en que ahora existes no solo resultaba increíble, sino también inconcebible para ti en tu estado natural. Para alterar tu sistema de creencias la experiencia fue necesaria, así como es necesaria ahora.

18.11 La experiencia de la unidad alterará tu sistema de creencias y el de otras personas, puesto que lo que aprendes en unidad se comparte. Pero debido a que en la actualidad aprendes desde la separación, cada uno debe experimentar individualmente la unidad antes de que su sistema de creencias pueda ser modificado, aun cuando aquello que se aprende sea compartido en otro nivel.

18.12 La percepción de niveles es una función del tiempo, por lo que parece necesaria una gran cantidad de tiempo antes de que pueda ocurrir un cambio de características duraderas. Esto explica por qué los milagros ahorran tiempo, pues integran todos los niveles, colapsando momentáneamente el tiempo. El tiempo es en realidad una medida del aprendizaje, o del “tiempo” que le lleva al aprendizaje pasar de un nivel a otro por medio de la experiencia, ya que aquí el aprendizaje es experimentado en el tiempo.

18.13 A fin de que tu base experiencial cambie desde aprender en la separación a aprender en unidad, debe nacer en ti la idea de que es posible aprender aquello que la unidad puede enseñarte. Eso no puede nacer si escuchas o aprendes las ideas de otro. Por tanto cada cual tiene que experimentar el nacimiento de esa idea, de la idea del aprendizaje de la unidad, para que pueda provenir de dentro, y no abandone su Fuente. Una idea mía solo puede llegar a ser tu idea a través de tu relación con ella. Para poder darle vida tan solo necesitas experimentar esa idea a tu manera, desde ese deseo de conocer del cual nacen todas las ideas.

18.14 Una vez que la idea ha nacido, existe en relación con su creador. Y todo lo que ahora queda es la elección de participar en ella. En unidad, tu mente y tu corazón reunidos en incondicionalidad se hicieron partícipes de todo lo que deseaste. Sabías que tú Mismo eras el creador, y amabas todo lo que creabas. No deseabas algo temiéndolo al mismo tiempo, y tus deseos no cambiaban de un momento a otro. Lo que deseabas lo experimentabas plenamente con todo tu ser, haciéndolo uno contigo. El hecho de que te abstengas de desear algo plenamente aquí es lo que hace que esta existencia sea tan errática y caótica. Que la mente y el corazón estén en conflicto es lo que te impide desear algo plenamente y, por tanto, lo que te impide crear.

18.15 En consecuencia, nuestra meta debe ser la integración de la mente y el corazón para que puedas crear un estado en el cual sea posible experimentar la unidad. Obviamente, esto depende de ti. Así como elegiste crear un estado de separación, ahora debes elegir crear un estado de unidad.

18.16 No es ninguna sorpresa para ti que tu mente haya regido tu corazón. Lo que este Curso ha intentado hacer hasta ahora es, brevemente, cambiar tu orientación de la mente al corazón. Es el primer paso de lo que por ahora parece ser un intento de equilibrar dos cosas separadas, aunque en realidad es la intención de aunar lo que meramente has percibido como separado. Si el corazón es el centro de tu Ser, ¿dónde queda la mente? El centro no es sino la Fuente donde todo existe como una sola mente. Decirte esto antes de debilitar algunas de tus percepciones acerca de la supremacía de la mente hubiese sido una tontería. La mente única no es como tú has percibido tu mente. La mente única es una mente en la cual rige el amor, y donde la mente y el corazón son uno solo. Seguiremos llamándola “incondicionalidad”, “plenitud de corazón”, en vez de “mente” o “corazón”.

18.17 Una mente errabunda parece lo normal, y tener pensamientos que se agitan de forma caótica te resulta tan aceptable y aparentemente inevitable como respirar. Una mente dividida no te resulta mucho menos normal, aunque reconoces que una mente dividida dificulta la toma de decisiones. Ya se te ha dicho que el único ejercicio mental que contiene este Curso de Amor consiste en dedicar todo pensamiento a la unión. Debemos considerar esto en dos dimensiones en vez de una. Además de dedicar el pensamiento a la unidad con la totalidad, debes dedicarte a unificar el propio pensamiento.

18.18 No llegas a darte cuenta plenamente de cuál fue el efecto de haber elegido incondicionalmente la experiencia de la separación. La incondicionalidad no es nada más que la plena expresión de tu poder. Y la expresión plena de tu poder es la creación. Lo que ha sido creado no puede ser descreado. Sin embargo, lo que ha sido creado puede transformarse. La transformación ocurre en el tiempo, por lo que la transformación y los milagros necesitan ir de la mano.

18.19 La transformación de un estado de separación en un estado de unidad es en verdad un milagro, pues requiere el reconocimiento de un estado que no puedes reconocer en la separación. Pero aunque suene como una paradoja, no es imposible, ya que nunca abandonaste el estado de unidad que no reconoces. Tu falta de reconocimiento puede ser superada recordando la verdad acerca de quien tú eres.

18.20 El pensamiento que unifica es algo más que un asunto de enfoque o de resolución, aunque ambas cosas constituyan pasos en la dirección correcta. El pensamiento que unifica es también la integración del pensamiento o lenguaje de tu corazón, con aquel que percibes más naturalmente como “pensamiento”, es decir, con las palabras e imágenes que “atraviesan” tu mente.

18.21 Antes nos hemos referido brevemente a las emociones, y lo hemos hecho solo para distinguir entre tus sentimientos de amor y tus sentimientos de carencia de amor, o miedo. De lo que hemos hablado aún menos es de aquello que la emoción encubre, y de la calma que subyace. Me he referido al verdadero lenguaje del corazón como comunión o unión en el más alto nivel, y a la rememoración de quien tú eres como el medio por el cual la comunión puede regresar a ti. Por tanto, de lo que ahora se trata es de integrar la rememoración y el pensamiento.

18.22 Mientras que dijimos que lo que concebís como “emoción” es en realidad una reacción del cuerpo a un estímulo sensitivo, no hemos hablado del estímulo en sí. Antes de hacerlo, debemos aclarar aún más la función del cuerpo como instrumento de aprendizaje. Tu cuerpo parece experimentar tanto el placer como el dolor, y sin embargo, como instrumento de aprendizaje, es neutral. No experimenta, sino que solo te transmite aquello que puede ser experimentado. Tú, entonces, le retransmites una reacción. Esta relación circular entre tu cuerpo y tú es una relación perfecta para los propósitos del aprendizaje, pues en ella es posible aprender tanto de la experiencia como de la reacción ante la experiencia, ya que ambas pueden ser elegidas por el que aprende. No es, en cambio, la relación perfecta cuando percibes erróneamente al cuerpo como tu hogar en vez de como un instrumento de aprendizaje. Como has percibido erróneamente al cuerpo como tu hogar, en cierto sentido no hay un “tú” al cual el cuerpo le pueda enviar sus señales. Entonces, el cuerpo parece estar al mando y ser a la vez quien vive y quien interpreta la experiencia. Más aún, esta percepción errónea ha permitido que la función del cuerpo permanezca sin ser reconocida. Por este motivo no has reconocido la realidad de lo que causa el dolor, ni puedes rechazar el experimentarlo. Lo mismo es válido para el placer.

18.23 Las decisiones acerca del placer y el dolor son tomadas mediante el juicio del yo separado, que no solo cree ser el cuerpo, sino que también cree estar a merced del cuerpo. Pero el cuerpo no tiene merced alguna que ofrecerle al yo separado. Es solo un instrumento de aprendizaje. Como no has reconocido esto, no has podido aprender que todo lo que experimentas como doloroso es el resultado de sentimientos de falta de amor, y que todo lo que experimentas como placentero son sentimientos de amor. Esto parecería contradecir lo que antes afirmamos acerca del sufrimiento provocado por el amor y tu deseo de aferrarte a él a pesar del dolor que te produce. Has de saber que el dolor no proviene de tus sentimientos de amor sino de tus sentimientos de amor perdido.

18.24 La causa de toda tu aflicción es que no hay nadie que reciba y rechace los sentimientos de dolor para poder reemplazarlos con sentimientos de amor. No creas que reaccionas ante cualquier clase de dolor con el amor que proviene de tu verdadero Yo, que disiparía ese dolor. Pues el Ser que has dejado fuera del circuito de aprendizaje, es el Yo de amor.

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