Un curso de amor. 29. Atención   Leave a comment

imagen corazón en círculo[— Un curso de amor, compuesto de tres libros en inglés, en sus primeras ediciones, fue transmitido por Jeshua en comunión con Mari Perron, y publicado en el 2001. Aparte de esa edición en tres volúmenes, fue publicado en uno solo, en inglés, en el año 2014.
— Para encontrar más información, libros en PDF, y un listado de los capítulos del curso en este formato blog, ver el índice en sus puntos 4 y 5.
— Elijo publicar parcialmente los capítulos de este modo como método para elaborar tranquilamente, y acceder a, una traducción lo mejor posible de este maravilloso “nuevo curso de milagros”.
— Sobre el uso del idioma en las traducciones y el modo de revisarlas, ver las notas en esta entrada que progresivamente iré completando.]

Capítulo 29. Atención

29.1 Atender es estar presente y estar al servicio. A esto nos referimos cuando te pedimos un compromiso con la vida que requiere de tu atención. Es al mismo tiempo una petición de concentración y de preparación, y una petición de un servicio que solo puede ser proporcionado en el presente por una mente y un corazón abiertos a los requerimientos del presente. Es la actitud apropiada para el tiempo de la ternura, es una actitud de ministerio.

29.2 No podrás reconocer tu función mientras sigas evitando la idea de servicio. Te des cuenta o no, sigues asociando el servicio con subyugar, particularmente en la idea de servir a una Voluntad superior o a una Causa superior. Algunos de vosotros lo asociáis con una falta de libre albedrío, falta de elección, con un derrotero que os llevaría a un rango de servidumbre. Otros lo conciben como caridad, y continúan viendo una diferencia entre quienes sirven y quienes son servidos. Muy pocos habéis integrado en la vida la definición de servicio propuesta por este Curso. Lo harás ahora, puesto que si no constatas el verdadero significado del servicio, o, por contraste, el verdadero significado del uso, no podrás llevarte lo que aquí has aprendido a tu compromiso con la vida.

29.3 Tú que tanto te has preocupado por saber qué hacer, has aceptado y al mismo tiempo has temido la idea de que se te pida alguna clase de servicio. En esto no hay ningún misterio, ya que en tu sociedad, la idea que se tiene sobre el servicio es la de un deber u obligación, como queda ejemplificado en el servicio militar. No tienes la noción, ni la tienen quienes te precedieron, de estar al servicio de Dios. Esto es un síntoma del reinado del ego y de la capacidad que el ego tiene para exaltar tu propia noción de ti mismo, así como para minimizarla. Servir a Dios no es ser su esclavo sino asistirle, darle a Dios tu atención y tu solicitud. Tú, que le dirías a Dios, gritando, “utilízame”, tan solo necesitas darle a Dios tu devoción y tu disposición a servir en vez de a usar.

29.4 Más aún, necesitas dejar que el universo te sirva antes que tratar de utilizar el universo para que cumpla tus fines. Esos ajustes en tu actitud hacia el servicio llevarán a cabo el ciclo de dar y recibir, y el comienzo de la plenitud.

29.5 Esto es verdad tanto para tu propia meta de incondicionalidad así como para cualquier otra meta de unidad más amplia, puesto que son la misma. La incondicionalidad o plenitud de corazón es la unidad recuperada. Tu regreso a la unidad es el regreso a tu pleno poder y a tu capacidad para estar muy literalmente al servicio de Dios y de tus hermanos y hermanas.

29.6 Si Dios mismo te hablase para explicarte cuál sería tu servicio hacia Él, simplemente te diría: mi niño, regresa a mí. Dios no tiene una Voluntad aparte de la tuya. Lo único que Dios busca de ti, de Él mismo y de todos Sus hijos, es el regreso a la unidad. El regreso a la unidad fue mi logro, y es todo lo que significa eso que tanto he repetido aquí: que solo tú puedes ser realizado. Tu servicio no es más que la dedicación a esta meta.

29.7 Mi regreso a la unidad logró esta meta para todos, puesto que todos sois uno en mí, y uno solo en la unidad. Por eso no necesitas preocuparte por nada más que por esta meta. Constatar que la meta ha sido alcanzada es constatar tu divinidad, un estado inalterado pero que necesita de tu reconocimiento y regreso.

29.8 Aunque al principio esta meta pueda parecer egoísta en su intención y obtener una ganancia individual, no es así. Un regreso a la unidad es un regreso a la unidad. Desde tu centro, el núcleo de la unidad, tu logro se extiende al mundo, así como una vez lo hizo el mío.

29.9 El tiempo de la ternura es el tiempo de tu acercamiento a la unidad. La restauración de la mente que es llevada a cabo aquí, es el medio de abrir la puerta a tu acercamiento. Nadie ha cerrado esa puerta. Fuiste tú, con tu propia mano, quien la cerró cuando partiste de tu hogar celestial, y no recuerdas que tu propia mano puede abrirla de nuevo. Es una puerta de ilusión, de niebla, de nubes que cubren el sol. Tu mano ya se ha extendido y tu luz está disipando la niebla. El portal a la unidad se encuentra ante ti, como un arco de luz dorada bajo un arco iris vibrando con los colores de la vida. La vida, no la muerte, es la que garantiza tu acercamiento. Y será Dios Mismo quien guíe tu entrada.

29.10 Muchos habéis notado la falsa y sistemática glorificación que habéis hecho de aquello que querríais imitar de la creación. También encontrarás un ejemplo de esto en el trabajo, pues todos reconocéis que de cierta manera el trabajo y el servicio van juntos. Así, en muchas culturas, el trabajo ha sido glorificado como si fuese el uso apropiado de la vida. Sin embargo, como hijo de tu Padre, tu trabajo es como el suyo. Tu trabajo es el de la creación. Tu creación es tu servicio al mundo así como el trabajo de tu Padre es su servicio a ti. Así como no puedes imaginar a Dios agotándose, tampoco deberías imaginarte a ti Mismo de esa manera.

29.11 Muchos pensáis que la vida misma es un esfuerzo agotador. Hay mucho que debéis hacer tan solo para poder seguir vivos, y cuando existe algo obligatorio, esperado o necesario, sois propensos a la rebelión, y a encontrar la manera de facilitar la tarea o de evitarla. Así es como los platos de cartón y las máquinas para lavar platos han eliminado lo ritual en la comida, y la producción en masa ha eliminado la satisfacción de lo hecho a mano. Aunque esto no sea ni bueno ni malo, la actitud de ver la vida como un afán agotador forma parte de vuestra rebelión contra la idea de servicio. No tienes tiempo para hacer más cosas que las que ya haces, y piensas en el servicio —si es que alguna vez piensas en ello— como algo que debe encajar aquí o allá, donde te resulte conveniente dentro de tu apretada agenda.

29.12 Es de suma importancia que constates que la obra de Dios tiene lugar fuera del tiempo, del mismo modo que todas las acciones de verdadero servicio o creación. Este concepto no se presta a la comprensión inmediata, pero es necesario que tengas fe en él. Es esencial para liberarte del concepto de afán agotador y para que aceptes tu función aquí.

29.13 Por muy saturado que esté tu programa horario de tareas, solo es un programa desde el punto de vista de tu percepción. Tu horario es solo otra manera de decir tu vida, por lo cual, si has considerado tu vida de esa manera, es absolutamente necesario tener una forma alternativa de ver la vida.

29.14 No habrá plenitud a tu alcance mientras sigas viendo la vida desde una perspectiva de horarios, agendas, planes y cosas para hacer. No habrá plenitud mientras sigas dividiendo tu vida en compartimentos con horas para el trabajo y horas para el ocio, sin considerarlas como lo mismo. La vida es la vida. La vida es, así como el amor es.

29.15 La vida es servicio a Dios. Dios es servicio a la vida. Eres Dios en la vida. Por tanto, eres vida y servicio a la vida, Dios y servicio a Dios. Todo el vasto universo fue creado de igual modo: para vivir y servir a la vida, para ser Dios y servir a Dios. Para servir y ser servido. Para proveer y ser provisto. Para que las necesidades sean satisfechas y para satisfacer las necesidades. Esta naturaleza circular del universo no deja a nadie desatendido. Sin embargo, no te percatas de ello.

29.16 La separación no hizo más que acentuar este funcionamiento y lo convirtió en algo difícil y desafiante, algo a ser cambiado. La separación acentuó este funcionamiento e hizo de él, así como del resto de la creación, algo que no es. La separación enfatizó este funcionamiento, pero no lo creó. La vida existe al servicio de sí misma. Y esto también podría decirse de esta manera: la vida existe en relación. La relación es la interacción dentro de la cual tiene lugar el servicio. El reemplazo de la idea de servicio por la idea de uso condujo a la existencia de las relaciones especiales. La idea de uso creó todas las ideas que dicen que el esfuerzo es el único medio de satisfacer las necesidades. La idea de uso creó toda noción de desconfianza, comenzando, como hemos dicho antes, por tus ideas acerca de usar ese mismo cuerpo que llamas “hogar”, en vez de permitirle estar a tu servicio.

29.17 El universo existe en relación recíproca o relación sagrada, en vez de en relación especial. Esta es la naturaleza misma de la existencia, del mismo modo en que la unidad es la naturaleza de la existencia y no ha cambiado ni puede cambiar, aunque tú no lo creas. Es una relación de gozo, pues la naturaleza de la relación es el gozo. Cuando hayas dejado de lado tu creencia en la separación, reconocerás esto.

29.18 La elección de cambiar tu creencia está ante ti. ¿Estás dispuesto a hacerla?

20.19 Así como una vez elegiste la separación, ahora puedes elegir la unidad. Como no sabías que la unidad era una posible elección, no la hiciste antes. Ahora te lo digo con toda claridad, la elección es tuya. Elige de nuevo.

29.20 Al hacer tu elección, recuerda que debe ser incondicional, de todo corazón, pues el poder de la elección reside en la incondicionalidad. Una mente y un corazón divididos pueden impedir que utilices todo el poder de la elección, pero no pueden impedirte reivindicar esta elección como tuya. Elige de nuevo y deja que el poder del cielo llegue para colmar la brecha entre tu mente y tu corazón, y te haga pleno una vez más.

29.21 Reclamar tu identidad y tu poder de hacer elecciones, son cosas que provienen de un lugar enteramente distinto al de la toma de decisiones. Reclamar guarda relación con la oración, y no es sino una petición, una petición de tu verdadera herencia. Has tenido la sensación de que necesitarías saber qué es lo que pides. Sin embargo, no puedes saber hasta que heredas. ¿Puedes tener fe en que tu verdadera herencia es aquello que realmente deseas, incluso sin saber de qué trata exactamente esa herencia? ¿Puedes seguirme en mi elección y aceptarla como tuya?

29.22 Tú, que durante tanto tiempo tuviste miedo de reclamar hasta tus más pequeños dones, échale una nueva mirada a la reivindicación de acuerdo con la definición que acabo de brindarte. Reclamar es también lo contrario de como lo has percibido hasta ahora, es decir, como reivindicar algo para ti mismo, como tuyo. Reclamas no para poseer o separar lo que tienes de lo que otro tiene, y luego llamarlo “especial”. Reclamas a fin de reivindicarte a ti Mismo, a tu Yo.

29.23 ¿Cómo puede ser que los talentos de uno consigan que otro sea menos talentoso? ¿Cómo puede ser que el servicio de uno le prive a algún otro del derecho a servir? No hay dos personas iguales. Solo en Dios todas son lo mismo.

29.24 Esta es la gran línea divisoria, la separación entre lo visible y lo invisible, lo divisible y lo indivisible. Solo los reunidos con Dios alcanzan el estado de unidad. Solo el estado de unidad existe.

29.25 Tus dones, tus talentos, el hecho de que seas único… son tu servicio. ¿Acaso no podrías verlo de este modo? ¿Acaso no llegas a entender la naturaleza recíproca del don? ¿Que lo que Dios ha dado tan solo necesita ser recibido? ¿Que lo que tú has recibido tan solo necesita ser dado? La indivisibilidad de Dios es simplemente esto: una incesante cadena de dar y recibir. Y esto es igualmente una definición de la unidad.

29.26 El servicio es solo otra manera de plantear esta ley de la creación, esta incesante cadena de dar y recibir. Todas tus preocupaciones acerca del futuro y del pasado no son más que preocupaciones acerca de la devolución de lo dado. ¿Qué regalos, en forma de oportunidades, no aceptaste en el pasado… o podrías no reconocer en el futuro? ¿Qué regalo de la fortuna, qué encuentro fortuito, qué decisión te podría haber cambiado la vida? ¿Qué deberías haber hecho que no hiciste? ¿Qué podrías hacer en el futuro si no tuvieses miedo de la dirección en la que podría llevarte tu elección? ¿Cuánta paz conocerías si constataras, si constataras de verdad, que todos los dones llegan de una sola vez y son para siempre? Ni el pasado ni el futuro importan. Todo está a tu alcance en el aquí y el ahora donde el dar y el recibir suceden.

29.27 Ninguna oportunidad de aprender o de crecer se pierde jamás. Cada una de ellas todavía existe, aunque no en el tiempo. Cada una de ellas todavía existe, pero en el presente. ¿Puedes reemplazar tu atención hacia el pasado o el futuro, con la atención al presente?

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Publicado 7 mayo, 2014 por qadistu en amor, discernimiento, ego, verdad

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