«Final». Haskell en comunión con Jeshua. «Viaje más allá de las palabras». Un Curso de milagros RELOADED   Leave a comment

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[Podéis mirar en la página de índices de este autor para encontrar los enlaces a estos textos traducidos, etc. —con por ejemplo la traducción completa de lo que estamos retocando aquí con ayuda del texto en inglés, etc.

Esta transmisión maravillosa aparenta haber sido dada claramente por la misma voz que dictó Un curso de milagros (UCDM), y que habló por la personalidad de Jesús.

El siguiente capítulo sirve como acompañamiento —más o menos— para las lecciones de la 358 hasta el final del libro de ejercicios de Un curso de milagros (UCDM), según las indicaciones del propio Haskell en su texto publicado.]

Final [lecciones 358-]

Saludos de nuevo. Soy Jeshua. Hoy vengo
a seguir contigo mi comentario sobre
Un curso de milagros.

Este año pasado has elegido dedicarlo a tu Ser.
Este año pasado has elegido dedicarlo a Dios.
Y, lo sepas o no,
me lo has dedicado a mí,
y a cada hermano que camina por esta vida contigo.
Y escúchame bien, todos ellos son lo mismo.
Este año has elegido dedicarlo
al discernimiento de la verdad,
de la verdad dentro de ti: que TODO ES UNO.

Te he hablado de muchas cosas.
Este día no es para repasar.
Este día es para el amor, para la paz, para la esperanza y el coraje.
De ahora en adelante te moverás en tu mundo,
a través de tu vida, como un ser diferente.
No te sería posible pasar un año
con este curso de milagros,
con tu Ser, conmigo y con Dios,
y seguir sin cambiar.

Tú no eres diferente de tu realidad.
Pues ella no cambia.
Tú eres el Hijo de Dios y eso permanecerá así,
independientemente de tus fantasías, tus ilusiones,
tu espacio, y tu tiempo.
Pero, como personalidad, como un ser humano individual,
no puedes seguir siendo el mismo,
ahora que nos has dado este año a todos nosotros.

Este año hemos hablado de muchas cosas.
Tras todo ello está la simple meta de la creación:
paz, absoluta paz,
gozo, absoluto gozo,
y simple, desenfrenada felicidad.
Esa es la Voluntad de Dios para ti, y para toda la Creación.
Esa es mi voluntad para ti.
Esa es tu propia voluntad para ti mismo y todos tus hermanos.
Y aunque lo imagines de otro modo,
sigue siendo así.

La paz de Dios no sabe de dudas,
no sabe de vacilación,
no sabe de incertidumbre,
no sabe de miedo.
Verdaderamente, la paz de Dios va más allá del entendimiento.
No es algo que nosotros podamos decir con palabras.
Es algo que tú experimentas dentro de tu ser.
Cuando esa experiencia viene, no viene sola como tuya propia,
sino también como de cada hermano.
Así, ten por seguro que a medida que experimentas la paz de Dios,
la extiendes a tus hermanos.

No tengas la sensación de que podrías persuadir a otros
acerca de la paz de Dios, con tus palabras y con tu pensamiento.
Date cuenta de que las palabras son meros vehículos de comunicación,
diseñados solamente con el propósito de generar experiencias
y discernimiento más allá de las propias palabras.
Cuando la EXPERIENCIA está ahí,
las palabras son libres para marcharse.
En verdad, en el Cielo no hay palabras,
solamente paz.

Te he hablado de tu pensamiento.
Te he dicho muchas veces que tu meta no es pensar,
sino ir más allá de tu pensamiento,
ir más allá de tu analizar y de tu debate interno,
más allá de tu sensación, o sentimiento,
de que debes ELEGIR lo que vas a hacer,
decir, o adónde vas a ir.
Porque eso siempre genera conflicto.
Y la paz de Dios es algo sin conflicto.

Te he hablado muchas veces de tus valores,
y de cómo es que tus valores
crean la creencia en lo que tú eres,
tu creencia en lo que este mundo es,
y toda tu creencia en lo que DEBES hacer,
y por tanto, tu creencia en la elección en sí misma.
Te he dicho que no valores las cosas de este mundo
porque ellas no son parte de ti.
Y ellas no tienen que ver con
tu verdadera naturaleza como Hijo de Dios.

Así pues, sin tus valores
no te enfrentas con el dilema de la elección.
Entonces, la elección se convierte en libertad.
Tú nunca tienes que elegir entre dos opciones,
porque siempre lo tienes todo.
Escúchame muy bien.
Tú ERES el Hijo de Dios.
Dios te ha dado a ÉL Mismo.
Y, verdaderamente, lo TIENES todo.
No hay nada que no sea tuyo,
nada que te puedan quitar,
nada que te puedan agregar.
Pues estás completo.

Y en tu plenitud, eres libre.
Eres tan libre que, verdaderamente, todo lo que experimentas
es de tu propia fabricación y tu propia elección.
Regocíjate de saber eso.
Porque en el discernimiento de que todo es de tu propia creación,
se encuentra el discernimiento de la auténtica libertad.

Así es que te dije
que tú eres el Hijo de Dios, co-creador de Todo Lo Que Es,
creado en absoluta libertad,
siempre absolutamente libre.
No hay opuesto a Dios
que pueda quitarte tu libertad.
Y, sobre todo, tu imaginación de que tú no eres libre
no puede tener ningún efecto sobre el hecho de que sigues siendo por siempre libre.

Cada hermano es tan libre como lo eres tú.
En vuestra libertad, juntos, os hacéis Uno.
Porque toda tu libertad, todo pensamiento, toda acción,
es aceptada y es honrada por todo hermano,
en tanto que es aquello que tú deseas.
De igual modo, eres consciente de cada pensamiento,
cada acción, de cada hermano.
Y tu verdadera naturaleza honra y acepta
eso que cada hermano desea.
Así es como la Vida es una existencia en gran armonía,
más grandiosa que todo lo que tu mente pudiera imaginar.

Te he dicho que tus fantasías sobre el mal,
el pecado, la culpa, la tristeza,
y la miseria, la enfermedad y la muerte
son verdaderamente solo eso, fantasías.
Te he dicho que en tu silencio,
cuando dejes ir tus pensamientos,
escucharás la Voz de Dios,
que te llevará más allá de todas las miserias del mundo.

Te he pedido que des un salto de fe.
Al final, ese salto es tu avance, tu crecimiento,
tu movimiento hacia el punto en el cual puedas decir victorioso:
“no sé”.
A medida que tú, con tu mente pensante, dices,
“no sé”,
te abres a ti mismo a la Unicidad que todos compartimos.
Y entonces, desde la Unicidad, SABRÁS.
Sabrás, sin elección y sin conflicto.
Simplemente VIVIRÁS tu vida.
Serás bendecido.
Y serás libre.

Así es que tú eres Dios, co-creador de Todo Lo Que Es.
Eres libre para hacer y ser lo que te imagines.
Sin embargo, no puedes ser otro distinto a lo que Dios ha creado.
Así es que tú y tu hermano sois UNO.

Este mundo está basado en la creencia de que los seres pueden estar separados.
La piedra fundamental con la que se construye este mundo es el miedo
que procede de la creencia en la separación.
La separación no es tal.
Te he dicho que tu hermano es Tú Mismo, tu Ser.
Te he dicho que todo lo que das, le es dado a Ti Mismo, a tu Mismo Ser.
Sobre esto no tienes elección.

Tu hermano es una vía hacia tu libertad y tu salvación.
Porque cuando ves a tu hermano como tu Ser,
entonces LE permites tu propia libertad.
Tú lo liberas de tu propio pecado.
Lo liberas de tu propia culpa.
Y al reconocer que él no puede morir,
encuentras tu propia vida eterna.
Pero, por otro lado,
cuando extiendes tu rabia o tu miedo
hacia tu hermano,
verdaderamente atraes eso hacia ti mismo.
Tú eres Dios, eres libre, y ERES tu hermano.

Te he hablado de la ausencia de tiempo y de espacio.
Tú eres Espíritu.
No eres un cuerpo.
No eres de este mundo.
Verdaderamente puedes andar por este mundo en paz y alegría,
en tanto te guste, y tan a menudo como te guste hacerlo.
Simplemente nunca te dejes atrapar
por la creencia de que este mundo,
su tiempo y su espacio y sus cuerpos, incluyendo el tuyo,
tiene algo que ver con lo que tú eres en Espíritu,
como el Hijo de Dios.
El mundo no contiene nada que tú desees.
No hay nada aquí de valor,
simplemente porque nada tiene ningún efecto
sobre lo que tú eres como el Hijo de Dios.

Te he hablado de la ausencia del tiempo, del Instante Santo,
que es el momento en el cual te encuentras totalmente abierto a recibir
y a dar todo lo que tú eres a todos los seres, a toda la Creación,
sin culpa, sin sacrificio,
sin reservas, y sin excepción.
En el Instante Santo conoces tu propia plenitud,
y consumación.
Eres libre de aceptar a cualquiera y a cada uno de tus hermanos exactamente tal y como son,
reconociendo que siempre eres libre.

En el Instante Santo no hay pasado,
y por supuesto, no hay pecado ni culpa.
No hay futuro,
y, por supuesto, no hay miedo.

En las lecciones finales, te aconsejo usar estas palabras
como un constante recordatorio de ti mismo
“Te entrego este Instante Santo” (L361).
Pues cuando permites que el Instante Santo SEA,
y no llevas contigo el pasado, con su pecado y su culpa,
o bien el futuro y su miedo,
entonces, lo que quedará, es el niño que tú eres,
el Hijo de Dios.
Vivirás en libertad,
en gozo,
en paz,
en certeza,
porque no habrá dudas sobre tu ser.

Así, a tu ritmo, en este año te has acercado a un final.
Pero no hay finales ni comienzos.
De ahora en adelante, cuando camines por esta tierra, ve en paz.
Ve en la comprensión de que eres el Hijo de Dios.
Ve con la seguridad de que eres libre para ser y experimentar
todo lo que tú quieras.
Ve con el reconocimiento de que tu hermano es tu Ser,
y de que todo lo que se merece es gratitud y amor.

Cuando vayas por el mundo ve en paz, en libertad.
Y en el Instante Santo, cuando estés sentado y en calma,
llegará siempre a tu mente
el discernimiento de qué es
lo que verdaderamente ansía tu Ser Real,
el Hijo de Dios,
de qué es lo que desea verdaderamente hacer.
Y entonces, seguirás ese camino sin reservas.

Y te aseguro que nunca irás solo.
No te es posible estar solo.
Si te sientes solo alguna vez,
detente y quédate en silencio,
deja que el pasado y el futuro se vayan,
y mora, aunque sea por un momento, en el Instante Santo.
Y yo estaré allí.

Ve entonces en paz,
con amor y en libertad,
sabiendo que JAMÁS estarás solo.
Verdaderamente, tal y como dije hace dos mil años,
y tal y como hoy todavía es verdad
y lo seguirá siendo en todo tiempo,
“nunca te dejaré desamparado”.

Bendiciones para todos. Eso es todo.

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