10. Paz. Los Tratados de Un curso de amor (I)   Leave a comment

imagen corazón en círculo[— Un curso de amor, compuesto de tres libros en inglés, en sus primeras ediciones, fue transmitido por Jeshua en comunión con Mari Perron, y publicado en el 2001. Aparte de esa edición en tres volúmenes, fue publicado en uno solo, en inglés, en el año 2014.
— Para más información, libros en PDF, y listado de entradas, ver el índice, puntos 4 y 5.
— Elijo publicar parcialmente los capítulos de este modo como método para elaborar tranquilamente, y acceder a, una traducción lo mejor posible de este maravilloso “nuevo curso de milagros”.
— Sobre el uso del idioma en las traducciones y el modo de revisarlas o hacerlas, ver las notas en esta entrada que iré completando]

Los Tratados de Un curso de amor. I. Un tratado sobre el arte del pensamiento.

Capítulo 10. Paz

10.1 Ahora, permíteme que trate el tema de la paz que todos habéis estado experimentando, así como vuestras reacciones ante ella. Es tan extraña para cada uno de vosotros que no podéis concebir que esto es lo que se supone que estáis sintiendo. Existe un núcleo de paz en el centro de ti mismo ahora, y los problemas con los que decidas tratar no lo afectarán en absoluto. Aunque puede que encuentres esto casi inquietante, no llegarás al extremo de quebrar esta paz.

10.2 Mi paz es tuya. Tú la has solicitado y te ha sido dada. Para no tenerla, tendrías que elegir no tenerla. Esto será tentador a veces. Te sorprenderá la falta de extremos en tus sentimientos, y querrás traerlos de vuelta. Experimentarás esta pérdida de extremos como una carencia. Pensarás que algo va mal. Sentirás esto particularmente cuando los que te rodean experimenten los extremos. Un amigo experimentará sentimientos en un nivel extremo, y esto parecerá decirte que este amigo está realmente vivo. Ya se trate de alegría o de pena, parecerá real de una manera en que la paz no lo parece. Parecerá tan humano que te verás arrasado por una ola de deseo de ser plenamente humano. Pensarás que este humano, que ha atraído tu atención, es alguien plenamente involucrado y que experimenta plenamente el momento. Pensarás que esto es lo que tú quieres. Y te repito que no importará que se trate de alegría o de pena, ya que tú te ves atraído o has sido atraído por ambas, y por la misma razón, por la razón de que deseas estar plenamente involucrado en la experiencia humana.

10.3 He aquí la experiencia que has creado, y, ¿cuántas veces has estado plenamente involucrado en ella? ¿Cuántas veces te has rendido ante esos altibajos? Te verás tentado a rendirte otra vez de la manera más humana posible. Llorarás y reirás por la intensidad de la experiencia humana. Esto es lo conocido que te verás tentado a no dejar marchar. Si las mayores de estas experiencias, como la pena más profunda o la alegría más abarcadora, no pueden apartarte de tu paz, te sentirás inhumano. Pensarás que no es esto lo que deberías ser, que esto no es lo que deberías sentir. Te preguntarás cuál es tu problema.

10.4 Esto es la tentación. La tentación de la experiencia humana. Esto es lo que tú sigues escogiendo por encima de la Paz de Dios. No se trata de una elección correcta ni incorrecta, pero es una elección. Utilizaste tu libre albedrío para continuar haciendo esta elección.

10.5 Tú empleaste tu libre albedrío para elegir la experiencia humana. ¿Estás dispuesto a usarlo ahora para elegir la Paz de Dios en su lugar? ¿Puedes elegir la paz incondicionalmente? ¿Puedes elegir la paz durante el tiempo suficiente como para acostumbrarte a la alegría sin la pena? Si no puedes, seguirás creando un infierno además del cielo, y perpetuarás la separación entre lo divino y lo humano. ¿Vale la pena el cielo lo bastante como para abandonar el infierno?

10.6 Estos extremos de la experiencia humana han sido dispositivos de aprendizaje. Han abierto corazones y mentes a la presencia divina interior. Tú los has escogido por esta precisa razón. Pero ahora puedes ser un observador y considerarlos como las elecciones de aprendizaje de tus hermanos y hermanas, sin elegir volver a aprender de la misma manera otra vez. Tú ya no necesitas estas experiencias para que te alerten sobre la presencia divina. Una vez que has aprendido a leer, no tienes que volver a aprender a hacerlo una y otra vez, aunque vayas a leer durante toda una vida. Puedes seguir experimentando la vida y aun así llevar la Paz de Dios dentro de ti. Mientras vives en paz, puedes ser un ejemplo para tus hermanos y hermanas, un ejemplo que dice que existe otra vía.

10.7 ¿Se te está pidiendo que abandones los extremos? Sí. Se te está pidiendo que abandones todo aquello que podría arrebatarte la paz. Pero, tal y como se te ha dicho con anterioridad, no estarás abandonando nada. Parecerá que sí durante algún tiempo, quizás. Seguirás sintiéndote atraído por aquellos que viven en los extremos, y no existe ninguna razón por la que no puedas disfrutar al observar la felicidad de los demás o sentir compasión por su sufrimiento. Pero no necesitas formar parte de ello, y no puedes formar parte, si es que vas a llevar la Paz de Dios dentro de ti.

10.8 Esto es lo que hemos querido decir con las muchas referencias que hemos hecho a que Dios no ve el sufrimiento. Dios existe contigo en la paz. Cuando tú sientes paz, sientes la Paz de Dios. No existe ninguna otra paz. No existe ningún otro Dios. Lo creas ahora o no, te garantizo que en la Paz de Dios se encuentra toda la alegría que has reconocido en la experiencia humana, y nada de la tristeza.

10.9 Cada uno de vosotros tendrá una experiencia que recordar, una experiencia de profunda alegría o tristeza que también se convirtió en una experiencia de profundo aprendizaje. Pensarás que, sin experiencias como esa, no serías quien ahora eres. Pensarás que no es posible que te esté pidiendo que abandones ese tipo de experiencias. ¡Pero ya las has tenido! No te pido que las abandones. Ahora tan solo te pido que hagas una nueva elección.

10.10 Tu recuerdo de estos acontecimientos es lo que ejerce tal dominio sobre ti, que parece que no querrías elegir la Paz de Dios. Pero mira más allá de lo que has recordado hacia lo que realmente estaba allí. Ningún momento de verdadero aprendizaje llegó nunca sin la Paz de Dios, porque sin la Paz de Dios ningún verdadero aprendizaje es posible.

10.11 Separemos las experiencias que podrías llamar “cumbre” de las experiencias extremas que te sirvieron como dispositivos de aprendizaje. Las experiencias cumbre a menudo siguen a ocasiones de felicidad o de trauma, pero no ocurren dentro de ellas. Cuando escoges únicamente la Paz de Dios, las experiencias cumbre son lo que a partir de ahora puedes esperar con ilusión, en vez de buscarlas mirando hacia el pasado.

10.12 Los extremos que decimos que hay que dejar atrás son los extremos de la reacción a una lección escogida. Lo que se te pide que dejes atrás es la necesidad de esas lecciones. Si has aprendido el programa de estudios, ¿qué otras lecciones necesitas? ¿Qué conocimiento calmado no puede llegarte en la paz? ¿Por qué creerías que puedes aprender de la agitación de los extremos lo que no puedes aprender en la paz eterna?

10.13 Esto es lo que tú has creído, y la razón por la que todavía no has elegido aceptar tu herencia. Sin embargo, permite que el recuerdo de la verdad regrese a ti ahora, y verás que la paz es lo único que has esperado poder alcanzar con el aprendizaje. Si no te detienes ahora y aceptas que ya se encuentra aquí, no conocerás la Paz de Dios, que es tu propio Yo, tu propio Ser.

10.14 La Paz, la encuentres como la encuentres, tome la expresión que tome, y uses las palabras que uses para describirla, es tu respuesta a Dios y la respuesta de Dios a ti. La Paz es la herencia que yo te he legado, la paz del cuerpo, la mente y el corazón. La Paz es el ámbito de los milagros, la condición del incondicional, el prerrequisito del arte del pensamiento, la descripción del cielo, la morada de Cristo. La Paz te ha llegado a ti, y tú has llegado a la Paz.

10.15 Aquí tienes ahora tu última instrucción. Tú, que has encontrado la paz, vive en paz. Tú, a quien se le ha entregado la Paz de Dios, ve en Paz. Propaga la paz por toda la tierra. Ve en paz, con amor y ayudando a los demás. Porque al hacerlo, vuelves a casa, y traes contigo a todos los hermanos y hermanas que has llevado hasta la paz. Ve en paz para amar y servir con todo tu corazón. Así, somos un solo corazón, una única mente, una unidad. Así somos uno en una relación de amor y de paz, que es nuestro hogar eterno. Bienvenidos a casa, hermanos y hermanas en Cristo. Bienvenidos a casa.

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