La familia, esa enfermedad venérea (interludio)   2 comments

imagen corazón en círculo

Todo es nuestra creación, cosas como la familia lo son.

Haremos aquí como Yeshua en el curso de milagros, que no se corta un pelo a la hora de poner este mundo en su lugar —llamándole, tan graciosamente, “matadero” y otras lindezas por el estilo, para que así quizá podamos afrontar el miedo y el auto-ataque desde el cual venimos a hiperpoblar estas locuras… a fabricarlas, en el cinema universal, con nuestras decisiones.

Y es que quizá no viene mal a veces jugar a ensayar “juicios drásticos”, y dramáticos… para quizá así terminar de sacar de nuestro interior, de sacar a la luz… nuestros miedos, nuestro auto-ataque (la célebre, universal, e insi-Diosa culpa).

De cierta manera nuestras creaciones parten del miedo, y de cierta forma estamos depurando ese simple hecho.

Así, en tanto que institución, “la familia” es el foco de infección de la enfermedad que llamamos la “vida”, la “existencia”.

¡Y qué serios nos podemos llegar a poner sobre estas cosas, sobre “la vida”…, “la existencia”…, cuando en realidad solo son enfermedades…, y que solamente deberían provocarnos una sana risa!

No solo serios, sino que debe haber como billones de hojas de papel escritas sobre “el tema”… 🙂

La vida es tan enfermiza…, ya que normalmente vivimos en creencias, es decir, en lo falso.

¿Creencias?

Sí, creemos básicamente que “la vida” nos viene de afuera, de lo que vemos. Creemos que es necesario sufrir… que alguien nos puede dañar… todo eso.

Entonces sí, ahí las tenemos… a las creencias, en vez de la “Certeza creadora”.

Vivimos así por defecto, es nuestro inconsciente partir aparentemente de cero… de nuevo desde cero… es el inicio de todo aquí en este mundo-juego.

Y ello está muy reforzado por la mera forma biológica en que venimos: esos cuerpos tan desvalidos… y, ¡oh, plan divino! para colmo, y en el colmo de los colmos de “lo humano”… tan doblemente desvalidos: natural y socialmente inanes.

Aunque ahí tenemos… en este sistema… configurada nuestra apertura a una infinita posibilidad, claro está.

Así que volviendo a nuestro ensayo de juicios… manufacturamos todo este engendro familiar para hacernos creer eso relativo al “afuera”…, y creer así que todo esto es de lo más natural.

Pero, por un lado, todo es sencillamente grotesco: cuerpos saliendo de cuerpos… con esa infinidad de dramas… “criminales”… en la inconsciencia de este mundo de encuentros caóticos, de planificaciones dementes, de promesas tristes, de condenas en vida, de muertos en vida, de tristeza programada…, de mierda.

Digamos que el nuestro sería un estado “poco evolucionado”…, si queremos verlo así… pero digamos que es un estado “necesario” 🙂 …, como todo lo es y lo fue siempre. Y es que todas las posibilidades habrán sido necesarias en esta infinidad de universos y de sistemas de realidad que se habrán creado desde “el error original”, y para que el Amor que somos pueda experimentarse desde fuera, re-conocerse…, descubrirse queriendo ser lo que es.

Así que siempre vivimos en el mejor de los mundos posibles. Y, si no lo aceptamos o no aceptamos eso…, pues peor para nosotros, ya que entonces lo recrearemos una y otra vez… en los consabidos y absurdos “ciclos del alma”… pues nada se cambia “desde fuera”.

Este mundo es nuestra creación de cabo a rabo… pues no dejamos de ser nunca una unidad creadora, mental, proyectiva, colosal… uno a uno… conteniendo cada uno el universo… y muchos más sistemas.

Es una unidad entre nosotros, en tanto que esas mentes proyectoras del cinema universal… y es una unidad en unidad perfecta con el célebre personaje “Dios”, el Amor…, la sustancia cohesiva creativo central…, tan iluminadora ella 🙂 … lo real, la condición de lo eterno que somos… el ser sin tiempo creador increado… la negatividad y la positividad del todo de todo… el Ser.

A esta unidad nuestra, digamos que creadora subsidiaria de un sistema de realidad llamado “universo”… la podemos ver como separada, o como indirectamente separada de aquel célebre “Dios”… de “la Unidad de unidades”… de esa Unidad de plena libertad que llamamos “Dios” y que tan nerviosísimos nos pone solo el nombrarla —ya que se trata de sencillamente la posibilidad siempre presente aquí, en el sueño, de abandonar para siempre ideas como la de sufrimiento… y ser así literalmente guiados en todo aquí, en la vida normal, en felicidad plena constante, independiente de lo que pase, sin miedo a cambiar… pues ya todo ocurrirá en plena consciencia de ser creadores… en “beatitud” (y “gratis”…, y ya…, y libremente… vivir en milagros).

Eso tan inefable que llamamos “creador” nunca estuvo separado de nosotros… entonces es de hecho un fenómeno muy raro hablar de “Dios”… con lo peligroso que suele ser eso de “hablar”… y si es ocurre que Dios es lo menos separado del mundo —y más si encima está dentro dentro…, como está.

Así que de cierta manera ahí tenemos Eso, La Cosa quiquiricosa, Dios, que nos “acompaña” desde siempre en la creación de todos estos mundos…, y nos guste o no.

Pero claro está que Eso, La Cosa, no tiene “la culpa” de nada… ya que realmente nunca ha habido “culpa”, “sufrimiento” —pues todas esas ideas y sentimientos habrán sido o habrán partido de interpretaciones.

Entonces las familias son el dato, la base: separación:
— estos personajes del mundo (hijos) merecen amor incondicional…
— y esos otros pues va a ser que no tanto…

Es decir, que a este hijo mío, a esta mi hija… sí que le perdonaría todo, claro… como por ejemplo el que vaya por ahí “matando gente”. Pero ¡ay!, a otros no sé no sé qué haría 🙂 … (qué haría yo si me matan por ejemplo justo a mi hija 🙂 ).

El programa “mamá-papá” parece fundamental para enlentecer el amor que somos y así crear nuestro campo de distorsiones, de errores relativos a sobrevivir, miedo, proteger, comparar, sustituir… —esas condiciones programáticas tan célebremente usadas y divulgadas magistralmente por Hamer, Alejandra Casado… etc.

Pero claro, todo plan, todo programa potencialmente choca muy poderosamente con el amor…, ya que este, al ser libertad, también es plena invitación al poder, a devenir, a descubrir.

Aunque, ay, también es invitación a durar-cuidar :).

¿Pero desde el miedo… o desde la libertad? ¿Desde dónde “cuidamos”?

Así que, como “padres”, supongo que siempre hemos creído, más o menos conscientemente, que el amor tiene que ver con la necesidad.

Y esto normalmente lo habremos re-aprendido (es decir, reactualizado, pues lo traemos de cierta forma en la mente y sus creencias)…, lo hemos aprendido muy bien en ese foco de infecciones que se llamaba “familia”.

Los hijos vienen entonces a cerrar la gran ecuación adulta entre amor y necesidad… vienen a ser grandes símbolos para el auto-ataque… grandes excusas simbólicas también para la tristeza… pues cualquier miembro de cualquier pareja, hombre o mujer, quizá habrá pensado alguna vez de la siguiente manera… aunque no lo hiciera muy explícitamente:

— «¿Ves, ves como el amor era igual a necesidad…, ves como es igual que con nuestros respectivos padres o antepasados?  ¿Lo ves ahora que nos tenemos que responsabilizar de nuestros hijos y quedar aquí, muy pegados, “juntos”, traspasando o reforzando nuestras tristezas por eso mismo: “porque tenemos hijos”…, lo ves ya claramente?»

— «Oh sí, está clarísimo» 🙂 …

Y sí, ¡claro que está claro clarísimo!… porque el universo parte de ese “error”…, error de distorsión del amor…, y entonces, aquí, nuestro mundo no hace otra cosa que partir de ese “dato” para, desde ahí, poder llegar a depurarlo… aprender a descubrir cómo vivir siendo milagro… cómo vivir según el milagro de Luz que realmente somos (en esa certeza de luz)…, sin miedo a nada… y no a seguir viviendo como siempre, en la creencia, en creencias sobre lo que somos (separación-miedo…, sufrimiento).

Ah, entonces… también ¡divinas familias!…, porque:
— en ellas sale sin tapujos el increíble miedo que está asociado a la creencia en que “los otros” están realmente separados de nosotros…
— y también sale a la luz el amor incondicional, que está casi reservado solo a esa esfera.

Así que ahí lo tenemos… la familia… polarizadora de polarizadores… error de errores… la familia como foco de la mayor enfermedad… y reservorio del mayor bien 🙂 .

2 Respuestas a “La familia, esa enfermedad venérea (interludio)

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  1. Muy fuerte la palabra “venérea”creo q la mayoria no la asimilarán ,es una sugerencia! !hay otras palabras como infección

    Enviado desde Samsung Mobile

    • muchas gracias por comentar,

      a mí me suena más fuerte “infección”… que como viste quizá, también la uso 🙂 …
      es un juego para nada.

      Entonces, que cada uno lea como quiera.

      La familia nunca habrá existido, así que da igual.
      Todo esto solo es vehículo para la expresión del amor inefable, que hará con ello lo que quiera, lo que queramos, porque nosotros somos esa relación-Una…, ese amor inefable…

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