La simpleza de la vida, una anécdota sobre lo simple de la felicidad, la guía perfecta, los sanadores   Leave a comment

imagen corazón en círculo

Hace casi 3 años que empezábamos a leer cosas sobre “sanadores”, en Un curso de milagros, y ahora la vida nos da ejemplos de lo que leíamos (aquello del “sanador no sanado”…, y asuntos parecidos de los que abajo terminaremos poniendo algo así como un ejemplo).

Como sabemos, la vida es muy simple, y aunque la vida no es “un problema”, sí que tiene una solución muy simple 🙂 : la tradicionalmente llamada ‘vida eterna’, y que no tiene que ver con “la muerte”.

El ejemplo real que quiero poner —sin dar nombres, claro— es de alguien que ha experimentado fusión con la guía interior, con esa guía (ese conocimiento que parte del centro de amor que somos) que provoca que la vida sea ya para siempre un camino de paz y felicidad.

Esa fusión vino como parece que le ocurrirá a mucha gente: tras una fase más cautelosa, de preguntas interiores, con una relación más cautelosa con la guía (en algunos sitios llamada ‘inconsciente’…), donde se aprende a tener confianza en la guía interior para todos los asuntos, “banales” o no tan banales.

Pero esa fusión, o esa conexión con la Unidad –con la unidad de propósito que al fin y al cabo somos los humanos (paz, unidad, alegría)– al final fue rechazada por esta persona, pasando al estado usual, donde casi todos nos encontraríamos: el que acepta que sufrir es natural, y todo el largo etcétera de creencias que fabrican este mundo de locos.

El primer curso de milagros de Yeshua ya nos lo explicaba, pero, como vemos, hay casos de personas que lo vivieron muy explícitamente, o muy conscientemente durante la etapa adulta, y que vivieron el rechazo de esa “felicidad sin concesiones” que es nuestro verdadero ser.

Sabemos de la igualdad entre:
– sufrimiento,
– querer hacer y querer interpretar las cosas que vemos o sentimos por nuestra cuenta…,
– sentir que la felicidad es demasiado fácil, y que mejor nos quedamos con “el ego” y su experiencia de la dificultad, y creyendo que la vida requiere una dosis de sufrimiento y de esfuerzo, a la antigua usanza.

Es decir, queremos ser felices a la manera en que entendemos que deberíamos serlo o que podríamos serlo: de acuerdo a lo que pensamos que es real, adecuado, conocido, usual, correcto, pues le tememos al cambio.

Es decir, no dejamos que el corazón (como centro de nuestro ser) guíe e integre a “la mente” dentro de sí.

El ejemplo que quería poner sobre “sanadores” es el caso de que esta persona, tras saber más o menos claramente que ha rechazado la guía, va a ver un sanador, y tiene una buena experiencia.

Obviamente aquí no nos metemos contra los sanadores, sino todo lo contrario. Solo es para contar la anécdota y compartir la aclaración que supuso para mí.

El sanador en cuestión le dice más o menos a esta persona que “aún” tenía algo que sanar, y que por eso no debe pensar nada malo sobre su experiencia de haber abandonado la guía interior, ni tampoco por haber tenido que volver a experimentar tanto sufrimiento ahora, estos años atrás, tras haber abandonado la guía, y pese a haber tenido ya tan buena experiencia de esa guía tan certera y natural que todos tenemos y somos.

Entonces, simplemente recordamos las palabras del curso de milagros: curar es hacer feliz.

Unirse con la guía interior es sanación, no hay más. Unirse con nuestro propósito original (paz y alegría sin concesiones), es simplemente lo que se llama “confiar en la vida”, la vida que nos viene del interior… confiar en el propio sentir, dejarse conducir por él y aprender a no perder la conexión con el centro del ser propio.

No hacen falta elaboraciones mentales que justifiquen “la locura” en la que normalmente vivimos (el apego a sufrir, a la sensación de esfuerzo, etc.).

Esa “locura” la tenemos todos aquí, y la conocemos de sobra; se trata de un simple retraso en asumir que ya somos esa guía, que podemos ser perfectamente guiados, cuidados. Nunca hace falta elaborar mentalmente para justificar el sufrimiento, la necesidad de sufrir para “aprender”…, la necesidad de dejar de confiar en el sentir de uno mismo para volver a “meterse en líos” innecesarios.

Si uno sigue la guía, en general uno ya no va a tener que vivir las cosas interpretando, y uno va a “sanar”, pues basta entregar todo a la guía, seguir esa guía en una “felicidad entregada”. Uno vivirá en la certeza, en y como esa nube de amor que realmente es nuestro verdadero ser, esa nube que puede ser perfectamente representada aquí, en la ilusión.

Uno aprende su verdadero ser (felicidad), siéndolo en este mundo, con plena seguridad, certeza.

Eso es sanar, es vivir, es el propósito original.

Y, se nos dice: eso es lo natural, y no habría nada más natural.

Uno, entonces, sabe que se podrá presentar cualquier cosa, “en la vida”, pero que, las supuestas “lecciones”, ya no serán vividas sin anticipación, ni con sufrimiento. Serán vividas como pasos en la manifestación constante del propósito original, de nuestro ser original, en este reino de la separación.

Y ese propósito podríamos decir que es separación sin culpa…, forma física vivida sin culpa…, y por tanto, cierta elevación de la forma.

La guía es felicidad “para siempre”, pues solo hay un instante. Es para siempre, e independientemente de lo que el mundo, o nosotros con el ego, considerábamos que era “la felicidad”.

Entonces el sanador, como todos aquí, justifica su papel, su apego al papel de sanador…, su apego a la forma o a las formas… a la forma en que “se debe” dar la felicidad para él o ella (apego que no es ni bueno ni malo, sino que simplemente representa “lo falso”, nuestro yo separado, expresando simplemente el hecho de no querer aceptar la guía y la felicidad en todos los aspectos de la vida, esa guía simple y perfecta).

Así, justifica ese apego diciendo cosas como: “era necesario dejar la guía” y “pasar por esas lecciones”. Esas cosas al final dejan intacta esa creencia que es la “madre” de este tipo de mundo: la de que para aprender hay que sufrir; es decir, la creencia en que no hay ganancia sin pérdidas.

No es necesaria ninguna forma concreta, de ninguna “lección”, sino que, si queremos, y para ahorrarnos tiempo de sufrir, lo “necesario” es unirnos y confiar en el contenido de lo que somos (no en ninguna “forma”)…, confiar en ese amor y conocimiento perfecto… aceptando esa “sanación” que viene de dentro, en forma de guía, de “información”, de cuidado perfecto, por parte de nuestro verdadero ser.

¿Soluciones colectivas?

Como ya sabemos, para solucionar algo “colectivamente” bastaría una mínima cultura espiritual, donde se hablara al menos un poquito, desde pequeños, de lo práctica que es la cuestión de esa guía que tenemos en nuestro interior (información y amor completos…, totales… que siempre nos ayudan ya…, que siempre ya están ahí guiándonos).

Esa “guía” es en realidad la célebre cuestión de “dios”, la del amor…, esa cuestión que en el fondo es “la única verdad”, ya que somos UNO ahí dentro…, literalmente —aunque esta creencia en nuestra unidad sea la más difícil de aceptar, de vivir, siendo sin embargo eso: “la única verdad”.

Bastaría con tener un poco en cuenta el hecho de que ya, desde siempre, estamos perfectamente protegidos, guiados e informados por la Unidad…, desde dentro.

Pero, como sabemos, hemos diseñado orgullosamente nuestros “cuatro jinetes del apocalipsis” (religión, ciencia, política, economía), aunque ya pasados de moda en una tecnopolítica cibernética… los habíamos diseñado… para no ver que todo era tan fácil como ese “seguir la guía interior”, seguir el amor que somos.

Esta es una guía muy práctica, la que tenemos interiormente en la vida, y todos la hemos notado, aunque no hayamos tenido o hecho una “cultura” en torno a ella (pues la cultura religiosa está normalmente en contra de dios, en contra de la practicidad de esa guía, en contra de saber que dios es la cosa más práctica del mundo).

Aunque no hayamos “sabido”, hemos notado esa guía, y también hemos notado que el no seguirla era peor.

De hecho, en esta civilización tan primitiva, a veces todos los esfuerzos parecen dirigidos a evitar esa filiación divina.

Nos gusta la complicación, nos gusta sufrir. No nos gusta la idea de que en realidad sea todo tan fácil, y de que todo nos lo hacemos a nosotros mismos (enfermedades, etc.).

Lo único que salva la civilización es que esta idiotez de proceso lo usamos para afirmar una “verdad”: la de que estamos juntos en esto. Es un estar juntos que refleja que en realidad solo hay una relación creadora, un solo ser… que todo está en todo.

Y todo es tan simple… ya que todo esto se debe a que creemos que la felicidad aburre –aunque normalmente creemos que la felicidad es de horteras, como creo que un día decía mi abuela, más o menos .

Y también como ya sabemos… lo que CREEMOS, lo CREAMOS, pues fuimos hechos a imagen y semejanza del “creador”: amor; es decir literalmente somos amor creador, que crea universos.

En este cine universal que ahora vemos con todos los sentidos, como una película de realidad virtual, vemos un reflejo de lo que creemos tener dentro –y, como dice yeshua en su primer curso de milagros, creemos ser la morada del mal, de las tinieblas.

Pero en realidad somos ese amor creador, aunque creyendo y creando miedo… ya que tenemos todas esas creencias sobre la felicidad.

Nos creemos “culpables” (indignos, poco merecedores) en vez de originales libres.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.

A %d blogueros les gusta esto: