Un curso de amor. 20. El abrazo   Leave a comment

imagen corazón en círculo[— Un curso de amor, compuesto de tres libros en inglés, en sus primeras ediciones, fue transmitido por Jeshua en comunión con Mari Perron, y publicado en el 2001. Aparte de esa edición en tres volúmenes, fue publicado en uno solo, en inglés, en el año 2014.
— Para más información, libros en PDF, y listado de entradas, ver índice de entradas, puntos 4 y 5.
— Elijo publicar parcialmente los capítulos de este modo como método para elaborar tranquilamente, y acceder a, una traducción lo mejor posible de este maravilloso “nuevo curso de milagros”.
— Sobre el uso del idioma en las traducciones y el modo de revisarlas, ver las notas en esta entrada que iré completando.]

Capítulo 20. El abrazo

20.1 Tu anhelo ha llegado a un punto de frenesí, a un ardor en tu corazón, muy distinto de todo lo que has sentido antes. Hasta es posible que tu corazón sienta que se sale del pecho, que se extiende rumbo al cielo, que está a punto de estallar de deseo de unión, un deseo que no entiendes aunque seguramente sientes.

20.2 Este es un llamamiento a entrar en mi abrazo y a permitirte ser reconfortado. Deja que las lágrimas rueden y el peso que has cargado sobre tus hombros recaiga sobre los míos. Deja que acune tu cabeza junto a mi pecho mientras te acaricio los cabellos y te aseguro que todo va a ir bien. Toma conciencia de que este es el mundo total, el universo, el todo de todo, en cuyo abrazo literalmente existes. Siente la dulzura y el amor. Sumérgete en la seguridad y el descanso. Cierra los ojos y comienza a ver con una imaginación que va más allá de pensamientos y palabras.

20.3 Ya no eres un simple objeto más perdido entre los asuntos del reino. Tú eres el corazón del reino, la belleza del reino revelada; el hijo amado que se amamanta del seno de la reina madre tierra, una sola criatura de una sola madre, sin nombre y más allá de todo nombre. Ningún “yo” reside aquí. Has abandonado la visión de tus ojos y el “yo” de tu ego. Estás liberado de los límites, ya no eres una cosa bella, sino la belleza misma.

20.4 La “coseidad” ha pasado, y tu identidad ya no reside en la forma, sino que fluye de la vida misma. Tu belleza es la reunión de átomos, el orden en el caos, el silencio en soledad, la gracia del cosmos. Nuestro corazón es la luz del mundo.

20.5 Somos un solo corazón.

20.6 Somos una sola mente. Una fuerza creativa que reúne los átomos, establece el orden, bendice el silencio, confiere gracia al cosmos, manifiesta la luz del corazón. Aquí vivimos como un solo cuerpo, experimentamos la comunión, el deleite del alma, en vez de la alteridad. Es un mundo sin fisuras, un tapiz donde cada fibra es vibrante y fuerte, un cántico donde cada tono es puro e indivisible.

20.7 Hemos regresado al abrazo, y ahora tus brazos me acunan a mí también, pues un abrazo, aunque puede comenzar con uno que estrecha a otro, concluye en la mutualidad, en el contacto compartido, la fusión de uno en otro. El abrazo convierte a dos en uno solo.

20.8 Y ahora comenzamos a ver con los ojos del corazón. Ya no miramos “fuera” sino “adentro”. Todos los paisajes y horizontes se forman dentro del abrazo. Toda belleza reside en él. Toda luz se fusiona y se infunde en el abrazo. Dentro del abrazo nuestra vista se aclara y lo que vemos es reconocido en vez de entendido.

20.9 En él, se da descanso a la fatiga, que es apartada gentilmente. El tiempo ha terminado, y no hay nada que tengas que hacer. El ser reemplaza a la identidad, y dices yo soy. Yo soy, y no hay nada fuera de mí. Nada fuera del abrazo.

20.10 Desde ahora tu vida se hace imaginal, un sueño que no requiere que dejes tu hogar, tu lugar de seguridad y descanso. Eres acunado suavemente mientras tu espíritu se eleva y remonta el vuelo, soñando por fin sueños felices. Mientras el amor te rodea con brazos que te sostienen y te abrazan, sientes el latido del mundo justo bajo tu cabeza que descansa. Resuena en tus oídos y se mueve a través tuyo, hasta que ya no hay distinciones. Somos el latido del mundo.

20.11 Esta es la creación. Esto es Dios. Este es nuestro hogar.

20.12 Existimos en el abrazo del amor como las bandas de luz que conforman el arco iris, indivisibles y curvadas hacia adentro unas sobre otras. El amor crece desde dentro como un niño crece dentro de la matriz materna. Hacia dentro, hacia dentro del abrazo, la fuente de todo comienzo, el núcleo y la plenitud de toda vida. La totalidad existe sin perturbarse por lo que será. Es.

20.13 El tiempo de las parábolas ha llegado a su fin. Te aguarda un nuevo tiempo sin tiempo. Nada es semejante a nada. La semejanza, como la coseidad, ha sido superada por la unicidad. La unicidad prevalece. El reino de Cristo está a mano.

20.14 Yo estoy vivo, y así lo crees, pues si no, no estarías aquí. Sin embargo no me piensas ni me imaginas así. Cristo reina en el reino donde vivo, así como reinó conmigo en la tierra. En el sepulcro de este mundo donde fue depositado mi cuerpo exánime, el Cristo en mí me devolvió al abrazo. El latido singular del hombre Jesús ya no resonó. Mi latido era el latido del mundo.

20.15 Imagina un cuerpo en la cueva, la cueva en la tierra, la tierra en el planeta, el planeta en el universo. Cada uno acuna al otro. Ninguno es pasivo, ninguno está muerto. Todos comparten el latido del mundo y reposan el uno en el otro, en el abrazo mutuo y dentro del abrazo del amor de Dios, de la creación de Dios, del latido de Dios. Este latido de Dios es la Fuente del mundo, el Alma del mundo, el Sonido del mundo en armonía, la existencia sin principio ni fin. Un abrazo. El todo en todo. Nada inferior y nada superior, puesto que todo está en todo. El Uno es único.

20.16 Ya no hay motivo para la alienación ni para el sentimiento de abandono que muchos habéis sentido. Ahora estáis dentro del abrazo, donde todas esas heridas son sanadas.

20.17 El mundo no existe separado de ti, por lo que debes constatar tu conexión compasiva. El mundo no es una colección de edificios de cemento y calles pavimentadas, ni de frías personas sin corazón tan dispuestas a hacerte bien como a hacerte mal. El mundo es tu lugar de interacción con todo lo que vive dentro de ti, compartiendo el latido único. El latido del mundo no existe aparte de Dios. Por tanto, el latido del mundo está vivo y es parte de ti. Es a esta conexión del corazón adonde buscamos devolverte, a la constatación de que el mundo no es una “cosa”, así como tampoco tú eres una “cosa”. Tu identidad es compartida y una en Cristo. Una identidad compartida es atributo de unicidad. Una identidad compartida es una sola identidad. Cuando te identificas con Cristo te identificas con la identidad única. Cuando constatas la unicidad de tu identidad, eres uno con Cristo. Y Cristo es sinónimo de unicidad.

20.18 ¿Quién podría ser dejado fuera del abrazo? ¿Y quién, dentro del abrazo, podría estar separado y solo?

20.19 ¿Has sentido alguna vez ganas de abrazar el mundo y reconfortarlo si pudieras? Puedes hacerlo. No con los brazos físicos, sino con los brazos del amor. ¿Acaso no has llorado alguna vez por la situación del mundo como llorarías por un niño que necesita amor? En ese momento, ¿no perdió el mundo su condición de “cosa”? ¿No perdió también su carácter personal? ¿Acaso no fueron derramadas tus lágrimas por aquello que vive, respira y existe junto contigo? Y ese tú, el que derramaba tales lágrimas, ¿es acaso un ser personal? ¿Una cosa? ¿Una masa de carne y hueso? ¿O no serás, más bien, al igual que el mundo por el que lloras, algo sin coseidad ni yo personal? Y cuando has brincado de gozo ante la belleza del mundo, ¿acaso no ha saltado este junto contigo, devolviendo gracia por gracia?

20.20 ¿Es posible albergar un concepto de plenitud, del “todo”, y que este no exista? ¿Y cómo podría existir aparte de ti? Ser uno con Cristo, querido hermano y hermana, no es nada más que la constatación de este concepto. Tampoco es menos.

20.21 Esta lección solo es tan complicada como los más complejos de entre vosotros requiráis que lo sea. Pero para algunos puede ser simple, tan simple como constatar la unicidad del abrazo. En el abrazo puedes dejar que todo pensamiento se vaya. Dentro del abrazo puedes incluso dejar de pensar en las cosas sagradas, en los santos hombres y mujeres, en los seres divinos y el Dios único. ¿No es santo el mismo abrazo? ¿No es el amanecer y el crepúsculo? ¿No es la menor de las aves tan sagrada como el águila majestuosa? La brizna de hierba, el grano de arena, el viento y el aire, el océano y sus olas, todos viven por el latido universal y existen dentro del abrazo. ¿No es sagrado todo lo que imaginas cuando lo imaginas con amor? Y todo lo que no puedes imaginar, ¿no es aún más sagrado?

20.22 La santidad es todo lo que existe dentro del abrazo. ¿Cómo podrías ser tú menos que sagrado? Tú existes en la santidad.

20.23 El primer paso para recordar esta santidad es olvidar. Olvídate de que no te sientes santo y de que el mundo no parece ser sagrado. Deja que tu corazón recuerde que tú eres santo y el mundo sagrado. Mil cosas pueden apartarte de la rememoración, pero olvidarte de “cosas” puede darte libertad para recordar.

20.24 Olvídate de tu yo y la memoria regresará a ti. Más allá de tu yo personal y de la identidad que le has dado, está tu ser. Este es el rostro de Cristo donde reside todo ser. Esta es tu verdadera identidad.

20.25 El agradecimiento es la naturaleza de tu ser. No podría ser de otra manera cuando el asombro y la magnificencia te abarcan en el abrazo. Tu corazón canta en gratitud por todo lo que eres. Tú eres la belleza del mundo y la paz mora en ti.

20.26 La paz es el fundamento de tu ser. No es una paz que implique ausencia, sino una paz que implica plenitud. La plenitud es pacífica. Solo la separación crea conflicto.

20.27 El amor es la fuente de tu ser. Fluyes del amor en un brotar sin fin. Eres, por tanto, eterno. Eres inocente y puro porque fluyes del amor. Y lo que fluye del amor no cambia ni tiene fronteras. Eres un ser ilimitado.

20.28 El poder es la expresión de quien tú eres. Como eres inalterable y sin límites, eres todopoderoso. Solo la falta de expresión conduce a la falta de poder. Ninguna expresión auténtica es posible si no reconoces quién eres. Reconocer quién eres y no expresarlo con todo tu poder es el resultado del miedo. Conocer la seguridad y el amor del abrazo es no conocer motivo alguno de miedo, y por tanto entrar en posesión de tu verdadero poder. El verdadero poder es el poder de los milagros.

20.29 Los milagros son expresiones de amor. Puedes pensar en ellos como actos de cooperación. La santidad no puede ser contenida y no está en tu poder el ponerle límites. Sentir la santidad del abrazo es liberar su poder. Y aunque expresión y acción no sean lo mismo, es esencial comprender la relación entre ambas.

20.30 Las expresiones del amor son tan incontables como las estrellas del universo, tan copiosas, tan bellas y con tantas caras como las piedras preciosas de la tierra. Digo una vez más que la mismidad no es una sentencia de mediocridad ni de uniformidad. Tú eres una expresión única del mismísimo amor que existe en toda la creación. Así, tu expresión del amor es tan única como tu Ser. Es mediante la cooperación entre expresiones únicas de amor como la creación continúa, y como los milagros se convierten en sucesos naturales.

20.31 Esta cooperación resulta natural cuando el miedo ha sido rechazado. Durante mucho tiempo abrazaste el miedo y rechazaste el amor. Ahora lo contrario es cierto. Esta inversión ha cambiado la naturaleza de tu universo y las leyes con las que opera. Las leyes del miedo eran leyes de lucha, de límites, peligro y competencia. Las leyes del amor son leyes de paz, abundancia, seguridad y cooperación. Tus acciones y sus resultados en un universo de amor serán naturalmente muy distintas de tus acciones y sus resultados en un universo de miedo. Cuando elegiste el miedo, tú estableciste las leyes del universo. Las leyes del universo de amor fueron dadas por Dios.

20.32 Aceptar tu verdadero poder es aceptar la autoridad que Dios te da, mediante tu libre albedrío. Cuando supliqué a mi Padre diciendo no saben lo que hacen”, estaba expresando la naturaleza de mis hermanos y hermanas como algo provocado por el miedo. Aceptar tu poder y la autoridad que te da Dios, es saber lo que haces. Permite que el miedo sea retirado de esta área de tu pensamiento, para que puedas ver la utilidad de la acción cooperativa. Mientras sigas teniendo miedo de tu propia capacidad para saber lo que haces, no puedes ser plenamente cooperativo.

20.33 El resto del universo, que existe en un estado de libre albedrío compasivo, libre de miedo, sabe lo que hace. No hay fuerzas opuestas que no estén de acuerdo al respecto de su oposición. Los átomos no batallan. Las moléculas no compiten por el dominio. El universo es una danza de cooperación. Solo se te pide que te vuelvas a unir al baile.

20.34 El abrazo te ha vuelto a sintonizar con el latido del corazón, con la música del baile. Si no has sabido lo que hacías, ni has sabido qué hacer, es solamente debido al miedo, es solo porque estabas fuera de armonía con el latido único. El mundo, el universo, es tu compañero, y solo ahora puedes escuchar la música que otorga gracia a todos tus movimientos, a todas tus acciones, a todas tus expresiones de amor. Aunque esto pueda parecer un lenguaje metafórico, no lo es. Atiende, y oirás. Escucha, y no podrás evitar regocijarte en la danza.

20.35 Antes de este momento no has sido capaz de ni siquiera imaginar que sí podías saber lo que haces. Esperas tener momentos de claridad al respecto de lo que estás haciendo en un determinado momento, respecto de lo que has hecho, o de lo que esperas hacer en el futuro. Pero incluso estos momentos de claridad son fragmentarios. Rara vez tienen relación con el todo. El saber lo que haces proviene de existir dentro del abrazo. Sabes que cumples la voluntad de Dios porque estás aunado con esa voluntad.

20.36 La amargura y la incertidumbre son reemplazadas por la esperanza. La esperanza es la condición del iniciado, nuevo en la constatación de que tiene un hogar dentro del abrazo. Es la respuesta que, ante todo lo que acabas de leer, dice: “ah, si tan solo fuese verdad; si tan solo pudiera ser verdad”. Observa cómo todo cambia entre este “si tan solo” y los “si tan solo” de los que hablábamos antes, aquellos “si tan solo” del miedo. Si en estos nuevos “si tan solo” depositaras la mitad de la fe que depositas en los “si tan solo” del miedo, toda la certeza de la que he hablado sería tuya.

20.37 Saber lo que haces es un conocimiento del momento presente. No se trata de hacer planes, sino de reconocer momento a momento quién eres, y actuar a partir de esa identidad amorosa, y se trata de saber que al hacerlo estás en armonía y disfrutas de la plena cooperación de todo el universo.

20.38 La esperanza es una manera de actuar como si el mejor resultado que puedas imaginar pudiera realmente ocurrir. La esperanza es estar dispuesto a aceptar el amor, la gracia y cooperación que fluyen del amor. La esperanza es estar dispuesto a pedir ayuda y creer que llegará. La esperanza es la razón y el resultado por los cuales rezamos. La esperanza reconoce la bondad del universo y no tiene uso para las cosas. El servicio se invoca y se apoya tanto en lo animado como en lo inanimado. El servicio reemplaza todo tipo de uso, y el aprecio reemplaza la insensibilidad con la que antes se daba el uso.

20.39 Todo servicio es cooperativo y se apoya en una creencia en el beneficio mutuo. Todo miedo de que lo que es bueno para uno no lo sea para otro es reemplazado por una comprensión de que cada cual se merece sus deseos. La noción de “a cada cual” reemplaza a la condición de “coseidad”, pero no a la de unicidad. Todo miedo de que lo que uno obtenga vaya a dejar de estar disponible para otro, es reemplazado por una comprensión de la abundancia. Toda noción de obtener o conseguir es reemplazada por la de recibir. Y todo lo que se recibe es para el beneficio mutuo de todos y no le quita nada a nadie. No hay límites para el amor, y por tanto no hay límites para lo que fluye desde el amor. Todo el mundo se beneficia de aquello que le beneficia a uno.

20.40 Recibir es un acto de mutualidad. Surge de una ley básica del universo expresada al decir que el sol brilla y la lluvia cae por igual sobre los buenos que sobre los malos. Todos los regalos de Dios son otorgados por igual y se distribuyen en igualdad. Es tu creencia en que no es así lo que produce juicio. Todos los que creen tener “más” caen en la trampa de la rectitud moralista. Todos los que creen tener “menos” caen en la trampa de la envidia. Ambos “caen” de la gracia y limitan su capacidad para recibir. No se recibe regalo ni don alguno cuando todo regalo es juzgado. Aunque el regalo sigue siendo dado, el juicio cambia su naturaleza limitando su capacidad para servir. Cuando uno siente que no puede “usar” un don, lo descarta. De esta manera, muchos de tus tesoros yacen estériles.

20.41 Lo que le ha sido dado a cada cual es lo que os servirá en vuestros propósitos. Tus dones no pueden ser más perfectos, pues son expresiones del amor perfecto de tu Padre por ti. Observa en lo profundo de tu interior y siente la alegría de tu corazón. Tu construcción no fue un error. No tenéis defectos. No sois carentes. No querrías ser distinto de quien tú eres, excepto cuando te entregas a los juicios. Observa en lo más profundo y entenderás que aquellas cosas que ves como imperfecciones son algo tan elegido y apreciado como todo lo demás.

20.42 No querrías ser distinto de quien tú eres. Puedes reconocer que esto es verdad, o puedes quedarte con fantasías, deseando lo que otro tiene o bien deseando cierta clase de éxito, fama o riquezas que parecen imposibles de alcanzar. De todos modos, ya sea que sepas que es verdad o ya sea que no lo sepas, esto es así: no querrías ser distinto de quien tú eres. En esto reside tu paz y tu perfección. Y como no querrías ser otro, entonces necesariamente eres perfecto. Esta conclusión es lógica para la mente y creíble para el corazón, y su aceptación es un paso hacia la incondicionalidad, hacia la plenitud de corazón.

20.43 Creer en tu perfección y en la igualdad de tus dones te da tranquilidad, pues te libera de tratar de adquirir aquellas cosas de las que antes pensabas que carecías. Te libera del juicio porque reconoces que tus hermanos y hermanas son también seres perfectos. Cuando comiences a verlos como tales lo que recibirás de ellos será mucho más grande que cualquier cosa que antes pudieras haber deseado obtener de ellos.

20.44 Tu pensamiento comenzará a cambiar para reflejar tu reconocimiento de la recepción. La recepción y la invitación están estrechamente vinculadas. Hallarás que eres invitado y se te da la bienvenida a todos los dones que reconoces en tus hermanos y hermanas, así como ofrecerás libremente los tuyos para servirles. Servir en vez de usar conlleva un enorme cambio en el pensamiento, en el sentimiento y en la acción. Convertirá inmediatamente al mundo en un lugar más amable y gentil. Y esto es solo el comienzo.

20.45 Sin embargo, servir se diferencia de tus ideas de servicio. Estas últimas están vinculadas a tus ideas sobre la caridad. Tu idea sobre la caridad se basa en la idea de que unos tienen más y otros menos. Debes entonces ser consciente de esta diferencia entre servir y el servicio. Y para esto te ayudará tener presente que utilizamos la idea de servir para reemplazar a la de usar, que es su opuesto. Ella reemplaza la noción de conseguir con la noción de recibir. Implica que se te invita a todos los regalos del universo, y que estos pueden ser dados asimismo a través de ti hacia los demás. Conlleva disposición en vez de resistencia. Que tu pensamiento y tus sentimientos cambien desde una expectativa de resistencia a una de disposición, es otro paso crucial en el camino hacia la incondicionalidad. Cuando tus acciones cambian desde la resistencia y el uso hacia las de estar dispuesto a servir y a ser servido, eso no solo te ayuda a ti y a tu paz, sino que también le brinda paz al mundo.

20.46 Antes de que comiences a oponer resistencia ante la noción de que tú podrías tener algo que ver con la paz mundial, constata que ya has reaccionado naturalmente con resistencia. Debes reemplazar tu predisposición a creer en tu incapacidad y pequeñez, por estar dispuesto a creer en tu capacidad y en tu poder. No recuerdes las preocupaciones de tu ego sino la calidez del abrazo. No recuerdes tu identidad personal sino tu identidad compartida.

20.47 Tus preocupaciones personales son preocupaciones que se te ha enseñado a creer que tienes. Son pequeñas preocupaciones, y se encuentran entre las razones por las que crees en tu incapacidad para efectuar cambios en tu propia vida y, por supuesto, en la vida más amplia del universo. Necesitas comprender que, cuando piensas en tu vida personal, en tus preocupaciones personales y en tus relaciones personales, te estás separando de la totalidad. Son una cuestión de percepción, son las cosas que tu mente está entrenada a considerar como dentro de su alcance. Es como si hubieses acordonado una pequeña área de la vida y dijeras: “estas son las cosas que se relacionan con mi existencia y conmigo, y son lo único por lo que necesito preocuparme”. Aun cuando piensas en expandir tu visión, estimas que esa expansión no es realista; crees que no puedes hacerlo todo, que no puedes lograr la paz mundial, pues apenas puedes mantener en orden tus cuestiones personales, y tu esfuerzo por hacerlo es lo único que se interpone entre tú y el caos.

20.48 Pero tu corazón tiene otro alcance, una mirada diferente. Es la mirada desde dentro del abrazo, la mirada desde la perspectiva del amor. Es la mirada de los moribundos, que constatan que nada importa excepto el amor. Esta constatación no proviene del sentimentalismo, del remordimiento ni de vanas esperanzas. Es la mirada desde el abrazo, el regreso al latido único, el regreso a lo que es conocido. A este conocer lo puedes llamar sabiduría, y puedes pensar en él como un ideal alcanzable del pensamiento. Sin embargo, no tiene nada que ver con el pensamiento, puesto que está más allá de este. No es sabiduría, sino la verdad. La verdad es aquello que existe. Lo falso es ilusión. El amor es lo único que importa, pues el amor es lo único que hay.

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Publicado 5 mayo, 2014 por qadistu en amor, discernimiento, ego, verdad

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