12. La creencia: corrección y reconciliación. Los Tratados de Un curso de amor (II)   Leave a comment

imagen corazón en círculo[Un curso de amor, compuesto de tres libros en inglés, en sus primeras ediciones, fue transmitido por Jeshua en comunión con Mari Perron, y publicado en el 2001. Aparte de esa edición en tres volúmenes, fue publicado en uno solo, en inglés, en el año 2014.
— Para más información, libros en PDF, y listado de entradas, ver esta parte del índice.
— Elijo publicar parcialmente los capítulos de este modo como método para elaborar tranquilamente, y acceder a, una traducción lo mejor posible de este maravilloso “nuevo curso de milagros”.
— Sobre el uso del idioma en las traducciones y el modo de revisarlas o hacerlas, ver las notas en esta entrada que iré completando]

Los Tratados de Un curso de amor. II. Un tratado sobre la naturaleza de la unidad y su reconocimiento

Capítulo 12. La creencia: corrección y reconciliación

12.1 Los milagros son pensamientos, y yo soy el corrector de los pensamientos falsos. Se te ha preparado para esta corrección, y tu creencia en la corrección –en la restauración de la mente o “reconciliación”– es la creencia final que debe ser puesta en práctica.

12.2 Los milagros son un servicio proporcionado a través del amor. Tu disposición para los milagros se ha logrado a través del aprendizaje que has conseguido. Los milagros no pueden usarse, así que tu aprendizaje tenía que incluir la capacidad de distinguir entre servicio y uso. El servicio, o la devoción, lleva a la armonía a través de la acción correcta. Si no eras capaz de distinguir entre lo falso y lo verdadero no podías recibir el poder de los milagros.

12.3 El poder de los milagros no es sino la culminación y la integración de las creencias que hemos planteado aquí. El milagro que te ofrezco aquí es el servicio que te ofrezco, y el precursor del servicio que tú ofrecerás a los demás.

12.4 Los milagros son intercesiones, y como tales, son acuerdos. No te quitan tu libre albedrío sino que liberan la voluntad para que respondas a la verdad. Son la aceptación última de que dar y recibir son en verdad una sola cosa.

12.5 Mientras sigas sintiéndote como si no entendieses los milagros, te mostrarás reacio a creer en ellos, o a verte a ti mismo como alguien que obra milagros. Tu creencia en los milagros y tu creencia en la reconciliación o corrección son lo mismo. Si crees que hay algo más además de tus propios pensamientos que necesite corrección, estás equivocado. El pensamiento correcto es el dominio de los milagros.

12.6 Al igual que con el objetivo de aprendizaje que aquí se planteó, acerca de ir más allá de la creencia hacia el simple conocimiento, el objetivo de aprendizaje en relación a los milagros es el mismo; se trata de ir más allá de la creencia en los milagros hacia el simple conocimiento. Conocer es conocer la verdad. El conocimiento es pensamiento correcto, la “mente recta”. Tu regreso al conocimiento o a la mente recta es tanto el milagro como el fin de la necesidad de milagros, pues cuando vives en el mundo como quien tú eres, te conviertes en un milagro y en la expresión constante del milagro.

12.7 El poder del pensamiento y el poder de la oración, una vez alineados, apelan constantemente al mismo poder de intercesión que es el milagro. Esta es la razón de que también dedicásemos una buena parte de este Tratado a hablar de los llamamientos. El llamamiento no es solo algo que recibes, sino también algo que tienes que aprender a dar. Al igual que has llegado a considerar el llamamiento como un regalo y un tesoro, además de como un dispositivo de aprendizaje, también tienes que llegar a considerar tu propia capacidad de brindar la intercesión como un regalo y un tesoro que eres capaz de dar, al servicio de tus hermanos y hermanas.

12.8 Si los llamamientos llegan para avisarte del tesoro que tienes dentro, ¿cómo es posible que no se apele a ti, como ser con una mentalidad milagrosa, para que también invoques el tesoro que existe alrededor de ti? Cuando haces un llamamiento a aquellos con quienes te encuentras en relación, no llamas sino a los ya realizados, ya logrados.

12.9 Allí, entre tú y los “demás” seres a los que previamente solo habías percibido, se encuentran la relación y el milagro a la espera de ocurrir. Tal y como hablábamos en Un curso de amor sobre la relación, como algo que no es ni una cosa ni la otra de aquellas que se relacionan, sino una tercera cosa… ahora se trata de lo mismo. Si Cristo es relación, y si el Cristo en ti es el tú real, entonces, esta relación que lo abarca todo –tanto adentro como fuera de ti, y como tú mismo y como todo aquello con lo que te relacionas– es esa tercera cosa que es la relación santa.

12.10 Esta relación santa es lo que se te llama a cultivar, como un jardinero o un hortelano que cultiva su huerto. El jardinero sabe que, aunque la planta ya existe plenamente desarrollada dentro de su semilla, también necesita la relación de la tierra y el agua, de la luz y el aire. El jardinero sabe que cuidar su jardín ayudará a que florezca y muestre su abundancia. La jardinera sabe que forma parte de la relación que es el jardín. Una auténtica jardinera no cree en las “malas semillas”. Una auténtica jardinera no cree que no tenga el control. Un auténtico jardinero acepta el esplendor de su jardín y lo encuentra algo hermoso de contemplar.

12.11 Esta metáfora expresa la aceptación de la relación santa. Se trata de la aceptación de lo que ocurre al reunirse muchos factores, teniendo cada uno de ellos la misma importancia que los demás. Aunque el Cristo en ti ha sido comparado con la semilla de todo lo que tú eres, lo que se te ha revelado aquí es que Cristo también es la relación de todo aquello que hará que la semilla llegue a dar fruto. El ego podría compararse aquí con un jardinero que cree que solo la semilla importa. No importa lo mucho que se esfuerce este jardinero para hacer que la semilla crezca, pues sin la relación de la tierra y el agua, de la luz y el aire, la semilla sería solo motivo de esfuerzo. El ego se aferrará a lo que ya está logrado dentro de ti, y nunca dejará que expreses, a través de la relación, todo lo que ello conlleva. Sin importar lo valioso que el ego te diga que eres, él sin embargo evitará que seas quien tú eres mediante la negación de las relaciones que son esenciales para aquello que tú verdaderamente eres.

12.12 Por tanto, mediante este cultivo de la relación santa que todo lo abarca, y que existe dentro y fuera de ti –tanto en todo lo que tú eres como en todo aquello con lo que te relacionas–, es como se te llama a que vivas tu vida, y es el llamamiento que se te pide que difundas a todos tus hermanos y hermanas.

12.13 Permite que las creencias que hemos planteado lleguen a ser una sola cosa contigo, de tal modo que te permitan vivir, expresarte y actuar como quien tú eres en cada momento y en cada circunstancia. Permite que esas capacidades te sirvan a ti y a tus hermanos y hermanas. Permite que este modo de vida sea la expresión de quien tú eres y de todo lo que ahora recuerdas. Permite que esta remembranza crezca y florezca como el jardín que tú eres.

12.14 Reconoce ahora que la unidad está dentro y fuera de ti, en todo lo que tú eres y en todo aquello con lo que te relacionas. Siente el abrazo y el amor que esta unidad representa, y reconoce que se trata de ti y de mí, de nuestro Creador y de todo lo que fue creado.

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