Un curso de amor. 27. Ser   Leave a comment

imagen corazón en círculo[— Un curso de amor, compuesto de tres libros en inglés, en sus primeras ediciones, fue transmitido por Jeshua en comunión con Mari Perron, y publicado en el 2001. Aparte de esa edición en tres volúmenes, fue publicado en uno solo, en inglés, en el año 2014.
— Para más información, libros en PDF, y listado de entradas, ver enlaces en el índice, puntos 4 y 5.
— Elijo publicar parcialmente los capítulos de este modo como método para elaborar tranquilamente, y acceder a, una traducción lo mejor posible de este maravilloso “nuevo curso de milagros”.
— Sobre el uso del idioma en las traducciones y el modo de revisarlas o hacerlas, ver las notas en esta entrada que iré completando.]

 

Capítulo 27. Ser

27.1 Volvamos ahora a lo que tu ser es. El ser es, así como el amor es. Has asociado “ser” con ser humano. En tu búsqueda de identidad, te confinaste a lo visible y descriptible. En consecuencia, has identificado la muerte como el único medio por el cual alcanzar la unidad con tu Padre, sabiendo que esa unidad no es compatible con la naturaleza humana que te asignas. En este único error residen todos los errores, pues ¿qué búsqueda puede llegar a buen término cuando la única respuesta a la vida parece ser la muerte? Es por este motivo que mi muerte y resurrección proporcionaron una respuesta y pusieron fin a la necesidad de respuestas.

27.2 El hecho de estar aquí no es algo fútil o sin propósito. Tu ser es en sí mismo todo propósito, todo honor, toda gloria. No hay un ser aparte del ser que está siendo. No hay un estar vivo y un estar muerto, un ser humano o ser divino. Solo ser. El ser es.

27.3 Sin embargo el ser, como el amor, está en relación. Por tanto tu propósito aquí, en vez del de encontrar sentido, es el de llegar a conocer por medio de la relación. Es al llegar a conocer por medio de la relación como llegas a conocerte a ti Mismo, a tu Yo.

27.4 Hemos declarado de diversas maneras el propósito de este Curso, y lo hacemos una vez más: el propósito es establecer tu identidad. La importancia de este propósito no puede ser subestimada. Veamos ahora por qué es tan importante.

27.5 Has quedado atrapado en un ciclo donde consideras a tu yo como algo importante durante un cierto período, y luego lo ves como carente de importancia durante otro período. Verlo como importante parece a veces una función del ego, y otras veces una función de lo divino. Te confundes entre el yo personal y el verdadero Yo, solamente porque aún no has reconocido a tu Yo verdadero. Una vez que lo hayas reconocido, toda esta confusión acabará.

27.6 Ya hemos dicho que la relación es lo único “conocido” en un mundo incognoscible. Ya hemos dicho que el único ser que no está más allá de los límites del conocimiento total es el Yo. Por tanto, todo se torna conocido a través del conocimiento del Yo.

27.7 Cuando constates plenamente que el único modo de conocer al Yo es a través de la relación, tus preocupaciones sobre la concentración en el yo desaparecerán. La vida no es un juego de opuestos entre el yo y otra cosa. La vida es una cuestión de relación. La vida no es una lucha de opuestos entre lo humano y lo divino, sino una relación entre lo humano y lo divino. La vida no es una lucha entre un ser vivo y otro, sino la relación entre todas las cosas vivientes.

27.8 Si solo a través de la relación puedes llegar a conocerte a ti Mismo, a tu Yo, solo puedes conocer a Dios a través de la relación. Cristo es la relación santa que existe entre todo y Dios, que proporciona la conexión que constituye el propio concepto de “entre”, así como mantiene la conexión de la unidad. Por tanto, tu relación con Cristo siempre fue y siempre será. Tu tarea aquí es llegar a conocer esa relación una vez más.

27.9 El pensamiento de Dios por el cual fuiste creado es sinónimo del Cristo en ti. Es tu relación con tu Fuente y con todo lo que Ella creó.

27.10 ¿Puedes comenzar a visualizar o a percibir tu verdadera identidad como la relación misma? ¿Y qué hay de Dios? ¿Puedes desaprender todo concepto y liberar tu mente para aceptar toda relación en su lugar? Si todo significado y toda verdad residen en la relación, ¿puedes ser algo distinto que relación? ¿Puede serlo Dios? ¿Puedes imaginar, en vez de objetos y cuerpos particulares, que la relación es todo lo que existe, y que por tanto es lo que tú eres y lo que Dios es? ¿Es tanta la diferencia entre decir que solo existes en relación y decir que solo existes como relación? Tú crees que sí, y sientes que solo al contemplar tal idea tu identidad queda aun más reducida, o que directamente careces de ella. Por tanto, es necesario que puedas sentirte seguro acerca del Yo que eres.

27.11 Ese establecimiento de tu identidad que procuramos aquí no es solo para que puedas comprenderte mejor a ti mismo o a tu mundo, o incluso para que puedas traer el Cielo a la Tierra. Estas son metas complementarias pero, como hemos dicho antes, no son metas que puedas lograr “por tu cuenta”, ni con el concepto que ahora tienes de ti mismo. Así como puedes mirar a tu alrededor y ver que no hay dos cuerpos iguales en esta tierra, el Yo que tú eres es un Yo único. Un Yo de relación no implica que ese Yo sea el mismo que el de todos los demás. Pero sí implica un Yo que es esencial para todos los demás. Tú importas, e importas como parte interactiva de la relación que la vida es. Ya estás realizado como quien tú eres. Todo se cumple en unidad. En la separación meramente luchas por todo lo que ya es tuyo en relación. La relación es unidad, y la relación es tu estado natural. Es quien tú eres.

27.12 El hecho de que no comprendas no significa que no estés aprendiendo la verdad. No comprendes porque piensas en términos de singularidad en vez de unidad. Por eso este Curso no se ha concentrado en tu pensamiento. En cambio, te pide una vez más que te vuelvas hacia tu corazón en busca de la verdad que está escondida ahí, aunque esperando ser revelada. Tu corazón conoce la unidad, y no conoce ningún deseo de estar solo y separado. Tu corazón comprende la relación como su fuente de ser. Y tú no estás separado de tu Fuente.

27.13 Vivir en relación es vivir en el amor y vivir como quien tú eres. Vivir en relación es vivir en el presente. ¿Cómo aprendes a pasar de una vida en la separación a una vida en relación?

27.14 Vivir en relación es aceptar todo lo que ocurre en el presente como tu realidad presente, y como un llamamiento a estar en relación con ello. Es estar dispuesto a dejar de lado el juicio de manera que no consideras lo que “debería” ocurrir sino lo que está ocurriendo. Va más allá de la percepción de “otros”, hacia la relación y la plenitud. Vivir en relación es vivir en armonía aun en el conflicto. Es comprender que si el conflicto surge en tu presente, algo necesitas aprender de tu relación con el conflicto.

27.15 Vivir en relación es vivir desde tu centro, el corazón de tu Yo. Es contar totalmente con la relación en sí misma, dependiendo de ella antes que de la mente. De esta manera, tus acciones reflejan la respuesta apropiada a la relación que esté ocurriendo en el presente, en vez de reflejar tus nociones preconcebidas sobre los demás, los juicios que tu mente ha hecho con anterioridad y en los que te apoyas por hábito, o tus consideraciones acerca de qué es lo que podría conllevar esa situación para tu futuro. No es tu “yo” individual el que dicta tus maneras de responder a las situaciones, basándose en interpretaciones superficiales de lo que implican tales situaciones. Más bien es tu ser dentro de la relación, y en relación, el que responde desde el conocimiento adquirido a través de la relación.

27.16 ¿Cuántas veces, aun a pesar de tus mejores intenciones, ignorabas cuál sería la mejor manera de responder? Incluso cuando oras, dudas de si deberías hacerlo por resultados específicos o para que se cumpla la Voluntad de Dios. Temes ser un obrador de milagros porque crees que no vas a poder saber jamás a qué te llama esto.

27.17 A medida que aprendas a vivir en relación en el presente, esta confusión pasará. Tu relación te guiará con seguridad hacia la respuesta apropiada. Utilizo aquí la palabra “apropiada” no como medida de juicio, sino como indicación de que, para quienes viven en relación, existe una manera de tener certeza y de que su disposición para la acción no se vea estorbada por la incertidumbre. Toda incertidumbre es miedo. Todo miedo es duda acerca de uno mismo. ¿Cómo podrías no saber cómo responder cuando la duda se ha ido y ha llegado la certeza? ¿Cómo podría llegar la certeza sin una comprensión de la relación entre todas las cosas?

27.18 La comprensión de la relación entre todas las cosas, ¿significa que tendrás un poder que no es de este mundo? ¿Verás el futuro y el pasado, conociendo el destino y la suerte? En realidad tienes un poder que no es de este mundo, pero esto no significa “poder” tal como lo entiendes aquí, el poder de la información y los detalles en los que piensas cuando deseas o temes un destino profetizado. El poder del que hablamos es el poder del conocimiento.

27.19 ¿Cuántas veces has reconocido lo “mejor” que podías hacer sin conocer los detalles de lo que vino antes ni de lo que vendría después? A veces has actuado basándote en este conocimiento, y otras veces no. Vivir en relación proporciona un conocimiento constante de esta clase, un simple reconocer de qué manera las cosas están destinadas a ser. Es un saber que se siente dentro del corazón, una corazonada para la que no hay pruebas, pero de la que tendrás la certeza de la cual carecías hasta ahora. Los miedos característicos que has experimentado en el pasado no surgirán dentro de este conocimiento.

27.20 ¿Cómo reconocerás que has alcanzado el estado de gracia en el que fuiste creado, y que estás viviendo en relación? Lo sabrás por la certeza que sientas. Si no sientes esta certeza, ¿qué puedes hacer?

27.21 Ya estás preparado, ya estás preparada. Lo único que puede impedirte vivir una vida de amor es la falta de disposición a hacerlo. A esta falta de disposición le queda un solo origen. Tu disposición dependerá ahora de si confías o no. ¿Confías en estas palabras? ¿Confías en Dios? ¿Puedes confiar en ti Mismo, en tu Yo?

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