10. La creencia: solo aprendemos en unidad. Los Tratados de Un curso de amor (II)   Leave a comment

imagen corazón en círculo[— Un curso de amor, compuesto de tres libros en inglés, en sus primeras ediciones, fue transmitido por Jeshua en comunión con Mari Perron, y publicado en el 2001. Aparte de esa edición en tres volúmenes, fue publicado en uno solo, en inglés, en el año 2014.
— Para más información, libros en PDF, y listado de entradas, ver el índice, puntos 4 y 5.
— Elijo publicar parcialmente los capítulos de este modo como método para elaborar tranquilamente, y acceder a, una traducción lo mejor posible de este maravilloso “nuevo curso de milagros”.
— Sobre el uso del idioma en las traducciones y el modo de revisarlas o hacerlas, ver las notas en esta entrada que iré completando]

Los Tratados de Un curso de amor. II. Un tratado sobre la naturaleza de la unidad y su reconocimiento

Capítulo 10. La creencia: solo aprendemos en unidad

10.1 Tendrías que trabajar muy duro para convertir las lecciones de este Curso en una herramienta, pero muchos de vosotros no cesaréis de intentarlo hasta que lo hayáis conseguido. Así es como las verdades se convierten en dogmas, y los dogmas en tiranía. Esto ocurre al aceptar un estado estático. Un estado estático no es un estado vivo porque la creación no ocurre en él. Este es un Curso vivo. Esta es la razón por la que estás llamado a vivirlo en vez de a tomarlo. Esta es la razón de que estés llamado a ser tanto profesor como alumno. Así es como ocurre el intercambio de dar y recibir como una sola cosa. Este intercambio ES la unidad.

10.2 Creer que las necesidades solo pueden satisfacerse de ciertas maneras se parece a otra creencia que ya ha sido reemplazada. Esta creencia se expresó por primera vez en Un curso de milagros al decir que dimitas como tu propio maestro. Esta creencia, en el yo como maestro, ha sido reemplazada ahora con la creencia en que solo aprendes en unidad.

10.3 Te pido que pienses en un momento en el que hayas intentado devolver a tu mente un recuerdo específico. Puede que se tratase del recuerdo de un nombre o de una dirección, de un sueño, o del intento de recordar un acontecimiento concreto. En esas ocasiones te sientes a menudo como si justo cuando el recuerdo está a punto de volver a ti, lo apartasen con tanta facilidad y de forma tan rutinaria como una mano aparta una mosca. Sabes que la información está en ti, y aun así a menudo te ves forzado a admitir tu incapacidad para acceder a ella. Es alejada de tu consciencia por alguna fuerza que desconoces. Está ahí, y sin embargo es apartada como por una mano invisible. ¿Adónde ha ido esta información, y qué la aparta de ti? Puede que te sientas frustrado con tu memoria en esos momentos, y que incluso digas algo del estilo de “mi cerebro no está funcionando bien hoy”. Ahora quiero que tengas este ejemplo en mente mientras exploramos el aprendizaje en unidad.

10.4 Puede que pienses en la unidad y la consideres como has considerado tantas veces a tu cerebro, pero en vez de pensar en ella en singular, piensa como si fuera un almacén o un cerebro gigante en el cual estuviera contenido todo lo que se ha conocido o se ha pensado jamás. La tecnología que ha creado los superordenadores te vendrá inmediatamente a la mente a partir de este ejemplo. Aunque este ejemplo les podría parecer desagradable a algunos e intrigante a otros, ¿cuántos no querrían poder reemplazar su capacidad de conocer por la de un superordenador?

10.5 Aunque solo sea un ejemplo, lo contrario de esto es análogo a lo que has hecho al reemplazar la unidad con la singularidad. Has reducido tu capacidad de conocer a una capacidad de conocer solo lo que has experimentado. Aunque lo que estamos describiendo como conocimiento tiene poco que ver con la información almacenada en los superordenadores, sigue siendo un ejemplo valioso. Esto se debe a que, al igual que un superordenador necesita un operador formado para poder proporcionar la información que se busca, tú también necesitas llegar a formarte para poder acceder a todo lo que está disponible para ti.

10.6 Al igual que se ha mostrado que las necesidades se comparten por todos en medidas similares, lo mismo ocurre con el conocimiento verdadero. Al igual que se demostró que las necesidades se distinguían de las carencias a través de una discusión sobre su naturaleza compartida, el conocimiento debe distinguirse ahora también de lo que consideras como inteligencia.

10.7 Aunque se te esté diciendo que ya no puedes creer que lo que conoces esté relacionado con la experiencia, no se te está diciendo que tengas exactamente el mismo conocimiento que el resto de la gente en cada variedad y nivel de experiencia. Sin embargo, nadie puede conocer más de la verdad que otro, y nadie puede conocer menos.

10.8 Apenas un poco más allá de la capacidad de tu mente para convocarla, reside la verdad que tú y todos los demás seres conocéis. El acceso a lo que parece residir más allá de tu capacidad se encuentra en el Cristo en ti. Podrías considerar al ego como la mano que aparta este conocimiento de ti.

10.9 El ego es el maestro del que has dependido cuando has dependido de ti mismo como tu propio maestro.

10.10 Constantemente olvidas que el Cristo en ti es el aprendiz aquí. ¿Qué necesidad hay de que un cerebro informático, o el ego, sean tus maestros, cuando el aprendiz en ti es el todopoderoso? El aprendiz en ti es la fuerza unificadora del universo. El aprendizaje que necesitas es el aprendizaje que hará que quien tú eres regrese a tu mente y a tu corazón reunidos. Este es el conocimiento que ya existe, el recuerdo que el ego intenta apartar.

10.11 Entonces, ¿por qué se denomina “aprendizaje”? Aprender simplemente significa llegar a conocer. Si lo que conoces ha sido olvidado, sigues necesitando que el aprendizaje te ayude a llegar a conocer una vez más.

10.12 Pero siempre y cuando sigas intentando aprender con tu ego, o, en otras palabras, siempre y cuando continúes intentando aprender de la misma manera en que has aprendido anteriormente, no aprenderás, porque el “tú” que forma parte de ese proceso de aprendizaje no es el verdadero tú.

10.13 El Cristo en ti es el verdadero tú. El Cristo en ti es el Ser, el Yo que llegas a ser cuando has unido la mente y el corazón una vez más en incondicionalidad, de todo corazón. Como dijimos antes, la unión de la mente y del corazón es la primera unión, es la unión que debe preceder a todas las demás. Te encuentras en un estado de unidad cuando alcanzas la incondicionalidad. Así, te encuentras en un estado en el que eres capaz de aprender. Estoy aquí para mostrarte el camino hacia el Cristo en ti. Comencé mis enseñanzas apelando a tu corazón para prepararte para el regreso a la incondicionalidad, al estado de unión en el que todo lo que aprendes es compartido, primero por la mente y el corazón, y luego en la unidad con tus hermanos y hermanas. Solamente puedes llegar a este estado si escuchas una sola voz o, en otras palabras, poniendo fin al estado de separación, que es el estado en el que el ego existe. El final del estado de separación, o del ego, es el comienzo de tu capacidad de escuchar a una sola voz, la voz que todos compartimos en unidad.

10.14 Esta voz te habla de mil maneras. Es la voz del amor, la voz de la creación, la voz de la vida. Es la voz de la certeza que te permite atravesar cada día siendo quien tú en verdad eres, a través de todas las experiencias que el día contenga. Te libera del sentimiento de necesitar controlar o proteger tu tesoro. Te libera también del estado estático de intentar aferrarte a quien eras ayer, o de intentar evitar el cambio de mañana.

10.15 Como se dijo al principio, está claro que te es difícil creer que el Cristo en ti necesite aprender. Piensa un momento en por qué podría suceder esto. ¿Existe acaso un solo momento en el cual adquirir conocimiento no sea algo apropiado? ¿Hay alguna razón por la que llegar a conocer no debiera ser visto como algo continuo y en curso?

10.16 Una vez más, tu deseo de un estado estático hará que prefieras escuchar a tu ego recomendarte el aprendizaje para ciertas circunstancias que rápidamente se puedan dejar atrás, o que hayan sido elegidas por unos resultados específicos. Aunque a muchos les encante aprender por el simple hecho de aprender, seguirían resistiéndose a abandonar o ceder su capacidad de elegir sus lecciones. Y todavía estamos hablando solo del aprendizaje tal y como lo has percibido, más que del aprendizaje que viene de la vida.

10.17 ¿Qué diferencia marca en tus conceptos sobre el aprendizaje el hecho de pensar que la vida pudiera ser el trabajo de este curso? ¿O querrías más bien estar dispuesto a dejar que otro eligiese tus lecciones por ti?

10.18 ¿Qué son tus planes y sueños, sino lecciones escogidas? Mientras no los consideres así, no considerarás la vida como tu terreno de aprendizaje. Todavía consideras las lecciones como algo que se refiere a un tema específico. Cuando la vida no resulta tal y como la habías planeado te sientes como si el camino elegido te hubiese sido cerrado. A menudo tienes una sensación de pérdida, y raramente una de ganancias. A menos que la vida vaya de la manera en que querrías que fuese, no te sientes afortunado ni bendecido, ni siquiera cuando has mirado atrás, a otras situaciones que no resultaron como las habías planeado, y has visto que aun así te obsequiaron con experiencias u oportunidades que no habrían surgido si tu plan elegido hubiese dado resultado.

10.19 El Cristo en ti no tiene necesidad de hacer planes. Necesidad de llegar a conocer… eso sí. Pero necesidad de hacer planes… no. El Cristo en ti no necesita que elijas un plan de lecciones, sino que dejes que la vida misma sea tu vía de aprendizaje elegida.

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